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ARTE RUPESTRE ASOCIADO A UNA ESTRUCTURA MEGALÍTICA EN EL PAÍS VASCO. SANTA CRISTINA III.


 

SANTA CRISTINA III. ARTE RUPESTRE ASOCIADO A UNA ESTRUCTURA MEGALÍTICA EN EL PAÍS VASCO.

Santa Cristina III. Rock art asociated to a megalithic structure in the Basque Country.

 

Antxoka MARTINEZ VELASCO.

Arqueólogo. Instituto de Estudios Prerromanos y de la Antigüedad de Cantabria.

Fecha de aceptación de la versión definitiva: 19-05-02.

BIBLID [0514-7336] Zephyrvs, 56, 2003, 237-245.

ISSN: 0514-7336.

 

RESUMEN: 

Durante la primera campaña de prospección visual en el Parque Natural de Valderejo (Álava) fue hallada una estructura megalítica que denominamos Santa Cristina III. En el techo de la cámara de esta estructura se conservan varias puntuaciones en rojo. Se trata del primer ejemplo de arte asociado a una estructura megalítica en el País Vasco. En este trabajo se presentan los primeros datos para su estudio e interpretación.


SUMMARY: 

During de first compaign of visual prospecting in the Natural Park of Valderejo (Álava) it was discovered a megalithic structure, called Santa Cristina III. There is several red marcs in the room's ceiling of this structure. It's the first example of associated art to megalithic structure in the Basque Country. In this article we are presenting the main facts to value and understand this structure.

 

Introducción.

A lo largo del año 2000 se ha llevado a cabo una campaña de prospección visual con recogida de materiales en Valderejo (Álava) como primera fase de un programa más amplio de estudio integral del patrimonio arqueológico de este valle alavés.

Valderejo se encuentra situado en el extremo occidental de Álava (País Vasco), en el límite con los valles burgaleses de Losa y Tobalina, con el también burgalés municipio de San Zadornil y con el Valle de Valdegobía (Álava). Se trata de un pequeño valle cerrado en el extremo norte de la Sierra de Árcena ( 1 ).

Actualmente Valderejo es Parque Natural y esta circunstancia ha favorecido las actividades dirigidas a profundizar en el conocimiento de todo su patrimonio; sin embargo, Valderejo sigue siendo el gran desconocido arqueológicamente hablando. Hasta la fecha no se ha llevado a cabo ninguna intervención arqueológica ( 2 ) salvo prospecciones visuales en los años 80 (W.AA, 1987), que proporcionaron las primeras noticias sobre patrimonio arqueológico, y las realizadas por mí mismo (Martínez, 2001a, 2001b y en prensa), que como he indicado se enmarcan en el inicio de un programa más amplio.


( 1 ) Para más datos Fernández de Montoya et al. 1991.

( 2 ) Por lo menos reglamentada, ya que en dos lugares del parque sí se han identificado catas antiguas.



FlG. 1. Santa Cristina III (Valderejo. Álava). Planta y secciones. Dib. Alis Serna.

Una mañana, prospectando el vallejo situado en la cara oeste del Vallegrull, en la zona denominada Santa Cristina, encontramos varios abrigos bajo roca que la erosión se había encargado de vaciar de posible depósito arqueológico y una enorme losa de caliza apoyada sobre dos bloques que tenía pintados en su interior varios puntos rojos. Esta estructura la denominamos Santa Cristina III. 

Lo singular y atípico del hallazgo en el contexto del País Vasco ha motivado que el estudio del mismo se haga de forma individualizada; a ese propósito responde este artículo.

 

 

1. La estructura.

1.1. Emplazamiento y descripción.

Como ya he indicado, esta estructura se encuentra situada en el vallejo de la cara oeste de la Peña Vallegrull, más concretamente en el fondo del valle, justo al pie del pico más alto del Vallegrull. Ésta es la única referencia válida para su localización, ya que se trata de una zona con bosque muy cerrado y no existe ningún hito que lo señale. Sus coordenadas son (Gesplan, 2000): X: 479005; Y: 4744550; Z: 888 m.

