Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

Conformación de las etnias prerromanas en Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.

 

Armando Llanos Ortiz de Landaluze.




En cuanto a la distribución geográfica de estos poblados (Fig. l) es claro que en la elección de los lugares, se tuvo en cuenta
, aparte de algunos factores condicionantes en aspectos de desarrollo económico / social, los de control espacial de unos territorios más o menos amplios.

FIG. 1. Dispersión de los principales yacimientos de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.

Así se colocaron en sitios estratégicos de acceso a valles, o a lo largo de vías naturales, siendo posible establecer una correlación visual de unos a otros a lo largo de extensos espacios. Hasta tal punto que estos factores se ven confirmados con el asentamiento, en varios de estos mismos lugares, de castillos y fortalezas medievales, o las modernas torres de enlace de TV. 

En la vertiente septentrional se establecieron en alineaciones norte sur, en tanto que en la vertiente mediterránea lo serán en este mismo sentido, como en el caso de las cuencas de los ríos Omecillo, Bayas, Zadorra y Ayuda y, en sus tramos bajos los de lzkiz, Berrón, o en sentido transversal en los cauces altos de los de Zadorra, Araya, Ayuda, lnglares, Ega, y en la cuenca del Ebro. Parece darse una cierta importancia a las cuencas del Nervión, Deva, Oria, como vía de enlace del interior con la costa. Un estudio más profundo de estos poblados de la vertiente septentrional, en lo referente a sus secuencias de desarrollo, permitirá establecer un orden de prioridades así como de la potenciación de unas zonas sobre otras a lo largo del tiempo, o de sus relaciones con otros tipos de hábitat, el de cuevas por ejemplo. y su influencia en el poblamiento autóctono.

En el resto, la población que habita en estos territorios - la más densa- será principalmente la ocupante de los poblados que se conformaron en el primer hierro.

Sobre estas complejas estructuras de poblamiento tuvieron lugar en fechas tempranas, los contactos con grupos iberizantes del bajo Ebro, que marcaron el comienzo de un gran cambio en estas sociedades, dando comienzo, de forma plena, los momentos correspondientes a la II Edad del Hierro. En la zona más meridional de Álava, en la cuenca del río Ebro (Rioja Alavesa), tiene lugar la concurrencia de grupos culturalmente asociables al mundo ibérico, ya en los siglos V/ IV a.C., que tomaron contacto con el poblamiento indoeuropeo establecido con anterioridad. Esto dio lugar a que en algunos puntos se desarrollasen unos focos urbanos importantes, sobre los ya preexistentes, tanto en el orden estructural de trazados urbanos como en lo económico y social. Si esto es claramente detectable, no lo son tanto los aspectos referentes a los matices culturales. De poblados con ámbitos reducidos de influencia, pasaron a núcleos con clara y patente vocación de actividades comerciales en el doble sentido de adquisición y venta de productos, tanto de los generados en los propios lugares, como de otros de procedencia externa. 

El hierro pasó a ser un elemento de uso generalizado tanto en la fabricación de herramientas, como armamento y objetos de adorno, revolucionando anteriores conceptos y limitaciones técnicas, potenciándose así, nuevas vías de desarrollo. Una de ellas es la que dió lugar a un fuerte incremento cerealista, generado a partir de estos momentos. Sin embargo, y a la vista del único ejemplo excavado suficientemente como es el poblado de La Hoya. estas nuevas influencias no supone la anulación de las poblaciones precedentes. ya que incluso seguirán viviendo en paralelo en los mismos núcleos urbanos. Continuando con este mismo ejemplo y teniendo en cuenta los conjuntos de elementos, al menos de cultura material, puede verse cómo el grado de relación se establece con el mundo de Bureba Monte Bernorio, más que con las otras áreas celtibéricas, como pueden ser las del Alto Jalón o Duero.

