Arqueología - Vitoria-Gasteiz.



 


 

Cerámica de época romana en Oiasso-Irún.


 

TESIS DOCTORAL.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.

Miren Lorea Amondarain Gangoiti.

Directores: Ángel Morillo Cerdán, Mercedes Urteaga Artigas.

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA.

Departamento de Ciencias y Técnicas Historiográficas y de Arqueología.

Madrid, 2018.

 

La cerámica de época romana en Oiasso-Irún.




1.2
LAS INTERVENCIONES ARQUEOLÓGICAS CON RESTOS CERÁMICOS DE ÉPOCA ROMANA EN IRÚN.

Los registros arqueológicos que hemos seleccionado para formar parte de este trabajo son aquellos que mejores contextos ofrecían para nuestra investigación, tanto desde el punto de vista de la cantidad de materiales disponibles como de su potencia estratigráfica. 

Proceden de intervenciones de distinta envergadura; sondeos arqueológicos (calle Santiago 27 y 24-26, calle Beraketa) y excavaciones en área (puerto de la calle Santiago y de la calle Tadeo Murgia, las termas de Beraketa, horrea de la calle Bidasoa y plaza San Juan–Echandia). 

A continuación presentamos los rasgos básicos de dichos contextos:

 

MUELLE-VARADERO DE LA CALLE SANTIAGO.

Localización: Calle Santiago.

Año de intervención: 1992.

Dirección: Mertxe Urteaga.

Sigla: CSI 92.

Sin lugar a dudas, el cambio en la percepción sobre la presencia romana en el territorio de Gipuzkoa se produjo a finales de 1992 con el descubrimiento de parte de las instalaciones portuarias romanas en la calle Santiago de Irún. 

Este hallazgo se ha considerado como un hecho revolucionario (Arce 2006: 188) en el panorama arqueológico peninsular y, en cierta medida, en la interpretación de la historia de los territorios septentrionales y del espacio guipuzcoano.

Los trabajos arqueológicos en este espacio sirvieron, además de para asentar la identificación del emplazamiento urbano de Oiasso bajo el casco urbano de Irún y no en Oiartzun, como se había mantenido por parte de algunos historiadores, para obtener las primeras colecciones arqueológicas de entidad y, con ellas, introducir una nueva metodología de análisis que sobrepasaba el marco territorial.

Según Urteaga (2005: 87-88), Oihenart en el siglo XVII proponía la localización de Oiasso enla desembocadura del Bidasoa, en el entorno de Hondarribia.

Mientras que, la historiografía posterior optó por situarla en el valle de Oiartzun y su salida al mar en Pasaia. 

Pero será a partir de mediados del siglo XX cuando esta visión tradicional comienza a cambiar gracias a los estudios de Michelena (1956) y de Uranzu (1954), cuyas contribuciones dieron paso a las investigaciones promovidas por Rodríguez Salís, entre 1961 y 1972 (Mezquiriz 1964; Rodríguez Salís 1973; Barandiaran et alii 1999).

Este binomio, Oiasso-Irun, se refuerza en la década de los ochenta con el reconocimiento delas minas de época romana (Arditurri, Belbio, etc.) (Urteaga y Ugalde 1986) en el término municipal de Irún y la elaboración de un ensayo de plano topográfico arqueológico de esta población, llevado a cabo dentro del Curso de Formación de Jóvenes en Arqueología Urbana, 1987-1989 (Urteaga y Gereñu 2003: 446). 

En el estudio se trabajó con abundante cartografía de los siglos XIX y XX, pudiéndose observar cómo se iba ganando terreno a la marisma, pudiéndose reconstruir el proceso de desecación de las zonas del estuario más cercanas al casco urbano y, concretamente, la zona correspondiente a la iglesia del Junkal entre los años 1850 y 1920. 

Por otro lado, se contaba con abundantes noticias sobre el canal de Santiago que comenzaba desde la iglesia parroquial, en la margen izquierda del Bidasoa, hasta el punto en el que se colocaba el monasterio de Santiago de Zubernoa, en la otra margen del estuario en la parte de Hendaia; los muelles, como parte del canal, a partir de la segunda mitad del siglo XIX fueron cambiando de posición, adaptándose al avance de la colonización de las marismas y el retroceso del mar. 

El proceso de investigación seguido por el equipo de arqueólogos que participaron en el estudio permitió plantear la ejecución de una serie de sondeos arqueológicos como medidas complementarias/correctoras a las obras de construcción de un colector diseñado para ocupar el subsuelo de la calle Santiago, contando con el apoyo de la Diputación de Gipuzkoa y del ayuntamiento de Irún. 