Este vallejo tiene dos accesos, aunque quizás el más sencillo sea desde el norte: partiendo de Villamardones ( 3 ), acceder en dirección ascendente hacia el alto denominado El Cubo y continuar hasta alcanzar la meseta de San Lorenzo. Desde ahí, y en dirección oeste, dirigirse al collado denominado El Bardal y descender en dirección sur hasta situarnos justo al pie de la Peña Vallegrull.

En ese punto buscar entre el bosque y la ladera. ( 4 )


( 3 )  Pueblo de Valderejo actualmente despoblado.

( 4 ) No está de más recordar aquí que ésta es una zona fuera de las rutas establecidas para la visita del parque y, por lo tanto, es necesario solicitar permiso a la dirección del parque para acceder a ella.


 

 

FlG. 2. Santa Cristina III (Valderejo. Álava). Calco de las digitaciones. Dib. Alis Serna.

La enorme losa de caliza local de esta estructura mide 6,30 m de largo por 3,30 m de ancho y 0,97 m de espesor (Fig. 1). 

Se apoya sobre dos grandes bloques también de caliza local. El espacio bajo la losa se encuentra cerrado prácticamente en su totalidad, en sus lados norte y oeste por un canchal natural fruto de la erosión de la pared de roca, y en sus lados este y sur por un múrete de cierre. 

El espacio interno está dividido en dos estancias por los dos bloques de grandes dimensiones; estos bloques presentan dos caras planas enfrentadas que forman un corto pasillo. El acceso se hace por el oeste, a una estancia algo mayor; una vez se pasa entre los dos bloques se accede a una estancia de mayores dimensiones. La altura en la entrada es de 67 cm, altura que va descendiendo hasta llegar a menos de la mitad ya en el fondo. 

En el interior, al fondo, en el techo, se conserva un conjunto de puntuaciones en rojo (Foto 1) que analizaremos más adelante.

 


1.2. Análisis de la estructura.

Vista la planimetría de esta estructura (Fig. 1), algunos no dudarían en llamarla dolmen, pero como menciono en los epígrafes, yo prefiero llamarla estructura.

El problema está en que no se ajusta a las tipologías de dólmenes al uso (p. ej. Vivanco, 1981) ya que éstas se basan en la disposición de los ortostatos de la cámara y corredor (si lo tuviera) y, además, no tienen en cuenta la losa de cubierta porque son escasos los ejemplos en que se conserva. 

Sin embargo, en este caso nos encontramos con que el espacio cerrado de la estructura no se crea mediante ortostatos, sino aprovechando un canchal natural y levantando un múrete de cierre; los bloques que enmarcan el acceso, además, no tienen paralelos como ortostatos ya que son excesivamente voluminosos.

Partiendo de esta base, la definición como dolmen de esta estructura vendría determinada por su uso como lugar funerario, pero al no haberse hallado materiales asociados a ella ni tener ninguna otra prueba que aclare su función o uso, éste es un aspecto que aún no se puede determinar.

Quizás habría que definir esta estructura tal y como lo hace Moreno (Moreno, 2000) denominándolo paramegalito.

 


1.3. El contexto megalítico en Valderejo y su área.

No se conocen dólmenes en Valderejo aunque sí algunos túmulos (Galilea, 1980; Martínez, en prensa). Por proximidad habría que citar la referencia al hallazgo de un dolmen en Villacián (Valle de Losa, Burgos) (Murga, 1983). 

Sin embargo, visitado el lugar, este dolmen recuerda más a una cista bajo túmulo que a un dolmen propiamente dicho, por lo que habría que tomar esta referencia con reservas. De hecho, Moreno (Moreno, 2000) tampoco recoge como dolmen esta referencia.

Por proximidad también, hay que citar los dólmenes de La Mina (Molinilla, Álava) y La Lastra (Salcedo, Álava) (Andrés, 1978 W.AA., 1987). 

