Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 

 

 

 

Cuadernos de Arqueología Universidad de Navarra. 6, 1998, págs. 139-163,

LA NECRÓPOLIS DE SAN PELAYO (ALEGRÍA-DULANTZI, ÁLAVA) y LA CUESTIÓN DE LA FECHA DE INICIO DE LAS NECRÓPOLIS DE TIPO MEROVINGIO EN ÁLAVA.

Aitor IRIARTE KORTÁZAR* * Instituto Alavés de Arqueología. San Antonio, 41 - 01003 Vitoria-Gasteiz.

 

 

Cronología.


"Llama la atención en Aldaieta la abundancia de hebillas arriñonadas con su aguja escutiforme... Estos objetos, que son tan característicos del ajuar personal, responden al grupo de Bronzeschnallen A6 que K. B6hner ubicara para Renania básicamente en su nivel III (ca. 520-600) aunque sean anteriores en origen (nivel Il).


En propuestas cronológicas más modernas, pertenecerían al tipo 52 de P. Perin que este autor sitúa entre las fases ABD y DEF (ca. 480-580) dentro del estudio que efectuara para la región de Ardennes y Meuse en el Nordeste francés y que viene a coincidir con el que R. Legoux realizara en la necrópolis de Bulles (tipo 19 de Legoux, fases ABC a CDE, es decir, de fines del siglo V al 580 aprox.)... Las hachas de combate merovingias...K. B6hner las sitúa -en sus diferentes variantes formales- dentro de su nivel Il (ca. 450-525) y su nivel III (ca. 525-600). P. Perin (tipos 8-12) entre sus fases ABD e inicios de DEFGH (es decir, hasta finales del siglo VI e inicios del VII)... de las puntas de lanza recuperadas... una parte importante corresponde al tipo de punta lanceolada de sección losángica con enmangue tubular abierto, adscribible, según P. Perin, a sus fases ABD-DEF (hasta 570/80 aprox.) ( 47 ).

Inopinadamente, después de esas impecables premisas, Azkarate pasa directamente a situar el arco temporal de Aldaieta "a lo largo de la segunda mitad del siglo VI y de buena parte del siglo VII ( 48 ). Parece un poco forzado, quizá este retrasar al máximo la fecha del comienzo de utilización sea para acercar más cronológicamente el fenómeno de la comunidad humana de Aldaieta -y otros puntos del enclave franco- a la serie de eventos que cita a continuación ( 49 ) y en los que se basa para postular sesgadamente la existencia de una entidad política independiente vascona- aquitana en época tardoantigua ( 50 ). 

Como refuerzo a los arcos temporales arriba traídos a colación por Azkarate, se debe tener en cuanta, además, el solape con las cronologías proporcionadas por los recipientes de vidrio: De entre los publicados por él en sucesivos números de Arkeoikuska -un total de seis ejemplares-, tres pertenecen a la forma T.81.0 de Feyeux ( 51 ), que Périn ( 52 ) fecha en sus fases IIa/b (ca. 450/480-90 a 520/30) y lIla (ca. 520/530 a 550/560); uno ( 53 ) a la T.81.3k, idénticamente fechada; uno ( 54 ) a la forma T.51.3l, idénticamente fechada; y sólo uno ( 55 ) pertenece a la forma T. 55.0, datada por Périn ( 56 ) desde mediados de su fase lIlª (ca. 520/530 a 550/560) hasta mediados de la IVb (ca. 620/630 a 650/660).

Teniendo en consideración todo lo anteriormente expuesto, parece que sería mucho más razonable hablar de que la creación de la necrópolis de Aldaieta se produjo durante la primera mitad del siglo VI ( 57 )-


  ( 47 ) Azkarate (1994), pp. 68-70. Una redacción algo anterior, pero prácticamente idéntica, en (1993b), pp. 170-171.

( 48 ) Aceptando esta redacción (Azkarate, 1994, p. 71) Y suponiendo que el "a lo largo de la segunda mitad del siglo VI y de, al menos, parte del VIII" que aparece en la misma -casi idénticamente redactada- sección de un artículo suyo anteriormente publicado (1993b, p. 171), sea una mera errata tipográfica.

