La represión franquista en el País Vasco. Cárceles, campos de concentración y batallones de trabajadores en el comienzo de la posguerra.
 

TESIS DOCTORAL AÑO 2015.

Autora: Ascensión Badiola Ariztimuño.
Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DE LA UNED.
DIRECTORA DE LA TESIS. Dra. Ángeles Egido León.


1. LAS PRISIONES VASCAS PARA MUJERES.

He preferido dedicar un apartado específico para las cárceles femeninas ya que, aunque la disciplina y la normativa carcelarias fuese la misma para hombres que para mujeres, como se verá en los apartados siguientes, el régimen femenino tuvo características propias que lo diferenciaron del sistema carcelario masculino (.61 )

En el caso de las mujeres se puede distinguir entre prisiones provinciales o prisiones de cumplimiento de pena, y entre estas últimas encontramos Oblatas en Santander y Tarragona, Les Corts en Barcelona, la de Girona, y Can Sales en Palma de Mallorca, y en Euzkadi: Amorebieta y Saturraran.

En las prisiones provinciales tanto de Bilbao, San Sebastián, o Vitoria la reclusión de mujeres tuvo carácter de tránsito, es decir, fueron cárceles de paso hacia su destino definitivo, o bien, albergaron a mujeres que aún no habían sido juzgadas y estaban pendientes de consejo de guerra.

En Euzkadi hubo tres cárceles de mujeres que fueron estratégicas por el volumen de reclusas que pasaron por ellas, dos estuvieron en Vizcaya y la más importante en Guipúzcoa.

Saturraran, Durango y Amorebieta fueron cárceles a las que se enviaba a las mujeres ya juzgadas en consejo de guerra, al igual que las cárceles de Tarragona, Palma de Mallorca y Canarias y todas ellas estuvieron regentadas por monjas.

La incorporación masiva de las órdenes religiosas femeninas en establecimientos penales masculinos y femeninos no fue una medida excepcional, de carácter provisorio, ceñida únicamente a la época de guerra. Según datos oficiales, en diciembre de 1939 había ciento setenta y ocho religiosas repartidas en un total de veintitrés prisiones, de entre todas ellas hubo Hermanas de la Caridad en la prisión provincial bilbaína para mujeres, monjas francesas en Durango, ocho hermanas de San José en el penal de Amorebieta y veinticinco Hermanas Mercedarias en Saturraran desde agosto de 1938. ( 62 )

Aunque algunas de las cárceles masculinas también fueron gestionadas por monjas, el papel que éstas hicieron en las prisiones de mujeres fue muy importante, en especial en lo que se refiere a reeducación.

A pesar de la dureza de cualquiera de estas cárceles, hay palabras de agradecimiento en el libro de Tomasa Cuevas hacia los pescadores de Saturraran, por la ayuda prestada al suministrarles pescado, así como al capellán de Saturraran, don José María, hombre vasco de gran bondad, según sus propias palabras. No dice lo mismo del capellán de Amorebieta a quien tacha de verdadero verdugo ( .63 )

Del trato que propinaban las monjas hay un poco de todo. Casi todos los testimonios coinciden en alabar a las monjas francesas y a las hermanas de la Caridad, mientras que, tanto las Hermanas de San José como las Mercedarias, reciben reproches muy duros. Muchas de las mujeres que fueron camino de Amorebieta procedían de la cárcel de Santander, del reformatorio de mujeres regentado por las monjas Oblatas, un lugar descrito como de condiciones horrendas, por el comportamiento de las monjas.

En general, los testimonios hablan bien de las monjas francesas de la cárcel de Durango y de las Hermanas de la Caridad de la prisión provincial bilbaína, no así de las Hermanas de San José de Amorebieta ni de las Mercedarias de Saturraran donde destacó el mal trato propinado por la superiora y en palabras de Carmen Merodio: salvo alguna excepción, el trato de las monjas se distinguía por su especial celo: Casi todas las monjas eran como demonios; me acuerdo de muchas de ellas y en especial de sor Jesusa, que era de Arrasate, de sor Ángeles, de Usurbil, o de sor Ana, que a punto estuvo de encerrarme en el sótano. ( 64 )


( 61 ) Esta especificidad ha sido también respaldada por investigadores como Ricardo Vinyes, Fernando Hernández Holgado e Irene Abad, entre otros.