La primera fase comenzó en septiembre de 1992 con la realización de doce sondeos siguiendo el trazado del colector y, a la vista de los resultados registrados en la intervención, se planteó una segunda fase con la excavación de los depósitos arqueológicos romanos afectados por la obra. Según Urteaga (2005: 89):

“(…) La hipótesis de partida, por la que el área portuaria más reciente de la historia de Irún ofrecía oportunidades para acceder a los testimonios romanos, quedó confirmada plenamente en los sondeos; un tramo de 50 m de colector ocupaba zonas de sedimentos inundados entre los que se recogieron abundantes ajuares romanos; también pudo reconocerse en este contexto una plataforma de madera para la que, entre otros usos, se propuso el portuario. 

Los trabajos arqueológicos de la segunda fase extendieron esta apreciación al conjunto del área excavada, no sólo a la plataforma, resultando el planteamiento del puerto romano de la calle Santiago; por otra parte, esta consideración establecía un ámbito de permanencia más amplio, el puerto de Oiasso, cuya delimitación se acometió inmediatamente”.

Así comenzó la investigación del puerto romano de Irún que tantas novedades ha traído para la arqueología romana de Gipuzkoa.

El área de excavación quedó definida por una banda de 50 m lineales por cuatro de ancho, coincidiendo con las dimensiones del cajón de seguridad con el que por tramos se iban a desarrollar las obras y, por tanto, con los movimientos de tierras que afectaban a los depósitos romanos. Los niveles superficiales se eliminaron con medios mecánicos hasta alcanzar una cota entre 1,80 m y 2,40 m desde la rasante de la calle, donde dieron comienzo los trabajos arqueológicos propiamente dichos.

Estas labores permitieron determinar tres áreas funcionales dispuestas siguiendo el eje mayor de la excavación y una estratigrafía ordenada en dos niveles de ocupación, con sus correspondientes sedimentos; el muelle-varadero se sitúa en el extremo meridional, el más cercano a la iglesia parroquial; en el extremo opuesto, una zona de almacenes y, en medio de estos dos espacios, un dominio de Junkales (Urteaga 2008: 33).

 

Muelle-Varadero de la calle Santiago.

Ocupa los primeros 15 m del extremo meridional de la intervención arqueológica, descubriéndose una cimentación reticular de madera, rellena de sedimentos orgánicos y parte del muelle o escollera de piedra.

El elemento de mayor interés es la estructura de madera del muelle (Urteaga y Gereñu 2003: 448), tanto por el estado de conservación como por las soluciones constructivas que presenta y/o los ajuares recuperados asociados a la misma. Las piezas de madera están dispuestas sobre una superficie previamente nivelada mediante la excavación de los lodos naturales del estuario. 

El plano sobre el que se extiende presenta un ligero desnivel del 8% en dirección norte-sur, que se repite en el sentido longitudinal, este-oeste. La mayoría de las piezas del primer nivel de la retícula presentan signos evidentes de haber sido reutilizadas; este nivel se reparte formando líneas paralelas que arrancan desde una perpendicular que sirve de límite hacia el norte. 

Sobre este primer nivel se instala otra serie de vigas transversales, formando una retícula de módulos rectangulares; en ciertas partes se observa la presencia de una capa de rastreles por encima que preparan la plataforma de apoyo para tramos de losetas. Sobre la viga cabecera se encontraron dos gruesos bloques de madera de sección cuadrada, 40 x 40 cm, y una altura de 80 cm. 

Toda la estructura se reconoció cubierta de rellenos de tierra orgánica con presencia de abundantes restos de madera, incluso virutas de trabajo de carpintería, multitud de conchas de ostras y con una abundancia inusual de fragmentos cerámicos.

Con la misma alineación norte-sur discurre paralelo a la construcción de madera un muelle de piedra de 4 m de anchura. No se conoce su altura original, conservándose 1 m; la fábrica del muelle se levantó en seco, presentando en las caras externas paramentos de mampostería regular, mientras que el interior se resolvió con bloques de piedra amontonados irregularmente.

 



Fig. 3. Muelle-varadero de la calle Santiago (Foto: FUNDACIÓN ARKEOLAN).

 


El dominio de los Junkales.

Según Urteaga et alii (1997: 473), el borde septentrional de la escollera, entre ésta y el sector de los almacenes, a lo largo de una banda de unos 11 m lineales, se extiende el dominio de marisma romana, detectada a través de sedimentos muy finos, limos grises, estériles en cuanto a los ajuares arqueológicos, y a través de los depósitos de juncos que se han conservado en su interior y que responderían a un antiguo Junkal. 

Están presentes de forma uniforme en este sector, a excepción de un espacio reducido en el que se advierte un pequeño embarcadero de madera, junto al que se han podido recoger abundantes restos materiales. El uso del mismo se data en el siglo II d.C.


Los almacenes.

Se separa del área de los juncales mediante una línea de tablestacado de madera, al que se añade hacia la zona inundada una pequeña plataforma de vigas de madera. En el interior del espacio marcado entre el tablestacado se observa el arranque de los muros de dos pilares, formando una escuadra. En la zona próxima a la lámina de agua se ha registrado una serie estratigráfica en la que se representan dos niveles diferenciados. 

