Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

Arkeologi Ikerketa-Investigación Arqueológica.

A.23. VALDEGOVÍA / GAUBEA.

A.23.1. Castillo de Astúlez.

Dirección: Paquita Sáenz de Urturi Rodríguez.

Financiación: Ministerio de Cultura-Instituto Alavés de Arqueología.


The work carried out in this site has revealed that the settlement was founded and developed during the Late Bronze Age / 1st Iron Age, and was later abandoned around the 5th
century BC, since no remains from either the 2nd Iron Age or the High Imperial Roman era were found. From the 5-6th century AD, it was resettled, and remained inhabited until the modern era, first in the form of a small village and later as part of the stone castle.

 

La intervención arqueológica llevada a cabo en este yacimiento se enmarca dentro del Programa Ondare del Instituto Alavés de Arqueología / Arkeologiarako Arabar Institutua financiado por el Ministerio de Cultura. La finalidad que se perseguía con esta intervención era determinar su potencial estratigráfico, evolución y delimitación, así como su adscripción cronológica correcta, ya que, historiográficamente se había barajado un abanico cronológico desde el Hierro I hasta la etapa medieval, esta última fundamentada en
la existencia del castillo roquero que existe en la cumbre, al que debe el topónimo de El Castillo.

La colina sobre la que se asienta el yacimiento, presenta forma triangular con fuertes pendientes hacia los lados sur y este, siendo más suaves hacia el oeste. A lo largo de esa pendiente, se pueden observar una serie de grandes terrazas artificiales, distribuidas en sentido longitudinal de este a oeste, oscilando su anchura entre 15 y 25 m, que han servido de asentamiento a las estructuras antrópicas, tanto protohistóricas como de la fase histórica. A efectos de la intervención arqueológica se han definido un total de cuatro terrazas o sectores y es ahí donde se han efectuado los sondeos.

Por la zona baja y en paralelo al camino de Astúlez a Mioma discurre un arroyo que le separa del cercano poblado medieval de Santa Coloma.

A continuación presentamos los resultados obtenidos en los 11 sondeos realizados.


Sondeos 1 y 3.

Se ubicaron en la terraza o Sector 3. El primero se situó en el interior de la amplia terraza que allí existe, orientado en sentido transversal a aquella, de S a N. Sus medidas fueron de 3x1 m y la profundidad máxima alcanzada fue de 60 cm. Tras la retirada de la cobertura vegetal se localizó un relleno de cierta potencia con fuerte buzamiento hacia el sur. En este depósito se recuperó un número importante de materiales cerámicos adscritos a una fase tardo antigua, entre los que destacan los de Terra sigillata hispánica tardía decorada con motivos de grandes ruedas, típica de los siglos V-VI d.C. El material de la fase protohistórica, fue muy escaso.

 

El Castillo. Terraza artificial donde se realizó el sondeo 3.


Los resultados obtenidos en este sondeo y la existencia de un muro terrero delimitando la terraza en la que se abrió, motivaron la apertura del sondeo 3, que se ubicó a 4 m del anterior en dirección E, al borde de la terraza ya citada, disponiéndose en sentido perpendicular al muro que la delimita de N a S, e incluyendo en él un tramo de esa estructura.

Sus medidas fueron de 3 x 1,5 m., y la profundidad alcanzada se situó en los 2,10 m.

Exceptuando varios agujeros de postes con sus correspondientes rellenos el paquete estratigráfico es fruto de una acumulación de estratos de piedras y tierras para preparar una terraza de cultivo o de base de habitación cuyo elemento principal fue el muro terrero (de 13 m de longitud y 1 m de anchura) que existe en la zona.

La construcción de estas estructuras se adscribe a la fase tardo antigua y se dispuso sobre rellenos previos de la fase protohistórica que, además de por el material cerámico recuperado ­cerámicas a mano­ se ha podido fechar por C-14 entre los siglos VII y VI a.C.

