Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

LA PREHISTORIA DE LOS IBEROS Y LA ETNOLOGÍA VASCA.

P. BOSCH GIMPERA.

 


 III.--
IBEROS, VASCOS, LIGURES, CAUCÁSICOS. LOS PROBLEMAS LINGÜÍSTICOS.


Hemos visto como, con métodos antropológicos y arqueológicos, puede llegarse a un resultado satisfactorio en el problema del origen de los Iberos y de sus relaciones con los Vascos. Debemos ahora intentar la comparación de dicho resultado con los de la Filología, sobre todo con aquellos que aparentemente se apartan más de los nuestros, cosa que sucede sobre todo en la manera de apreciar las relaciones de la lengua vasca con las ibéricas.


a)
Iberos y Camitas.

El parentesco de la lengua ibérica con las camíticas parece admitido por la mayor parte de los filólogos, a pesar de las dificultades grandes que existen para la interpretación de los monumentos que hasta el presente se conocen de la lengua ibérica. El paralelismo de la toponimia española de carácter ibérico y de los territorios ibéricos con la del N. de África parece confirmar dicho parentesco ( 23 ).

Si, de acuerdo con ello, el ibérico puede agruparse con las lenguas camíticas, se obtiene un resultado concordante con los de la Antropología y la Arqueología.


b)
Iberos y Vascos.

El problema de la lengua vasca es mucho más difícil y no se ha solído resolver de acuerdo con nuestros resultados. Los vascos, según la Arqueología y la Antropología, no son iberos y no pueden considerarse, como en la teoría clásica de Humboldt, como su resto actual.

Los filólogos (Schuchardt) han encontrado a menudo sin embargo elementos ibéricos o camitas en el vasco, cosa que parecía confirmar dicha teoría.

Tales elementos no pueden ser negados pero si nuestros resultados son plausibles es preciso encontrar una explicación que sin prejuzgar la etnología vasca haga comprender cómo ha sido posible que se introdujesen en su lengua. La explicación puede ser doble: o los vascos han tomado su lengua de los Iberos, como éstos adoptaron el latín o, en caso de que los elementos ibéricos del vasco no sean suficientes para explicar toda la lengua y su origen, como parece más bien ser, tales elementos ibéricos serían un testimonio de una fuerte influencia debida a contactos de los pueblos ibéricos con el vasco, a los cuales se debería la adopción de dichas formas de lenguaje.

En realidad ni los elementos ibéricos parecen ser tan abundantes y decisivos que expliquen satisfactoriamente la naturaleza del vasco, ni a través del vasco se explica gran cosa de la lengua ibérica como parecería natural en caso de tratarse de una identidad de naturaleza.

Por otra parte se ha tratado de comprobar en el vasco elementos de origen muy distinto, como los ligures o caucásicos, aunque (sobre todo los ligures) sean muy problemáticos.

La cosa produce el efecto de que el verdadero fondo originario del vasco sea algo sumamente antiguo que no se ha llegado todavía a determinar bien y que permanecerá todavía mucho tiempo inexplicado. La aportación ibérica constituye seguramente tan solo un episodio, aunque muy importante, en la historia de la lengua vasca, como luego elementos de otras lenguas (celtas, latinos, visigodos, románicos, los últimos procedentes de distintas épocas) tomaron también carta de naturaleza en el vasco.

En todo caso, admitiendo todo lo que los filólogos puedan determinar como ibérico y atribuyéndole toda la importancia merecida, siempre se destaca, a través de la localización de la toponimia vasca y de diversos fenómenos emparentados, la zona pirenaica desde el país vasco hasta la parte occidental de Cataluña o sea el territorio que se corresponde en general con el pueblo pirenaico del eneolítico, contrastando esta zona con el resto de la península en donde estuvieron los principales hogares de los Iberos. Todo ello hablaría en pro de la diferencia originaria entre vascos e iberos y de la explicación de los elementos ibéricos del vasco como mero «Lehngut» ( 24 ).


( 23 ). Ver sobre ello: Schulten, Numantia I, p. 37 Wackernagel en el Archiv für lateinische Lexikographie, 1.905, p. 23 y sig.