Esta matización de correspondencia cultural se detecta en la necrópolis de La Hoya, correspondiente al nivel A3 del poblado es decir a la implantación del modelo «celtibérico». Teniendo en cuenta que esta necrópolis excavada acoge solamente las tumbas del estamento guerrero , parte importante de la estratificación social del poblado. y que otra parte de esta población continúa con sus formas del Hierro I, se comprueba que el núcleo iberizante, tiene a su cargo especialmente las funciones de transacción y comercio, hecho éste que se constata en la propia excavación del poblado. 

Esta presencia de formulaciones celtibéricas, se va reduciendo gradualmente hacia el norte. En poblados de las cuencas medias aparecen testimonios de cerámicas a torno que pasan a ser excepcionales en las zonas septentrionales, deduciendo que el fenómeno de la celtiberización únicamente puede considerarse como tal en las zonas extremas meridionales y que estos indicios cerámicos, y los más tardíos monetales, se deben únicamente a contactos de tipo comercial.

En resumen y como síntesis puede establecerse que sobre una base de tradiciones arcaicas desarrolladas ampliamente durante el mundo megalítico. se extenderán en el Bronce Pleno grupos de facies Cogotas I, que generaron un mundo cultural con ciertas peculiaridades. Paralelo a éste, y en momentos del final residual del mundo megalítico, hicieron su entrada grupos continentales, que comenzaron a ocupar el territorio ampliamente, llegando con nuevos aportes sucesivos a consolidar los asentamientos en poblados.

La disolución o en otros casos absorción, de los grupos de Cogotas l. por otros del espectro tumular o del de Campos de Urnas, al menos en la vertiente meridional,- homogeneizó unas formas de vida que extendieron ampliamente. El acceso, via Ebro, de grupos iberizantes, articuló el complejo mundo cultural de lo celtibérico, que solamente se estructuró, como tal, en la zona más extrema meridional de la cuenca del Ebro.

Es en los momentos finales del Hierro II, en torno a las guerras Sertorianas, cuando habría que colocar el ocultamiento de los tesorillos localizados en el siglo  XVlll en el monte Lejarza (Larrabezua, Bizkaia), con 145 denarios, y los de la cueva de Usastegui (San Martín de Ataun, Gipuzkoa) en 1970, con 8 denarios.

Las cecas de estas monedas corresponden a BASCUNES, BENGODA, TURlASU, SEGOBlRICES, ARSAOS, BOLSCAN, AREGORADAS y BENTlAN.

Otros hallazgos monetales sólo se han dado en algunos poblados alaveses especialmente Iruña, con 19 monedas entre denarios y ases de las cecas de BARSCUNES, SEGOBIRICES, TURIASU, CUELLOCOS, ILDURO, y una de la ceca de TURIASU localizada en el poblado de Carasta.  

 

 

FIG. 6. Cerámicas de castros:  1. Castillo de Henayo (Alegría de Álava).  2. Arkiz-Iruña Trespuentes (Villodas-Álava). 3. Santuste (Ocilla-Condado de Treviño). 4. Peñas de Oro (Vitoriano-Álava). 5. San Forrnerio (Pangua-Condado de Treviño). 6. Kutzemendi (Castillo-Álava).  7. Cuencos en oro, de Astroki (Bolibar-Gipuzkoa).

FIG.7. Poblado de la Hoya (Laguardia-Álava). Reconstrucción ideal de la zona central. en su nivel celtibérico. Dibujo del autor.

Son característicos de estos momentos. algún fenómeno monumental de amplia implantación en la zona que estudiamos. Me refiero al tema de los túmulos, cromlechs y menhires. Generalmente todos ellos van a coincidir en los espacios donde se implantan, que corresponden a zonas altas de sierras amesetadas, con una larga tradición de emplazamientos pastoriles, incluso actualmente en uso, que en algunos casos son coincidentes con estaciones megalíticas de altura. 

Sin embargo las zonas de implantación están desfasadas, ya que los espacios tumulares se concentran en la vertiente meridional, en tierras alavesas, con algún foco en Bizkaia y Gipuzkoa (Fig. 1), en tanto que en el caso de los cromlechs su distribución se concentra en Guipúzcoa, con expansión en las tierras limítrofes de Navarra, existiendo algún grupo aislado en Álava y Vizcaya. Así en Guipúzcoa / Navarra el número de cromlechs es de 79 y en el resto, Álava/ Bizkaia, son solamente 9 (Vegas 1988). Para el caso de los túmulos se invierten las cifras, siendo 154 en Álava, y en Gipuzkoa / Bizkaia, solamente 19 (Galilea 1980).  En ambos casos existe un número importante de ejemplares en tierras de Navarra, Laburdi y Bcnabarra. 

