Arqueología - Vitoria-Gasteiz.


 
 

 

 

Recensiones y crónica científica.

ALFONSO ALDAY.

Trab. Prehist., 70, N.º 1, enero-junio 2013, pp 204-218, ISSN: 0082-5638.

 

Lawrence Guy Straus y Manuel R. González Morales (eds.). El Mirón Cave: The Site and its Holocene Archaeological Record. University of New Mexico Press.

Albuquerque, 2012, 472 pp., 163 n. y 29 c. ils., 138 tabs. ISBN: 978-0-8263-5148-7.

Inicié la lectura de esta obra con una predisposición positiva: en la profesión ha cundido la idea de que el esfuerzo de redacción de memorias de excavación no se reconoce en los curriculum: 'carece de valor'. 

Escalar en el ranking de 'prehistoriadores solventes' pasa por publicar artículos en 'revistas de impacto', avanzando novedades no siempre acompañadas de sus adecuados contextos y análisis primarios. Si fuera práctico debería aceptar la situación: no lo hago porque estoy convencido de que nuestra disciplina avanza cuando se presentan con rigurosidad los datos empíricos, obtenidos en los trabajos de campo. Esto es lo que nos ofrece el libro: la descripción pormenorizada del registro superior, holocénico, de la cavidad de El Mirón.

Una excavación arqueológica implica una gran responsabilidad: los documentos prehistóricos son finitos frágiles y complejos. La metodología importa (¡también las bases teóricas!) pero la dedicación, el detallismo, el savoirfaire en la recuperación es fundamental.

La dirección de los trabajos de campo y laboratorio por los profesores L. G. Straus y M. R. González Morales y su coordinación de las analíticas a cargo, entre otros, de J. Altuna, M.3 J. Iriarte, L. Peña-Chocarro, L. Zapata son una garantía a ese respecto.

Formalmente el libro es irreprochable: adecuada presentación, tablas y láminas claras y normalizadas (en la cartografia hay alguna pérdida de resolución -cap 19). La estructura es clásica, en el buen sentido del término. Los editores dan a conocer el sitio, el entorno, el trabajo y los resultados estratigráficos y radiocronológicos, junto con análisis de sedimentología y arqueomagnetismo.

Los siguientes capítulos se reservan para la arqueo-botánica (polen, semillas, carbones y fitolitos) y la arqueozoología (micromamíferos, aves, herpetofauna, macromamíferos y cuestiones de tafonomía). El capítulo relativo a los hoyos/fosos insertos en la estratigrafia tendría más sentido en el primer bloque para advertir al lector de las consecuencias de las acciones antrópicas en el registro. El módulo final evalúa las industrias líticas y cerámicas y reflexiona sobre el papel clave de El Mirón en la reconstrucción del pasado de la región. 

Frente al tradicional desinterés de los paleolitistas por los estratos postpaleolíticos habituales en las clásicas cuevas del sudoeste de Europa (sea por intereses de la investigación, sea por sus problemas estructurales), es muy acertado que los responsables de El Mirón aprovechen la oportunidad que ofrece la cavidad para evaluar esos tiempos que, en la región, muestran carencias importantes.

Estamos ante "un yacimiento al aire libre en cueva". 

Las dimensiones de la boca (16 m de anchura, 19 m de altura y 30 m de profundidad) y su posición en la montaña permiten verla desde el valle. La dinámica de su ocupación postpaleolítica se conoce en otros ámbitos ibéricos: cantábrico (Arenaza), Alto Ebro (Los Husos, Cueva Lóbrega), meseteño (El Portalón de Atapuerca, La Vaquera), pirenaico (Chaves) o mediterráneo (Cendres). 

Son registros orientados sobre todo a la gestión de la ganadería que, junto a otras manifestaciones, nos trasladan una estructura socioeconómica compleja. Sitios de complicadas estratigrafías, interrumpidas o modificadas por tareas de limpieza, mantenimiento y excavación de estructuras, que requieren lecturas minuciosas, juicios medidos y analíticas perspicaces. Estas son las coordenadas de la obra, donde no se ocultan problemas de pérdida de información, de flotación de las tierras o de inevitable ambigüedad descriptiva (capítulo 17, p. ej.). 

Se reconoce que las alteraciones estratigráficas (naturales, antrópicas prehistóricas e históricas) "impiden estar absolutamente seguros de la integridad e individualidad de los niveles". Se admite que no es sencilla la equivalencia entre las secuencias sedimentaras de las áreas de excavación. Tampoco hay duda de los movimientos de materiales entre capas (véanse los capítulos dedicados al arqueomagnetismo, la microfauna o la tafonomía).

Como los autores, creo que la descripción arqueológica de la estratigrafía debe asentarse en las observaciones empíricas y diarias cotejadas en el campo, discutidas/mejoradas por análisis complementarios. En El Mirón los niveles se han definido a partir de 'juicios de sentido común' (color, textura o contenido arqueológico). Esta última variable causará cierto recelo. Me parece, en cambio, un criterio lícito siempre y cuando no sea una reconstrucción a posteriori, a partir de los resultados analíticos y radiométricos. 

Varios de los elementos asépticos que aceptamos como válidos -color, textura...- derivan de la propia ocupación humana, es decir, son tan antrópicos como la presencia de tal o cual material arqueológico.