--Los monumentos de la lengua ibérica reunidos por E. Hübner, Monumenta linguae ibericae (Berlin, 1.893). Otros materiales publicados por F. Fita en los volúmenes del Boletín de la R. Academia de la Historia v además en Schulten, Ein keltiberischer Städtebund (Hermes, 1.915, p. 247 y sig.) H. Schuchardt, Uber die Namen der Turma Salluitana (Iberische Personennamen) (Revista internacional de los estudios vascos III, 1.909. p. 237); H. Schuchardt, Die iberische Inschrift von Alcoy Sitzungs berichte der Preussischen Akademie der Wissenschaften phil.-hist, Klasse. 1.922, p. 83 y sig.); M. Gómez Moreno, De epigrafía ibérica. El plomo de Alcoy (Revista de Filología española, 1.922, p. 341 y sig.); H. Schuchardt recension del trabajo de Gómez Moreno en la Revista int. de los est. vasc. 1.923 ; A : Schulten, Ein unbekanntes Alphabet sus Sp (Zeitschrift der deutschen Morgenländischen Gesellschaft. 1.923). Ver también el trabajo fundamentar de Schuchardt, Die iberische Deklination (Sitzunrsberichte der kais. Akademie der Wissenschaften in Wien, phil.-hist. Klasse, 1.907, 2 Abhandlung) y los trabajos citados en las notas siguientes acerca del vasco.

( 24 ). Acerca de la cuestión vasca desde el punto de vista lingüístico ver la ojeada general de Meyer-Lübke en Das Baskische (Germanisch. romanische Monatsschrift, XII, 5-6, p. 181 y sig,) y también: Schuchardt Baskisch = iberisch oder = ligurisch? (Mitterlungen der Anthropologischen Gesellschaft in Wien, XLV, 1.915, p, 109 y sig); id. Nubisch und baskisch (Revista intern. de los est. vasc. VI, p. 269 y sig.); id. Baskischhamitische Wortvergleichungen (id. VII, 1.913, p. 289 y sig.); id. Baskisch und Hamitisch (id.) VIII, 1.914 , p. 76 y sig.): R. Menéndez-Pidal,

Sobre las vocales ibéricas "e" y "o" en los nombres toponímicos (Revista de Filología española, 1.918 , p. 225 y sig.); H. Schuchardt. Heimisches und fremdes Sprachgut (Revista intern. de est. vascos 1.922, p. 68 y siguientes): Id. Das Baskische und die Sprachwissenschaft (Sitzungsherichte der Akademie der Wissenchatten in Wien. I.925) .

Acerca de la posibilidad de la diferenciación pirenaica de los nombres de lugar ver Meyer-Lübke, Relacions de la Filologia amb l'Etnologia prehistórica (Butlleti de l'Associació Catalana d'Antropologia, etc. I, 1.923, 217), id. Els noms de lloc en el domini de la diócesi d'Urgell (Butlleti de Dialectologia catalana, 1.923, Barcelona, p. I y sig.); id. Das  Katalanische (Heidelberg, 1.925) p. 160 y sig.


 


c)
El contacto entre el Pueblo de la cultura de Almería y el pirenaico en el eneolítico y la posibilidad de influencias culturales y lingüísticas de los Iberos sobre los Vascos.


La Prehistoria parece comprobar la posibilidad de una influencia ibérica sobre los Vascos desde tiempos muy antiguos (eneolítico) lo que podría llegar incluso a explicar la iberización completa del vasco, en caso de que realmente se pudiese comprobar.

La cultura de Almería, en la que parece encontrarse el origen de los Iberos, se había extendido en el eneolítico ya hasta rozar los países vecinos de las estribaciones del Pirineo ( 25 ) y hasta consiguió transmitir a la propia cultura pirenaica numerosas tipos de utillaje como puntas de flecha, cobre, la cerámica del vaso campaniforme. Es lógico que con todo ello se introdujesen formas de expresión hablada de los Iberos entre los Vascos.


( 25 ). Ver anteriormente.



Estos últimos debieron ser entonces todavía un pueblo en cierto modo primitivo con una cultura material algo rudimentaria, propia de un pueblo que, aunque pudiese conocer la agricultura, viviese en gran parte de sus rebaños como sucede en general entre los pueblos montañeses.

En cambio los Almerienses eran al llegar al Ebro ya agricultores muy avanzados, a la vez que conocían la metalurgia, por lo que su contacto con los vascos primitivos pudo influir sobre éstos para introducir entre ellos nuevas formas de vida y de cultura. Acaso con los intentos de penetración de los almerienses hacia el N. tuvieron que defender su territorio los pirenaicos y se vieron obligados a adoptar armas de eficacia semejante a la de las empleadas por los invasores.

Las cosas nuevas tenían un nombre, que debió introducirse con ellas así como las nuevas formas de vida, dando lugar a acciones nuevas crearon nuevas formas de expresión.