Cronológicamente van a ser coincidentes en un aspecto concreto. Aunque su inicio no es el mismo para ambos casos, sí en los dos se acusa su larga perduración como fenómeno que llega a incrustarse en épocas claramente históricas. En el caso de los túmulos las fechaciones de Carbono 14, van desde un 2.400 a.C. para el túmulo de Kurtzebide (Álava), a un 150  a.C. para el túmulo-cromlech de Millagate lV (Zuberoa), esta diferencia se establece también en cuanto al ritual funerario, ya que si para los momentos más antiguos claramente aparecen las inhumaciones colectivas con ajuares eneolíticos, para la fase más reciente, en un Bronce final/Hierro I, el ritual es de incineración.

Estos amontonamientos de piedra o tierra, en algunos casos, presentan una preparación intencionada tanto de su delimitación como de la estructura de la zona del depósito que puede ser de cista o no. Si analizamos el fenómeno de los cromlechs, veremos como su construcción también se dilata en el tiempo, habiéndose obtenido algunas dataciones absolutas que van desde el 900 al 200 a. C. (Vegas 1989) y que serían los que encajarían en el periodo en estudio. ya que otros han dado fechas de épocas históricas. 

FIG. 8. Poblado de la Hoya (Laguardia-Álava), Cerámica de mesa del nivel A.

 

 

FIG. 9. Poblado de la Hoya (Laguardia-Álava). Cerámicas de almacenaje y cocina, del nivel A.

Sobre el fenómeno de los menhires, pocos datos objetivos existen para poder adjudicarlos a estos momentos culturales, aunque generalmente queden encajados entre un amplio espacio Bronce / Hierro. Su número, en todo el País Vasco es de 49, siendo su reparto espacial similar al establecido para los cromlechs, (Peñalver 1983). 

Este será el substrato que conocerá la presencia romana, por lo que solamente algunos de estos núcleos serán absorbidos, en tanto que otros continuarán al margen de ella o desaparecerán en los primeros momentos.


3.
CORRELACIÓN CON ÁREAS VECINAS.

Esta correlación con áreas vecinas no se puede analizar teniendo en cuenta todo el espacio geográfico en su conjunto sino que existirán diferencias si se tiene en cuenta la latitud, pudiendo establecerse o considerarse como tres grandes bandas. Una septentrional o de vertiente cantábrica, una media, que ocuparía la parte central de Álava, y la más meridional o del valle del Ebro.

Para el mundo cultural meseteño tipo Cogotas I, existen elementos comunes de sobra conocidos. como la cerámica de Boquique; yacimientos de depósitos en Hoyos. etc, que se extienden ampliamente por prácticamente toda la Península y cuyo número de lugares aumenta de día en día. Las relaciones más próximas, en el caso de los campos de «Depósitos en Hoyos», se localizan en tierras burgalesas, así como en lugares de habitación, en una relación Meseta-Álava-Meseta, que se extenderá también por otros espacios geográfico, como por ejemplo en Navarra, en yacimientos de la cuenca del Ebro. Sin embargo, otros aspectos no están difundidos en zonas tan amplias, concentrándose en áreas geográficas más reducidas. Un caso concreto es el del tema del arte rupestre esquemático-abstracto en cavernas. Si en principio su conocimiento se genera en cuevas alavesas, actualmente los nuevos hallazgos se extienden por territorios limítrofes, no muy intensamente hacia el norte y el este por tierras guipuzcoanas y navarras y sí con una amplia presencia hacia el occidente en las zonas vizcaína y cántabra. Llama la atención el hecho de que en Bizkaia y Cantabria este tipo de arte se dé mayoritariamente en cuevas con muestras de arte paleolítico, como un regreso a la función de cueva santuario y en claro entronque con tradiciones anteriores.