( 62 ) BASTERRETXEA BURGANA, X. y UGARTE LOPETEGI, A. Prisión Central de mujeres de Saturraran. Catálogo Presas de Franco. Málaga. 2007 p. 35.

( 63 ) CUEVAS GUTIÉRREZ, T. "Presas: Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas".Edición de Jorge Montes Salguero.Instituto de Estudios Altoaragoneses. Huesca. 2004 pp 85.

( 64 ) Testimonio de Carmen Merodio en Prohibido recordar en youtube http://www.youtube.com/watch?v=n_67gF0mk0s


También, en ocasiones el motivo de entrada en la cárcel de las mujeres tuvo características diferenciadoras con respecto a los cargos imputados a los hombres y un ejemplo claro es el de Bienvenida Aguirrezabala Esnaola, procesada en consejo de guerra celebrado en San Sebastián el 15 de noviembre de 1937 y sobre la que recayó la sentencia de 8 años de prisión y un día porque cuando entraron las tropas sublevadas en Tolosa, y dadas sus amistades marxistas, le fue cortado el pelo. 

Después marchó a Bilbao con el pretexto de ver a su novio y allí se exhibió en un teatro haciendo valer su corte de pelo para contribuir a la campaña difamatoria contra la Causa de la España Nacional. (Hechos probados).

También es aclaratorio el caso de Luisa Vázquez Zugasti, procesada en la misma causa y condenada a 12 años y un día por llevar una vida privada que fue la perdición de sus hijas; una de las cuales, en paradero desconocido, aclara el sumario, fue presidenta del Socorro Rojo y amante de un miliciano de Irún considerado altamente peligroso; y cuyo único cargo fue el de levantar el puño en sus provocaciones marxistas, en definitiva, Luisa fue acusada y encarcelada por ser una mala madre al imbuir en sus hijas una ideología desafecta al Régimen. ( 65 )

El caso de Petra Díez Sánchez es distinto. Fue encarcelada y condenada a reclusión perpetua por golpear con una zapatilla a unos falangistas, dado su talante comunista y destacada por sus habladurías a favor de los marxistas.

Esto sucedió en los primeros días del Movimiento en San Sebastián cuando unos falangistas que luchaban contra los marxistas en el cementerio de la ciudad, fueron rodeados por unos milicianos y obligados a rendirse. Al ver esto, un grupo de mujeres salieron de sus casas para insultar y golpear a los falangistas con todo tipo de objetos.

Entre todos les condujeron al edificio de Tabacalera y allí los fusilaron. Una de estas mujeres, que también fue condenada a 30 años por estos mismos hechos, aun cuando en el sumario se reconoce que no estaba probado que se encontrara en el grupo, fue Manuela Solana Muñoz, pero el informe policial la señalaba como roja, que excitaba a los milicianos a cometer desmanes diciendo frases del estilo me he de comer crudos a todos los frailes, o a los fascistas no hay que dejarles ni la semilla.

 El sumario añade hechos probados. ( 66 ) 

En este último caso, se castigó la complicidad y el apoyo de esta mujer a los milicianos que terminaron cometiendo lo que los rebeldes llamaron delito de sangre, es decir, el asesinato de los falangistas rodeados y obligados a rendirse, aunque estas mujeres no fuesen la mano ejecutora.


1.1. La cárcel de Amorebieta y la de Durango.

De estas cárceles no existen en la actualidad más datos que los que se han podido obtener indirectamente de otros archivos carcelarios o de los escasos testimonios dados por reclusas que estuvieron allí, como son los facilitados por Tomasa Cuevas. ( 67 )

La cárcel para mujeres de Amorebieta se ubicó en el centro del pueblo, en lo que hoy es el colegio del Carmelo, y fue prisión desde 1939 hasta 1947. Se hizo eco de su inauguración el semanario Redención, órgano del Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo. ( 68 )

La apertura del denominado Hospital-Prisión de Mujeres de Amorebieta tuvo lugar en septiembre de 1939 y Teresa Palomares, la reclusa corresponsal, que redactó el artículo en Redención, informaba de que ella misma fue con otras penadas de las primeras que inauguró el edificio al llegar trasladadas de Madrid. Según Palomares, cuando ya llevaban quince días en el penal continuaban llegando de todas partes, Asturias, Andalucía, La Mancha, aunque por número, predominaban las presas madrileñas.