Nada tiene de particular que, si el punto de partida de muchas de esas influencias estaba en el territorio de los Iberos, de este último partiese también una influencia lingüística considerable que debió persistir en los tiempos siguientes. El caso debía repetirse múltiples veces a través de la historia del pueblo vasco y sigue todavía repitiéndose. De tiempos modernos tenemos la experiencia de verdaderos aluviones de palabras castellanas introducidas en el vasco y hoy mismo, después de haberse desarrollado en el país vasco una literatura y una ciencia que se sirven de la lengua vasca como medio de expresión, ha sido forzoso a menudo acudir a los neologismos que no siempre han podido partir de formas indígenas sino que han sido tomados de otras lenguas. Este es el caso de todas las lenguas que han permanecido mudas para ciertas cosas durante cierto tiempo y que al volver a florecer necesitan crear nuevas formas que se adapten a las nuevas necesidades. En nuestra península tenemos otro ejemplo patente de ello en el catalán en el que no solo existe el problema de los neologismos, sino el de la pureza del léxico y aun de la misma sintaxis corrompidos sobre todo en la lengua hablada, por los siglos en que el casi nulo cultivo literario de lengua interrumpió la tradición clásica, experimentando aquélla una verdadera castellanización.

El contacto de los vascos primitivos con los primitivos iberos en tiempo tan remoto y su vecindaje a través de los tiempos siguientes, por espacio de más de 2.000 años. puede por lo tanto explicar todos los posibles elementos ibéricos del vasco y aún haría verosímil la completa iberización de la lengua de los vascos, si ello se comprobase, sin que por ello fuese preciso admitir la identidad étnica de ellos con los Iberos. 

No hay que admirarse, pues, de que la declinación sea análoga en el vasco y en el ibérico. Incluso podría admitirse que toda la evolución lingüística del vasco se haya verificado
bajo la influencia del vecino ibérico. Por todo ello nuestras conclusiones que mantienen la diversidad étnica de Iberos y Vascos no entran en conflicto con las de los Filólogos, ofreciendo por el contrario a éstos un marco más amplio para explicar cuantos fenómenos encuentren en el vasco que compliquen el problema y opongan dificultades a la rigidez de la explicación étnica de los elementos ibéricos.

Meyer-Lübke dice ( 26 ): «La separación que establece Bosch respecto a los Cántabros y Aquitanos tiene sin duda algo de atrayente; explica por qué faltan ciertos tipos de nombres de lugar que son frecuentes en el país vasco, explicando también que encontremos en el N. de la península otros que no existen en vasco; pero ofrece también grandes dificultades. Por una parte no debe ocultarse que en territorios que él considera como no vascos aparecen nombres que se ha comprobado con seguridad que son vascos.


( 26 ). Das Baskische, p. 153 .


 

Si se interpreta Iliberris, como yo he hecho, desde puntos de vista etnológico-históricos, se dará la razón a Bosch sin reservas, cuando dice que el vasco, lo mismo que ha adoptado palabras galas, latinas visigodas o españolas, ha podido ampliar su léxico en tiempo todavía anterior con elementos cantábricos. Así «ili», ciudad, puede ser tan forastero como lo es en castellano «caldea», palabra que no procede del latín. Pero es verosímil que también se haya tomado de fuera «berri», nuevo?.

No se habrá acaso exagerado demasiado, quitándole con ello fuerza de convicción, un argumento que en sí mismo es acertado y que debe prevenirnos de sacar conclusiones precipitadas?.

La fuerza convincente de la declinación ibérica es también apreciada menos de lo debido. Ella se corresponde casi por completo con la vasca..... 

Igualmente no puede desconocerse una estrecha relación entre Aquitanos y Vascos: Schuchardt ha comprobado concordancias bastante intensas en los nombres. Además, no solo resulta claro que se tomó el nombre étnico de los Ausci y euskara como denominación vasca de la lengua (podría admitirse que tan solo posteriormente se aplicó euskara también al vasco del idioma de los no vascos Aquitanos) sino. sobre todo que los Ausicerretan y Ausa (el antiguo nombre de Vich) muestra una población análoga en ambas vertientes de los Pirineos. Es preciso ver en ello una población existente en todas esas regiones, antes de la entrada de los Aquitanos? Todo ello plantea problemas que hoy por hoy no pueden ser resueltos desde puntos de vista lingüísticos.

Acerca de ello debo insistir en que siempre he dejado abierto el problema filológico, que pertenece por entero a los Filólogos.

Los arqueólogos solo podemos precisar las posibilidades cronológicas y geográficas y reconstruir los rasgos fundamentales de la etnología, que limitan el terreno en que es posible moverse, así como señalar la dirección del camino a seguir para llegar al lugar en donde parece posible que todos coincidamos: la solución definitiva solo se obtendrá cuando todos los métodos lleguen a resultarlos que puedan compaginarse. 

