Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

EL CONTEXTO ARQUEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE SAN MIGUELE DE MOLINILLA.

 

CONTEXTUALIZACIÓN DEL YACIMIENTO.

Idoia Filloy Nieva, Eliseo Gil Zubillaga y Luis Gil Zubillaga.

 

2.1.- EL CONTEXTO GEOGRÁFICO.

El pequeño pueblo de Molinilla (Municipio de Lantarón, Álava) se localiza al pie de los montes de Arreo, en la ladera de uno de los pequeños valles transversales que se abren al río Ebro en sentido Noreste-Suroeste, encajonados entre las cuencas de los ríos Omecillo y Bayas, en la comarca de los valles occidentales alaveses (Figura 1).

La variedad formal y topográfica caracteriza a estos valles transversales, debido a la existencia de numerosos afloramientos rocosos, labrados por el agua y la erosión diferencial (Galdós/Ruiz, 1983, 64-66).

La necrópolis de San Miguele se ubica precisamente en uno de esos afloramientos rocosos, localizado a unos doscientos metros al Oeste del denominado Barrio Alto o de Arriba de dicha localidad (Figura 2).

Sus coordenadas UTM son: X:502.310; Y: 4.734.060 y su altitud s.n.m. es de 630 metros (Hoja a escala 1/5.000 número 137-30 "Lantarón-Ribera Alta").

 


2.2.- EL CONTEXTO ARQUEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE SAN MIGUELE DE MOLINILLA.

Nuestra propuesta es llevar a cabo una breve panorámica sobre el potencial arqueológico ­razonablemente elevado- del entorno de Molinilla. Lógicamente incidiremos de modo especial en las etapas romana, tardoantigua y medieval, por ser las que están representadas en la secuencia de utilización de la necrópolis de San Miguele.

Algunos datos sobre la etapa prerromana.

La Carta Arqueológica de Álava presenta las siguientes entradas referidas a ese ámbito cronológico en la entidad de Molinilla. Se trata de tres referencias correspondientes a otras tantas localizaciones de superficie -o yacimientos al aire libre en la terminología de su época- (nos 2524, 5557 y 5653), dos de ellas con la denominación Molinilla ( 1 ) y la tercera con la de Alrededores del Dolmen de la Mina ( 2 ). 

La cuarta y última (nº 7014) corresponde precisamente a este monumento funerario, el Dolmen de la Mina ( 3 ).

Poco puede decirse de esta escueta serie, salvo constatar la entidad del conocido Dolmen de la Mina, un notable monumento funerario descubierto en el ya lejano año 1927 y sobre el que se desarrollaron trabajos arqueológicos desde 1942 a 1956 por varios investigadores entre los que es obligado citar a Domingo Fernández Medrano y José Miguel de Barandiarán ( 4 ). 

Su temprano descubrimiento y excavación permitió su incorporación a la bibliografía dolménica al uso, así como a los principales repertorios sobre estos sepulcros megalíticos ( 5 ). 

Precisamente a partir del conocimiento de este dolmen se llegaría a descubrir y prospectar el yacimiento de Molinilla (nº 5653), entre 1936 y 1955, lo que proporcionó una nutrida colección de material lítico atribuido a la Edad del Bronce ( 6 ). 

Con posterioridad, en la década de los 70 se complementaría este panorama con el hallazgo de Molinilla (nº 2524) y el esperable Alrededores del Dolmen (nº 5557).

A un momento posterior, del final de la Prehistoria Reciente, corresponde el interesante poblado de Olivan ( 7 ) (Molinilla), probablemente adscribible al Bronce Final-Primera Edad del Hierro (nº 3526). Del mismo lugar proceden algunos hallazgos ­poco numerosos de épocas romana altoimperial y medievales, por lo que posteriormente volveremos a hablar de este yacimiento.

Otros poblados a considerar en este entorno, serían por ejemplo, los de El Castro ( 8 ) (Igay), o el de Carasta ( 9 ) (Caicedo-Sopeña).

Llegados a este punto quizás sería conveniente un pequeño excursus sobre la ubicación geográfica de la necrópolis de San Miguele. Pese a lo que pudiera parecer en la actualidad, este lugar se encontraba bien comunicado en la Antigüedad. Baste recordar el nombre de la vecina localidad de Leciñana del Camino, que testimonia la presencia de una ruta que pasaba por este lugar.

Pero, ¿cuál era ésta? Se trataría del denominado camino salinero que pondría en comunicación este ámbito del valle del Ebro con el del río de La Muera, pasando por las localidades de Leciñana del Camino, Molinilla, Arreo y Viloria. Además la propia necrópolis estaría emplazada junto a ­y aparentemente delimitada por- el camino que unía Molinilla con Caicedo-Yuso.

Volveremos al tema de las comunicaciones subsiguientemente, tras analizar el poblamiento de época romana en este entorno.


( 1 ).­ Véase, VVAA, 1987, 137 y 338.

( 2 ).­ Idem, 318.

( 3 ).­ Idem, 354-355.

( 4 ).­ Véase, Barandiarán/Fernández,1971, 47-53, fotos 12-19. Es obligado traer también a colación el vecino Dolmen de La Lastra, en la jurisdicción de Salcedo: Barandiarán/Fernández, 1971, 54-56, foto 20. Sus investigadores atribuyeron estos sepulcros genéricamente a la Edad del Bronce, considerando más antiguo al de La Lastra que al de La Mina, Idem, 86.

( 5 ).­ Véase, Apellániz, 1973,182.

( 6 ).­ Véase, Vallespí, 1972, 18-20 y 75.

( 7 ).­ Véase VV.AA, 1987, 252-253.

( 8 ).­ Véase VV.AA, 1987, 248-249.

( 9 ).­ Véase Filloy, 1990, 7-36; Idem, 1997, 769-772; Filloy/Gil, 1997, 137-150; Idem, 2000, 127-128 y 182-186.


 

 

Figura 1.­ Localización de la localidad de Molinilla en el Territorio Histórico de Álava.

 

Figura 2.­ Situación de la necrópolis de San Miguele en el plano topográfico a escala 1/5.000.



El poblamiento de época romana.


Si nuestras hipótesis de trabajo son correctas, nos encontraríamos en las vísperas de la creación del espacio necrolátrico de San Miguele. El poblamiento de época romana en este ámbito geográfico es importante, encontrándose en un radio de unos pocos kilómetros asentamientos tan emblemáticos como los de Cabriana (Comunión) ( 10 ) o Las Ermitas (Espejo) ( 11 ). 

En ello habría influido grandemente el tema de las comunicaciones que ya habíamos avanzado anteriormente.