Uno, de fundación, con alineación norte-sur/ este-oeste que se cimenta con pilotaje de madera, y otro posterior por el que se eleva la cota de ocupación casi 30 cm, mediante una serie sucesiva de rellenos antrópicos, con abundancia de restos materiales. Esta nivelación supone un reajuste en la orientación de la alineación de los muretes que pasan a adoptar las mismas referencias ordenadas existentes en la actualidad en este entorno, ejes orientados noreste-sudoeste. 

Por paralelos etnográficos (Urteaga 2008: 32) se ha podido determinar que el tablestacado tenía la misión de proteger del movimiento de las mareas en el que se levantaron las cimentaciones. 

La estructura quedaría al aire durante la bajamar, al igual que la base de las demás construcciones; éstas, por su lado, corresponderían a un edificio cuya cota de uso se situaría a salvo de los niveles de pleamar, unos 3 m por encima. Por su emplazamiento debió estar vinculado a las actividades portuarias de Oiasso. Entre las colecciones arqueológicas se han recuperado varios elementos relacionados con actividades de pesca.

Al finalizar las labores de excavación arqueológica y tras cubrir de nuevo las estructuras descubiertas con los lodos extraídos durante la misma, continuaron las obras del tramo de colector afectado por las medidas correctoras patrimoniales.

La cronología pudo establecerse entre los siglos I d.C.–III d.C. Las evidencias arqueológicas, siguiendo criterios tipológicos y análisis dendrocronológicos, que sitúan la construcción del varadero entre los años 70 d.C. y 95 d.C., estimándose las mismas fechas para la fundación del muelle; de hecho, al arrimo del muelle se depositaron ajuares cronológicos durante todo el siglo II d.C. y comienzos del siglo III d.C., que cubrieron el varadero.

En las zonas de almacenes, el marco temporal se establece entre los años 70 d.C. y 114 d.C. En este sector no se han reconocido ajuares posteriores al siglo II d.C. (Urteaga 2006: 96).


CALLE BERAKETA.

Localización: Calle Beraketa.

Año de intervención: 1997.

Dirección: Marian Gereñu.

Sigla: BEI 97.

La calle Beraketa es una de las más antiguas de Irún y se encuentra citada, por lo menos desde el siglo XVII, en la obra de Lope de Isasti (Urteaga 1997: 6). La tradición oral mantiene, incluso, que en este espacio, situado en lo alto de la colina de Beraun, entre las calles Sarasate y Francisco de Gainza, se encontraba la primitiva parroquia, antes de construirse la actual del siglo XVI.

Según Urteaga (1997: 6): “Beraketa reproduce la salida del viejo camino a Hondarribia, aunque su carácter de arteria principal hace tiempo que ha dejado de ser seña de identidad en una calle marcada por la práctica ausencia de unidades edificatorias, desaparecidas a lo largo de este siglo, en un proceso de envejecimiento, deterioro, abandono y ruina. Y marcada, también, por su uso peatonal, roto apenas por los vehículos que transitan ocasionalmente”.

Con estos antecedentes, favorables de este entorno, en el año 1997, dentro de los Cursos de Formación en Arqueología y Dendrocronología, organizados por Arkeolan con el apoyo de Adebisa y la delegación de cultura del Ayuntamiento de Irun, se llevó a cabo una intervención arqueológica, desarrollada entre los meses de septiembre y diciembre.

La intervención arqueológica se desarrolló sobre una superficie de unos 40 m2. En primer lugar, se registró un pavimento de canto rodado, anterior a la canalización de desagüe documentada en el año 1904. 

El estudio de los distintos contextos asociados a esta fase dieron como resultado el registro de materiales con cronología romana junto con materiales de época postmedieval, lo que hace pensar en que dichos contextos son consecuencia del proceso de adecuación de la calle al momento de construcción del empedrado. 

Bajo este nivel de pavimento, realizado con piedra, escorias y tierra, todo él muy compactado, se identificaron contextos de cronología romana, localizándose parte de una estructura y el derrumbe de la misma, como apuntan Urteaga y Arce (2011: 102) orientados según los puntos cardinales. 

Como hallazgos destacables una moneda de Augusto acuñada en la colonia VictrixIulia Celsa (Velilla del Ebro), datada entre los años 12 al 6 a.C. (Urteaga 1997: 6), así como una serie de piezas de hierro, insertadas dentro del mismo marco cronológico. Estos objetos se localizaron en el interior de un hueco excavado en el terreno natural arcilloso. 

Además de numerosas tachuelas concrecionadas y adheridas, destacan dos objetos de hierro identificados, tras su restauración, como útiles de un herrero.

Estas evidencias materiales junto a la gran cantidad de escorias de forja registradas hacen pensar que esta zona se situaría en la órbita de influencia de un herrero, actividad pujante en el asentamiento de Oiasso, que se explicaría por la riqueza de minerales de hierro de las inmediaciones (Urteaga y Arce 2011: 102). La cronología propuesta corresponde a los siglos I d.C. y II d.C.