Entre tanto es bueno y contribuye al avance que cada uno de los puntos de vista de su propio método intente la crítica de los resultados de los demás, con lo cual saldrán a la luz las lagunas de nuestro conocimiento del problema y las dificultades que ofrece. Esta parece ser también la posición adoptada por Meyer-Lübke ( 27 ) y Schuchardt ( 28 ) respecto de mis conclusiones. Que la cuestión es difícil no hay necesidad de decirlo. Solo estamos en el principio del trabajo, incluso en cuanto a la Arqueología y los materiales faltan casi por completo tanto en el país vasco como en Aquitania y en el N. de España precisamente para las Edades del Hierro cuando se formaban los pueblos históricos de España.

De todos modos quisiera hacer notar dos hechos importantes:

Ante todo que el caso contrario, o sea la influencia de lo pirenaico-vasco sobre la cultura de Almería se ha observado una vez por lo menos con seguridad en los cráneos de tipo pirenaico occidental de los sepulcros argáricos de Almería. En segundo lugar que en Aquitania, lo mismo que en todos los territorios pirenaicos, tanto de Francia como de España puede comprobarse mediante la Arqueología un estrato étnico semejante, precisamente en el eneolítico, o sea mucho antes de la infiltración en ellos de elementos de población ibérica. Si estos hechos están bien observados no tenemos que maravillarnos de que podamos encontrar numerosos elementos vascos en territorio ibérico o ibéricos en territorio vasco, así como tampoco nos extrañará que los Aquitanos tengan nombres semejantes a los Vascos. Aunque verdaderos iberos y por ello distintos de los vascos, tenían un estrato indígena pirenaico y a este estrato pueden atribuirse tales concordancias. El caso de los Ausetanos y Ausoceretas de Cataluña es aquí muy instructivo, ya que la Arqueología comprueba también en ellos una base pirenaica, análoga a la de los Aquitanos y de los Vascos, pero en ellos, así como en los. Aquitanos predominó un elemento ibérico posterior, se sobrepuso otro de los componentes de su pueblo: en los Ausetanos el de la cultura de las cuevas del neolítico y eneolítico ( 29 ).

 

d) Vascos y Ligures.

Schulten quiso comprobar elementos ligures en la lengua vasca y considerar por ello los Vascos como Ligures ( 30 ). 

Sus conclusiones han sido combatidas enérgicamente por Schuchardt ( 31 ) y parecen no quedar en pie. De todos modos aunque se llegaran a comprobar también aportaciones liguras en el vasco pueden explicarse como «Lehngut» transmitido por las tribus del S. de Francia entre los Pirineos y los Alpes.

Lo que fuesen los Ligures no lo sabemos; en ningún caso es legitimo, sin embargo, hablar de ellos como de un pueblo unitario que hubiese dominado todo el Occidente de Europa, ya que tanto los grupos arqueológicos como la mezcla de razas comprobada por la Arqueología dan un cuadro abigarrado del Occidente precéltico, imposible de compaginar con la supuesta unidad ligura, aunque tanto España como en Francia y en Italia fuesen penetradas en buena parte de sus territorios por razas y culturas que tenían muchos elementos análogos.


( 27 ). l u g . c i t .

( 28 ). Ver el articulo citado acerca de la inscripción de Alcoy y Das Baskische und die Sprachwissenschaft (Sitzungsber. Akad. Wiss. Wien, 1,925) p. 30-32. Schuchardt, con todo, no parece haber comprendido exactamente mi posición respecto de los posibles elementos ibéricos del vasco. cuando. a propósito de insistir en la inexactitud de los paralelos ligures del vasco planteados por Schulten dice refiriéndose a mi (p. 31 del trabajo últimamente citado): «Man gewinnt den Eindruk dass Ligurisch und Iberisch in dieser Angelegenheit gleichgestellt werden und dass der Wettkampf zwischen ihnen auf dem Boden der Archäologie auszufechten sei. Das hat Bosch jüngst in ganz unverhohlener Weise ausgedrückt, indem er von gewissen Resultaten der anthropologischen und archäologischen Forschung sagt dass «die Unmöglichkeit die Basken als Rest der Iberer zu betrachten ist auf das Schlagendste erwiesen». Hoffentlich bezichtigt mich Prof. Bosch wegen meines entschiedenen W iederspruch nicht der Undankbarkeit, veroanke, ich ihm doch die Kenntniss der von mir veröffentlich ten iberischen Inschrift von Alcoy. Sie ist noch nicht gedeutet wohl auch nicht völlig sicher gelesen; aber ich finde Anklänge ans Baskische darin und keinesfalls ist es unmöglich dass hier eine dem Baskischen verwandte Sprache vorliege. Wenn es mir nun gelänge trotz der räumlichen und zeitlichen Entfernung dies nachzuweisen so würde ich doch deshalb nicht den Beilagen der Inschrift baskischen Charakter zusprechen und wollte P. Bosch wegen eben dieser Beilagen etwa der Inschrift dem baskischen Charakter absprechen?.