A manera de resumen queremos exponer la evolución constructiva de esta terraza. Su origen lo situamos en esa etapa protohistórica, (Bronce Final-Hierro I) cuando las gentes que empiezan a habitar en este lugar proceden al aterrazamiento del terreno para salvar el desnivel natural de la ladera y posibilitar así la instalación de viviendas o espacios para diferentes actividades. A este esquema corresponde la plataforma longitudinal que existe en la zona y que supera el marco de la terraza donde se han ubicado los sondeos. En una etapa posterior, en la fase de reocupación de este espacio que hemos situado a partir del siglo V d.C. se procede, por el mismo sistema anterior, al terraplenado de la zona construyendo la estructura muraria para que sirva de base y límite a la terraza que ahora podemos contemplar.

En los niveles superiores, de la fase histórica, se han recogido fragmentos de vasijas de TSHT y de DSP además de cerámicas a torno de mesa y de cocina que nos permiten ubicarlos cronológicamente en los siglos V y VI d.C. como se ha señalado. En estos mismos contextos también se han recogido algunos fragmentos adscritos al Grupo VI de la cerámica medieval.

Los restos de material constructivo, representados por fragmentos de tejas y ladrillos de esas etapas históricas ponen de manifiesto que en esta terraza destacó algún tipo de construcción de esa época.

Los sondeos 4 y 5 se ubicaron en el mismo contexto de esa terraza o Sector 3 con la finalidad de comprobar si se repetía la evolución estratigráfica de los sondeos 1 y 3, además de establecer el posible límite del yacimiento, que en esta zona coincide con el actual camino de acceso al castillo. Se eligieron dos zonas llanas, sin vegetación y delimitadas por un lado por taludes artificiales. Posteriormente, hemos sabido gracias a las informaciones de vecinos de la zona, que estos taludes y la plataforma que sobre ellos existía, correspondían al antiguo camino de acceso al castillo. Los resultados obtenidos en ambos sondeos confirmaron la escasa potencia de rellenos en la zona. El escaso material recuperado corresponde a la etapa bajomedieval y a la fase protohistórica.


Sondeo 2.

Para su ubicación se eligió la terraza 4 o superior que se localiza en la base de la masa rocosa sobre la que se asienta el castillo.

La finalidad de su apertura era, no sólo estudiar su secuencia estratigráfica sino también comprobar si existía alguna estructura muraria, dada la abundante presencia de piedras en superficie. Tras la retirada de rellenos de escasa potencia con material principalmente de la etapa medieval en una fase plena, se localizaron restos de dos estructuras murarias. Una de ellas se dispuso en paralelo al cantil del extremo E, y se considera como muro de aterrazamiento o contención de la terraza superior. La otra corresponde a los restos de dos muros unidos en ángulo conformando una L. En su fábrica se han empleado mampuestos de piedras calcarenitas de tamaño variable.

El material recuperado es de predominio medieval, aunque también han estado presentes algunos restos protohistóricos y de TSHT. Basándonos en este material, nos inclinamos a situar el conjunto en una etapa de la Plena o Baja Edad Media, quizás en relación con el castillo que a escasos metros se yergue potente sobre la cumbre rocosa.


Sondeos 6 y 7.

Para la ubicación de los sondeos 6 y 7 se eligieron sendos puntos de la terraza 2. El sondeo 6 se ubicó en la zona media del sector hacia el oeste, en una pequeña plataforma sin vegetación que allí existe, al pie de la terraza donde se han abierto los sondeos 1 y 3, de los que les separa el desnivel existente. Se dispuso en sentido transversal a la terraza siendo la profundidad alcanzada de 2 m.

La secuencia estratigráfica registrada corresponde a rellenos deposicionales. Entre los niveles de la mitad superior y los de la inferior se detectó un corte o solución de continuidad que marcaba una clara diferencia entre ambos conjuntos. Se trata de una fosa o depresión abierta sobre un relleno que consideramos como de preparación y nivelación del espacio para asentar bien las viviendas o bien las zonas de explotación de recursos (ganadería, agricultura). La totalidad del material recuperado (cerámico), muy abundante pero con gran fragmentación, corresponde a la fase del Bronce Final-Hierro 1. Con restos de fauna del nivel inferior se ha realizado una datación radiocarbónica, cuyo resultado confirma esa cronología.