 

Fig. 4. Intervención arqueológica en la calle Beraketa.

 


MUELLE DE TADEO MURGÍA.

Localización: Tadeo Murgia, nº 6, 8 (trasera) y Santiago Karrika/Calle Santiago, 39-41 (trasera)

Año de intervención: 1996 y 1998.

Dirección: Marian Gereñu y Mertxe Urteaga.

Sigla: TMI98.

Los antecedentes a la intervención se encuentran en las obras de los inmuebles 35-37 de la calle Santiago esquina con Tadeo Murgia. En 1996 se lleva a cabo una campaña de sondeos de evaluación del solar. Se realizaron un total de 3 sondeos de grandes dimensiones, dando resultados positivos, localizándose restos de estructuras portuarias y ajuares de época romana a unos 2 m de profundidad.

El sondeo 1 aporta abundantes restos de materiales arqueológicos, cerámicas y vidrio, recogidos entre los paquetes de tierras orgánicas con abundancia de restos de madera y conchas.

Los sondeos 2 y 3 proporcionaron también materiales significativos junto con restos de estructuras portuarias. Estos materiales se encuentran a 2,20 m de profundidad, asentados sobre una plataforma de madera, relacionada con una zona pavimentada con losetas de piedra, observándose en la sección un desnivel significativo de sur a norte, que podría interpretarse en favor de una construcción en rampa (Gereñu et alii 1997: 476), fechada en época altoimperial (Urteaga 2003:94). 

En 1998 con motivo de la construcción de un bloque de viviendas y garajes en los solares de Tadeo Murgia (trasera de Santiago Karrika 35-37) se programó una intervención destinada a la extracción y contextualización arqueológicas del muelle. Se definió una superficie de excavación de 25 m x 13 m, iniciándose las labores de entibación (Urteaga y Gereñu 2003: 437). 

En un primer momento se rebajó un metro en una banda perimetral, de 2 m de anchura, para preparar el terreno para colocar los perfiles metálicos a una distancia de medio metro unos de otros, rodeando el área de la intervención. Posteriormente se unieron en coronación con una solera armada de hormigón y, tras esta fase de trabajos, se llevó a cabo la excavación mecánica hasta la localización del nivel natural de lodo del estuario.

Después de la realización de todos estos trabajos previos dio comienzo la intervención.

Urteaga (2006: 94; 2008: 34) indica que “tras la excavación en área se comprobó que correspondía a un muelle de atraque resuelto mediante cuatro gradas, con zócalo de piedra y huella de madera; también se constató la existencia de almacenes asociados. 

Se disponen en terreno inundado, alineadas con respecto al eje longitudinal del solar, ocupando el sector occidental, el más alejado de las aguas; tienen una anchura media de 2 m y un desarrollo máximo de 18 m. La grada inferior se compone de una plataforma de losas regulares de piedra ordenadas a través de un frente regular sobre la que descansan, transversalmente, troncos de diferentes especies y diámetros. El alzado de la grada, incluyendo la plataforma de piedra y las piezas de madera, es de 40 cm. 

La segunda grada se levanta 20 cm sobre la primera, repitiendo lo comentado en la descripción de esta última; luego se observa una tercera de la que sólo se han conservado las losas del frente del zócalo; éste se coloca 20 cm sobre la cota de la grada inmediatamente inferior. 

La cuarta y última grada se advierte exclusivamente a través de la alineación de la plataforma de piedra, observándose que mantienen la progresión de cota observada, 20 cm superior al plano de la plataforma inferior; de esta manera, con las cuatro gradas se salva un desnivel aproximado de 1-1,20 m; a la altura de la cuarta grada, en el ángulo suroeste del área de excavación se han registrado cimentaciones de edificios, a los que se ha identificado con almacenes. 

Al pie del muelle se extendía la lámina de agua por la que accederían las embarcaciones, detectándose un fuerte buzamiento de los niveles naturales, y rellenos prácticamente estériles. 

Sin embargo, en el sector meridional, donde el muelle se unía a tierra firme en su eje longitudinal, se aprecian grandes rellenos hasta la cota de las gradas, de más de un metro de potencia que parecen ser resultado de un menor calado, del arrastre de materiales a la orilla y de sucesivos aportes antrópicos, desechos en las descargas, vertidos, etc.

En cuanto a los sedimentos de época romana, se registran bajo una capa de limos naturales con un espesor de 20 cm a 50 cm, estrato que, a su vez, se encuentra cubierto por depósitos de relleno y escombro que sirvieron para ocupar la marisma a finales del siglo XIX.

La cronología abarca los siglos I d.C. y II d.C. Teniendo en cuenta las evidencias arqueológicas y los resultados de los estudios detallados sobre el comportamiento geomorfológico del dominio del estuario asociado al área de excavación, se propone la fundación del muelle entre los años 70 d.C. y 120 d.C., mientras que la actividad se prolonga a lo largo del siglo II d.C., sin que se hayan identificado indicadores posteriores, por lo que se supone que se produjo su abandono (Urteaga 2008, 35).

