Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

Reconstrucción paleogeográfica de autrigones, caristios y várdulos. País Vasco, Euskadi.

J. Santos UPV / EHU.
A. Emborujo UPV / EHU.
E. Ortiz de Urbina UPV / EHU.

CIVITATES AUTRIGONAS.


Antecuia.

El único dato en las fuentes escritas sobre esta civitas es el que nos ofrece Ptolomeo (II. 6. 52). 

Tradicionalmente se admite su posible ubicación en Pancorbo (J. A. Llorente. 1806, 17; M. Cortés y López, 1836, 227; P. Madoz, 1845, 328: R. Amador de los Ríos, 1898, 1045; J. Albaina. 1956, 16). Solana da como probable esta ubicación, aunque tampoco descarta radicalmente una posible localización en Arce-Mirapérez (Miranda de Ebro) ( 1974, 81; 1978, 392).

A favor de su localización en Pancorbo están el que éste haya sido el paso estratégico para las comunicaciones del Valle del Ebro con la Meseta y los restos arqueo lógicos de época prerromana y romana que aparecen en los alrededores en esta zona. J. A. Abásolo menciona la existencia de terra sigillata en la zona denominada las Campas, castro romanizado, en el término de Villanueva-judíos, en el actual emplazamiento de la ermita del Cristo del Barrio y en un sector al pie del desfiladero de los Obarenes (J. A. Abásolo, 1975a, 48-53; 1982, 141).

Por nuestra parte estamos de acuerdo con la identificación de Antecuia con el actual Pancorbo y consideramos que su localización en Arce-Mirapérez debe descartarse, a tenor de los trabajos mencionados.

 

Deobriga.

Las fuentes escritas que la mencionan son Ptolomeo (ll. 6. 52) y el Itinerario de Antonino que la incluye como la séptima mansio en la vía 34 ab Asturica Burdigalam (454. 7), a una distancia de XIIII millas de Vindeleia y XV de Veleia.

Su identificación ha variado atendiendo a las diferentes direcciones que se le ha dado a la vía 34 en el paso de los Montes Obarenes v en el cruce del río Ebro . Se han propuesto varias reducciones: las inmediaciones de Quintanilla de la Ribera (Álava) (A. Llorente. 1806 16: P. Novia de Salcedo. 1855. 8: E. J. de Labayru, 1967. 36): Briones (M. Contés y López. 1836. 279. 407): Briñas (C. Govantes. 1846. 102: D. Hergueta. 1930, 58): cerca de Comunión (A. Ceán Bermúdez. 1832. 107): en Arce (L. de Prestamero. 1900. 291): en Puentelarrá o sus inmediaciones (A. Fernández Guerra. 1878. 92: F. Coello y Quesada. 1875, 89; F. Baraibar, 1893, 10; A. Blázquez. 1892, 107-108: C. Sánchez Albornoz, 1976, 74-75; T. de lzarra. 1939, 236-237). 

Si M.ª L. Albertos (1970. 168). J. A. Abásolo (1975a. 101-102) y J . M. Solana (1974, 86) estuvieron de acuerdo en identificar esta civitas con Puentelarrá o sus inmediaciones, el hallazgo de un miliario en Errekaleor (a 1 km. de Arcaya), semejante al de lrcio (muy próximo a Arce-Mirapérez) y en idéntico recorrido, hace suponer que el trazado por Puentelarrá corresponde a un a vía distinta y que Deobriga debe identificarse con Arce-Mirapérez en las proximidades de Miranda de Ebro (J. A. Abásolo. R. Loza v A. Sáenz de Buruaga, 1983, 432-435). 

En esta localidad se ha constatado la existencia de un poblado de la Edad del Hierro y la romanización del mismo, estando situado probablemente en la zona alta del cerro de Arce y en su ladera septentrional. A partir de la segunda mitad del siglo l se constata la presencia de material romano. llegando cronológicamente hasta fines del siglo IV o principios del V (J. M. Solana, 1977, 183-193: 1978, 419-423).

La localización de esta civitas puede estar en Arce-Mirapérez y esta identificación puede tener alguna relación con el cercano yacimiento de Vetrusa, en la provincia de Álava (A. Llanos-J. A. Agorreta, 1972, 110- 111). 

 

Salionca.

En las fuentes escritas únicamente aparece mencionada por Ptolomeo (II. 6, 52) y, sin otros datos que faciliten su localización, se hace necesario recurrir a la arqueología. 

Se ha pensado que correspondería a Salinas de Añana (J. A. Llorente, 1806, 17: P. Novia de Salcedo 1855, 8; A. Fernández Guerra, 1878, 112; E. J. de Labayru, 1967, 37), Salinas de Ciadoncha (C. Cortés y López, 1836, 228; P. Madoz, 1845, 701), Villafranca de los Montes de Oca (C. Müller, 1883) y Poza de la Sal (P. Bosch Gimpera, 1974, 516; F. Fita, 1905, 234 C. Sánchez Albornoz, 1976, 78, J. Martínez Santaolalla, 1931-1932, 127; J. M. Solana, 1974, 93; 1978, 394· M. Pérez Avellaneda, 1983, 24). '

Creemos que se debe localizar esta civitas en el cerro del Milagro (Poza de la Sal), emplazamiento primitivo con fases culturales del Bronce y del final de la Edad del Hierro que se extiende en época romana hacia las laderas orientales. La etimología de la palabra Salionca guarda conexión con el topónimo actual y con la explotación minera de la zona, además de constatarse la aparición de viviendas privadas y monumentales edificios públicos, junto con varias inscripciones y estelas oikomorfas en el cerro del Milagro y laderas orientales (J. M. Solana, 1978, 436-447).