Además del importante corredor natural que constituiría el propio valle del Ebro tendríamos una serie de rutas certificadas precisamente por la existencia de núcleos de habitación de estos momentos. Mencionaremos los siguientes ( 12 ):

· Las Casillas/Las Madres ( 13 ) (Caicedo-Yuso).

Emplazamiento en altozano amesetado, tanto en el llano superior como en la ladera suroeste del mismo.

Nos encontramos ante un asentamiento rural, con una cierta entidad, a juzgar por los restos de cultura material recuperados -no lo olvidemos-, simplemente mediante prospecciones superficiales.

A través de los datos cronológicos que nos suministran los materiales analizados, podemos proponer su adscripción a un único horizonte de época romana, que se situaría cronológicamente entre mediados del siglo I y el siglo III d.C, presentando pues una importante continuidad de ocupación, desde época alto a bajoimperial.

Los principales índices cronológicos son suministrados por las siguientes evidencias:

Los más antiguos se encuentran entre la sigillata hispánica tritiense, en la que está puntualmente presente el estilo de imitación, sobre cuencos forma 29 y 37b. El estilo metopado está bien representado, adscribiéndose a todos los vasos forma 30, a la mayoría de los cuencos 29 y a una pequeña parte de los cuencos 37. También se registra la presencia de diversos ejemplares de vasa potoria, en cerámica de paredes finas, tanto pigmentada como sin pigmentar.

Sin duda lo que predomina entre la sigillata, es sin embargo el estilo de círculos, puntualmente presente sobre cuencos 29 y mayoritariamente sobre cuencos 37.

Ello unido a otros indicios, como la existencia de cuencos lisos forma 44, nos permite señalar que la segunda centuria es la mejor representada en este yacimiento, prolongándose hacia la tercera, con otras especies tan determinantes como los cuencos 37 "intermedios", o los cuencos hemisféricos con decoración de rombos en relieve.

El resto de las evidencias de instrumenta domestica, nos habla de una indudable entidad y estabilidad en este hábitat. Así están presentes las diversas categorías cerámicas, correspondientes a servicio de mesa, de cocina, de almacenaje, de transporte, de transformación alimentaria -entre los que catalogamos tres morteros Dramont D.2, de época altoimperial-, etc. Puntualmente se constata la presencia de vajilla de vidrio y metálica, así como de instrumental artesanal textil.

Capítulo aparte merecen los restos de materiales constructivos, que nos señalan claramente, aunque de modo indirecto, una importante entidad para las edificaciones de este enclave. De este modo, constatamos la existencia de un importante lote de elementos cerámicos constructivos, entre los que destacamos los correspondientes al posible sistema de hypocaustum y concamerationes, así como a la cubierta de alguna estancia. Ello unido a la presencia de elementos de pavimento cerámico y de opus tessellatum, nos sugieren que pudo ubicarse en este lugar una instalación termal.

Para ponderar la entidad de este enclave rural, hay que recordar que nos encontramos ante una ocupación bien caracterizada a nivel de cultura material, y con un amplio y continuado arco cronológico.

 

· Ronillas (Caicedo-Yuso/Molinilla).


Emplazamiento en las terrazas bajas de un altozano, bordeado por un arroyo. Nos encontramos ante un asentamiento rural, con una cierta entidad, a juzgar por los restos de cultura material recuperados -no lo olvidemos- simplemente mediante prospecciones superficiales.

Mediante los datos cronológicos que nos suministran los materiales analizados, podemos deducir dos grandes fases u horizontes de época romana.


( 10 ).­ Véase, Filloy/Gil, 2000, 124-127.

( 11 ).­ Idem, 137-139.

( 12 ).­ Los datos proceden del catálogo de yacimientos elaborado ex profeso por nosotros para el proyecto, que obtuvo la Beca José Miguel Barandiaran de Eusko Ikaskuntza, "Revisión crítica y valoración arqueológica del fenómeno de la romanización en Álava". Véase, Filloy/Gil et alii: Álava en época romana. En prensa.

( 13 ).­ Estas denominaciones responden a dos series de recogidas de materiales de prospección, separadas en el tiempo, y cuyos autores consideraron independientemente. Sin embargo, a juzgar por los datos de localización conservados, consideramos que proceden de un mismo yacimiento.


 

La primera, de época altoimperial, correspondería a fines del siglo I-II d.C. Del análisis de la sigillata hispánica tritiense puede establecerse la presencia puntual del estilo decorativo metopado, asociado tanto a vasos forma 30, como a cuencos 37. Predomina netamente el estilo de círculos, presente en cuencos 29, y sobre todo en cuencos 37. Entre el ajuar de estos momentos está presente puntualmente la cerámica de paredes finas.

La segunda de época tardorromana, se situaría cronológicamente entre mediados del siglo IV y el V d.C.

Entre la sigillata tardorromana de los alfares del Valle del Najerilla están presentes tanto el primer como el segundo estilo -éste último asociado a cuencos 37b-. A esta fase corresponden también determinados recipientes de cocina como las ollas Varea IA.

Entre los elementos de instrumenta domestica, están presentes restos de contenedores de almacenaje, lo que unido a la existencia de fragmentos de revestimiento pictórico mural, abogan por la constatación de un hábitat estable y dotado de un cierto porte. Nos encontraríamos pues, ante un asentamiento rural cuya entidad y naturaleza habrían de ponderar futuras investigaciones.

Este yacimiento presenta también, en base a sus materiales cerámicos, un horizonte medieval, quizás en relación a su proximidad con el vecino lugar de San Miguele en Molinilla.

Si hubo o no continuidad entre las dos fases de época romana o si tuvo realmente una ocupación medieval son datos que escapan a la analítica a través de los datos de prospección.

En cualquier caso nos encontramos ante el enclave de más interés para la contextualización de la necrópolis de San Miguele. Como ya hemos adelantado podríamos estar ante el lugar de habitación a cuya fase tardorromana pudo corresponder al momento fundacional de este cementerio. De hecho los materiales de cronología romana hallados en el mismo no desentonan en absoluto con los del posible hábitat.

Hay que señalar además que este asentamiento se sitúa a unos escasos 500 metros al oeste del alto de San Miguele.

 

· Ronillas/San Pelayo ( 14 ) (Igay).


Emplazamiento en terraza fluvial del río Bayas. A través del análisis de las abundantes evidencias recuperadas, podemos determinar la existencia de dos horizontes de época romana.

El más antiguo, de época altoimperial, se ubicaría entre la segunda mitad del siglo I y el II d.C. Están presentes puntualmente importaciones de sigillata sudgálica, como un vaso 30b, decorado con cruces de San Andrés y un excepcional cuenco 24/25b, en su versión marmorata-. Entre la mayoritaria sigillata hispánica tritiense está representado de modo puntual, el estilo de imitación -asociado a cuencos 29 y a un vaso 30-. Mejor representado está el estilo metopado -sobre cuencos 29 y 37-, siendo mayoritario el de círculos -representando sobre cuencos 29 y sobre todo en cuencos 37-. A esta etapa pertenecerían también otras especies, como la cerámica de paredes finas. Como índices del siglo II d.C. contamos por su parte, entre la sigillata hispánica, con cuencos lisos 44.