También hubo presas asturianas, fue el caso de Pilar Fernández García, considerada peligrosa por ser comunista y haber denunciado a la mujer del cabo de la Guardia Civil y a la del secretario del Juzgado Municipal por manifestar su satisfacción ante el avance de las tropas sublevadas. Fue condenada a doce años de prisión por el Consejo de Guerra Permanente nº 3 de Asturias el 22 de enero de 1938 y cumplió pena en esta prisión de Amorebieta, donde estuvo 1.033 días hasta que le concedieron la libertad condicional en junio de 1941. En agosto de 1943 le fue conmutada la pena a seis años y un día. ( 69 )


( 65 ) Sumarísimo 939/37 en AIMNF. Causas plaza San Sebastián. Caja 4805. Legajo 18.

( 66 ) Sumarísimo 1783/37 de 27 de abril de 1938 contra varias vecinas del barrio de Eguia de San Sebastián, Juzgado militar nº 3 en AIMNF. Causas plaza San Sebastián en caja 5167.

( 67 ) En la actualidad no se conoce ningún archivo carcelario que contenga los datos de esta prisión, por lo tanto, los únicos nombres que podemos ubicar en Amorebieta son los que han salido de los expedientes de otras cárceles. Ver anexos donde figuran más nombres que los citados en este apartado.

( 68 ) El primer número del semanario Redención se editó por primera vez en Vitoria, sede del Servicio Nacional de Prisiones, en una fecha cargada de significado: el primero de abril de 1939, el final oficial de la guerra civil. El último número se publicó en una fecha tan tardía como 1978. En abril de 1939 era Jefe del Servicio Nacional de Prisiones el general Máximo Cuervo, dependiente del Ministerio de Justicia.

( 69 ) Consejo de guerra 1622/38. AIMNF. Fondo Asturias. Caja 100.


Aída Lorenzo y Esther Llorenç relatan la historia de Anna Padrosa Donat, que había nacido en Figueres en 1895.

El 4 de abril de 1939 fue detenida por al SIPM y encerrada en la prisión de partido de su pueblo y posteriormente en la central de mujeres de Girona, donde ingresó el primero de mayo. Al parecer cayó enferma y fue trasladada a la sala de reclusas del hospital de Santa Caterina; de allí a la prisión de mujeres de Barcelona, Les Corts, ya juzgada, y finalmente fue trasladada a la prisión central de Amorebieta, de donde salió excarcelada en 1943. ( 70 )

También Fernando Hernández Holgado dedica unas páginas a Trinidad Gallego, una mujer que fue detenida junto con su hija por culpa de una denuncia sobre la participación en un hecho en el que ni una ni otra habían intervenido. Una vez celebrado el juicio y enteradas de la sentencia, madre e hija ingresaron en Ventas, en la celda de la tercera galería izquierda. Trinidad fue posteriormente destacada durante unos meses en la prisión maternal que llegó a habilitarse en el Alto del Hipódromo, como comadrona. 

Fue por poco tiempo, ya que en septiembre de 1939, abuela, madre e hija, tres generaciones de mujeres, fueron trasladadas a la prisión central de Amorebieta, de la que saldrían a finales de agosto de 1941 en aplicación del decreto de libertad condicional. Sin embargo, antes de su salida Trinidad Gallego, estando todavía en la prisión de Amorebieta, fue trasladada de nuevo a Madrid para ser juzgada, en esta ocasión por el delito que ella, individualmente, sí que había cometido, el de pertenecer al Comité del Frente Popular constituido en el Hospital Clínico de Madrid ­el de San Carlos- en los primeros momentos del levantamiento de julio, según el auto-resumen del 24 de junio de 1940. Después la enviaron de nuevo a Amorebieta. ( 71 )

Nicolasa Blas Santamaría, cuya causa fue primeramente sobreseída, fue nuevamente denunciada, por lo que ingresó en Ventas tres días después, el 27 de febrero de 1940. La sentencia de primero de mayo de 1941 recogió su actividad como enfermera durante la guerra, así como su filiación comunista, significada por su intervención en luchas políticas. Una vez iniciado el Alzamiento y en los primeros momentos, intervino directamente, alentando el asalto al Cuartel de la Montaña. 