Se sitúan geográficamente en el valle del río Omecillo, valle vecino de Valderejo, sin embargo en su extremo sureste, mirando a la ribera del Ebro, lo que los sitúa a más de veinte kilómetros de Santa Cristina III y los pone más en relación con el fenómeno megalítico del Valle del Ebro (Andrés, 2000) que con el megalitismo de la comarca de los Valles Altos alaveses y sus valles vecinos de Burgos.

Esta situación crea una extensa área de vacío megalítico en torno a Santa Cristina III difícilmente explicable en el estado actual de la investigación. Muy al contrario, son abundantes los hallazgos de túmulos tanto en Valdegobía como en el Valle de Losa (Galilea, 1978, 1980). 

También se constata la presencia de menhires en la zona (Gómez y Martínez, en prensa), lo que viene a significar que esta ausencia de dólmenes no es debida a una falta de prospecciones sino precisamente a un vacío real. Quizá el hallazgo de nuevos elementos de juicio como este que analizamos ayude a aclarar el problema.


2. El arte rupestre.

2.1. Descripción.

En total se contabilizan 18 puntos claros, aunque originariamente debieron ser más ( 5 ) ya que en algunas zonas se ven pequeñas manchas de colorante difuminado. ( 6 ) 

Los puntos parecen estar realizados mediante digitaciones; impregnada la yema del dedo en colorante diluido, ésta se aplica directamente en el soporte dando lugar a un punto de forma irregular (Foto 2). 

Los puntos se encuentran agrupados en un área de unos 40 cm de eje máximo, pero sin formar una composición reconocible hoy día (Fig. 2). 

Todos los puntos se concentran en una esquina al fondo de la cámara (Fig. 1) y aunque no parezcan formar una composición predeterminada, sí se ve en ellos una intencionalidad clara de agrupamiento en esa zona. Tampoco se ve una regularidad en las formas de los puntos; este hecho podría estar indicándonos que los puntos no se realizaron de una sola vez sino que son consecuencia de un proceso repetitivo de la misma acción en diferentes momentos.

Por todo ello cabe definir estos puntos dentro de la amplia familia de estilos que genéricamente se denomina arte esquemático, fenómeno desconocido hasta ahora en Valderejo.


( 5 ) Aunque en número indeterminable actualmente.

( 6 ) En el momento del hallazgo constatamos la existencia al fondo de la cámara de una cama de hierbas y hojas de un zorro o un tejón que utilizaba el lugar como refugio. El tránsito constante de este inquilino o de algún otro en las mismas circunstancias pudo provocar la difuminación de algún punto por el roce del lomo contra el techo.


 

 

FOTO. 1. Vista de conjunto de las digitaciones. Foto Javier Herrera.

 

 

2.2. Contexto del arte.

Dentro del País Vasco, hasta ahora sólo se conocían ejemplos de arte esquemático abstracto en Álava, todos ellos en cueva. ( 7 )

Para Navarra se constata la existencia de arte esquemático fuera de las cuevas asociado a abrigos bajo roca en Etxauri (Nuin, 1992; Cháfer, 1996) y un hallazgo descontextualizado del Museo de Navarra (Beguiristain, 1983). 

Pero dentro de este conjunto, los ejemplos en que se ha empleado el colorante rojo se reducen a Cuesta de la Encina en Álava (Fernández, 2001), el Abrigo de Etxauri  (Nuin, 1992; Cháfer, 1996) y el hallazgo descontextualizado (Beguiristain, 1983), y en ninguno de los tres casos se trata de puntuaciones sino de figuras (Etxauri) y signos (Cuesta de la Encina y el hallazgo descontextualizado del Museo de Navarra).

No se ha descrito en el País Vasco ningún ejemplo de arte asociado a una estructura megalítica. Sí es cierto que en algún caso hay marcas, nunca pintura; como por ejemplo en Jentillarri (Sierra de Aralar, Gipuzkoa) ( 8 ), sin embargo estas marcas no son arte sino más bien lo que en francés se denomina poussoir (Bocquet et Houot, 1994), es decir, acanaladuras producidas por apasionamiento durante el proceso de pulimentación de hachas.