 


Fig. 5. Muelle de atraque de Tadeo Murgia (Foto: FUNDACIÓN ARKEOLAN).

 


TERMAS BERAKETA.

Localización: Calle Escuelas 3.

Año de intervención: 1994, 1996, 2002 y 2005.

Dirección: Marian Gereñu y Mertxe Urteaga.

Sigla: EJI 96 y MOI 02.

Los antecedentes a la intervención de las termas de Beraketa se encuentran en las obras en el solar del nº 28 de la avenida de Salís, efectuado en el año 1994, y donde se pusieron al descubierto una serie de testimonios inequívocos como ladrillos y arcillas enrojecidas por el fuego, que fueron interpretadas como un posible horno (Gereñu et alii 1997: 475). 

Estos resultados permitieron plantear una campaña de sondeos para evaluar el potencial arqueológico del solar colindante, en la parte trasera de las antiguas escuelas del Junkal, en 1996. 

Se realizaron un total de tres sondeos de prospección: un primer sondeo rectangular, paralelo a la calle Sarasate, otro intermedio y uno último junto al talud de la avenida de Salís. Los sondeos superiores resultaron estériles y los inferiores estaban muy alterados por la obra de construcción del nº 28 de la avenida de Salís.

Serán los sondeos intermedios- 3A, 3B y 3C- los que fueron positivos. Gereñu et alii (1997: 476) apuntan que: “(…) en éstas aparece un tramo de cimentación de muro. 

Tiene 96 cm de anchura y una disposición circular. En la parte interior se observa un pavimento de ladrillo que se extiende por la superficie de las catas 3B y 3C; unos 12,5 m2. Se trata de un opus spicatum construido con piezas de 9 x 5,5 x 3 cm, cuyo estado de conservación es bueno, observándose, donde las piezas han desaparecido, la huella dejada en la cama de hormigón, cuando fueron colocadas sobre la masa fresca, un mortero rosado del tipo hidráulico.

En la parte externa del muro se extienden depósitos de ocupación en los que se han recogido un lote de ajuares de interés, entre los que se destacan dos pequeños bronces bajo imperiales”.

La segunda fase de estudio del complejo de las termas vino motivada por el proyecto de remodelación del edificio de las antiguas escuelas del Junkal para la instalación del museo Oiasso en el año 2002. La excavación arqueológica se efectúo sobre un área aproximada de 52 m2, correspondiente a un sondeo de 13 x 4 m. Tras la eliminación de los niveles superiores mediante medios mecánicos, apareció la estructura de hormigón de las escaleras de comunicación del antiguo edificio de las escuelas con el solar y relleno orgánico. 

El resto de los depósitos se excavaron manualmente, identificándose tres dependencias, delimitadas por varios muros, relacionadas con las termas. Gereñu (2002: 491) apunta que estos espacios se caracterizan, el primero de ellos, por un pavimento de opus spicatum con ladrillos de 9 x 4 x 2,5 cm definido por una serie de muros; de la segunda dependencia se han conservado muy pocos restos y se encuentra determinada por un muro, habiéndose documentado en la misma cuatro columnas o pilae de ladrillos bessalis (22 x 22cm) que son el apoyo de las suspensurae de una de las bañeras calefactadas; y la tercera estancia se encuentra delimitada por varios muros, en cuyo interior se conservan 12 pilas de ladrillos bessalis, que sirven de apoyo a una bañera calefactada, y en cuyo suelo se han registrado también restos de carbones, que hacen pensar en la cercanía del horno o praefurnium. 

A la vista de los resultados, tanto el Ayuntamiento de Irún como la Diputación Foral de Gipuzkoa consideraron la necesidad de modificar el proyecto inicial de obra y reubicar las instalaciones previstas para este espacio, resolviendo realizar una excavación en área de todo el solar para incorporar los restos arqueológicos al museo.

Finalizadas las obras de la fase arquitectónica del proyecto de construcción del Museo, se llevaron a cabo las excavaciones arqueológicas en el solar trasero. La opción de la excavación en toda su superficie, en área, se impuso ante la necesidad de conocer la entidad de los restos arqueológicos y poderlos incorporar al discurso del museo; los trabajos se desarrollaron entre abril y septiembre de 2005.

El complejo termal se compone de una gran estancia absidiada, el frigidarium, de 84 m2 con su pavimento original realizado con pequeños ladrillos en forma de espiga o espina de pez, opusspicatum, que conserva también el sumidero y el canal de desagüe asociado al mismo. 

Así mismo, cuenta al menos con dos dependencias calefactadas, que aunque no se encuentran completas, han conservado la infraestructura necesaria para la circulación del aire caliente. 