La segunda etapa tardorromana, presenta menor entidad, y se ubicaría en torno al siglo IV d.C., penetrando posiblemente en la centuria siguiente. Entre la sigillata hispánica tardía contamos con cuencos forma 37, en sus variantes a y b. El estilo de círculos "evolucionado" está presente sobre un cuenco 37, y el segundo estilo sobre otro cuenco 37b. A esta etapa corresponderían también otras producciones cerámicas, como una olla de cocina Varea IA.

Entre el resto de las evidencias sin precisiones cronológicas contamos con cerámica de mesa, de cocina, de almacenaje y de transporte, así como instrumentos domésticos como un molino o algunos elementos cerámicos constructivos. Todo ello nos señala hacia un hábitat estable de una cierta entidad.

Hemos escogido además estos enclaves porque bien pudieron formar parte de un ramal de comunicaciones transversal que pondría en contacto diversos ámbitos. Se trataría de aquel que permitiría la comunicación transversal entre los valles del Omecillo, Bayas y Zadorra. Uniría concretamente los enclaves de: La Huerta (Bergüenda)- Las Casillas/Las Madres (Caicedo Yuso)- Ronillas (Caicedo Yuso/Molinilla) - Ronillas/San Pelayo (Igay) - Los Rosales (La Puebla de Arganzón).

Este recorrido aporta además el gran potencial de poder unir en sentido Este-Oeste la vía principal Astorga-Burdeos, con la segunda ruta en importancia para el territorio alavés, la Deobriga-Flaviobriga.

La Tardoantigüedad y el Medievo Sin lugar a dudas, este amplio período se caracteriza, en la comarca de los valles occidentales alaveses y su entorno inmediato, por la existencia de numerosas huellas de una excepcional y precoz actividad religiosa.

Encontramos no sólo los vestigios materiales de los abundantes focos eremíticos rupestres ­a caballo entre la tardoantigüedad y el altomedievo- de las cuencas del Omecillo y Alto/Bajo Ebro Burgalés ( 15 ), sino también el conocido testimonio de la creación de la sede episcopal de Valpuesta (Pérez, 1970, 7-15, doc. 1) en el año 804, a instancias de la monarquía astur, como precoz punto de partida de un movimiento repoblador que se dirigirá hacia el sur siguiendo el corredor formado por la cuenca del Omecillo-Ebro.


( 14 ).­ A juzgar por las descripciones conservadas junto a los materiales consultados parece claro que nos encontramos ante un único yacimiento.

( 15 ).­ El catálogo más exhaustivo del fenómeno eremítico de toda ésta zona lo encontramos en la Tesis de Luis A. Monreal. Véase Monreal, 1989, 57-100. Para la parte alavesa véase también el catálogo de Francisca Sáenz (Sáenz de Urturi, 1985). Esta misma autora llevó a cabo también unos sondeos en el entorno de las "Cuevas de Los Moros" (Corro, Álava), encontrando varios enterramientos fechados mediante carbono-14 en el siglo VII d.C. (Idem, 1990).



La también temprana fundación de San Román de Tobillas en 822 es otro hito más en una extensa nómina de más de sesenta monasterios fundados entre los siglos IX y XIII entre Valdegobía y la cuenca de Miranda (Ruiz de Loizaga, 1982).

Destaca por su importancia, en la zona específicamente objeto de nuestro estudio, el monasterio de San Esteban de Salcedo, con una temprana y prolífica producción documental ( 16 ).

¿Qué tipo de datos nos aporta la arqueología sobre este extenso período? Además de la propia necrópolis de San Miguele ( 17 ), existen pocas noticias acerca de la existencia de restos funerarios de posible cronología medieval en su entorno inmediato.

Al margen de alguna referencia ciertamente fantástica y no creíble ( 18 ), en la Carta Arqueológica de Álava se señalaban antiguos hallazgos de tumbas antropomorfas excavadas en la roca en Urizar en Bergüenda (nº 197) ( 19 ), y de sepulturas de lajas en La Magdalena en Caicedo-Yuso (nº 194) ( 20 ), pero que actualmente se hallan desaparecidos (Rodríguez/Ibisate, 1993). Tampoco está contrastado el posible hallazgo de restos antropológicos en el entorno de la ermita de Nuestra Señora del Lago, también en Caicedo-Yuso (nº 191) ( 21 ).

Existe también referencia de la posible destrucción de enterramientos durante la construcción de una planta química en el actual término de Zubillaga (Lántarón) (Rodríguez/Ibisate, 1993).

Por ello, únicamente contamos con un yacimiento funerario medieval bien documentado en el entorno. Se trata de una necrópolis, compuesta por cuarenta tumbas de lajas, localizada en el término de San Martín entre Fontecha y Puentelarrá (Gil, 1994), y que fue objeto de una excavación de urgencia en 1993.

Contrasta ciertamente esta escasez de hallazgos funerarios con el elevado número de necrópolis que se han catalogado recientemente en la vecina comarca burgalesa de Miranda de Ebro ( 22 ), y no nos cabe duda de que una busqueda sistemática en nuestro territorio podría cambiar drásticamente la actual situación.

No es mucho mejor el panorama que nos ofrece la arqueología en el conocimiento de posibles lugares de hábitat, adoleciendo de la misma falta de un proyecto de localización sistemática de nuevos yacimientos.

Así, los escasos asentamientos conocidos lo son únicamente a través de la recogida de materiales en superficie, a lo cual debemos unir la escasa información cronológica que las evidencias materiales medievales nos ofrecen, en el actual nivel de conocimientos.

Entre los asentamientos cuya funcionalidad esta aún poco definida, señalaremos los siguientes:

 

· Lago Arreo (Caicedo-Yuso).


Situado a orillas del lago homónimo, ofrece abundantes evidencias materiales adscribibles a la Prehistoria Reciente, así como escasos restos cerámicos medievales (VV.AA, 1987, 137; Rodríguez/Ibisate, 1993).


· Nuestra Señora del Lago (Caicedo-Yuso),

En este yacimiento, antes mencionado, se recogieron también varios centenares de fragmentos cerámicos medievales asociados a manchas oscuras en el terreno (VV.AA, 1987, 58; Rodríguez/Ibisate, 1993).


· Molinilla (Leciñana del Camino) ( 23 )

Corresponde a un montículo en el cual se recuperan algunas evidencias de la Prehistoria Reciente y medievales (VV.AA, 1987, 137; Rodríguez/Ibisate, 1993).