 

Segisamonculum.


La noticia más antigua que nos ofrecen las fuentes escritas respecto a Segisamonculum procede de las fuentes numismáticas. La localización de la ceca ibérica Segisanos en esta civitas, a pesar de las objeciones que se presentan para su identificación, se fundamenta en la semejanza del nombre junto con la proximidad de acuñaciones riojanas
( 11 )

A mediados del siglo ll d.C. la menciona Ptolomeo (ll. 6. 52) y posteriormente el Itinerario de Antonino (394, 3) en la vía l de Italia in Hispanias a Mediolano Vapinco ad Legionem VII Geminam, entre Lybia y Verovesca

Por lo que respecta a su localización, desde 1859 todos los autores sitúan esta mansio en Cerezo de Río Tirón. Estamos de acuerdo con la localización de Segisamonculum en la margen izquierda del río Tirón, en el pago de Valdemoros (Cerezo de Río Tirón), castro romanizado con materiales cerámicos (cerámica celtibérica y terra sigillata) y numismática (monedas ibéricas y romanas) recogidos en superficie y restos de construcciones de piedra y adobe primitivas (B. Osaba, 1952, 400-401; J. A. Abásolo, 1975a, 13).

 

Segontia Paramica.


En las fuentes literarias tenemos la referencia de Plinio (III, 27) que menciona cómo los nombres de Segontia y Uxama se hallan repetidos en diversas regiones y de Ptolomeo que cita una Segontia P
aramica entre los vacceos (II. 6. 49) y otra entre los várdulos (II. 6. 65).

 


( 11 ). La serie monetal que corresponde a esta ceca está compuesta únicamente por ases. 

En el anverso aparece una cabeza desnuda mirando a su derecha, delante de un pez que se suele identificar con un delfín detrás del símbolo de la ceca M. En el reverso lleva un jinete con lanza, o sin casco, mirando a su derecha, y en la parte inferior se encuentra la leyenda en curva con las variantes · 

De los ases conocemos tres puntos de origen: uno procedente de La Alcudia, otro de Calahorra y otros dos de cerca de Briviesca. Estos tres últimos apoyan la teoría de la ubicación en Cerezo del Río Tirón, que se ve confirmada, además, por el tipo de leyenda en curva característico de La Rioja y por la tipología de estos ases. Los autores que se inclinan por la localización de esta ceca en Cerezo del Río Tirón son, entre otros J. L. Monteverde (sobre un as ibérico. BIFG 115, 1951, 502-503),  en especial, 503). R. Martín Valls (La circulación monetaria Ibérica. BSSA, XXXII. 1966, 207-366. en especial 260-261), J. A. Abásolo (1975, 103),  M. Solana (1974, 136). J. M. Pérez Avellaneda (1983, 48-51). 


 

Algunos autores han considerado su identificación con Cigüenza del Páramo (Burgos) basándose en la homofonía toponímica (A. Fernández Guerra. 1878, 32-33: C. Sánchez Albornoz. 1976, 79; P. Bosch Gimpera. 1974, 516: A. Tovar. 1955, 28: J. M. Solana, 1974, 99; 1978, 396: A. Herrero. l978, 263: M. Pérez Avellaneda, 1983. 24). Pero si bien se da la homofonía toponímica con la actual Cigüenza del Páramo, el fragmento de Plinio que no la menciona como civitas autrigona, la aparición de un mismo nombre en civitates de diferentes grupos de población. pero sin repetir el adjetivo diferenciador - como Tritium entre los autrigones (Plin., III. 27), berones y várdulos (Ptol., II. 6. 65)-, la sugerencia de M.ª L. Albertos (1970, 175) de su localización entre los várdulos y la inexistencia de datos arqueológicos que apoyen esta hipótesis, no nos permite su identificación con claridad en Cigüenza del Páramo. apoyándonos únicamente en paralelismos de carácter lingüístico.

 

Tritium.


La primera noticia nos la trasmite Plinio (lll. 27) como una de las diez civitates de los autrigones que acudían al conventus Cluniensis. Silenciada en Ptolomeo vuelve a aparecer mencionada dos veces en el Itinerario de Antonino (540, I: 454, 4). situada en una vía que se toma en dos direcciones y que según el Itinerario se bifurcaba en Virovesca. Las dos direcciones incluyen los caminos Ab Asturica Tarracune y ab Asturica Burdigalam, y aparece mencionada entre Deobrigula y Virovesca.

Es, en última instancia, la arqueología quien nos permite situar con exactitud su emplazamiento en Alto de Rodilla, 15 km. al Sur de Monasterio de Rodilla. En opinión de J. A. Abásolo (1975b. 88-207) esta localización se fundamenta en la existencia de un poblado indígena, asentado en la parte mejor defendida, con restos de cerámica celtibérica, que fue posteriormente romanizado por la existencia de terra sigillata sudgálica e hispánica, restos de muros (hoy reducidos a cimientos), inscripciones, monedas, teselas y superficies embaldosadas, molinos manuales y otros hallazgos que testimonian la existencia de un núcleo urbano.