( 49 ) Azkarate (1993b), pp. 171-175. Otra relación, sólo ligeramente diferente, en Azkarate (1995), pp. 71-75.

( 50 ) Si tanto en Buzaga como en Pamplona algunos elementos de cinturón comparten características con sus homólogos aquitanos puede ser porque, en efecto, pertenecieran a individuos de origen aquitano; pero de ahí a -tras realizar la ecuación "aquitanos" = rebeldes contra el poder central franco- caracterizar como a tales a los inhumados en todas las necrópolis, incluso a los de las dos alavesas, cuyos ajuares no han dado la menor prueba de ello, parece excesivo. Azkarate finaliza así -de forma harto inquietante- la recapitulación final de su último resumen anual enviado a Arkeoikuska (1995, pp. 75-76): "Tanto Aldaieta, como Buzaga y Pamplona -otras dos de las necrópolis navarras coetáneas-, en consecuencia, no hacen sino reflejar una realidad histórica no valorada suficientemente y en la que contemplar a los vascones (entendido el etnónimo en el sentido de época tardoantigua y no en el de época romana) participando activamente en el enfrentamiento de los aquitanos contra los merovingios primero y carolingios más tarde. La extensión de determinados aspectos culturales francos en Aquitania hace que éstos -reinterpretados ya por el genio aquitano, tal y como reflejan los broches de Buzaga- tengan también su reflejo en los territorios cispirenáicos, partícipes de un área especifica aquitano-vascona que trató de vivir al margen tanto de francos como de visigodos." Esta exposición tiene un no sé qué de slogan político y, lo que es peor en términos científicos, mucho de idea preconcebida.

( 51 ) Azkarate (1995), pp. 61, 67 Y73. Uno de esos cuencos es el perteneciente al magnífico ajuar de la tumba nO 28 (1992, p. 47; 1993, p. 63) Yque Azkarate describe como la fundacional de unos de los grupos (1992, p. 49 Y1993b, p. 166) del sector oriental y más antiguo de Aldaieta.

( 52 ) Périn (1995), fig. 5.

( 53 ) Azkarate (1995), p. 73.

( 54 ) Idem.

( 55 ) Idem, p. 61.

( 56 ) Périn (1995), fig. 4.

( 57 ) En cuanto a su final, no parece que se pueda llevar más allá del siglo VII. Dentro de lo publicado, es muy interesante la mención de Azkarate (1994, p. 70) a que "Otros tipos (de puntas de lanza), sin embargo, pudieran ser algo más tardíos, prolongando la fecha de la necrópolis hasta bien entrado el siglo VII. Su aparición en los grupos que se inhuman en dirección W-E y su ausencia entre quienes lo hacen en dirección S-N y N-S es, en este sentido, muy significativa." A añadir a esas fechas, seguramente, el recipiente de vidrio de la forma T.55.0 que he comentado un poco más arriba.


 

A pesar de la poca y deficiente información que ha suministrado la necrópolis de San Pelayo, afortunadamente, se pueden extraer de ella preciosos indicios cronológicos sobre, al menos, sus fechas de utilización más antiguas.

Ya he descrito en el apartado correspondiente los dos ejemplares de cuencos de vidrio de la forma Feyeux T.81.0 recuperados por mí en prospección; su marco temporal de vigencia sería -lógicamente- el mismo dado para las piezas análogas, procedentes de Aldaieta. El fragmento de boca de la forma T.20 ó T.l0 -formas ambas también encuadradas por Périn ( 58 ), en sus fases lIa/b y lIla (ca. 450 a 560)- no hace sino reforzar la datación.

Con todo ello, parecería que el origen de San Pelayo pudiera estar a la par que el de Aldaieta, ahora bien, en San Pelayo se añade un nuevo elemento diferenciador: la presencia de Sigillata Hispánica Tardía en los ajuares. Ya he mencionado que recogí restos de cinco recipientes de TSHT ( 59 ). Aunque sólo se pueda afirmar con seguridad de tres de ellos, seguramente todos pertenecían a la forma Paz 83, tipo B.