( 16 ).­ Existente al menos desde finales del siglo IX y anexionado al monasterio de San Millán de la Cogolla en el año 947, conocemos casi quince documentos escritos que testimonian una intensa actividad entre los años 873 y 1027/1034 (Ubieto, 1976, docs. nº 15, 19, 24, 25, 28, 32, 43, 57, 62, 70, 84, 85, 101, 122 y 204).

( 17 ).­ VV.AA., 1987, 347, documento nº 6016.

( 18 ).­ "Como vestigios fehacientes del breve dominio musulmán por estas tierras, han sido halladas sepulturas en no escaso número, restos de espadas, silos, monedas, etc...Fruto de una excavación hecha en cierta heredad del pueblo de Comunión, contiguo a Miranda, afloró un esqueleto completo adornado con brazaletes de oro en las muñecas, garganta y pies, joyas clasificadas arqueológicamente como ajorcas moras, destinadas a honrar la memoria de persona de muy elevada condición social." (Ruiz de Loizaga, 1982, 48).

Posiblemente se trate de una referencia, sui generis, a las excavaciones que se llevaron acabo en la necrópolis de la villa romana de Cabriana a principios de la década de 1970.

( 19 ).­ VV.AA, 1987, 59.

( 20 ).­ VV.AA, 1987, 58-59

( 21 ).­ VV.AA, 1987, 58.

( 22 ).­ Campillo, 1996, recoge hasta 65 referencias. No todas han sido objeto de excavación, lógicamente, aunque entre ellas tenemos necrópolis de la entidad de la de Villanueva de Soportilla, con casi 300 enterramientos documentados, mayoritariamente excavados en la roca. Existen también otros catálogos de hallazgos funerarios medievales, de territorios relativamente cercanos al nuestro, como los de Soria (De la Casa, 1992) o La Rioja (Luezas, 1997).

( 23 ).­ La Carta Arqueológica de Álava lo sitúa erróneamente en Molinilla, op. cit., ficha nº 2524



· Ermita de San Pedro (Salcedo).


En los alrededores de esta ermita se localiza una mancha oscura de terreno en la cual se recogieron escasos fragmentos cerámicos romanos y medievales (VV.AA, 1987, 179; Rodríguez/Ibisate, 1993).

A diferencia de estos yacimientos, cuya tipología y funcionalidad es imposible de determinar, queremos señalar la existencia de un emplazamiento acerca del cual no parecen existir dudas acerca de su función como lugar de asentamiento.

Es el caso del yacimiento de Olivan, situado a apenas algo más de medio kilómetro al Sur del núcleo de población de Molinilla ( 24 ), ya anteriormente mencionado.

Este yacimiento, ubicado en un alto en espolón con aterrazamientos, parece corresponder al lugar de "Olibani" que en 1025 menciona el conocido documento de La Reja de San Millán (Ubieto, 1976, 177).

Entre los materiales recogidos en superficie tenemos evidencias protohistóricas, romanas y medievales, que nos sugieren una prolongada secuencia de ocupación del asentamiento ( 25 )

. Futuros trabajos en este yacimiento permitirán valorar su verdadero potencial y verificar la posible continuidad de su secuencia ocupacional.

En el entorno inmediato de la necrópolis de San Miguele de Molinilla, tenemos conocimiento de otro posible lugar de hábitat medieval ( 26 ).

A dicho hábitat podríamos asociar la abundante cerámica pleno y bajomedieval que se localiza en los niveles superficiales de la necrópolis, así como la noticia de la existencia de un silo o aljibe en las fincas de cereal situadas inmediatamente al oeste de la necrópolis (VV.AA, 1987, 347; Rodríguez/Ibisate, 1993).

Se trataría de un lugar de hábitat que, en el actual nivel de conocimientos, no creemos que guarde relación con la necrópolis ( 27 ), sino más bien con el actual núcleo de población de Molinilla, más concretamente con su denominado Barrio Alto. Ya hemos apuntado al inicio de este apartado, el valioso papel que puede desempeñar la documentación escrita en el conocimiento general de estos períodos históricos. A partir del plenomedievo, -a diferencia de lo que ocurre en momentos anteriores, donde la documentación escrita se reduce a cronicones que apenas nos ofrecen datos concretos acerca del espacio habitado- empezamos a contar ya con la ayuda de algunas fuentes que nos permiten acercarnos a cuestiones relativas al poblamiento.

Así, como contraste a la escasez de yacimientos arqueológicos de época medieval que se conocen en estos momentos, contamos con el célebre documento conocido como La Reja de San Millán, redactado hacia 1025.

En él se hace una relación de los algo más de trescientos núcleos habitados de la llamada "Álava nuclear" que tributan a este dominio monasterial altorriojano, constituyendo una verdadera radiografía de la red de poblamiento consolidado para fines del siglo X, en su momento de máxima expansión ( 28 ).

En el alfoz de Ossingani, en Lantarón, se enumeran hasta veinticinco núcleos de población, cada uno de los cuales tributa una reja a San Millán. No creemos que entre ellos se encuentre el hábitat correspondiente a la necrópolis de San Miguele, ya que en dicha relación encontramos, de Noroeste a Sureste, los lugares de "Cassicedo...Antepardo...Moliniella...Olibani..." (Ubieto, 1976, 177).

Estos términos corresponden a los actuales de Caicedo-Yuso, Antepardo ( 29 )

, Molinilla y Oliván ( 30 )

. No existe pues referencia a ningún núcleo de población en el lugar donde debería estar el hábitat correspondiente a la necrópolis de San Miguele.

Finalmente, señalaremos que tampoco existe referencia a ninguna posible ermita de San Miguel en la célebre relación de la visita pastoral efectuada en la diócesis de Calahorra a mediados del siglo XVI, conocida popularmente como Libro de visita del Licenciado Martín Gil (Díaz Bodegas, 1998, 104), por lo que posiblemente ya para esas fechas apenas subsistan vestigios materiales visibles de la necrópolis y sus posibles edificaciones religiosas, si es que las hubo.


( 24 ).­ La Carta Arqueológica de Álava lo sitúa erróneamente en Salcedo, op. cit., ficha nº 3525.

( 25 ).­ Véase VV.AA, 1987, 252-253; Rodríguez/Ibisate, 1993.

( 26 ).­ además del anteriormente mencionado de Ronillas, en el que recordemos que además de una documentada existencia en época romana, existen algunos testimonios materiales de su ocupación en época medieval.

( 27 ).­ En este sentido, véase en el apartado dedicado al estudio de los materiales, las conclusiones referidas a la cerámica medieval localizada al margen del contexto funerario de la necrópolis.