 


Uxama Barca.


Respecto a las fuentes escritas, podemos considerar en primer lugar las monedas ibéricas atribuidas a Uxama Barca, con la leyenda Uarcas que presentan una cronología del 178 / 150 a.C. (
12 ).  A mediados del siglo II d.C. Ptolomeo menciona esta civitas (II. 6, 52) que también a parece en dos textos epigráficos de Quintanilla de las Viñas y Astorga, correspondientes a dos individuos que mueren fuera del territorio de la civitas (CIL 11 2854: F. Fita. l903. 214. n. º 2).


( 12 ). Esta ceca se caracteriza por tener únicamente ases. En el anverso presenta una cabeza varonil entre la inicial de la ceca. ,  y un delfín. 

En el reverso aparece un jinete con lanza. 

Por el momento la inexistencia de hallazgos coopera con su situación insegura. J . Caro Baroja (1982, 709. ceca 78 y 711) considera que la civitas de Uxama Barca parece corresponder con la ceca de Varcas. Mª. L. Albertos, 1978, 283, cree que se puede aceptar en principio su atribución a Uxama Barca "pero sin descartar del todo tampoco la sugerencia de Beltrán de que se refiera al hidrónimo riojano Vargas, o más bien a algún poblado de sus orillas, aunque.. la base de atribución a La Rioja es solamente de orden
tipológico". La leyenda monetal de esta ceca aparece en el reverso.


 

La mayoría de los autores han identificado esta civitas con Osma de Valdegobía (G. Henao, 1894, 306: J. A. Llorente. 1806, 16: A. Ceán Bermúdez. 1832, 179: M . Cortés y López, 1836, t. III , 500-501: P. Madoz. 1845, 249: F. Coello y Quesada. 1875, 97: C. Sánchez Albornoz. 1976, 76; P. Bosch Gimpera. 1932, 475: E. J. de Labayru. 1967, 35-42). J. M . Solana en un primer momento está de acuerdo con esta identificación (1974, 67) pero posteriormente opina que debe situarse en el poblado de Punta de San Pedro (Villanueva de Valdegobía) con materiales de la l y II Edad del Hierro y romanos (1978, 397).

En nuestra opinión. aunque por el momento el yacimiento de El Manzanal no es arqueológicamente muy extenso, ha aportado abundante material cerámico de prospección, especialmente terra sigillata fechada entre los siglos I al IV d. C.. y su ubicación en Osma de Valdegobía, donde se ha encontrado una inscripción (J . C. Elorza. 1967, 167. n.º 94), guarda homofonía toponímica con el nombre de la civitas (F. Sáenz de Urturi. 1978, 293 y 296).

Estas características unidas a la situación y riqueza arqueológica que presentan los Castros de Lastra, típico asentamiento de acantilado simple defendido en algunas zonas por una gran muralla y con poblamiento de la Primera y Segunda Edad del Hierro (A. Llanos. 1969, 275: 1974, 105 y 143: J. Fariña. 1973). nos hacen pensar que el asentamiento primitivo fueron los Castros de Lastra (M .ª L. Albertos. 1978, 288). Este yacimiento se abandonaría a la llegada de los romanos, tal como demuestra la inexistencia de terra sigillata en las zonas excavadas, trasladándose la población al llano y ocupando el yacimiento de El Manzanal, donde se establecería el asentamiento romano.

 

Vindeleia.


Aparece mencionada por Ptolomeo (II, 6, 52) y en el Itinerario de Antonino (454, 6), entre Virovesca y Deobriga

El emplazamiento de Vindeleia ha variado según el trazado de la vía ab Asturica Burdigalam se llevara en dirección Este, hacia Foncea, o en dirección Noroeste, hacia Pancorbo. Los autores que estaban de acuerdo con la primera dirección identificaban Vindeleia con Foncea (M. Cortés y López, 1836, 481; A. Govantes, 1846, 73-74; D. Hergueta, 1930, 56) y los que estaban de acuerdo con el segundo trazado la localizaban en Santa María de Ribarredonda (A. Blázquez - C. Sánchez Albornoz. 1917. 6; T. de Izarra, 1939, 236- 237: B. Estornés, 1967, 57; J. M. Ugartechea, 1970, 85 y M.ª L. Albertos, (1970, 177),  J. A. Abásolo (1975b. 99), J. M. Solana (1974, 89- 90; 1978, 397) y M. Pérez de Avellaneda (1983, 24) consideran que la localización de esta civitas debe fijarse en el Cerro de Santa Cruz (Cubo de Bureba).

Posteriormente J. A. Abásolo, Y. Bamocanal y J. Rodríguez (1982, 167) han replanteado esta cuestión, estableciendo la hipótesis de que Vindeleia pudiera ubicarse entre Villanueva de Teba y Silares en el lugar conocido como La Llana. En opinión de estos autores los materiales recogidos en el Cerro de Santa Cruz (terra sigillata y monedas) no son suficientemente expresivos y lo que sí se constatan son restos de época medieval. Por el contrario La Llana es un extenso yacimiento romano con numerosa terra sigillata que puede fecharse entre los siglos I y II, tejas, molinos, estucos, objetos metálicos, pesas de telar y muros del recinto, pero que presenta, sin embargo, un relativo alejamiento del camino aceptado como romano.