Rasse, Kultur, Sprache, dürfen nicht ohne weiteres gleichgesetzt werden; unter Iberern verstehe ich nur die welche iberisch sprechen.»

He creído deber citar extensamente esta critica de Schuchardt y además hacerlo en su lengua original para no interpretar mal su pensamiento, y que pueda cotejarse con el mío.

A ello debo contestar ante todo, que no trato de ningún modo de equiparar los paralelos ligures a los ibéricos, y que, desde luego, acepto no sólo el valor de los ibéricos y los posibles carecidos vascos de la inscripción de Alcoy, no prejuzgando ello nada para la cultura, sino que el día en que los filólogos llegasen a decirnos que el vasco es una lengua ibérica, aceptaría esto último sin que tuviese necesidad de variar mi posición respecto a la etnología vasca. Comprendo los escrúpulos de Schuchardt para admitir mi tesis, al encontrar parecido entre el vasco y el ibérico, puesto que aquella es algo que desde un punto de vista exclusivamente filológico tiene todavía muchos inconvenientes, acostumbrados como estamos a identificar aunque sea inconscientemente los contentos de pueblo v lengua. Resulta siempre difícil deslindar ambos conceptos y parece siempre raro que un pueblo adopte la lengua de otro. Sin embargo. la última frase citada de Schuchardt:

Por iberos entiendo sólo aquellos que hablan una lengua ibérica» no puedo acabar de comprenderla, teniendo en cuenta la acertada prudencia con que el propio Schuchardt acaba de decir: «raza, cultura. lengua no deben ser equiparadas sin más ni más», puesto que entre tales frases parece existir una irreductible contradición: debiendo mantener separados esos conceptos, conviene no aplicar el nombre de iberos a todos los que hablan ibérico sino reservarlo sólo para aquellos que, además de hablarlo, tienen otros indicios de que lo sean en el sentido étnico de la palabra, sin que otros indicios poderosos lo impidan.

Una vez comprobado el carácter ibérico de unos fenómenos lingüísticos podremos hablar de la influencia ibérica, incluso de la iberización completa de la lengua, pero el pueblo mismo no debe todavía calificarse de ibérico, sobre todo si lo demás habla en contra de tal calificativo. Un ejemplo del peligro que implica la confusión de terminología lo tenemos en el propio país vasco, en donde si careciésemos de antecedentes históricos y nos atuviéramos sólo a la lengua hablada, concluiriamos la identidad de navarros y castellanos por el hecho de la desaparición del vasco en gran parte de Navarra, en donde ha sido sustituído por el castellano.

( 29 ). Bosch, Assaign de reconstitució de la Etnologia de Catalunya, P. 57 y sig. 

( 30 ). Numantia I, p. 69 y sig

( 31 ). Baskisch Iberisch oder = Ligurisch (Mitteilungen der Anthropologischen Gesellschaft in Wien, XLV, 1.915, p. 109 y sig.




La mezcla se desarrolló en todas partes con gran variedad, siendo matizada además de modo distinto en los distintos territorios por la incorporación a ella de otros pueblos, no siempre de las mismas procedencias ( 32 ). 

Pero además siempre los Vascos, los más puros descendientes de los pirenaicos eneolíticos, forman un grupo aparte de los demás grupos étnicos, sobre todo de aquellos que pueden considerarse como ligures.

Que a pesar de todo pudieran recibir indirectamente influencias lingüísticas procedentes de los pueblos de los Alpes, a través de los del SE. de Francia, no sería en sí mismo imposible, pues ya en el eneolítico los Pirenaicos se extendieron considerablemente por el S. de Francia, mezclándose con las tribus allí existentes, emparentadas en cierto modo con las de la vecina Liguria. 

Más tarde, en la segunda Edad del Hierro continúan apareciendo en el S. de Francia pueblos que tienen un mayor o menor parentesco con los Ligures, como los Sordones y Elísices, que Hecateo considera como Ligures y los del Pseudo Escilax. 

Por todo ello los nombres de lugar o cualquier otra forma lingüística que resulte común no puede ser tampoco decisiva para determinar la naturaleza de los pueblos pirenaicos ( 33 ).


e)
Vasco y Caucásico.

Recientemente también se han tratado de encontrar relaciones entre el vasco y las lenguas caucásicas. Diferentes filólogos suponen que existen en la sintaxis, en la conjugación y en el léxico vascos grandes semejanzas con los de aquéllas ( 34 ), por ejemplo con el Cherquésico y el Abkhásico. Incluso se han interpretado los Vascos como verdaderos «Jaféticos» y se ha tratado de seguir su itinerario desde el Cáucaso hasta España ( 35 ), así como se buscaban paralelos entre el propio nombre de los Vascos y la toponimia vasca, particularmente los nombres de ríos, de una parte y los de los pueblos y lugares del Cáucaso y regiones vecinas de otro ( 36 ).