Dicha forma es una de las de más reciente aparición dentro de las tardías, J. A. Paz fecha el inicio de la fabricación del tipo B posiblemente algo después del de la del tipo A, datado "tal vez en torno afines del siglo IV o principios del V, ( 60 ).En cuanto a su final, lo hace llegar "hasta el término de la producción de los alfares hispánicos, ( 61 ) ésto es, "a fines del siglo V o principios del siglo VI, tal vez en su primer decenio,( 62 ).

Recordando que uno de los recipientes de TSHT iba acompañando, en el conjunto VII, a elementos tan significativos como un cuenco de vidrio Feyeux T.81.0, una ollita modelada, una punta de lanza y una cuenta de pasta vítrea y que otro lo hacía, en el conjunto X, de nuevo a un cuenco de vidrio T.81.0, resulta que marcan un claro término liante quem" para la creación del cementerio de San Pelayo.

Dado que el resto de los elementos de ajuar imposibilitan una fecha "post quem" anterior al cambio de la Centuria quinta a la sexta, no queda otro remedio que asignar una fecha a comienzos del siglo VI de J. C. para las que serían las primeras tumbas de la necrópolis de San Pelayo ( 63 ).Hablar de la fecha de su final sería, en el fragmentario estado actual de nuestros conocimientos, cuando menos temerario.

El reajuste de fechas que acabo de proponer permite sin problemas conectar el inicio del fenómeno del enclave merovingio -al menos, en lo que concierne a San Pelayo, y no olvidemos el desfase que pudiera haberse producido entre el inicio efectivo del asentamiento y sus primeros muertos- con un evento histórico crucial: El hundimiento del reino visigodo de Tolosa.

Cuando el sumamente competente rey de los francos Clodoveo -de cuya astucia no fue la menor de las pruebas su conversión al catolicismo el año 496- hubo aglutinado suficiente fuerza a su alrededor, se decidió a cruzar la frontera del Loira para atacar a su vecino del sur. La batalla que le plantaron los visigodos en Vogladum (quizá Vouillé), cerca de Poitiers, en el mismo año 507, terminó en el desastre, incluyendo la muerte de su rey Alarico II.

Tras ésto, el reino de Tolosa se derrumbó como un castillo de cartas, de forma parecida a cómo lo haría el de Toledo poco más de dos siglos después, quizá en ambos casos porque los monarcas visigodos nunca tuvieran éxito en el difícil arte de mantener medianamente contentos a sus súbditos. En medio de semejante marasmo, y teniendo en cuenta que la intervención del gran rey ostrogodo Teodorico en favor propio y de lo que quedaba del reino de su nieto Amalarico se produjo en Septimania y Provenza, no tiene nada de extraño que las tropas francas rebasaran en su avance los Pirineos por su parte occidental y llegaran hasta donde quisieron o hasta donde pudieron.

Se tendría de ese modo una nueva explicación -mucho más plausible, desde mi punto de vista- para la creación en nuestras tierras de ese entrante del reino merovingio cuya existencia se va haciendo, día a día, más palpable.

¿Qué se puede decir acerca de sus características y extensión?


( 58 ) Périn (1995), fig. 3.

( 59 ) Ver nota 5.

( 60 ) Paz (1991), p. 93.

( 61 ) Idem.

( 62 ) Idem, pp. 230-231. La total ausencia de TSHT en la necrópolis de Aldaieta es, a su vez, prueba de que este tipo de cerámica había ya desaparecido de circulación bien antes de mediados del siglo VI.

( 63 ) La propia forma de la planta del sarcófago, rectangular, abogaría también a favor de esta fecha temprana, puesto que los sarcófagos francos clásicos de la segunda mitad del siglo sexto y séptimo presentan una característica planta trapezoidal. También una de las dos "franciscas" por mí recuperadas presenta rasgos poco avanzados, que la acercan a las formas de las hachas romanas tardías, de las que evolucionaron estas armas francas.



Consideraciones macroespaciales.