Consideramos que la localización de Vindeleia presenta ciertas dudas que futuras excavaciones arqueológicas esperamos ayuden a despejar. Por el momento, aunque mantenemos la hipótesis de su localización en el Cerro de Santa Cruz, no descartamos la posibilidad de que pudiera ubicarse en La Llana (Silanes).

 

Virovesca.


Las noticias más antiguas sobre Virovesca podrían venir de las fuentes numismáticas, de ser posible la identificación de la ceca Uirouias con esta civitas. (
13 )

Plinio (III. 27). Ptolomeo (II. 6. 52) y el itinerario de Antonino (394, 4: 450. 2 ; 454. 5) también la mencionan. Del mismo modo las fuentes epigráficas nos dan a conocer un soldado natural de Virovesca en un diploma militar hallado en Thamusida (Norte de África) (CIL XVI 166).

La identificación de Virovesca con la actual Briviesca es uniformemente aceptada, situándola bien en el pueblo o en la cuesta próxima que lo domina (J. A. Llorente, 1806, 16: A. Ceán Bermúdez. 1832, 167; M. Cortés y López. 1836, 247-248; P. Madoz. 1845, t. IV, 346; E. Flórez, 1877, 10: L. de Prestamero, 1900, 278; A. Fernández Guerra. 1914, 106: C. Sánchez Albornoz. 1976, 77-78: D. Hergueta, 1930, 55: M.ª L. Albertos, 1970, 177; J. M. Solana, 1974, 79-80; 1978, 397; J. A. Abásolo. 1975b. 92).

Los restos arqueológicos nos permiten afirmar que Virovesca se corresponde con un castro romanizado. Si en un primer momento el castro prerromano se situó en el Cerro de San Juan, al Sur de la actual población con fragmentos de cerámica a mano bastante atípica y en un emplazamiento de espigón entre el arroyo de Valderrueda y el río Oca, posteriormente se localizaría en la ciudad romana, corno lo atestigua la abundancia de fragmentos de terra sigillata, vidrio y objetos de hierro y mármol entre otros materiales. Este emplazamiento presentaría una prolongación hacia la otra parte del curso del río Oca, donde se han recogido restos de terra sigillata, fragmentos de fustes y basas de un edificio público romano (J. A. Abásolo. 1975b. 94-95; J. M. Solana 1978, 427-428).

 


 

( 13 ) La serie monetal que corresponde a esta ceca está compuesta por ases y semiases. En el anverso presenta una cabeza desnuda y detrás las letras ""  y  " M". 

En el reverso aparece el Jinete lancero con el caballo corriendo y debajo en dos líneas las variantes:

No existen hallazgos con procedencia segura, aspecto que no permite por el momento la localización de esta ceca (J. Caro Baroja, 1982, 711; J. M. Solana, 1978, 73-74 y 135-136).


 

 

Flaviobriga.

Las fuentes escritas que hacen referencia a Flaviobriga son los textos de Plinio (IV. 110) y Ptolomeo (ll. 6. 7). El primero de estos autores la menciona como fundación colonial. 

J. M. Solana (1971, 172-181; 1974, 45-56) reúne las numerosas opiniones relativas a su localización y las concreta en tres puntos: Bermeo, Bilbao y Castro Urdiales, frente a otras localizaciones con menos defensores: Forua (Guernica). Está de acuerdo con los autores que defienden su identificación con Castro Urdiales. Esta identificación de Flaviobriga con Castro Urdiales está suficientemente demostrada arqueológicamente. 

Si el hallazgo del castro de la Peña de Sámano permite suponer que aquellas fueron las defensas del puerto prerromano, habiendo motivos para considerar un hábitat de la Edad del Hierro y la presencia romana tras las citadas defensas, ninguna otra localidad de la costa cantábrica aporta una arqueología como la de Castro Urdiales. A los hallazgos epigráficos y numismáticos romanos se suman la existencia de muros y cimentaciones, materiales de vidrio y metálicos, termas, molinos, pesas de telar, estucos, mosaicos y otros restos arqueológicos que lo vinculan con un emplazamiento romano. 

La mayoría de estos hallazgos, con una cronología del siglo I al siglo V d.C., provienen de la finca de la Matra, donde se aprecian restos de un núcleo de habitación.

 

 


CIVITATES CARISTIAS.

 

Veleia.

 

Plinio (III. 26) menciona a los Velienses como a una de las cinco civitates de los carietes y vennenses. Esta es  la referencia mas antigua que poseemos de esta civitas. Ptolomeo (Il. 6, 64), al describir las situadas en el interior menciona entre los caristios  que hay que identificar con la Veleia de Plinio y con la Beleia del itinerario de Antonino (454, 8). 

Flegón de Tralles (CDD PAL gr 398) nos ofrece de nuevo referencias a esta civitas  

Por lo que respecta a su localización la opinión generalizada es que ha de ubicarse en Iruña (despoblado cercano a Trespuentes).

Esta reducción ha sido propuesta, entre otros, por L. de Prestamero (1900, 298), A. Ceán Bermudez (1832, 315), J. A. Llorente (1806, 15),  J. Altadill (1928, 480), L. de Velasco (1880, 106),  C. Sánchez Albornoz, (1976,  23), G. Nieto, (1958, 255), y   C. García Merino (1975, 212). Por su parte R. Becerro de Bengoa (1877, 47),  A. Fernández Guerra (1878, 24), F. Baraibar (1883, 10) y F. Coello y Quesada (1875, 90),  sitúan Veleia en Estavillo, mientras que A. Blázquez (1917, 8) lo hace en Bayas.