Nada menos que Meyer-Lübke ( 37 ) y Uhlenbeck ( 38 ) recomiendan prudencia en utilizar semejantes paralelos, sobre todo para la toponimia ( 39 ). 

El problema no parece estar todavía bastante maduro para incorporarlo al del origen de los Vascos y debemos esperar a que los filólogos se hayan puesto de acuerdo o por lo menos a que se hayan estudiado mejor dichos paralelos.

Desde un punto de vista arqueológico podría alegarse mucho contra el origen de los Vascos en el Cáucaso. Aunque se llegue a comprobar la existencia de elementos caucásicos en la población del Danubio y en la raza dinárica, en el eneolítico, desde allí hasta, el extremo Occidente no sabemos que haya llegado ni un solo fenómeno bien conocido y todavía sería menos admisible una emigración en sentido occidental en aquella época. Tampoco pueden comprobarse relaciones marítimas del Oriente con España, no habiendo existido hasta mucho después.


( 32 ). El problema de los Ligures no puede tratarse aquí y debe ser alguna vez planteado en relación con el de la Etnología de todos los países de la Europa occidental. He tratado de él en el Ensayo de una reconstrucción de la etnología prehistórica de la península ibérica (Santander Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo, 1.922 ), p. 107 y sig. de la tirada aparte, en el Assaig de reconstitució de la Etnologia de Catalunya (Barcelona 1.922) p. 73 y sig. y en El problema etnológico vasco y la Arqueología (S. Sebastián, Rev. int. de est. vasc. 1.923) p. 66 y sig. de la tirada aparte. Debo decir que cada vez estoy más Inclinado a creer a los Ligures, como pueblo general del Occidente, una combinación erudita de los griegos primero y de los historiadores y filólogos modernos después. Reproduzco lo que acerca de ello he dicho en «El problema etnológico vasco» p. 68, que es fiel reflejo de mi opinión actual: .... Ciertamente que, ante la confusión y el carácter fragmentario de la información que nos proporcionan los textos, difícilmente preferiríamos una hipótesis basada en ellos si esta además en contradicción con los resultados claros y seguros de la arqueologia; que difícilmente comprueba la homogeneidad de los pueblos indígenas del Occidente de Europa. El terreno firme es, pues, el de la arqueologia y a él hay, por lo tanto, que atenerse. Pero, si tenemos en cuenta cómo los griegos pudieron conocer el Occidente de Europa. y cómo aplicaban sus nombres a los pueblos bárbaros, la cosa parece aclararse. Efectivamente, de muchos lugares no podían tener noticias sino procedentes de segunda o tercera mano: tal es el caso del Norte de España en tiempo del Periplo.

Además era cosa corriente, y así se han formado la mayoría de los nombres de pueblos de la Antigüedad en cuya formación han intervenido los griegos, aplicar a todas las tribus que se consideran emparentadas el nombre de una de ellas: la que se cree mas típica o sencillamente la primeramente conocida. En el caso de los Ligures es probable que haya sucedido lo mismo. Los griegos conocían los Ligures del S. de Francia y allí habían comprobado que representaban una población indígena distinta de los Iberos y los Celtas. Al encontrar en diversos sitios restos de otras poblaciones indígenas paralelas, es lógico que se acabara englobándolas todas bajo una misma denominación. La cuestión ligura es probable que sea sencillamente una hipótesis-griega formulada en vista de datos insuficientes o fragmentarios. Este concepto de los Ligures, obtenido a través de la Arqueologia, coincide con el de Ettore Pais, deducido de la tradición literaria: ..... gli antichi, sino dai tempi della poesia esiodea, parrebbero aver indicato con il nome di Liguri molti abitatori dell'Occidente di Europa, così come quelli di Sciti e di Etiopi designarono rispectivamente, in modo alquanto generico, i popoli del Est e del Sud» (Storia critica di Roma durante i primi cinque secoli, I, parte seconda, p. 788, Roma, 1918 : ver también I, Parte prima, p. 333 , nota 2 y la Storia della Sicilia e della Magna Grecia I, Torino 1.894, p. 501) .

( 33 ). Tal seria el caso del célebre sufijo ligur -asc. Sobre ello ver Meyer Lübke, Das Caskische, p. 180, en donde el sufijo -esc. contra la opinión de Schulten no se tiene por ligur y en donde se protesta de la identificación de los nombres de lugar en -asc del Centro y Sur de Europa con otros tantos indicios de la extensión de los Ligures.-- Acerca de paralelismos lingüísticos entre los Alpes y los Pirineos ver J. Jud, Dalla Storia delle parole lombarde-ladine en el Bulletin de Dialectologie romane, III, I9II, especialmente en la pág, 8 y sig.