Se trata de varias columnas construidas con ladrillo, llamadas pilae, sobre las que se apoyaba el suelo de las estancias (Urteaga 2006: 145 y 146). También se han registrado tres habitaciones asociadas al complejo, probablemente pertenecientes a una fase posterior, todas ellas de dimensiones iguales, unos 20 m2, que conservan los muros perimetrales a nivel de cimentación. 

El abastecimiento de agua para las termas se realizaba a través de unos canales construidos en piedra que recogían el agua de la zona alta de la colina. Son de destacar también los ajuares arqueológicos recuperados en las distintas intervenciones. 

Además de materiales de construcción de todo tipo como ladrillos específicos para pavimentos o revestimiento de paredes, mármoles, restos de tubería cerámica o tégulas, se han recogido abundantes objetos de adorno o relacionados con la indumentaria, como anillos, botones, fíbulas, agujas para el pelo, etc.

Finalizados los trabajos arqueológicos, se ha considerado necesario realizar una cubrición provisional de los restos, destinada a la protección de los mismos hasta la elaboración del correspondiente proyecto de musealización (Urteaga 2006: 145 y 146).

 

 

Fig. 6. Vista general de las termas de Beraketa (Foto: FUNDACIÓN ARKEOLAN).

Su cronología abarca los siglos I d.C.-IV d.C. Como bien indica Urteaga (2017: en prensa) la horquilla cronológica de inicio del complejo termal se puede situar en los años posteriores al año 70 d.C. y se cierra con anterioridad a los años 100 d.C.-150 d.C., permaneciendo en uso hasta el siglo IV d.C. como bien indica el conjunto de monedas bajoimperiales recuperadas. 

 

CALLE SANTIAGO 24-26 Y 27.

Localización: Calle Santiago 24-26 y 27.

Año de intervención: 2001.

Dirección: Mertxe Urteaga.

Sigla: SKI 01 y SPI 01.

En el año 2001, durante las obras de vaciado de los inmuebles 24-26 y 27 de la calle Santiago, se incrementó el número de depósitos de época romana de tipo portuario. Según Urteaga (2001b: 16; 2002: 478; 2011: 215): “En el caso del número 27, la cata realizada permitió determinar la existencia de un edificio con cierres escuadrados, a la cota -1,40 m. 

En el solar situado al otro lado de la calle, se confirmó la presencia de depósitos portuarios a la cota de -2,5 m”.

En el primero de los ejemplos citados, los resultados se suman a los registros en el número 29 de la misma calle, y marcan una línea intermedia entre los muelles de la calle Santiago y los de Tadeo Murgia, mientras que el segundo ejemplo indica la existencia de asentamientos portuarios más al Oeste, que superan en 30 m el punto más extremo de los registrados. La cota a la que aparecen confirma el buzamiento reconocido en los estratos arqueológicos del entorno, coincidiendo con la caída de las pendientes de la ladera sobre la que se asientan.

 

CALLE SANTIAGO 55,57 y 59 BIDASOA 3.

Localización: Calle Santiago nº 25 y 27 y Bidasoa 3.

Año de intervención: 2008-2009.

Dirección: Mertxe Urteaga y Pia Alkain.

Sigla: IBI 08.

Los antecedentes a la intervención de la calle Santiago 55, 57 y 59 y Bidasoa 3 provienen del proyecto de construcción de viviendas y un sótano de dos alturas en este emplazamiento. Los trabajos se llevaron a cabo durante el mes de enero del 2008, planteándose una serie de sondeos de evaluación.

El resultado fue la localización de un área extensa de ocupación romana entre los siglos I d.C. y II d.C., limitándose en una extensión de 800 m2 y 1 m de potencia (Urteaga et alii 2009: 4).

Durante los meses de agosto del año 2008 y septiembre del año 2009 se llevó a cabo la intervención arqueológica en un espacio de 1000 m2 de excavación en el solar situado en la esquina entre las calles Santiago y Bidasoa, donde lo más destacable fue el registro de un complejo de edificios destinados al almacenamiento de mercancías, situados en las inmediaciones del estuario, de cuyas aguas se defendía mediante muros de contención, pero sin la existencia de muelles o de instalaciones portuarias (Urteaga y Arce 2011: 216).

El edificio, que mejor se conserva, era un horreum de unos 14 m de ancho, registrándose las cimentaciones de los cierres laterales de piedra, con 75 cm de ancho y aparejados en seco. 

Aunque se desconocen las medidas exactas, debido a que había desaparecido el cierre norte y el sur se situaba fuera de los límites de la intervención arqueológica, se documentó un tramo de 18 m de longitud que permite vislumbrar una construcción de planta rectangular y con orientación norte-sur (Urteaga y Alkain 2009: 8; Urteaga y Arce 2011: 216). 

En el interior del edificio y centrados respecto al eje longitudinal del mismo, se registraron dos filas paralelas de hoyos cuadrangulares, con unas medidas medias de 1 m de ancho y 50 cm de profundidad, y colmatados por piedras más o menos ordenadas en distintos niveles, estando el último de ellos mejor asentado y sobresaliendo con respecto a la rasante; cinco hoyos en una alineación y cuatro, en la otra. 