La arqueología nos ha proporcionado en este caso pruebas que parecen definitivas para poder situar esta civitas en Iruña (G. Neto. 1948-1949, 91-102). La importancia del oppidum excavado por G. Nieto entre 1949 y 1954 hace pensar que éste se corresponde con la civitas más importante de los caristios. 

Como sucede en otras ocasiones el núcleo de población romano se halla próximo a un poblado del Hierro, en este caso Arkiz. El primitivo emplazamiento del poblado de la Edad del Hierro se halla situado al Oeste del oppídum con una secuencia cultural de la I y II Edad del Hierro. La coincidencia no es extraña, si tenemos en cuenta que el lugar en que se hallan ubicados ambos presentan una condición sumamente ventajosa desde el punto de vista estratégico (se trata de un altozano circundado por el río Zadorra, cuya parte más elevada la constituye un espolón sobre el río, de difícil acceso).

 

 

Suestatium.

 

Ptolomeo (II, 6. 64) menciona entre las comunidades caristias que se corresponde con una de las mansiones citadas por el Itinerario de Antonino (454. 9): Suestatio. Además de estas referencias en las fuentes literarias se conocen tres inscripciones en las que los individuos pertenecientes a esta civitas lo hacen constar por estar fuera del territorio de la misma. 

Se trata de dos inscripciones funerarias, una encontrada en Aldeanueva del Camino (Cáceres) (CIL II 852) y otra en Sasamón (Burgos) (F. Marco Simón. 1978, 162. n.º 244), y una votiva, localizada en Angostina (Álava) (J. C. Elorza. 1967, n.º 6); en las tres el término empleado es el de suestatienses por lo que parece que el nombre de la civitas sería Suestatium, como indica M.ª L. Albertos (1970, 171). 

Dos han sido los lugares propuestos reiteradamente a la hora de situar esta civitas: Armetia y Zuazo. Las distancias que el Itinerario de Antonino marca entre las diferentes mansiones. en concreto entre las que se sitúan en territorio alavés, y los restos epigráficos hallados en Armentia llevaron a un número importante de autores a localizar aquí la antigua Sueslatio de los caristios. Así opinaban L. de Prestamero (1900, 305). J. A. Ceán Bermúdez (1832, 166), J. A. Llorente (1806, 16). L. de Velasco (1880, 107) y J. Altadill (1928, 480).

La identificación de Suestatium con Zuazo se basa fundamentalmente en la homofonía de ambos topónimos, pero carece de razones de otro tipo para poder ser mantenida. 

C. García Merino (1975, 211), R. Loza (1983, 41-72) y M.ª L. Albertos (1984, 269) identifican Suestatium con el yacimiento romano de Arcaya, excavado por el propio Loza. La importancia de este asentamiento es indudable, sin que pueda determinarse con seguridad cuál es su carácter. Las distancias del Itinerario no parecen rechazar esta identificación. Otro argumento empleado por Loza para justificar la reducción de Suestatium / Arcaya es el paralelismo que existe en la onomástica de la inscripción votiva hallada en este yacimiento (en la que aparece un Maternus) y la de Sasamón (en la que se menciona a dos suestatienses, uno de ellos Aemilia Materna) .

Este argumento no es muy sólido ya que el nombre Maternus es muy frecuente en las inscripciones hispanas y no se puede suponer que todos los que llevan este nombre tengan una procedencia común. En la epigrafía caristia este nomen se constata en varios ejemplos en diferentes lugares, sin que parezca existir relación entre ellos.

Creemos. no obstante. que es posible identificar Suestatium con Arcaya, ya que las distancias del Itinerario de Antonino parecen ajustarse a esta localización. De nuevo en este caso el asentamiento romano se localiza próximo a uno indígena, el de Kutzemendi en Olarizu (A. Llanos. 1969, 218).

 

 

Tullica.


La única referencia que poseemos por parte de los autores clásicos a esta comunidad caristia se la debemos a Ptolomeo, quien la menciona junto a las dos anteriores (II. 6. 64).

Esta civitas se ha identificado con el actual Tuyo, en cuyas cercanías se localiza igualmente la sierra de Tuyo, basándose en la homofonía que existe entre el topónimo actual y el antiguo (M. Cortés y López. 1836t. II. 438: P. Bosch Gimpera. 1932, 459: M.ª L. Albertos. 1970, 172: C. García Merino. 1975, 211 ). Por su parte J. A. Llorente (1806, 16) la sitúa «hacia la mitad del territorio caristio entre Armentia y Deva o Motrico» y F. Baraibar (1893, 12) lo hace en las cercanías de Ullíbarri y próxima a Nanclares.

La reducción de Tullica a Tuyo se basa únicamente en un criterio fonético, pues en esta localidad no se han hallado restos arqueológicos de época romana que permitan suponer la existencia allí del centro de la civitas. Se puede pensar que nos encontramos ante un ejemplo ya constatado en otras zonas de la Península de una civitas que no posee un núcleo urbano, pero que sigue realizando su papel de elemento integrador de lo indígena en la práxis político-administrativa romana, como sucede por ejemplo en las civitates de los vadinienses y de los orgenomesci entre los cántabros (M.ª C. González, 1986, 181).