( 34 ). C. C. Uhlenbeck, De la possibilité d'une parenté entre le basque et les langues caucasiques (Revista intern. de los est. vasc. XV, 1.924, p. 555 y sig.).   

( 35 ). N. Marr, Der japhetitische Kaukasus und das dritte ethnische Element im Bildungsprozess der mittelländischen Kultur (Berlin-Stuttgart-Leipzig, Kohlhammer, 1.923 ) (Japhetitische Studien, publicados por F. Braun y N. Marr, II) p. 62 y sig.-- También G. Hüsing parece admitir el origen caucásico de los Vascos: Völkerschichten in Iran (Mitteilungen
der anthropologischen Gesellschaft in Wien , 1.916) p. 224 y lo propio hacen otros autores.

( 36 ). A-baski, el nombre de los Abkhásicos, en su forma más antigua.

( 37 ). Das Baskische, p. 187: Mirándolo bien, estamos aquí en un terreno muy inseguro».

( 38 ). Lugar cit. p. 587: «Il faut reconnaître que le système grammatical basque, en ce qui concerne sa structure interne, présente des analogies psychologiques frappantes avec les systèmes caucasiques; mais, je le repète, ces analogies en elles mêmes ne prouvent rien en faveur d'une parenté génétique. Il faut les renforcer par la preuve que les éléments grammaticaux matériaux peuvent être identiques, Il faut justifier qu'on fait usage de ces éléments grammaticaux dans un but de généalogie linguistique par les rapports phonétiques fixes qu'on peut établir après de nombreuses comparaisons de mots».

( 39 ). Acerca del peligro que se corre al querer reconstruir movimientos de pueblos solo con la semejanza de los nombres de lugar, ver N. Vulic, Die Ortsnamenkunde in der Urgeschichte (Wiener, Prähistorische Zeitschrift, IX, 1.922, p. 81 y sig.).


 

Incluso parece imposible suponer ninguna emigración hacia el W. desde el Centro de Europa. Por nuestra parte llegamos a creer Imposible que los braquicéfalos occidentales puedan ser de origen levantino, como tan frecuentemente se ha supuesto ( 40 ): en Portugal ya existen en el epipaleolítico y su mezcla con elementos dolicocéfalos con caracteres negroidas (Mugem) habla más bien en favor de un origen africano, como en general puede admitirse para la cultura capsiense, a la que parecen pertenecer. Y de análogo o origen es probable que sean todos los braquicéfalos occidentales, incluyendo en ellos hasta a los de Ofnet, que recientemente se han estudiado como emparentados con los de Francia ( 41 ). 

A finales del Epipaleolítico se produjeron fuertes movimientos que partieron del territorio capsiense hacia el N. (Francia), movimientos que pudieron destacar avanzadas que llegasen a los valles del Centro de Europa.

Igual dirección siguen los movimientos posteriores que en el eneolítico están en relación con España y que siguen una dirección oblícua, hacia el NE. (avance de la cultura pirenaica en el SE. de Francia, expansión de los vasos campaniformes). Pero en todos estos movimientos permanecen aparte las tribus del Occidente del Pirineo, que hay que considerar como restos de los pueblos antiquísimos del Paleolítico de la Europa occidental, que han quedado en su lugar, no tocadas por tales movimientos.

Si existen verdaderas relaciones entre el Vasco y el Caucásico deben ser de naturaleza muy general en la formación de la lengua que tal vez acuse un grado análogo de la evolución lingüística o a lo sumo deberían explicarse de modo indirecto, por mediación de los pueblos que en el neolítico vivieron entre los países del Danubio y de los Alpes orientales y los Pirineos. Más tarde fueron todavía más difíciles tales relaciones, ya que durante la Edad del Bronce se interpuso entre ambos la gran masa de los pueblos indo-germánicos, modificándose solo el frente occidental de tales indogermanos avanzando en sentido occidental, lo que excluye la posibilidad de establecer relaciones directas de Este á Oeste.

Si no se quiere abandonar el terreno firme, hay que esperar todavía para hablar de posibles parentescos entre el vasco y las lenguas caucásicas. Y mucho más aún para establecer la identidad de los Vascos (Bascos) con los A-bascos del Cáucaso a través de la mera semejanza del nombre. Recuérdese que también es imposible buscar allí el origen de los Iberos de España tan solo a causa de los Iberos caucásicos.


f)
Iberos y Caucásicos.

También los Iberos se han vuelto a relacionar con el Cáucaso recientemente ( 42 ). 