( 28 ).­ Dicha "Álava nuclear" tiene como espacio central la llanada alavesa. De la lectura de este valioso documento podemos deducir que para fines del siglo X existe en nuestro territorio una ocupación del espacio que se caracteriza por un poblamiento disperso de pequeñas aldeas, con una densidad demográfica media de unos 10-12 habitantes por kilómetro cuadrado. Véase García Fernández, 1999, 88 y ss. 

( 29 ).­ Término despoblado en la jurisdicción de Caicedo-Yuso. Véase López de Guereñu, 1962, 165; Idem, 1989a, 536.

( 30 ).­ Que como acabamos de ver supra, corresponde también a un despoblado al Sur del pueblo de Molinilla. Véase también López de Guereñu, 1989a, 566.


 



3 LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE 1998.

Luis Gil Zubillaga

 

 

3.1.­ ANTECEDENTES.


La necrópolis de San Miguele se localiza en un altozano situado a unos doscientos metros al Oeste del denominado Barrio Alto del pueblo de Molinilla (Álava), concretamente en el extremo de una parcela destinada al cultivo de cereal, y tiene como acceso un antiguo camino que se dirige hacia la localidad de Caicedo-Yuso (Figura 2).

El yacimiento era objeto de protección por parte de la Diputación Foral de Álava, después de la excavación arqueológica de urgencia efectuada en 1981, bajo la dirección de Francisca Sáenz de Urturi, y cuyos resultados se publican en este trabajo.

Así pues, desde dicha intervención venía reservándose al cultivo una superficie que, en el invierno de 1998, rondaba los 200 metros cuadrados, situada en el mencionado altozano, mayoritariamente compuesta por un afloramiento rocoso que impide cualquier aprovechamiento agrícola (Foto 1), y empleada además como morcuero donde apilar la piedra extraída de los campos de cultivo. La extensión original de la necrópolis superaría sin lugar a dudas la de dicha zona protegida, siendo ésta además recortada año tras año por los trabajos agrícolas que continúan llevándose a cabo ( 1 ) en la finca de cereal que le sirve actualmente de límite por el este.

Nuestra intervención viene motivada por la adjudicación a la empresa de arqueología Lurmen S.L. del concurso público convocado a instancias del entonces denominado Departamento de Cultura y Euskera ( 2 ) de la Diputación Foral de Álava, para "la recuperación mediante excavación arqueológica de la necrópolis de San Miguele (Molinilla), así como de la posible ermita de la que formaría parte", con fecha 27 de octubre de 1997 ( 3 ).


( 1 ).­ Por todo ello no resulta extraña la localización en dicha superficie cultivada, de abundantes restos antropológicos y cerámicos. 

( 2 ).­ Actual Departamento de Cultura.

( 3 ).­ Dicho concurso fue adjudicado, con fecha 30 de Diciembre de 1997 a la citada empresa de arqueología, asumiendo la dirección científica de los trabajos Luis Gil Zubillaga. En los trabajos de campo que describiremos a continuación participaron las siguientes personas, además del autor de estas líneas: Oskar Escribano Sanz, Idoia Filloy Nieva, Iker Filloy Nieva, Eliseo Gil Zubillaga, Eluska Irazu Hernández, Jaione Ugalde Andueza y Rafael Varón Hernández. A todos ellos expresamos desde aquí nuestra gratitud por su inestimable colaboración.



Foto 1.- Vista previa a los trabajos de excavación, del altozano en el cual se ubica la necrópolis.

 

Foto 2.- Vista en primer plano, del sarcófago nº 3 con su cubierta. A la izquierda se aprecia la tapa nº 6, y al fondo, semiocultos, los sarcófagos nº 1 y 2. .

 

 

Foto 3.- Desarrollo de los primeros trabajos de excavación.

 


.
3.2.­ LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE 1998.


Los trabajos arqueológicos de campo fueron llevados a cabo durante el mes de marzo de 1998, y en ellos procedimos a excavar en área abierta una superficie aproximada de 200 metros cuadrados, correspondiente a la parte de la necrópolis conservada en el alto diente a la parte de la necrópolis conservada en el altozano no roturado.

Hasta fechas recientes, este espacio estaba delimitado al Este por un camino de servidumbre al Este, que con una dirección Sureste-Noreste discurre hacia la cercana localidad de Caicedo-Yuso, y por un pronunciado escarpe que constituye el límite del altozano por los lados Sur y Oeste. Por el Norte, la pendiente del altozano es menos pronunciada.

En el momento de la excavación, la finca de cereal situada inmediatamente al Este se había ampliado a costa del camino, por lo que ésta limitaba directamente con la zona protegida.

Ya en lo que se refiere a nuestra propia intervención, inicialmente procedimos a llevar a cabo una revisión sistemática de la zona a excavar, para así establecer un plan de trabajo.

Como primer resultado de este reconocimiento pudimos concluir que no existía huella alguna de ermita u otra edificación a la que se asociaran los enterramientos de esta necrópolis. La posterior excavación en área abierta confirmará este dato preliminar.

Así pues, acotamos la zona de unos 200 m2 de extensión que había quedado reservada del continuado laboreo agrícola, sobre la que íbamos a llevar a cabo nuestra excavación en extensión.

Se trataba de un área cubierta de un manto vegetal no muy espeso, con vegetación arbustiva, entre la que asomaban tres sarcófagos de piedra vacíos y, junto a uno de ellos, su tapadera. También era visible un gran bloque monolítico de piedra, correspondiente sin duda alguna a la tapa de otra tumba, desplazada de su posición original.

Asimismo pudimos comprobar cómo entre la vegetación se percibían restos de un cuarto sarcófago de piedra, roto por el laboreo agrícola, pero que parecía no haber sido objeto de excavación.

La impresión que se obtenía entonces, tras un detenido análisis del entorno, era que este altozano había sido considerado un espacio no apto para el cultivo con los arados tradicionales, dado que mayoritariamente se trata de un afloramiento de la roca. Posiblemente, con la llegada de los tractores a esta zona, se llevó a cabo el intento de puesta en cultivo de este espacio tradicionalmente respetado.

 

Foto 4.- Vista general de la necrópolis, desde el extremo Suroeste.

 

Este intento daría lugar a la destrucción de las tumbas más superficiales, la retirada o rotura de numerosas cubiertas de tumbas, y otras remociones y daños que hemos podido constatar en el transcurso de nuestros trabajos. También provocarían el hallazgo ya conocido -hacia 1971- de los primeros sarcófagos, y en consecuencia, las intervenciones arqueológicas de 1981 y 1998.

Llevamos a cabo también una prospección sistemática de los espacios circundantes al área de excavación.