Quedó encargada de un botiquín en el Radio Avanti y fue acusada de cachear por las calles llevando una pistola con la que amenazó a los fieles de la Iglesia del Pilar el 19 de julio de 1936, donde asistió al incendio y saqueo de la misma, luego marchó a la sierra como miliciana, formó parte de varias manifestaciones y se regocijó de la comisión de los excesos que fomentaba. 

Fue condenada a treinta años de cárcel por un delito de auxilio a la rebelión. Nicolasa era una mujer joven que sufrió una muerte prematura en la que, indudablemente, tuvieron que ver tanto sus sucesivas detenciones y visitas a diligencias como su complicado periplo carcelario. Fue trasladada primeramente a la prisión central de Saturraran en septiembre de 1941, y en mayo de 1944 a la también prisión de cumplimiento de pena de Amorebieta. 

A finales de ese mismo año la Junta de Disciplina de esa cárcel la sancionó con el traslado a Málaga. Cuando a principios de marzo de 1945 reingresó por tercera vez en Ventas, su salud se había resentido de forma irreversible. Si el ingreso tuvo lugar el 3 de marzo, el día 7 el médico de la prisión, solicitó su traslado al hospital provincial para hacerle una radioscopia de estómago que tendría que esperar hasta el 10 de abril. Finalmente, el 25 de junio falleció en la sala de operadas de la enfermería de la prisión, a la edad de veintinueve años. ( 72 )

Purificación Huertas Montilla, La Beata, estuvo afiliada a la Agrupación Socialista de Porcuna (Jaén). Finalizada la guerra civil fue detenida y falleció a los 57 años en la cárcel de Amorebieta (Vizcaya) el 1 de marzo de 1942. ( 73 )


( 70 ) LORENZO, A. y LLORENÇ, E. Dones republicanes. Girona. CCG. 2006. Pp 136-147.

( 71 ) HERNÁNDEZ HOLGADO F. op. cit., 2011; p 205.

( 72 ) Ibidem; p-207

(73 ) http://www.fpabloiglesias.es


Josefa Díaz Pardo estuvo afiliada a la Agrupación Socialista de Pechina (Almería). Finalizada la guerra civil fue condenada a pena de muerte en Consejo de guerra celebrado el 6 de noviembre de 1939, pena que le fue conmutada por la inferior de 30 años de reclusión. 

El 19 de julio de 1940 fue trasladada de la prisión de Almería, luego al hospital penitenciario de Amorebieta. El 23 de enero de 1943 pasó a la prisión de Barbastro (Huesca) y el 1 de agosto de ese año, a la de Saturraran. Ingresó en la prisión madrileña de Ventas el 25 de mayo de 1944 pasando posteriormente a la de Segovia. 

Allí permaneció hasta el 20 de mayo de 1950, fecha en la que fue trasladada de nuevo a Ventas de donde salió en libertad condicional el 27 de junio de 1952. ( 74 )

Como se ve, muchas de las mujeres encarceladas con sentencias largas pasaron por varias prisiones a lo largo de su historial carcelario. Este aspecto volverá a salir unas páginas más adelante, en el apartado relativo a la prisión central de mujeres de Saturraran.

De lo poco que se conoce de la vida cotidiana de esta cárcel, sabemos que contaba con talleres de costura desde febrero de 1940 y que en ellos se cosieron prendas y uniformes para la intendencia del ejército. Contaba únicamente con tres máquinas y cinco operarias, y se creó a iniciativa de Matilde Fernández, inspectora nacional de talleres, que fue quien impulsó su creación. ( 75 ) 

En poco tiempo, llegaron a disponer de treinta máquinas y trabajaban cuarenta y siete reclusas: una jefa de taller, una oficial y cuarenta y cinco ayudantes. En octubre de 1940, las reclusas del taller percibían además un suplemento diario para la mejora del rancho. El Semanario Redención de 26 de octubre del mismo año incorporó una foto en la que se veía a las reclusas trabajando, con la presencia de dos monjas. En Amorebieta hubo también un taller de bordado fino. ( 76 )

En cuanto al régimen de alimentación, la cárcel de Amorebieta es la que sale peor parada en el testimonio de Nieves Torres: «Desde el primer día, en Amorebieta, recuento y formación para ir a recoger el desayuno, si a aquello se le podía llamar desayuno, porque era agua caliente, así se explicaba cómo estaban las mujeres. 