Es significativo, en primer lugar, que los siete yacimientos conocidos hasta la fecha sean necrópolis. Los hábitats correspondientes a esos cementerios, con la excepción de la ciudad de Pamplona, aparecen -cuando son conocidos o, al menos, se ha teorizado acerca de su localización- como reocupaciones -de intensidad desconocida- de antiguos poblados fortificados de la Edad del Hierro. La presencia de armas en los ajuares parece un factor constante, dentro de lo que serían las tumbas masculinas.

 Los inhumados en las necrópolis parecen ser, por lo tanto, soldados y sus familias, establecidos en pequeños asentamientos, sin gran significado urbanístico, pero dotados de una fuerte componente defensiva. A título de mera hipótesis -y sin la menor intención de reavivar viejos fantasmas de inexistentes limites tardorromanos ya, por fortuna, medio olvidados-, se podría plantear la existencia en esos puntos de guarniciones, controlando la línea fronteriza con el reino visigodo.

Dando ese carácter y esa ubicación fronteriza por supuestos, que no es poco, sería factible una tentativa de delimitación para la zona bajo control merovingio, simplemente marcando las localizaciones de los puntos conocidos -muy pocos todavía, es cierto- sobre el mapa: Partiendo del punto más oriental conocido, Buzaga (Elorz, Navarra), los dos siguientes hacia occidente van bordeando por el sur de Pamplona ( 64 ). hasta cerca de Puente la Reina. Un salto -demasiado grande- nos lleva, casi en horizontal, hasta San Pelayo (Alegría, Álava), sobre la calzada Astorga-Burdeos.

Con una inflexión hacia el nordeste la línea sigue por Aldaieta (Nanclares de Gamboa, Álava) y, finalmente, tras un nuevo gran vacío, pero completando una trayectoria extrañamente recta, se llega a Finaga (Basauri, Bizkaia), ya a la vista del mar. Los nuevos emplazamientos, de los que sin duda quedan todavía bastantes por descubrir, se encargarán de confirmar o de desmentir esta teórica delimitación del "saliente" franco.

Resulta curioso ver cómo queda fuera de esta posible línea defensiva Vitoria y, mucho más, Iruña/Veleia, las dos candidatas a ser el Victoriacum de Leovigildo. También queda fuera el, por desgracia no recuperado bajo control arqueológico, enterramiento en la cueva de Los Goros ( 65 ) (Hueto Arriba, Álava), claramente visigodo.

Tras un período de consolidación de la nueva frontera entre francos y visigodos y una segura aceptación tácita del estado de cosas, lo más seguro es que un monarca expansionista como Leovigildo recurriera al viejo expediente de disfrazar una campaña de invasión del territorio vecino bajo el pretexto de someter a unos supuestos súbditos rebeldes.


El resultado de esta operación del 581 es relatado por Juan de Bielara: "Leovigildus rex partem Vasconiae occupat, et civitatem quae Victoriaco nuncupatur, condidit." Chronica, 11, 216 (ad ann.581?). Si Leovigildo ocupó sólo parte de Vasconia, la explicación más sencilla es que fuera por imposibilidad de lograr más en ese momento. 

Sacar a colación -como hace Larrañaga ( 66 )- una "maniobra en tenaza" contra los Vascones, deducida por la coincidencia en fechas de las expediciones de Leovigildo y de la del dux franco Bladastes relatada por Gregorio de Tours (Historia Francorum, VI, 12), resulta tan plausible como suponer que sus respectivas "campañas de castigo" contra los Vascones encubrieran, en realidad, una guerra limitada no declarada entre visigodos y francos. Aún en fechas no muy lejanas de las nuestras se ha utilizado en situaciones de "guerras frías" esa excusa de castigar sublevados o guerrilleros para tratar de efectuar ajustes fronterizos -entendiendo las fronteras en el sentido amplio contemporáneo de políticas de bloques- mediante guerras no declaradas -ni declarables- entre estados o poderes colindantes. 

En cualquier caso -sea Victoriacum la actual Vitoria o, lo que parece mucho más probable, Iruña/Veleia ( 67 )- esta fundación cobraría toda su lógica como creación o recuperación de un plaza fuerte que oponer a los enemigos del otro lado, sobre todo, después de lo que aparece como una anexión territorial.