Todos ellos terrenos en explotación agrícola, con cereal, en los cuales se localiza abundante cerámica de cronología medieval -posiblemente atribuible a un lugar de hábitat ubicado en las cercanías de la necrópolis-, así como algunos fragmentos óseos antropológicos correspondientes sin duda a la alteración o destrucción de tumbas subyacentes. No se localizaron en cambio evidencias de época más antigua, como las que posteriormente hallaríamos durante los trabajos de excavación.

En prospección superficial no era posible cuantificar el número de enterramientos que ocupaban la zona a excavar, debido a la propia cobertura vegetal de terreno. Era necesario por tanto llevar a cabo una retirada manual del nivel superficial de tierra, para evaluar el número de tumbas subyacentes que había que excavar y organizar el trabajo de campo.
A partir de los elementos funerarios que se apreciaban ya en superficie, fuimos ampliando radialmente el área de excavación (Foto 3), hasta abarcar la práctica totalidad del espacio reservado, llegando a limitar por el este con la finca de cultivo de cereal, y por los otros extremos con los afloramientos naturales de la roca (Fotos 4, 5 y 6; figuras 3 y 4).

Al inicio de nuestros trabajos habíamos constatado también, la presencia de un conjunto de tres sarcófagos de piedra ( 4 ), desplazados de su ubicación originaria y depositados en el ribazo de la senda que une el yacimiento con el pueblo de Molinilla ( 5 ) (Foto 7).

 

Figura 3.­ Plano general de la necrópolis de San Miguele, a nivel de las cubiertas de las tumbas.

 

Figura 4.­ Plano general de la necrópolis de San Miguele, a nivel de las fosas.

 

Foto 5.- Vista de la necrópolis desde el Sur.

 

Foto 6.- Vista general de la necrópolis desde el Norte, una vez concluida la excavación.

 

 

Foto 7.- Los sarcófagos depositados en el ribazo del camino que conduce a la necrópolis..

Al parecer, estos elementos funerarios habían sido hallados por los propietarios del terreno durante unos trabajos de roturación en 1971, siendo en ese momento examinados por el entonces responsable del Museo de Arqueología de Álava, Domingo Fernández Medrano ( 6 ).

Una vez concluidos los trabajos de excavación, a instancias de los responsables del Museo Diocesano de Arte Sacro de Vitoria-Gasteiz y del Departamento de Cultura de la Diputación Foral, se decidió el traslado de dos de estos sarcófagos ­concretamente el infantil y otro de adulto de interior antropomorfo- a la exposición permanente de dicho Museo (Foto 8), donde pueden ser actualmente contemplados.

 


( 5 ).­ Una vez finalizada nuestra intervención, se procedió a catalogar también estos tres sarcófagos, con una numeración correlativa al resto de las tumbas exhumadas.

( 6 ).­ Tal y como explica Dña. Francisca Sáenz de Urturi en el capítulo correspondiente a la intervención efectuada en 1981.


 



3.3.­ SÍNTESIS DE RESULTADOS DE LA EXCAVACIÓN DE 1998.


Veamos a continuación una relación simplificada ( 7 ) de los resultados obtenidos en el transcurso de la intervención arqueológica efectuada en 1998. Éstos resultados se refieren básicamente a hallazgos de carácter funerario, ya que como hemos indicado anteriormente, la excavación no proporcionó dato alguno acerca de una posible ermita que pudiera asociarse a la necrópolis.

También hemos integrado otros hallazgos anteriores ­todos ellos de carácter funerario-, presentes en el área de excavación o en sus alrededores ( 8 ).

En esta descripción, que pretendemos sea lo más sucinta y ágil posible, prescindimos expresamente de la mención a unidades estratigráficas, y únicamente incluimos en ella la información más básica que permita conocer los resultados que ofrece cada uno de los enterramientos que hemos tenido ocasión de estudiar.

Dicha información básica se estructura en cuatro apartados diferentes:

· En el primero, denominado "La estructura funeraria", incluimos la información más relevante acerca de la tipología constructiva de las sepulturas, con referencia expresa a su morfología y materiales utilizados. A continuación se señalan sus dimensiones de longitud y anchura en centímetros. Finalmente se indica su orientación -citando en primer lugar la posición de la cabecera- expresada en grados.

· Después, en "Datos antropológicos" se describen -si las hay- las principales características de los restos humanos existentes en cada tumba: Número de inhumados, edad, sexo, estado de conservación, disposición del cuerpo y los brazos, así como cuantas incidencias consideremos necesario destacar.

· El apartado dedicado a "Evidencias materiales" hace referencia a la existencia en algunas tumbas de restos de cultura material que forman parte de ajuares funerarios, depósitos rituales o de materiales intrusivos dentro de la tumba.

· Por último, la existencia en algunos casos, de "Dataciones absolutas" de los restos antropológicos, expresadas en años B.P., es finalmente también recogido en el apartado correspondiente.

Con objeto de agilizar aún más la lectura, se prescinde -en cada caso, si es necesario- de mencionar aquellos apartados de los que no tenemos información.

Veamos a continuación esta relación de resultados:


( 7 ).­ En el apartado correspondiente a "Documentación Arqueológica" podrá encontrar el lector interesado la totalidad de la documentación arqueológica recogida en la intervención de la necrópolis de San Miguele de Molinilla en 1998, en las correspondientes fichas de tumba y enterramiento, así como los estudios monográficos dedicados al material antropológico y fauna, cuyos datos han sido extractados para realizar esta relación.

( 8 ).­ La ubicación concreta de cada tumba puede contemplarse en las figuras números 3 y 4.


 

 

TUMBA 1 (Foto 9)


1.- Estructura funeraria: Corresponde a uno de los sarcófagos descubiertos y excavados en 1981. Se trata de un ejemplar monolítico tallado en arenisca, de planta trapecial, algo deteriorado por su abandono al aire libre. No se conserva su tapa. Se asienta en una fosa excavada en el sustrato rocoso.

Por sus dimensiones, correspondería a un adulto, del que no quedan restos en el lugar.

Dichas dimensiones son de 205 centímetros de longitud, con una anchura que varía desde los 60 centímetros de la cabecera a los 46 de la zona de los pies.

Su orientación es Oeste-Este (293 º).

 

Foto 9.- Los sarcófagos nº 1 y nº 2, tras su limpieza.


TUMBA 2 (Foto 9).

1.- Estructura funeraria: Se trata de otro de los sarcófagos localizados en 1981, adosado a la pared sur del anterior. Al igual que éste, corresponde a un sepulcro monolítico de arenisca, de planta trapecial, y también presenta huellas de la erosión.

Posee en la zona de los pies un pequeño agujero rectangular de sección en embudo que lo perfora. No conserva restos de su tapa.

Por sus dimensiones, al igual que en el caso anterior, correspondería a un adulto, del que no quedan restos en el lugar.