Por la mañana, en ayunas, un cazo de agua caliente, decían que le ponían Maggi, pero no sabía a nada. Después subía una orden, a formar con cuchara y plato al patio, y todas al patio. Según nos explicaron, hacían la vida allí, en el patio constantemente, apiñadas. 

Para la cantidad de mujeres, posiblemente unas dos mil, no era un patio muy grande. Era también un colegio de frailes y en el patio exterior había una huerta grandísima, donde se podía haber salido a tomar el aire y el sol, pero en aquella huerta sólo acampaban los animales; había cerdos, gallinas, conejos, pero nosotras no teníamos derecho a eso. 

El rancho era bueno. La comida tenía buen gusto y estaba bien hecha, pero el cazo no era de reglamento; la comida que nos daban nos cabía en el cuenco de la mano. Esto todavía sentaba peor. Con dos cucharadas te quedabas con más hambre que cuando habías empezado». ( 77 )

Pilar Pascual que fue presa en esta cárcel cuenta que fue trasladada a Bilbao desde Madrid, donde les llevaron a la estación del Norte: Nos encaminaron a un furgón donde metían a los cerdos y al subir oímos: ¡No se arrimen ahí, hemos tenido que hacer de vientre en ese rincón porque no teníamos dónde!...Al otro día nos llevaron temprano para Amorebieta.

Cuando bajamos del tren, como íbamos con la Guardia Civil, los chiquillos se acercaban y decían ¡Anda, dicen que son presas y resulta que son mujeres!

Estuvimos en huelga de hambre y a los tres días subieron con la caldera de la comida. Habíamos quedado todas en no levantarnos de los petates. La voz seguía llamando y nosotras no nos movíamos. Subió el director, un tío gordo, de luto, que se plantó en la puerta y dijo: No quieren ustedes coger comida, pues no hay otras cosa ¿eh? Y les voy a decir una cosa, yo pongo aquí una ametralladora ahora mismo y no queda ni una, y con una firma en el papel lo tengo arreglado. Al otro día hubo comida. Fue poco, pero al menos hubo repollo y cuatro pedacitos de patata. Lo pasamos muy mal en aquella cárcel y perdimos a muchas compañeras.( 78 )


( 74 ) desaparecido link.

( 75 ) Semanario Redención de 12 de octubre de 1940 en el que se informaba de que se habían confeccionado 2.637 prendas ­para intendencia del ejército- en cuatro meses.

( 76 ) AHPG. Fondo Saturraran. Caja 2791.exp.3

( 77 ) EGIDO LEÓN, A., op. cit., 2009. pág 199.

( 78 ) Testimonio de Pilar Pascual, obtenido de CUEVAS GUTIÉRREZ, T., op. cit., 2004, p- 78


Tomasa Cuevas certifica el hambre pasado en Amorebieta, y dice de esta cárcel: Los plantes que habíamos hecho en Amorebieta eran una pura necesidad por la miseria en que se vivía, pero no recuerdo que aquello se plantease como una cosa política. El hambre nos unía para enfrentarnos a la dirección de la cárcel, y esto no dejaba de ser una lucha política; pero no era organizada por un partido político. 

Era muy difícil que entraran noticias de la calle, había muy pocas comunicaciones y las pocas que había casi no daban noticias como para orientarnos de lo que ocurría. Aunque estábamos interesadas en la Segunda Guerra Mundial que se estaba desarrollando y nos hubiera gustado seguir el curso de ella, ya digo, era bastante difícil. ( 79 )

A pesar de que se desconoce casi todo lo referente a los cuidados sanitarios que recibían las mujeres de este centro, parece que hubo al menos un médico de forma permanente en Amorebieta, de nombre José Alegría Mendialdea, vizcaíno, que había sido detenido y puesto a disposición del juez militar el 14 de agosto de 1937. 