Ante todo por la identidad de nombre con la tribu de los Iberos, luego por otros paralelos lingüísticos y sobre todo toponímicos, volviéndose a poner sobre el tapete una cuestión que tuvo su oportunidad ya antes y que en España discutieron sobre todo el P. Fita y D. Aureliano Fernández-Guerra, entre otros.

Puede ponerse en relación esto con otros intentos de comprobar una colonización babilónica antiquísima (mejor dicho sumeria) en todo el Mediterráneo, incluso en España ( 43 ).

La supuesta relación de Sargón de Akkad n el tercer milenario a. de J. C. con el lejano Occidente, o sea con España (44) gira en derredor del mismo tema.

Por deslumbradores que sean esos indicios para los que buscan el origen de los pueblos de España en Oriente, hay que reconocer que están muy lejos de ser seguros y utilizables para ninguna hipótesis seria. En escasos nombres de lugar más o menos parecidos y en un dato histórico que puede interpretarse de modo muy distinto es imposible fundar la prehistoria de los Iberos, cuando todos los demás indicios, mucho más seguros, y principalmente los arqueológicos, llevan precisamente a conclusiones contrarias.

Si los pueblos camíticos tuvieron relaciones con los asiáticos y en particular con los caucásicos constituye un problema de carácter general que debe tratarse en conexión con el de los remotos orígenes del pueblo. Si ello fuese cierto y en tal lugar debiesen colocarse los posibles paralelos caucásicos de los Iberos, es algo que cae lejos de nuestro objetivo, que es solo el de seguir los orígenes inmediatos de nuestros pueblos y la dirección en que hay que buscar los más remotos, hasta donde sea posible caminar sin necesidad de acudir al auxilio de hipótesis caprichosas y sin fundamento objetivo.  


( 40 ). Ultimamente W. Scheidt, Die Rassen Europas (Munich, Lehmann, 1.924), p. 99 y sig. der jüngeren Steinzeit.

( 4I ). W. Scheidt Die eiszeitlichen Schädelfunde aus der grossen Ofnet-Höhle und vom Kaufertsberg bei Nördlingen (Munich, Lehmann, 1.923) p. 8I y sig. Esta relación, lo mismo que la aparición de braquicéfalos en los kioekkenmoeddings epipaleolíticos de Mugem en Portugal, en donde aparecen junto con dolicocéfalos negroidas (ver Mendes-Co Os povos primitivos de Lusitania, p. 168 y sig.) parecen de capital importancia. El origen de los braquicéfalos occidentales deberla buscarse en África por hallarse allí el punto de partida del Capsiense en el paleolítico superior, así como parece que con los movimientos de pueblos del epipaleolítico pudieron llegar tales braquicéfalos a Francia, Bélgica y Europa central. Con ello hay que admitir más de un tipo braquicéfalo Europa, (por lo menos dos) siendo posible buscar para ello distintos lugares de origen. Ver acerca de ello nuestro Ensayo de una reconstrucción de la etnología prehistórica de la península ibérica, p. 14 y sig.

( 42 ). Marr, lugar cit. p. 64 y sig.

( 43 ). E. Assmann, Babylonische Kolonisation im vorgeschichtlichen Spanien (Festschrift für Lehmann-Haupt). Schulten mismo, que admite la posibilidad de relaciones de España con el Oriente en el tercer milenario (inscripción de Sargón: ver la nota siguiente), rechaza las conclusiones de Assmann (Tartessos, Ein Beitrag zur ältesten Geschichte des Westens, Hamburg, Friderichsen, 1.922, p. 15), aunque considera como dignas de atención algunas coincidencias de nombre, tales como la ciudad de las forjas Bil-bi-lis en España y bil-bil (en sumerio: quemar).

( 44 ). Una inscripción de Sargón I de Asiria (Ver Schulten-Bosch, Fontes Hispaniae Antiquae, Barcelona 1.922, p. 156 de la ed. castellana) habla de la sumisión a Sargón del país del metal (estaño; según varios), que debe colocarse en Occidente, acaso en España. Sargón I se supone que pueda ser no solo Sargón I de Asiria (hacia el 2000 a. de J. C.) sino
el célebre Sargón de Akkad del tercer milenario. En nuestro Ensayo de una reconstrucción de la etnología prehistórica de la península ibérica, p. 50-51, hemos expuesto las razones por las que parce imposible admitir que el texto en cuestión se refiera a España, de acuerdo con la opinión e Eduardo Meyer. Recientemente F. Petrie se expresa acerca de ello con análoga prudencia, a pesar de que Sayce piensa en la relación con España: Sayce, The atlas of the empire of Sargon of Akkad (Ancient Egypt, 1.924, p. 5) y apéndice de F. Petrie al trabajo de Sayce.