En cuanto a los momentos de ocupación integral del territorio, bien en los momentos de flujos continentales, como en los posteriores de aportaciones iberizantes, no será lógicamente un proceso único y especial sino que existen ejemplos similares en zonas vecinas, tanto en una como en otra dirección. Sin embargo los ejemplos más claros se dan hacia el este, en Navarra, sobre todo en las zonas de Tierra Estella y La Solana o bien hacia el oeste extendiéndose por La Rioja y Burgos especialmente en la zona de Obarenes y La Bureba. Algunos yacimientos pueden considerarse gemelos en cuanto a secuencias cronológicas y tipológicas, con la salvedad de que existe una cierta diferencia en su perduración. Un caso concreto pueden ser los poblados de La Hoya (Laguardia-Álava) y el de La Custodia (Viana-Navarra).

En el caso de su relación hacia el oeste, son claros los paralelismos, con el mundo cultural de Miraveche Monte Bernorio, pudiendo considerarse, actualmente, el poblado de La Hoya, como el lugar más oriental, con este tipo de materiales. Sin embargo, fijándonos en otros materiales, veremos cómo tipológicamente estarían en conexión con lugares del valle del Ebro o de la meseta superior.

 

4. ÁMBITOS TRIBALES Y RESULTADOS ARQUEOLÓGICOS.

El punto de partida será el del conocimiento de las distribuciones tribales, en el espacio estudiado. Contrastados éstos con los datos arqueológicos disponibles
llegaremos a conocer hasta qué punto el reparto clásico obedece a una realidad o en su defecto tratar de explicar los distanciamientos que puedan existir.

La zona estudiada quedaba ocupada principalmente por Várdulos. Caristios, Autrigones y Berones. Ahora bien, esta distribución clásica de ocupación y sus límites. ¿corresponden a lo que pudiera deducirse del conocimiento arqueológico actual?. En grandes lineas la diferencia de densidad de asentamientos entre las dos vertientes. septentrional / meridional, no parece quedar claramente reflejada, ya que si bien la zona de Várdulos y Caristios. en su vertiente septentrional. es la zona con menor número de lugares de habitación al aire libre - poblados- no lo es en toda su extensión, ya que el fenómeno indicado no se repite en su vertiente meridional. puesto que la zona alavesa, que corresponde a estas gentes, sí es densa en poblados.

La única forma de explicarse y entender los elementos diferenciadores estaría en considerar que los ámbitos territoriales deban tenerse en cuenta como zonas de influencia y no como unidad territorial en cuanto a una planificación de ocupación generalizada con núcleos de población, fijándose solamente aquéllos que por interés estratégico así lo requiriesen. Lo que sí aparece claro es que la división orográfica de las alineaciones de las sierras de Cantabria/ Toloño, separaron los Berones de Caristios y Várdulos y no tanto de Autrigones, con quienes enlazaban por el oeste. Este hecho correspondería a la potente implantación del fenómeno de celtiberización, con muy escasa difusión hacia el norte en tierras de Caristios y Várdulos, y sí con el grupo Autrigón, lo que podría explicar la presencia de elementos tipo Bureba/ Monte Bernorio en la zona alta de la Rioja Alavesa.

Otros aspectos como los fenómenos. anteriores, de las pinturas rupestres esquemático / abstractas o los de los cromlechs tendrán una difusión y ámbitos no
coincidentes con los anteriores. Las primeras se extenderían solamente en zona de Caristios con ampliación hacia los Cántabros, y en el caso del fenómeno de los cromlechs, su ámbito sería el de los Várdulos, aunque no en exclusiva puesto que existen algunas ramificaciones, pero sí se agrupan principalmente en este territorio los grandes focos o concentraciones que lo caracterizan.

De todo ello se deduce que, salvo en los casos anteriores, no es fácil ver un a correspondencia clara entre las demarcaciones de los espacios tribales y los
elementos de carácter arqueológico, correspondientes a cada una de sus áreas.


Figura 10 Secuencia cultural del territorio estudiado.

 

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