Otro fenómeno que cobraría nueva dimensión con esta supuesta frontera sería el de los complejos eremíticos rupestres. Éstos, dentro de lo que se ha podido dilucida ( 68 ), presentan las más antiguas inscripciones murales en sus iglesias a partir de finales del siglo VI. Teniendo en cuenta que, para cuando un monasterio se define como tal -y hasta tal punto de "erigir" una iglesia- ha debido pasar un largo período de tanteos y la consabida retirada previa al paraje del anacoreta fundador o fundadores prestigiosos, no resulta demasiado forzado suponer para el inicio del fenómeno eremítico una fecha a comienzos del mismo siglo ( 69 ).

Es evidente que las zonas de cenobios rupestres ( 70 ) quedan bien fuera de la línea teórica que he trazado para la supuesta fronter?; no obstante, sí podrían englobarse dentro de lo que sería la "tierra de nadie", ya dentro de la retaguardia del territorio controlado por los visigodos, pero suficientemente apartada y "desierta" para satisfacer las aspiraciones de retiro de un grupo de anacoretas.El final de la ocupación franca en el área dista todavía bastante de poder ser fijado. Se podría conectar -como hace Larrañaga ( 71 ) - con la mención que hace el Pseudo-Fredegario (IV, 33) al paso a manos del rey visigodo Sisebuto (612-621) de "provinciam Cantabriam..., quam aliquando Franci possederant.". 

Pero, si para las necrópolis alavesas estas fechas pudieran ser aceptables, no lo parecen tanto para el cementerio navarro de Pamplona, algunos de cuyos elementos de ajuar son datados por Azkarate ( 72 ) en el paso del siglo VII al VIII.También supondría pasar por alto la mención a la campaña de Suintila -otro rey expansionista- de nuevo contra los Vascones, finalizada con la "fundación" de Ologicus en el 621, relatada por Isidoro de Sevilla, paralelo casi calcado al protagonizado por Leovigildo y que, seguramente encubría unos intereses similares.

Se puede así perfilar una nueva teoría, quizá no del gusto de todos, que explicaría la pertinaz independencia de los Vascones y sus luchas organizadas contra los visigodos precisamente por estar dentro del área de influencia de sus enemigos los francos.


( 64 ) Que, como única ciudad de la zona, quedaría así protegida, algo en retaguardia.

( 65 )  Palol (1957).

( 66 )  Larrañaga (1993), pp. 183-184.

( 67 ) Todavía no ha sido descubierto ningún resto de época visigoda en lruña/Veleia, pero, teniendo en cuenta que sólo se ha excavado por ahora una mínima parte de su extensión, no lo juzgo en absoluto significativo. Fundar una plaza fuerte en territorio más o menos hostil no es ninguna tontería, así que siempre que se da la posibilidad, lo más lógico es remozar alguna fortificación preexistente. Esa política parece haberse seguido -como ya se ha visto- en los pequeños asentamientos correspondientes a las necrópolis de nuestra zona merovingia, que reocupan poblados de la Edad del Hierro. Visto el ejemplo claro de la creación de Ologicus por Suintila sobre el recinto murado de Olite , el Victoriacum de Leovigildo debió, por fuerza, seguir un patrón análogo y, la única gran fortificación abandonada que restaba entonces en el País Vasco era la de
lruña.

( 68 ) Momeal (1989), pp. 291-297.

( 69 ) Máxime si ya el nivel de base de alguno de los emplazamientos, como el de Sarratxo, suministra fragmentos de TSHT decorada del segundo estilo -Barandiarán (1967), pp. 18-19, fig. 17, 1, 2 Y 3- que estarían en uso - Paz (1991), p. 113- desde la segunda mitad del siglo IV a comienzos del siglo VI.

( 70 ) Momeal (1989), mapas 1, II Y III.

( 71 ) Larrañaga (1993).

( 72 ) Azkarate (1993b), pp. 172-173.


 

 

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Figura 1: Fragmentos de recipiente de vidrio recuperados en superficie. San Pelayo (Alegría-Dulantzi, Álava).

 

 

 

 

 

 

Figura 2: Fragmentos de cerámica sigillata hispánica tardía recuperados en superficie.