Fuera del País Vasco, en un área de relativa proximidad, podemos citar dos ejemplos de arte esquemático asociado a dólmenes, el de El Moreco (Huidobro, Burgos) (Delibes y Rojo, 1989; Delibes et al, 1993) y el de Pozobal (Liendo-Ampuero, Cantabria) (Serna, 1997). Sin embargo, en estos dos casos también hay que señalar que no nos encontramos ante puntuaciones en rojo sino ante figuras esquemáticas (El Moreco) y cazoletas (Pozobal).

Por último, no se han descrito puntuaciones en rojo en el País Vasco, aunque éstas son abundantes en áreas próximas como por ejemplo en Cantabria (p. ej. González y San Miguel, 2001); sin embargo, en la mayor parte de los casos asociadas a contextos paleolíticos.


( 7 ) Solacueva de Lacozmonte (Jócano), Los Moros (Atauri), Lazalday (Zarate), Liciti (Andagoya), Pico Corral (Bóveda) y Cuesta de la Encina (Peñacerrada). Llanos (1966), Fernández (2001) y Martínez (2001).

( 8 ) En visita realizada a dicho dolmen tuve ocasión de comprobar la existencia de una serie de acanaladuras más o menos paralelas que no se recogían en las referencias a este dolmen (p. ej. Altuna, 1978; Altuna et al, 1990).


 

 

 

FOTO. 2. Detalle de una digitación. Foto Javier Herrera.

 

 

2.3. Análisis del arte.

No tenemos en un área próxima ningún ejemplo que reúna las mismas condiciones que Santa Cristina III, es decir, arte esquemático realizado mediante puntuaciones con colorante rojo asociado a una estructura megalítica. En esta situación sólo podemos analizar este conjunto tomando como referencia aspectos parciales, por eso el aspecto principal de referencia debiera ser las manifestaciones pictóricas.

En este sentido parece acertado seguir el camino señalado por Bueno y Balbín (1992) que abundaron en la idea de la existencia de un arte megalítico en sincronía con el rupestre. En esta línea, y como paralelo más próximo, hay que destacar el conjunto de Peña Tú o Peñatu (Vidiago, Asturias) (Balbín, 1989; Arias y Armendáriz, 1998 y 2000) que presenta algunos conjuntos de puntos rojos muy mal conservados (algunos desaparecidos) que no permite mayores precisiones, aunque la asociación de estos puntos con figuras esquemáticas que recuerdan las del dolmen de El Moreco y un grabado abstracto fechado en el Bronce Inicial lo sitúan como el principal referente.

Fuera de este ámbito de mayor proximidad, en el área castellano-leonesa, se conocen abundantes ejemplos de este tipo de arte ( 9 ) en abrigos bajo roca, pero la falta de datos sobre la prehistoria reciente en esta zona alavesa no nos permiten establecer un patrón de referencia con el que plantearnos si existe una relación cultural entre ambos mundos; o bien, si nos encontramos ante una simple convergencia artística y estilística en los motivos representados.

 


3. Consideraciones sobre el conjunto.

Sólo se conoce una cueva en Valderejo (Martínez, en prensa), y son muy escasas las que se encuentran en su entorno, pero todas las conocidas han sido objeto de estudio en mayor o menor medida (Llanos, 1966; W.AA, 1987; Ortega, 1999; Martínez, 2001) y en ninguna de ellas se han identificado puntos rojos. 

Al aire libre, no se conoce arte rupestre en esta zona, aunque esto, en cierta medida, se puede entender puesto que la caliza local se exfolia con gran facilidad al aire libre produciendo los denominados canchales. Este dato hace hincapié en el hecho de que el aislamiento en que se encuentra actualmente este arte puede que no sea un reflejo fiel del contexto histórico en que se llevó a cabo y por lo tanto toda valoración se ha de entender bajo esta premisa.