Entre las líneas de hoyos, dispuestos de forma longitudinal y paralelos, se identificaron los restos de tres muros, aparejados en seco, de reducida sección y apenas conservaban las tres hiladas de piedras, conservándose una longitud máxima de 12 m; el otro de 9 m y el más pequeño 2 m. Se ha interpretado como un espacio de almacenaje mínimo de 210m2, dividido en tres crujías o naves de 4 m de ancho.

Junto al cierre este del edificio del horreum se registraron unas dependencias rectangulares, colocadas en batería y perpendiculares, y que conservaban una hilada de sus cierres de piedra. Las dimensiones aproximadas de estos espacios eran de 10 x 5 m, constituyéndose un espacio útil de 50 m2. 

Según Urteaga y Alkain (2008: 9): “En la estancia situada más al norte se localizaron varios pavimentos superpuestos, ejemplo de diferentes reformas; en primer lugar, se localizó un nivel de escoria de gran potencia, posiblemente instalado como pavimento aislante y drenante; bajo él se registraban los restos de un segundo pavimento de piedras. 

En la dependencia anexa el espacio de ocupación estaba colmatado por un depósito arqueológico en el que se registraba un elevado volumen de cerámica y vidrios”.

En el extremo sur del solar se localizó la impresión de un muro de características similares a las de los cierres del horreum, con orientación norte-sur. La estructura conservaba un desarrollo de 11 m, una anchura de 70 cm, y se registró únicamente la última hilada del muro. 

En el sector norte los depósitos arqueológicos se hallaban muy alterados por la erosión fluvial, constatándose la presencia de dos alineaciones de piedras dispuestas de forma escuadrada que habrían formado parte de un pequeño dique de contención de las aguas del estuario.

La cronología se sitúa a lo largo de los siglos I d.C. y II d.C. Con los datos disponibles, la cronología de la ocupación del yacimiento se ha establecido desde el cambio de Era hasta el siglo II d.C. Alkain (2009-2010: 29) apunta que: “tomando como referencia cronológica la datación de las sigillatas itálicas y las lucernas de “cabeza de ave”, reconocidas en los niveles iniciales del yacimiento y anteriores a la construcción de los horrea, la abundante sigillata sudgálica cuya presencia en Oiassono parece superar el reinado de Nerón, y los modelos de sigillata hispánica recuperados, puede plantearse que el establecimiento y ocupación de los almacenes descubiertos transcurra durante las dinastías Julio-Claudia y Flavia.”

 

Fig. 7. Vista general de la intervención arqueológica de la calle Santiago 55, 57 y 59 y Bidasoa 3 (Foto: FUNDACIÓN ARKEOLAN).

 

PLAZAS SAN JUAN Y JENARO ECHANDÍA.

Localización: plaza San Juan y Jenaro Echandia.

Año de intervención: 2010 y 2012.

Dirección: Mertxe Urteaga y Pia Alkain.

Sigla: PSJ10 y PSJ12.

En los últimos años se habían propuesto para este espacio, plazas San Juan y Jenaro Echandia, zona emblemática de la ciudad, una serie de soluciones urbanísticas con la intención de mejorar su aspecto y articulación urbana. 

El equipo ENSANJUAN 2 del Estudio de Arquitectura Uzcanga Arquitectos, SL., ganador del concurso, redactó un plan para la construcción de un aparcamiento subterráneo, la sede de la Biblioteca Municipal, un auditorio y un hotel.

La primera fase de este plan constructivo comenzó con las obras de la biblioteca y de las tres plantas del aparcamiento subterráneo asociado, que ocupan una superficie de unos 6500 m2. 

A efectos arqueológicos, ha supuesto la excavación del subsuelo en toda la superficie del solar para habilitación de distintas ocupaciones en sótano. Estos trabajos se ejecutaron en varias fases durante un período de tiempo aproximado de siete meses, entre los meses de febrero y agosto de 2010.

 



Fig. 8. Etapas en las que se llevaron a cabo dichos trabajos (Alkain 2011: memoria inédita).

La serie estratigráfica registrada se ordenaba en cuatro etapas que completaban la zona alta de la Plaza San Juan. Todo ello concierta un espacio en el que los descubrimientos de mayor identidad se situaban en la zona central de la rotonda, localizándose los sedimentos romanos en grandes bolsadas, identificándose con huellas de intervención en las arcillas y gravas del terreno natural (pozos, habitáculos subterráneos, hondonadas colmatadas por rellenos, etc.). 

Sobre estos contextos se sobrevenían de forma fraccionaria los sedimentos de época medieval, y elementos de valor descontextualizados (localización de restos de telares modernos); por último, los testimonios de época contemporánea asociados a las edificaciones derribadas, en el entorno de la Plaza san Juan y calle Iglesia.