 

 

CIVITATES VÁRDULAS.

El número de las civitates várdulas es considerablemente mayor que el de las caristias. En este caso, además de las mencionadas en las fuentes literarias, contamos con una inscripción funeraria, fechada entre finales del siglo I y principios del II d. C. y dedicada a C. Mocconius Verus, tribuno laticlavo de la Legio VII Gemina que fue encargado de realizar el censo de las veinticuatro civitates de várdulos y vascones (CIL VI 1463).

Para determinar cuántas de esas veinticuatro civitates hay que atribuir a várdulos y cuántas a vascones la fuente fundamental son los textos de Plinio y Ptolomeo, los autores greco-latinos que proporcionan las referencias más importantes, tanto cuantitativa como cualitativamente respecto a nuestro área de estudio.

Tanto el naturalista latino como el geógrafo griego nos ofrecen el nombre de una serie de civitates (denominadas también por Plinio populi y oppida por Ptolomeo) pertenecientes a cada uno de estos grupos de población, pero existen diferencias en el número y en el nombre de las mismas en los textos de ambos autores.

Plinio (lll. 24) describe el conventus Caesaraugustanus especificando la condición jurídica de cada una de las civitates que lo componen ( 14 ). Para el conventus Cluniensis, en el que se incluyen los várdulos, no contamos con nada parecido. Plinio se limita a enumerar cada uno de los pueblos que se incluyen en el mismo, indicando el número de civitates que poseen y el nombre de alguna de ellas, pero no de todas. Este autor atribuye catorce populi a los várdulos, pero sólo menciona cuatro de ellos, uno con el término populus, Alabanenses (III. 26),  y tres con el de oppida, Morogi, Menosca y Vesperies (IV. 110).


( 14 )  Para los vascones mencionan las siguientes  "...ex his civium Rumanorum... Calagurritanos Nasici cognominantur... : Latinorum veterum Cascantenses... Graccurritanos... ; foederatos Tarracenses; stipendiarios... Andelonenses, Aracelitanos... Carenses... iluberitanos, Jacetanos... Pompelonenses, Segienses". 

En otro pasaje (IV. 24) menciona Olarso en el Saltus Vasconum.



Ptolomeo ofrece, por su parte. una relación de de cada uno de estos pueblos, atribuyendo a los vascones dieciséis y a los várdulos ocho. 

Estas últimas son: Menosca, Gebala, Gabalaeca, Segontia Parámica, Trition Tuboricon, Tabuca, Tullonium.

El texto que mejor se ajusta a la situación que describe la inscripción de Mocconius Verus es el de Ptolomeo. Si partimos de la base de que el número exacto de civitates es el que nos indica el epígrafe, que es la fuente más fiable, teniendo en cuenta la fecha de redacción de éste, la del texto de Ptolomeo (mediados del siglo II d.C) y la coincidencia en ambos del mismo número de civitates mencionadas, parece lógico pensar que el geógrafo griego está reflejando la realidad que a nivel administrativo viven estos pueblos en el siglo II d.C.

Siguiendo el texto de Ptolomeo las civitates várdulas serían las siguientes:

 

Menosca.


Plinio (IV, 110) al describir la costa cantábrica menciona entre los oppida de los várdulos a Menosca. En el texto de Ptolomeo (II. 6. 9) ésta es la única de los várdulos que aparece situada en la costa. 

No hay ningún intento de localización de esta civitas con cierta base, siendo las reducciones que se han propuesto absolutamente peregrinas y sin ningún argumento sólido. M. Cortés y López (1836, 181) y P. Madoz (1845, 611) la sitúan en Hemani. Por su parte A. Blázquez (1894, 424) la identifica con Guetaria y A. Schulten (1963, 98-99) con San Sebastián.

 

Gebala.


Ptolomeo (II, 6, 65) la cita entre las mediterráneas de los várdulos. 

La mayoría de los autores la han identificado con Guevara (J. M. Llorente, 1806. 15: R. Becerro de Bengoa. 1877, 48: A. Fernández Guerra, 1878, 29 , F. Coello y Quesada, 1875, 112). M. Cortés y López (1836, 237. nota 7) sitúa Gebala en Estella reducción aceptada también por P. Madoz (1845, 611).

Mª. L. Albertos (1970, 170) considera probable la identificación Gebala/Guevara ya que el topónimo actual puede ser explicado fácilmente a partir del antiguo. Apunta además la posibilidad de que la civitas várdula corresponda al poblado prerromano de Santa Lucia, que posee, según A. Llanos (1969, 259), una secuencia cultural de Hierro y Romanización.

C. García Merino (1975, 210) se hace eco de estas opiniones pero pone de manifiesto la imposibilidad de comprobarlas ya que «ni se conoce en Guevara un yacimiento hispanorromano más o menos idóneo ni es suficiente la semejanza puramente fonética del nombre».

El escaso desarrollo que la arqueología romana tiene en la actualidad en este ámbito no permite identificar con seguridad prácticamente ninguna civitas, salvo Iruña. 