Fue sometido a consejo de guerra y sentenciado a reclusión en la Prisión Provincial de Bilbao durante 6 años, sin embargo, este médico vizcaíno salió de Larrinaga el 10 de noviembre de 1939 para ejercer de médico en la prisión de Amorebieta. ( 80 )

Del tipo de castigos propinados en Amorebieta nos da referencia Natividad Morcillo: Nos dijo el cura que toda la que no hubiera confesado ni comulgado, eso fue en Navidad, que tendría un castigo, el del saludo fascista que se hacía para formar, pero el tiempo que a ellos les daba la gana, y la monja nos dio un castigo más refinado.

Estuvimos castigadas en unas celdas veintidós mujeres. No eran celdas, eran cuchitriles de convento y como todas no cabíamos en uno, tuvimos que estar de cinco en cinco, así estuvimos desde enero hasta abril, sin cartas, ni correo, ni comunicación. ( 81 )

Con respecto a las personas que regentaron esta cárcel de mujeres se sabe que en diciembre de 1939 había ocho hermanas de San José, que en julio de 1944, la Junta de Disciplina de la prisión de Amorebieta, estaba presidida por la directora Celia Oarrichena.( 82 )

Esta cárcel fue clausurada, tras haber sido denunciada en varias ocasiones por las pésimas condiciones de hambre y miseria. Casi todos los testimonios recogidos en el citado libro de Tomasa Cuevas confirman este aspecto, hasta el punto de que las reclusas llegaron a hacer huelga de hambre porque sólo les daban agua caliente para comer.( 83 )

Además de Amorebieta, hubo más cárceles para mujeres en Vizcaya, concretamente, en Durango, en el antiguo convento de monjas que hoy alberga el colegio de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de Nevers. El 28 de diciembre de 1939 fueron enviadas desde la cárcel de Ventas a esta cárcel de Durango 350 presas, muchas con sus hijos, entre ellas, Rosario Sánchez, La Dinamitera, y dice Tomasa Cuevas de Durango, que la población local desplegó una admirable solidaridad con las presas y se hizo cargo de los niños hasta que poco a poco fueron siendo recogidos por sus familiares. ( 84 )

Del testimonio de Ángeles Mora que ingresó en Durango en marzo de 1940, sabemos que se trataba de un convento de monjas francesas: Los franquistas fusilaron a trece de ellas al azar porque todas se negaron a declarar que habían sido violadas por los rojos y están enterradas en el mismo jardín de la cárcel. 

Cuando bajábamos al patio las monjas nos decían:Hijas mías, corred, pasearos por todo el patio, pero en este trocito no, que están enterradas nuestras hermanas. Es, gracias a ellas, que el cónsul de Francia vino a verme, puesto que era esposa de un francés, para ver si podía conseguir mi libertad. Estas monjas fueron de una ayuda extraordinaria para todas nosotras. ( 85 )

En esta cárcel también hay testimonios sobre varios casos de incomunicación en celda de castigo, el de la mencionada en el párrafo anterior, Ángeles Mora, es uno de ellos. Como se ve, no siempre las monjas fueron malas con las presas republicanas, sino que dependía de los centros y, sobre todo, de las personas dedicadas a la custodia de las presas. Aun así, una manzana podrida estropea el cesto y en Saturraran se verá como la superiora llevaba la voz cantante en cuanto a maldad y capacidad de represión.


( 79 ) Ibidem y El Hospital-Prisión de Mujeres de Amorebieta, Redención, nº 25, 16-9-1939, p. 5

( 80 ) AHPV. Fondo Basauri. Caja 35, expediente 7

( 81 ) Testimonio de Natividad Morcillo, obtenido de CUEVAS GUTIÉRREZ, T. op. cit 2004, p- 83.

( 82 ) HERNÁNDEZ HOLGADO F. op. cit., 2011; p- 216

( 83 ) CUEVAS GUTIÉRREZ, T., op. cit., 2004, p- 85

( 84 ) HERNÁNDEZ HOLGADO, F.: op. cit., 2003, pp. 143-178.

( 85 ) CUEVAS GUTIÉRREZ, T. op cit. 2004, pp 100-101


 


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Prisión Central de mujeres de Saturrarán.