Según Alkain (2011: memoria inédita) la zona alta de la plaza de San Juan ha permitido el registro de una interesante estratigrafía de época romana contextualizada en torno al siglo I d.C. 

Los depósitos se conservaban por debajo de los niveles de ocupación de los edificios con fachada a la calle Iglesia, habiéndose identificado una serie de hoyos y hondonadas artificiales efectuadas en el terreno natural. 

También se comprobó que los edificios con fachada a la Plaza San Juan habían tenido una ocupación en sótano provocando la desaparición, en caso de haber existido, de todos los testimonios de época romana y medieval. Como apuntan los investigadores, la parcialidad de los restos se debe en parte a la eliminación de los sedimentos arqueológicos durante el proceso de obra sin control arqueológico.

Aun así se puede afirmar, según Alkain (2011: memoria inédita) y Urteaga y Arce (2011: 217), que: “el excepcional estado de conservación de los materiales arqueológicos parece deberse a que se han descubierto asociados a una importante operación de remodelación urbana en la que se rellenaron las zonas deprimidas del asentamiento para obtener una superficie aterrazada. 

Las hondonadas citadas se aprovecharon, con este motivo, como zonas de vertedero en las que se fueron acumulando los objetos desechados a lo largo del siglo I d.C. Las posteriores intervenciones en época medieval y moderna para la construcción de viviendas también provocaron una nueva alteración del subsuelo y probablemente la desaparición de los testimonios asociados a las últimas ocupaciones de época romana. 

Todo ello compone un escenario en el que los descubrimientos de mayor entidad han estado limitados a la zona central de la rotonda de San Juan Harria; se han localizado los sedimentos romanos en grandes bolsadas que corresponden a huellas de intervención en las arcillas y gravas del terreno natural (pozos, habitáculos subterráneos, hondonadas colmatadas por rellenos, etc.) con motivo de la operación de reordenación urbana comentada que parece haberse realizado a finales del siglo I d.C.

La segunda fase, desarrollada entre los meses de abril y julio de 2012, fue producto de la intervención en el entorno de las plazas San Juan y Jenaro Echandía, concretamente a la zona denominada Bixera. 

A efectos arqueológicos, la nueva operación urbanística suponía la excavación del subsuelo en una importante superficie para la explanación del lugar y la construcción de un espacio ajardinado suavizando de esta manera la diferencia de cota entre la parte baja de la Bixera o Avenida de Navarra y la Calle Iglesia.

Por ello los objetivos de la intervención arqueológica, a la vista de los resultados arqueológicos de 2010, se centraban en la identificación de los sedimentos arqueológicos asociados a las distintas ocupaciones del espacio, con especial interés en los testimonios de época romana y medieval.


Fig. 9. Los trabajos arqueológicos de la segunda fase.

En la zona alta de la Bixera a pesar de los distintos movimientos de tierras sufridos en época contemporánea, y como único elemento bien contextualizado, se registró un sótano asociado a un antiguo edificio del siglo I d.C., probablemente compensado a finales del mismo siglo con material procedente de la escombrera o vertedero, que conservaba siete estacas de madera hincadas verticalmente en el extremo Suroeste del hoyo y que se han interpretado como parte de la sujeción del suelo de madera que tendría el sótano (Alkain 2012: 28). 

Los investigadores proponen que la despensa, al situarse en el interior de una vivienda, tendría un techo de madera que a su vez funcionaría como suelo de la misma. En uno de sus extremos el sótano tendría una trampilla o tapa móvil por la que acceder a la cámara subterránea.

Según Alkain (2012: 28): “La hipótesis de trabajo que manejamos para la contextualización dela amortización de estos sótanos se localiza cronológicamente en época flavia; se ha de tener en cuenta que es en este periodo cuando se asiste a la etapa de mayor esplendor de Oiasso, coincidiendo con la dotación de las instalaciones portuarias, que se prolonga hasta finales del siglo II d.C.; será también cuando el asentamiento se reurbanice totalmente y se dote de elementos emblemáticos que caracterizaban a las ciudades, hasta obtener la imagen de una aglomeración urbana de tamaño medio, de plano regular, con una necrópolis de urnas de cremación en el extrarradio, importantes instalaciones portuarias a los pies de la colina de Beraun, un complejo de baños públicos, almacenes (horrea), además de un extenso distrito minero en el entorno, restos de cimentaciones de un puente sobre el Bidasoa y otras evidencias”.

Teniendo en cuenta que en 2010 se localizó otro hoyo de características similares, con la misma orientación, se plantea la existencia en este espacio de una serie de viviendas con sótanos o despensas que desaparecieron a finales del siglo I d.C.

La zona alta de la plaza de San Juan ha permitido el registro de una interesante serie estratigráfica de época romana contextualizada en torno al siglo I d.C.

 


Fig. 10. Vista general de la intervención en la plaza San Juan (Foto: FUNDACIÓN ARKEOLAN).