Se asienta parcialmente en una fosa excavada en la roca, y en su parte sur sobre tierra. Afecta aquí a un enterramiento múltiple anterior, la tumba 29.

Sus dimensiones son de 195 centímetros de longitud, con una anchura que oscila desde los 60 centímetros de la cabecera a los 50 de los pies.

Su orientación es Oeste-Este (288º).

 


TUMBA 3 (Foto 10)


1.- Estructura funeraria: Se trata del tercero y último de los sarcófagos excavados en 1981, situado al este de los anteriores. Estamos ante otro sepulcro monolítico de arenisca, también de planta trapecial, con la diferencia en este caso de que interiormente presenta sus ángulos redondeados. Se asienta en una fosa excavada en la roca.

También se distingue de los anteriores por conservar, volcada al norte, su cubierta. Ésta es monolítica, también tallada en arenisca, de planta rectangular irregular. Su sección es plano-convexa, presentando un rebaje interior de unos 7 centímetros.

Las dimensiones del sarcófago son de 215 centímetros de longitud, con una anchura que oscila desde los 63 centímetros de la cabecera a los 53 de la zona de los pies.

La longitud de la tapadera es de 243 centímetros, su anchura varía desde los 75 a los 70 centímetros, y su grosor de 16 centímetros.

Por sus dimensiones corresponde, al igual que los anteriores, a un sarcófago de adulto, del cual tampoco quedan restos.

Su orientación es Oeste-Este (295º). 

 

Foto 10.- Vista del sarcófago nº 3, con su cubierta, tras su limpieza.

 

 

TUMBA 4 (Foto 11).

1.-Estructura funeraria: Enterramiento en fosa excavada en la roca, aprovechando una fractura natural de ésta. Ello da lugar a su planta irregular, de forma trapecial de ángulos redondeados. Presenta en la pared sur una alineación de lajas dispuestas de plano, posiblemente para servir de nivelación a su cubierta, de la que no se conservan restos.

Sus dimensiones son de 186 centímetros de longitud, con una anchura que varía desde los 47 centímetros en la zona de la cabecera a los 30 centímetros de los pies.

Su orientación es Oeste-Este (290º).

Foto 11.- tumba nº 4. 

 

2.- Datos antropológicos: En su interior se localizan los restos de un individuo femenino adulto joven, en posición de decúbito supino, con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo. Su estado general de conservación puede describirse como bueno, a pesar de que el cuerpo está muy comprimido en la fosa.

 


TUMBA 5.


1.- Estructura funeraria: Enterramiento infantil en fosa excavada en la roca, aprovechando una pequeña fractura natural. Por ello su planta, trapecial de ángulos redondeados, es muy irregular. No puede determinarse con claridad la forma de su cabecera, posiblemente alterada por la remoción agrícola.

Sus dimensiones son de 66 centímetros conservados de longitud, con una anchura que varía desde los 27 centímetros en la zona de la cabecera a los 14 centímetros de los pies. 

Su orientación se dispone en sentido Oeste-Este (285º).

2.- Datos antropológicos: En su interior únicamente se localizan los restos de sendos fémures de un individuo infantil. Su estado general de conservación puede describirse como muy malo y fragmentario, posiblemente por efecto del laboreo agrícola, como ya hemos comentado anteriormente.

 

 

TUMBA 6 (Foto 12).


1.- Estructura funeraria: Con la denominación de tumba 6, hacemos referencia a una cubierta de planta trapecial, que aparecía en superficie, claramente desplazada de su posición original. Tallada en un bloque monolítico de arenisca y de sección plano-convexa, no resulta posible determinar a qué enterramiento concreto pertenecería, aunque sus dimensiones indican que se trata de la cubierta de una tumba de adulto. Su orientación no es determinable.

Dichas dimensiones son de 190 centímetros de longitud, una anchura variable entre los 73 y los 65 centímetros y un grosor de 14 centímetros.

 

Foto 12.- Cubierta de tumba nº 6.


TUMBA 7.


1.- Estructura funeraria: Se trata de una pequeña fosa excavada en la roca, quizás originariamente con lajas hincadas verticalmente. Se trata de una tumba prácticamente destruida, posiblemente por la labranza, de la que apenas queda una pequeña oquedad de 16 centímetros de potencia y una piedra hincada verticalmente.

Por todo ello, no es posible determinar su orientación.

2.- Datos antropológicos: Un fragmento de cráneo y un molar son los únicos restos óseos recuperados, cuyo estado de fragmentación impide incluso discernir si estamos ante un enterramiento infantil o de adulto.

 


TUMBA 8 (Foto 13).


1.- Estructura funeraria: Enterramiento en fosa excavada en la roca, cajeado lateralmente por pequeños mampuestos y lajas de arenisca. Presenta una planta trapecial de ángulos redondeados. Conserva restos de su cubierta, compuesta también de mampuestos y losas de arenisca.

Las dimensiones de la fosa son de 216 centímetros de longitud, con una anchura que varía desde los 100 centímetros en la zona de la cabecera a los 65 centímetros de los pies. 

Su profundidad es de 40 centímetros.

Su orientación es Oeste-Este (315º).

2.- Datos antropológicos: En su interior se localizan los restos de un individuo masculino adulto joven/maduro, en posición de decúbito supino, con el brazo derecho extendido a lo largo del cuerpo y el izquierdo sobre el pubis. Su estado general de conservación puede describirse como malo, ya que la caída de algunas de sus lajas -posiblemente por efecto de los trabajos agrícolas- ha provocado numerosas alteraciones y roturas en el inhumado.

3.- Evidencias materiales: Localizamos, junto a la pierna izquierda del inhumado una piedra de afilar de arenisca, que interpretamos como un depósito funerario, además de un pequeño fragmento de cerámica de cocina, descontextualizado en el relleno de la fosa.

 

Foto 13.- Enterramiento nº 8. A la derecha, junto a su pierna, puede apreciarse la afiladera de arenisca depositada ritualmente.


TUMBA 9 (Foto 14).


1.- Estructura funeraria: Enterramiento en fosa excavada en la roca. Se trata de una tumba antropomorfa, que presenta una oquedad rectangular irregular en la cabecera. 

Presenta la zona de los pies recta. Nada sabemos de su cubierta, de la que no se conservan restos.

Sus dimensiones son de 173 centímetros de longitud, con una anchura que varía desde los 63 centímetros en la zona de la cabecera a los 33 centímetros de los pies.

Su orientación es Oeste-Este (302º).

2.- Datos antropológicos: En su interior se localizan los restos de un individuo masculino adulto joven, en posición de decúbito supino, con los brazos cruzados sobre el estómago. Su estado general de conservación puede describirse como regular.

 

Foto14.- tumba nº 9.