El sondeo 7 se ubicó a 55 m al E del anterior, siguiendo la misma terraza, en una zona sin vegetación pero de mayor pendiente. La profundidad alcanzada se situó en los 80 cm.

Tras varios rellenos de nivelación de la zona, con material rodado, en su casi totalidad de la fase protohistórica, se localizó el estrato natural que, en esta zona, estaba formado
por gravera.

Precisamente esta terraza donde se asientan ambos sondeos supone la barrera entre los establecimientos protohistóricos y los históricos; estos últimos se asentaron únicamente en las terrazas superiores.

Aunque se han recuperado algunos materiales de esta fase en las inferiores, estos corresponden a los aportes rodados de la zona alta. Los niveles más antiguos están presentes también en la parte media alta, pero su mayor potencia corresponde a la zona media baja.


Sondeo 8.

El sondeo 8 se ubicó al borde de la terraza 1, junto al camino y arroyo que la delimitan por el sur, en una zona más amesetada y libre de vegetación. Para su realización se aprovechó un corte en este lugar, que fue realizado en la década de los 80 para la ampliación del camino a Mioma. Debido a la remoción del terreno, era frecuente recoger materiales cerámicos de cierta entidad, de hecho la mayoría de la cerámica recuperada en prospecciones procede de esta zona.

En este sondeo, además del abundante material recogido, se han documentado los restos de una estructura muraria, de la que sólo pudimos estudiar, in situ, un pequeño tramo formado por tres elementos pétreos con una longitud de 45 cm y una anchura de 42. El resto de los elementos, que formaban este posible muro, habían desaparecido cuando se produjo la remoción del terreno en la ampliación del camino.

Con anterioridad al inicio de nuestros trabajos, eran visibles en el corte varios bloques de piedras que podrían corresponder a estos muros. Además de por estos posibles muretes, la existencia de un recinto en esta zona esta atestiguada por la presencia de una cuña para un pie derecho de sustentación de una viga, del que se conserva la estructura constructiva.

Con todo ello se ha confirmado que la mayor potencia del yacimiento para la fase protohistórica, se ubica en esta parte baja de la colina, en las terrazas cercanas al arroyo, sin que exista una defensa natural y/o artificial que lo proteja, ni siquiera existen impedimentos de accesibilidad que permitan alcanzar este poblado. La existencia de esos restos de estructuras constructivas antes descritos, relacionados con algún tipo de habitáculo, ha hecho descartar la hipótesis que se venía manteniendo que los rellenos acumulados en esta zona, y que eran visibles tras las remociones para la ampliación del camino, eran fruto de escombreras procedentes de las terrazas superiores.

En relación con la cerámica, la fragmentación ha sido la constante en el conjunto de la intervención, pero en el caso de este sondeo se han recuperado fragmentos de mayor tamaño que en el resto, incluso algunos permiten la restitución de los perfiles de las vasijas.

A partir de las características tipológicas de la cerámica, se habían fechado estos niveles en la etapa del Bronce Final-Hierro I, entre los siglos IX al VI-V a.C. cronología que ha sido confirmada por dataciones de C-14 obtenidas a partir de restos óseos de dos unidades estratigráficas de este sondeo.


Sondeos 9 y 10.

Con la finalidad de delimitar el yacimiento por la zona suroriental, ocupada por fincas particulares, se procedió a la apertura de sondeos en ese entorno.

Para la ubicación de los sondeo 9 y 10, se eligieron las fincas existentes entre el núcleo urbano, hacia el sur y la zona propiamente de monte que existe al norte de estos terrenos.

En ambos sondeos, tras la retirada de la cubierta vegetal se vio que casi no existía potencia de estratos con rellenos de tierra, correspondiendo su composición a la capa arcillosa original.

El balance negativo extraído de estos sondeos conduce a considerar que el yacimiento no se extendió por esta zona y permite establecer en ese entorno el límite del yacimiento.


Sondeo 11 (Fondo de cabaña).