En la compleja estratigrafía se relacionan una treintena de niveles (en un metro de espesor), de superposiciones no siempre continuas, con lentejones y estructuras negativas, insistiendo que su lectura debe de hacerse a la manera de palimpsepto. Exceptuando .a Breuil en su estudio de las superposiciones gráficas, el concepto suele emplearse como erróneo sinónimo de revuelto. Pero en paleografia hace referencia a documentos con relatos superpuestos, a una 'estratigrafía' de textos que con medios adecuados podrían leerse independientemente. La estratigrafía de El Mirón reproduce variables comunes a yacimientos con ocupaciones postpaleolíticas avanzadas: sucesión de lentejones con carbón, ceniza, escasez de restos materiales y fauna, evidencias de estiércol y paja, fosos amortizados...

Depósitos donde "humanos y sus animales domésticos fueron los principales agentes de la acumulación y la alteración de los sedimentos". 

El proyecto de El Mirón obtuvo 20 dataciones C14 posteriores al 10000 BP (sobre carbón, menos una sobre cereal) que correlacionan niveles y establecen comparaciones regionales. Son valores con lógica secuencial, salvo alguna inversión atribuible al efecto "madera vieja" o al uso de diferentes técnicas de medición.

Hay un hiatus entre el 9500 y el 5700: es decir entre el final del Paleolítico y, salvo alguna visita fugaz, mediados del IX milenio, la cavidad se abandonó para reocuparse avanzada la economía de producción (lo que mucho dice sobre los intereses de su uso). La ausencia de capas estériles entre las fases de abandono evidencia la importancia de la actividad humana en la formación de los niveles, mostrando la relevancia, razonada antes, de los elementos antropogénicos en la descripción de los estratos.

Los análisis paleobotánicos han sido minuciosos.

El polen define 4 momentos: mesolítico, neolítico, calcolítico y calcolítico-Edad del Bronce. En los dos primeros el dominio de Corylus, seguido de Quercus, es absoluto. En los otros hay un descenso discontinuo de un bosque en renovación. La información carpológica es escasa pero significativa: el cultivo de 3 variedades de trigo desde el Neolítico sugiere una agricultura desarrollada, constatada en otros depósitos cantábricos (Herriko Barra, Kobaederra...). 

Residuos de bellotas y avellanas ¿indicarían un consumo humano? Los carbones identifican 17 especies arbóreas, con dominio de Quercus (¡el 97% en algún nivel!) y avellano, rosáceas y fresno bien representados. La reconstrucción de los paisajes a partir del carbón y del polen difiere: El Mirón reabre el debate de cómo leer los resultados (el juego Quercus-Corylus) y explicar la representación de las especies (tafonomía, elección cultural.. .).

Las 20 especies de micromamíferos identificadas, introducidas en su mayor parte por aves rapaces, dibujan un escenario de retroceso de bosques en favor de prados y pastizales. La colección de mamíferos mayores es desigual: escasa en el Mesolítico por Jo perentorio de la visita y de valor en el Neolítico y Calcolítico con una importante cabaña de ovicaprinos y vacunos. Los rebaños se gestionaban en la cavidad todo el año, aprovechando, desde los inicios, los productos secundarios. Ello nos obliga a repensar la "revolución de los productos secundarios" como se acaba de hacer en el Próximo Oriente ante las evidencias antiguas del uso de tracción animal o consumo de derivados lácteos.

También se reabre el debate sobre la posible domesticación local de la vaca a partir de algunas medidas de ejemplares de El Mirón y de Los Cascajos, La Renke y Sierra de Guibijo, donde participarán los análisis genéticos sobre uros de la región.

El análisis de los componentes industriales visualiza las perturbaciones sedimentarias: recipientes cerámicos cuyos fragmentos se distribuyen en varias unidades estratigráficas, "fósiles directores" líticos paleolíticos en niveles postpaleolíticos... La producción alfarera, elaborada con barros locales, es pobre, de formas sencillas con escasas, y banales, decoraciones: desde el Calcolítico incluye elementos de almacenaje. Hay 151 elementos retocados en sílex entre más de 8.000 restos.

Personalmente creo que el capítulo debe reorientarse: tipológicamente porque la clasificación de los objetos a través de una lista creada ad hoc para conjuntos superopaleolíticos resulta incómoda (no es habitual el concepto de microgravette para estas épocas); en las materias primas porque las clasificaciones atienden a caracteres externos (limitados) sin analíticas físico-químicas que respalden las variedades y, en la composición, porque da la impresión de que no pocos de los objetos individualizados no son de estos momentos (es extraña la gravette calcolítica de la figura 18.7, o el conjunto de microdorsos y la punta Font-lves asociados a la Edad del Bronce).

La obra tiene fecha del 2012 pero es evidente que su redacción es anterior: las citas bibliográficas posteriores al 2005 son raras y en algún capítulo no superan el 2000. Sin duda esto explica la ausencia de trabajos sobre diversos temas que debieran haber servido de referencia, y tal vez contribuido a mejorar las consideraciones culturales que se ensayan. No obstante, la obra es espléndida, encomiable, necesaria y de consulta obligada. Desde luego estamos ante una labor que debemos aplaudir, cuyo valor supera con creces a tantos artículos de impacto. Es una contribución científica de primer orden.

Alfonso Alday. Área de Prehistoria, Universidad del País Vasco. C/ Tomás y Valiente s/n. 01006 Vitoria-Gasteiz. Álava.