Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

Arkeologi Ikerketa-Investigación Arqueológica.

A.26.2. Iglesia de San Martín. Exterior (Jugo).

Dirección: F. Javier Ajamil Baños.

Financiación: Obispado de la Diócesis de Vitoria.

 

The urban development work and building of a bowling alley beside San Martín Church in Jugo (Zuia municipality) revealed diverse human bone remains belonging to an old ossuary located underneath the place where the presbytery once stood, as well as a grave made from slabs located next to the apse. The cleaning of this whole area uncovered around twenty graves, as well as part of an old paved road. In light of the importance of the findings, the construction company in charge of the building work decided to enlarge the plot on which the bowling alley was to be built, thus preventing the excavation of discovered remains.

 


El hallazgo de restos óseos humanos durante el transcurso de las obras de urbanización y de construcción de una bolera junto a la iglesia de San Martín, en Jugo (Municipio de Zuia), provocó la paralización momentánea de éstas con el fin de hacer una valoración de los daños causados sobre el Patrimonio Arqueológico. Se trata de la Zona de Presunción Arqueológica nº 37 del Municipio de Zuia: «Iglesia de San Martín», que goza de protección con clave B, es decir, en 15 metros alrededor de los muros exteriores del templo. La iglesia de San Martín de Jugo tiene su origen en el siglo XIII, aunque su aspecto actual obedece a las continuas remodelaciones que, sobre todo desde el siglo XVI, han ido modificando su estructura.

Durante la primera visita a la zona afectada por las obras se pudo comprobar que las remociones de tierra habían afectado a la totalidad de los terrenos situados al sur y este del templo delimitados por la propia iglesia, la carretera A-4413 y la calle Arkotxi. Sin embargo, pese a la extensión de los trabajos, únicamente se advirtió la presencia de huesos humanos a los pies del muro sur del templo, entre los contrafuertes situados más al este, y en el extremo norte de la zona adyacente al ábside de la iglesia, donde se pudo observar que los desmontes afectaron a una tumba y posiblemente podrían haber dañado a una segunda localizada a los pies de aquella.

Las medidas a adoptar en un primer momento consistieron en el estudio del origen de los huesos aparecidos junto a la pared sur de la iglesia y la excavación de esta zona, además de la excavación de la tumba afectada por las obras con objeto de recuperar el esqueleto y evitar su destrucción por su exposición a la intemperie.

 

 

Imagen general de los restos aparecidos junto al ábside de la iglesia de San Martín, en Jugo.

 

Así, se pudo constatar que los huesos humanos aparecidos aquí procedían de un osario removido por la excavadora al retirar las losas que componían la solera de la antigua casa cural, que se adosaba a la iglesia. Una vez se recogieron los huesos se dejó este espacio liberado para la continuación de las obras, que en esta parte de la parcela habían alcanzado ya la cota necesaria, no advirtiéndose más concentraciones de huesos o restos de sepulturas. la tumba dañada se encontraba sin la laja de cubierta situada a los pies, dejando a la vista las piernas del esqueleto desde la altura de las rodillas. Estaba ocupada por el esqueleto de un individuo adulto de aproximadamente 1,55 m de altura enterrado en posición de decúbito supino con los brazos flexionados sobre sí mismos a los lados del cuerpo. El esqueleto, con la cabeza ladeada hacia su izquierda, presentaba una gran alteración de cintura hacia arriba.

A la vista de estos hallazgos y de las expectativas arqueológicas que se suponían, dados los restos descubiertos, se estimó conveniente que las obras de urbanización y construcción de la bolera continuaran bajo un estricto control arqueológico. En la zona sur de la iglesia se sacaron a la luz algunos restos óseos humanos, dispersos y sin relación con sepulturas, provenientes, como los que se recogieron durante la limpieza de la zona anexa, de un osario creado seguramente durante la construcción de la misma casa cural y de remociones realizadas con anterioridad a las obras. Sin embargo, como era de suponer, en la zona destinada a la construcción de la bolera, junto al ábside, desde el primer momento se dio con los restos de la necrópolis que se extendía por esta zona. En una primera inspección se contabilizaron una docena de sepulturas y restos de otras tres posibles. También se distinguieron las losas correspondientes a una estructura de dirección N.-S. y una concentración de piedras de formas irregulares.

Informados de los hallazgos tanto el Servicio de Patrimonio Histórico-Artístico y Arqueológico de la Diputación Foral de Álava, como el Obispado de la Diócesis de Vitoria y la empresa adjudicataria de las obras, se decidió que de manera inmediata se procediera a la limpieza de la zona en la que habían aparecido las sepulturas para realizar una completa valoración de los hallazgos.

Una vez concluida ésta se tomarían las decisiones más adecuadas de cara a la continuación de las obras. Se trataba de un área de 5,50 por 10 m de lado en el que, tras la retirada del nivel superficial de terreno, se constató que estaban concentrados los restos de la necrópolis. Al menos, los que aparecían sobre la cota que se debía rebajar para construir la bolera. Los trabajos arqueológicos desarrollados consistieron en la limpieza manual completa de esta zona, incluyendo un nuevo rebaje del terreno para sacar a la luz de forma completa las sepulturas y otros elementos que se conservaban en el subsuelo. Allí donde se observaban huecos vacíos, ese rebaje se hizo más acusado para asegurarnos que no aparecían tumbas a una cota más baja. Así, se localizaron hasta veinte sepulturas, todas salvo una localizadas en la mitad norte del área analizada. La mayor parte estaban completas, aunque en distinto grado de conservación, con o sin cubierta, debido a la acción de la excavadora o a otras anteriores como los desmontes realizados para la creación de la calle Arkotxi, muy por debajo del antiguo camino al que sustituyó y que se dirigía hacia el norte. Este antiguo camino, contaba con unas losas laterales que delimitaban un encachado a base de cantos rodados y pequeñas piedras de formas irregulares a las que se sumaban fragmentos de teja.

También, junto a la tumba situada más al sur, se localizó una acumulación de piedras de diverso tamaño y formas irregulares que colmataban un hoyo cuya forma y dimensiones en planta no fue posible concretar en su totalidad al extenderse bajo el cantil. El terreno original en el que se hallaban excavadas las tumbas, donde también se localizaron algunos fragmentos de recipientes cerámicos de pastas micáceas y de cocción oxidante, daba paso en el extremo sur de esta zona a un depósito de tierra de mayor compactación, con gran cantidad de pequeñas piedras y material constructivo.

Se trata sin duda de un aporte para recrecer el espacio que rodea a la iglesia, para acceder a ésta salvando una pendiente menos acusada.

La magnitud de los hallazgos realizados provocó que la promotora de las obras decidiera variar el proyecto previsto para la construcción de la bolera. Así, se optó por el recrecimiento del terreno para evitar su excavación arqueológica, lo que se hizo tras cubrir la zona con malla geotextil y extender sobre ella el material necesario.

 

 

F.J. Ajamil Baños; I. Azcune Fontecha.


 

 


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