Por ello han de manejarse otros indicios, menos seguros pero que son los únicos que pueden darnos alguna noticia. En este caso la coincidencia de un yacimiento con niveles romanos y un nombre fácilmente derivable del antiguo topónimo indoeuropeo, permiten pensar que fue allí donde se situó la civitas várdula, pero es la Arqueología la que en definitiva ha de decir la última palabra. Urge, pues, que se desarrollen trabajos de prospección y excavación en la zona.

 

Gabalaeca.


Es la que cita Ptolomeo (II. 6. 65). M. Cortés y López (1836, 12) y P. Madoz (1845, 611) sitúan erróneamente esta civitas en Estella.

Otra de las opiniones que se han mantenido es la de identificar Gabalaeca con Galarreta, aunque el principal criterio que se aduce es la homofonía de ambos topónimos (J .A. Llorente, 1806, 15: F. Coello, 1875. 112 y A. Fernández Guerra. 1878, 28). Además del criterio fonético. otra de las razones por las que se elige esta ubicación es el hecho de que por allí pasaba una calzada romana, según Coello. que no es la vía 34, sino la que iba de Salvatierra a Beasain. Sin embargo el diccionario Geográfico Histórico de la Real Academia (1802, 104) ya a principios del siglo pasado rechaza esta localización y señala la imposibilidad de saber dónde se situaba esta civitas.

 

Tullonium.


Al igual que la anteriores esta civitas citada en la obra de Ptolomeo (ll. 6, 65) y también es mencionada por el Itinerario de Antonino (455, 1).

Estas civitas junto con Alba son las dos únicas mansiones várdulas que cita el Itinerario.

Por lo que respecta a su localización la opinión generalizada es la de situarla en la localidad alavesa de Alegría de Álava (Diccionario Geográfico Histórico..., 55; J. A. Ceán, 1832, 165; J. A. Llorente. 1806, 15; M. Cortés y López, 1836, 237, nota 9; P. Madoz 1845, 611; L. de Velasco, 1880, 108; J. Altadill, 1928, 480: P. Bosch, 1932, 459 y C. García Merino. 1975, 211).

También se han propuesto otros lugares de ubicación, así R. Becerro de Bengoa (1877, 48), F. Baraibar (1893, 12), A. Fernández Guerra (1878, 24) y F. Coello (1875, 91) la sitúan en Ascarza, mientras que L. de Prestamero (1900, 307) lo hace en Gáceta y A. Blázquez (1917, 8) cerca de Vitoria-Gasteiz.

La identificación con Alegría parece bastante segura por una serie de razones: en primer lugar la existencia de un asentamiento romano localizado a unos 500 metros al Norte del Castillo de Henayo (A. Llanos, 1975, 90). En este caso también se da la circunstancia de que el yacimiento romano se halla próximo a un poblado indígena de la Edad del Hierro.

Este asentamiento hispanorromano se halla situado sobre la vía que conducía de Astriuca a Burdigala, y las distancias que da el Itinerario entre esta mansión y la inmediatamente anterior (Suestatium), permiten suponer que Tullonium se localizaría en la actual Alegría. Además de estos vestigios arqueológicos hay que mencionar la existencia de una inscripción votiva, dedicada a Tullonius (CIL Il. 2947) y hallada en esta localidad alavesa. Como señala M ª L. Albertos (1970, 172) la coincidencia entre el nombre de una divinidad y el lugar de una civitas no es extraña: es frecuente que los nombres de lugares y dioses se identifiquen siendo considerados éstos como protectores de aquéllos.

Desde el punto de vista lingüístico. se puede establecer un paralelo claro entre el topónimo antiguo y el nombre de la actual sierra de Toloño, e igualmente Dulanci parece ser una derivación del nombre indoeuropeo.

 


Alba.


Esta civitas es mencionada por Plinio (III. 26) y Ptolomeo (II. 6. 65) y aparece también en el Itinerario de Antonino (455, 2). 

Su localización no está exenta de problemas, como sucede con las anteriores. Tampoco en este caso hay unanimidad y han sido cinco los lugares propuestos para situarla: Albéniz o sus alrededores (L. de Prestamero, 1900, 309; el Diccionario Geográfico Histórico..., 54; J. A. Ceán, 1832, 164; J. A. Llorente. 1806. 14; J. Altadill, 1928, 480 y P. Bosch. 1932, 459): Salvatierra (R. Becerro de Bengoa. 1877, 48; F. Baraibar. 1893, 12; A. Fernández Guerra. 1878, 24: F. Coello, 1875, 91 y C. García Merino, 1975, 209); Ciordia (M. Cortés y López, 1836, 177. nota 20 y P. Madoz. 1845, 611); Chinchetru (A. Blázquez, 1917, 8) y San Román de San Millán (J. Madinabeitia, 1943, 89).

El criterio que han seguido la mayoría de los autores para localizar esta civitas várdula ha sido la aparición de restos epigráficos y vestigios arqueológicos (restos de calzada). Salvo en Ciordia, en el resto de las localidades donde se la ha situado se dan estas dos condiciones, pero en ninguno de ellos han aparecido restos arqueológicos que permitan pensar en la existencia de un asentamiento de época romana, que pudiera ser el centro de la civitas.

 

Segontia Parámica.