 

 

TUMBA 10


1.- Estructura funeraria: Corresponde a una pequeña fosa vacía excavada en la roca, posiblemente destinada a acoger un enterramiento infantil. En tres de sus lados encontramos pequeñas lajas dispuestas en plano, quizás para nivelar su cubierta. Su planta es trapecial de ángulos redondeados, aunque en este caso y a diferencia de las otras tumbas, la zona más amplia es la correspondiente al Este. Tampoco aquí conservamos restos de su tapa, si es que la llegó a tener.

Sus dimensiones son 140 centímetros de longitud, una anchura que oscila notablemente desde los 78 a los 20 centímetros.

Dada la ausencia de restos óseos, no es posible determinar si estamos ante una fosa orientada al revés de las demás (Este-Oeste), o si esta forma responde únicamente a un aprovechamiento de alguna fractura natural del roquedo.

En este caso, su orientación sería similar a las otras, es decir Oeste-Este (300º).

 


TUMBA 11 (Foto 15).


1.- Estructura funeraria: Estamos ante una tumba excavada en la roca arenisca, de planta de bañera algo irregular. Conservaba varios mampuestos y losas de arenisca a modo de tapa.

Sus dimensiones son 180 centímetros de longitud, una anchura variable que va desde los 60 a 45 centímetros.

Su orientación es Oeste-Este (300 º).

2.- Datos antropológicos: En el interior de esta tumba localizamos los restos de un individuo masculino, adulto joven/maduro, en posición de decúbito supino con los brazos cruzados sobre el pubis. Su estado general de conservación era malo.

 

Foto 15.- Enterramiento nº 11.


TUMBA 12.


1.- Estructura funeraria: Se trata de una fosa excavada en la roca, de planta de bañera irregular, que puntualmente presentaba losas de arenisca dispuestas verticalmente.

Sus dimensiones son 190 centímetros de longitud, con una anchura de 80 centímetros.

No conserva restos de cubrición, si es que la llegó a tener.

Su orientación se dispone en sentido Oeste-Este (300º).

2.- Datos antropológicos: Se localizan, claramente removidos, muy escasos fragmentos óseos de un individuo en un pésimo estado de conservación.

 


TUMBA 13 (Foto 16).


1.- Estructura funeraria: Se trata de un sarcófago monolítico de arenisca, del cual sólo se conserva aproximadamente la mitad inferior. Se asienta sobre el roquedo de arenisca, merced a una fosa excavada en la roca.

Muy posiblemente las causas de la pérdida de su mitad superior, al igual que su tapa, y del fuerte deterioro de sus paredes, esté en un fuerte impacto producido durante el laboreo agrícola.

Su planta sería en origen trapecial, y aunque su rotura no nos permita saber qué forma tendría su cabecera, sabemos que sus pies están redondeados.

Sus dimensiones son de 160 centímetros conservados de longitud, por una anchura que varía desde los 60 a los 54 centímetros.

Su orientación es Oeste-Este (265 º).

2.- Datos antropológicos: Se conservan restos de un individuo inhumado en posición de decúbito supino con sus brazos posiblemente extendidos a lo largo del cuerpo. 

Se trata de un individuo masculino adulto joven.

La rotura y pérdida de la mitad superior del sarcófago y el desplome de varios fragmentos de piedra de las paredes provocan la rotura de numerosos restos.

También se constata la remoción de algunos huesos tras la descomposición del cuerpo.

3.- Evidencias materiales: Encontramos depositados sobre la base del sarcófago, en la zona del pie izquierdo, un depósito funerario ritual consistente en diez fragmentos de una ollita de cerámica torneada y un anillo de bronce.

4.- Datación absoluta: 1290 +/- 70 B.P.

 

Foto 16.- Vista del sarcófago nº 13, que sólo conserva su mitad inferior.

 

TUMBA 14 (Foto 17).


1.- Estructura funeraria: Se trata de una fosa excavada en la roca, de planta de bañera algo irregular. Se adosa, en la zona de la cabecera, al sarcófago descrito en la tumba 13, mediante sendos bloques de arenisca.

No conserva restos de cubrición.

Sus dimensiones son 180 centímetros de longitud, con una anchura de 45 centímetros y una profundidad de 34 centímetros.

Su orientación es Oeste-Este (300º).

2.- Datos antropológicos: Se conservan restos de un individuo inhumado en posición de decúbito supino con sus brazos extendidos a lo largo del cuerpo. 

Setrata de un individuo masculino adulto joven/maduro.

Su estado de conservación es bueno. 

3.- Evidencias materiales: Como material intrusivo, encontramos en el relleno de la tumba un pequeño fragmento de cerámica romana tardía.

 

Foto 17.- Enterramiento nº 14, adosado al sarcófago nº 13.


TUMBA 15 (Foto 18)

1.- Estructura funeraria: Se trata de una fosa excavada en la roca. Ha perdido totalmente su mitad superior por efecto de la labranza. Por ello desconocemos cómo sería su cabecera, estando sus pies redondeados.

Tampoco conserva restos de su cubierta.

Sus dimensiones son 165 centímetros de longitud conservada, con una anchura de 45 centímetros.

Su orientación se dispone en sentido Oeste-Este (290º). 

2.- Datos antropológicos: Se conservan escasos restos de un individuo inhumado en posición de decúbito supino. Se trata de un individuo adulto de edad indeterminable, del que apenas localizamos in situ parte de sus extremidades inferiores.

 

Foto 18.- Detalle de los escasos restos conservados de la tumba nº 15.


TUMBA 16 (Fotos 19, 20 y 21)


1.- Estructura funeraria: Se trata de una fosa excavada en un nivel de arcilla, que ha profundizado hasta encontrar la roca. Su planta es de bañera.
Sus dimensiones son 182 centímetros de longitud, con una anchura de 39 centímetros.

Conservamos un fragmento de cubrición que abarca casi toda la tumba, hasta la zona de los pies. Se trata de una gran losa plana rectangular moldurada de arenisca. 

Estamos ante un elemento arquitectónico claramente reutilizado.

Su orientación es Oeste-Este (310º).

2.- Datos antropológicos: Se conservan restos de un individuo inhumado en posición de decúbito supino con su brazo derecho flexionado sobre el pubis y la pierna, y el izquierdo sobre el estómago. Se trata de un individuo masculino adulto joven/maduro. El estado de conservación de estos restos es regular.

4.- Datación absoluta: 1260 +/- 60 B.P.

 

Foto 19.- Vista de la cubierta de la tumba nº 16, in situ aunque fracturada.

 

Foto 20.- Detalle, tras su retirada y limpieza, del elemento arquitectónico reutilizado como cubierta del enterramiento nº 16.


Foto 21.- tumba nº 16.