La cuestión principal que plantea el estudio de estructura y arte en su conjunto es la de la funcionalidad: ¿para qué se utilizaba?, ¿qué función cumplía en su entorno?


( 9 ) Una síntesis reciente la encontramos en Gómez-Barrera (2000).



A priori, y a falta de más datos, me inclino a pensar en el uso funerario de esta estructura por proximidad formal con el fenómeno megalítico.

El espacio pequeño y cerrado que conforma la cámara, con una muestra de arte esquemático que es evidente que no se había pintado para verse ya que está al interior, parece indicar este uso como el más probable.

Sin embargo, hay un aspecto de este conjunto que llama la atención si se compara con el mundo megalítico, se trata de su uso como referente en el espacio.

Santa Cristina III actualmente se halla bastante escondido, en una zona difícil de identificar hasta que no se está encima. Esto quiere decir que no es muy probable que tuviera este tipo de uso, de hecho, al ser un valle pequeño y cerrado tampoco tiene contacto visual con ningún túmulo o menhir de la zona. 

Por lo tanto resulta difícil definir la función que cumplía en el espacio, quizá, también a modo de hipótesis, debemos apuntar que se halla en una zona de tránsito que funciona como uno de los accesos naturales a Valderejo por el fondo del valle; el valor espacial vendría adquirido como referente del límite del valle.

Por lo tanto, hay que concluir que aún no disponemos de elementos de juicio suficientes para poder llevar a cabo un análisis más profundo que nos permita establecer unos paralelos claros y contextualizado en un mundo cultural más concreto.

 


4. Cronología.

No tenemos ni un solo dato objetivo que permita establecer una cronología concluyente.

Partiendo de esta base sólo queda proponer una cronología hipotética para el conjunto. En principio, aunque los paralelos formales del arte indiquen otra cosa parece más sensato guiarse por el contexto del hallazgo y situarlo en algún momento de la prehistoria reciente. Dentro de este período, el único paralelo para el arte debiera ser Peña Tú, con las reservas ya indicadas que lo situaría en el Bronce Inicial. 

Sin embargo llama la atención que en un momento en el que parece abandonada la práctica de construcción de los grandes dólmenes ( 10 ) (Andrés, 2001) se fuera a construir esta estructura. En buena lógica debiéramos pensar en un momento próximo a este fenómeno dentro de un neolítico o calcolítico, sin mayores precisiones.

El contexto arqueológico general de Valderejo, por último, tampoco aclara mucho la cuestión ya que, como mencionaba al inicio del artículo, no se ha realizado ninguna intervención arqueológica y no tenemos ninguna fechación absoluta. 

Quizá como referencia por proximidad habría que citar el Abrigo del Desfiladero (Martínez, 2001), en el desfiladero del río Purón, donde se recogieron materiales adscribibles a un período neolítico que, por lo menos, nos habla de la presencia de grupos humanos en ese momento en Valderejo que pudieron levantar esta estructura. De nuevo, no podemos precisar más.

 


5. Conclusiones.

Es evidente que a medida que se analiza Santa Cristina III este conjunto se encuentra más en la excepción que en la norma ( 11 ) pero la reflexión que podemos hacer tras lo visto hasta ahora es la siguiente:

A pesar de que esta estructura no se ajuste a la tipología al uso aplicada a dólmenes, creo que se puede relacionar con este mundo megalítico porque el esfuerzo invertido en la construcción del mismo y el espacio cerrado creado en su interior recuerdan lo suficiente el megalitismo. 

A ello debemos añadir el hecho de encontrar pintura roja en su interior que, aunque no con los mismos motivos, también encontramos en el fenómeno megalítico y vendría a remarcar el carácter simbólico del lugar. Probablemente nos encontremos ante la única muestra de una práctica ritual que debió estar más extendida y que se realizaba, además de en cuevas y abrigos bajo roca, en los monumentos megalíticos pero que, sencillamente, ya no se conserva.


( 10 ) No así su utilización.

( 11 ) Siempre en el contexto del País Vasco.




6.
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