El único que la menciona es Ptolomeo (Il. 6. 65) y, como sucede con la mayoría de las civitates várdulas ésta tampoco ha podido ser identificada. Se han propuesto distintas localizaciones, algunas de ellas completamente arbitrarias y carentes de justificación: Azcoitia (M. Cortés y López, 1836, 237 y P. Madoz, 1845, 611) y Páriza (F. Coello. 1875, 113). J. A. Llorente (1806, 15) la sitúa en Contrasta, basándose en el hallazgo en esta localidad de inscripciones en las que aparece el nombre Segontius. M.ª L. Albertos (1970, 175), siguiendo este mismo criterio, propuso en un principio esta misma localización, aunque en un trabajo más reciente contempla la posibilidad de que se sitúe en Ocáriz (1984, 268), donde se da una concentración mayor de inscripciones en las que aparece tal antropónimo.

 

Tritium Tuboricum.


Ptolomeo la sitúa en el interior, pero tradicionalmente ha sido identificada con la actual Motrico (J. A. Ceán. 1832, 877; M. Cortés y López. 1836, 45; P. Madoz. 1845, 611 y P. Bosch Gimpera. 1932, 459), únicamente por razones lingüísticas (la semejanza de ambos topónimos), ya que no han aparecido restos arqueológicos de época romana. También se ha propuesto la localización de esta civitas más al interior en San Andrés de Astigarribia (ver l. Barandiarán. I973b, 33). A. Blázquez (1894, 424) la sitúa en Deva y F. Coello (1875, 112) en Mendaro.

 


Tabuca.


Esta , mencionada únicamente por Ptolomeo (lI. 6. 65). sigue sin ser localizada. 

Se han propuesto diferentes reducciones: Tobera (J. A. Llorente. 1806, 15), Tolosa (M. Cortés y López, 1836, 237, nota 13; P. Madoz. 1845, 611 ) y Avalos (F. Coello. 1875, 113 y A. Fernández Guerra. 1878, 31). 

 

 

Morogi.

 

Plinio (lII. 26) la menciona entre los oppida de los várdulos, pero no vuelve a ser citada por ninguna fuente escrita.

Se ha situado en Orio (M. Cortés y López, 1836, 237, nota 13; P. Madoz, 1845, 611), San Sebastián (A. Blázquez. 1894, 424) y en las proximidades de Ergobia, cerca de Astigarraga (A. del Valle Lersundi, 1926, 435-436).

 


Vesperies.


Al igual que el anterior es uno de los oppida citados por Plinio (lll , 26) y no aparece en ninguna otra fuente. M. Cortés y López propone varias identificaciones: Eibar o Azpeitia (1836, 181, nota 3) y Fuenterrabía (1836, 203). P. Madoz (1845, 611) igualmente sugiere ubicarla en Azpeitia o Fuenterrabía, y A. Blázquez (1894, 424) la sitúa en Ciérvana.

Por lo que respecta a la localización de las civitates várdulas que permanecen sin identificar, tres son situadas en la costa por los autores clásicos: Menosca (por Plinio y Ptolomeo), Morogi y Vesperies (ambas por Plinio). Las restantes se sitúan en el interior: Gabalaeca, Alba, Trition Tuboricon y Tabuca. Ninguna de estas civitates ha sido identificada con asentamientos de época romana que constituyeran el núcleo habitado de estas civitates.

Nos encontramos ante un caso similar al de la civitas de Tullica de los caristios. Descartábamos para esta última la posibilidad de que la falta de identificación se debiera a la escasez de trabajos arqueológicos, ya que la zona ha sido bastante estudiada. 

No ocurre, sin embargo, lo mismo en la zona de las civitates várdulas. Por ello pensamos que en la explicación de este fenómeno hay que tener en cuenta dos posibilidades: 

l. Que se trate de civitates que no poseen un núcleo central, sea de carácter urbano o no, y por eso no se ha identificado con ningún asentamiento de época romana. 

2. Que esas civitates sí se correspondan con un núcleo central, pero que éste no se haya localizado todavía por el escaso desarrollo de las tareas arqueológicas.

A modo de conclusión observamos que en lo esencial los límites de autrigones, caristios y várdulos no han variado desde el tiempo de las fuentes de Estrabón a las de Ptolomeo. Lo que se constata en las fuentes literarias, donde se han querido ver desplazamientos de pueblos, es fundamentalmente un conocimiento progresivo e estos grupos de población  por parte de los autores clásicos, tal y corno he intentado demostrar.

Dentro de sus áreas de ocupación tenemos que considerar que el desarrollo urbano se constata en algunas de las comunidades de estos grupos de población en época romana. 

De este modo la utilización del término civitas para referirnos a los asentamientos mencionados en las fuentes escritas es el más apropiado, porque incluye una dualidad terminológica: la que corresponde a la conversión de asentamientos prerromanos, con el proceso de conquista y posterior romanización, en núcleos urbanos con un territorio administrado desde estos centros y la que indica una entidad abstracta de naturaleza político-administrativa.

Encontramos un hábitat concentrado en el área meridional del territorio estudiado, - en relación con el temprano inicio del proceso de conquista (anterior al 134 a.C. para los autrigones. Apiano, Iberia 87), y el trazado de la vía ab Asturica Burdigalam-, y la práctica inexistencia de identificación de asentamientos en la zona Norte. 

En este sentido se hace necesario el desarrollo de trabajos arqueológicos, especialmente en el caso várdulo, cuyos datos nos permitan avanzar en la localización de sus civitates con aportaciones muy fiables que las meras especulaciones de las que disponemos en la actualidad.

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