A través de informaciones recibidas por parte de uno de los vecinos de la localidad, Félix Aguilera, tuvimos conocimiento de la existencia de un posible fondo de cabaña adscrito a la Edad del Bronce en la zona oriental del monte, descubierto tras la apertura de uno de los caminos, y del que se conservaba una parte indeterminada. Ante el peligro que corría de perderse el material que se observaba en el corte y en la tierra acumulada en la base, se procedió a su recuperación. La intervención se limitó a la limpieza de todo el cantil y a la recogida del material de la tierra caída, realizando una planimetría de todo el conjunto. Sus medidas fueron de 8 m de longitud por un espesor o altura que osciló entre los 10 y 40 cm. Los restos aquí documentados parecen corresponder con las estructuras denominadas como fondos de cabaña. Hemos utilizado esta terminología por las características de la estructura, en forma de hoyo, sin que necesariamente se deba atribuir a una fase más antigua de las que venimos observando en el yacimiento.

El material cerámico recuperado es similar al recogido en la etapa protohistórica.


Recintos del entorno del castillo.

En el proceso de las primeras prospecciones realizadas en el yacimiento, en el entorno del castillo, especialmente en la amplia terraza o plataforma que existe al pie del mismo por su lado norte, se había observado, entre la abundante vegetación existente, la presencia de restos de estructuras pétreas, que a priori se relacionaron con la propia fortaleza.

Cuando se procedió a su análisis, se pudo comprobar que se trataba de una gran estructura delimitada por paredes de mampuestos irregulares con piedra originaria de la zona, que en algunos puntos superaban el metro de altura. Un muro medianero de las mismas características de los laterales divide el espacio en dos grandes recintos. Las medidas del Recinto nº 1 o E son de: 60 de longitud x 24 m de anchura. Las del Recinto nº 2 o W son de 59 x 28 m; en el ángulo SW de este segundo recinto parece observarse una división o habitáculo interior.

Los vecinos del lugar no tienen datos sobre la funcionalidad de estos espacios, que a priori relacionamos con actividades del castillo, quizás como fincas cerradas para la actividad agrícola o ganadera. La apertura de algún sondeo podría resolver esta cuestión.

 


Conclusiones.

En líneas generales el balance de la intervención arqueológica realizada en este yacimiento puede calificarse de muy positivo a tenor de los resultados obtenidos. Entre otros han permitido ampliar los datos sobre la fase protohistórica que ya se conocía y descubrir la existencia de una fase histórica, adscrita a la Romanización, de la que apenas se tenía constancia.

En relación a la fase protohistórica, fechada en el Bronce Final y Hierro I, se trata de un asentamiento vertebrado sobre terrazas artificiales dispuestas en el sentido longitudinal de la ladera, que servirían de soporte tanto para las viviendas como para las zonas de explotación de recursos (cultivos o recintos para el ganado y otras actividades). Para esta etapa se ocupa, preferentemente, la zona media baja de la colina.

En las viviendas organizadas en un habitat de carácter disperso, se utilizaron materiales de tipo vegetal para su construcción (a base de maderas recubiertas de barro o manteados) de las que únicamente se han recuperado algunos restos de manteado en el sondeo 8, así como una cuña con estructura pétrea de sustentación de un pie derecho.

El ajuar doméstico de esta fase recuperado, limitado casi exclusivamente a la cerámica, es muy abundante pero también muy fragmentado, siendo escasos los fragmentos que superan los 5 cms de longitud. Modelado exclusivamente a mano, existe amplio predominio de cerámicas de superficie afinada sobre la grosera. Destaca la abundante presencia de vasijas, en general de pequeño tamaño, de superficie bruñida/espatulada, tanto por el exterior como por el interior. Los bordes se presentan lisos y decorados, en este caso con impresiones digitales, ungulaciones. Entre el cuello y cuerpo sobresale la presencia de cordones aplicados con decoraciones impresas. Las decoraciones incisas están presentes pero son escasas. Entre los fondos el predominio se lo llevan los de pie de copa. Ausencia total de objetos de metal, para esta fase únicamente se ha recuperado un fragmento de anillo o pulsera en el Fondo de Cabaña, S-11. Tanto la industria lítica como ósea han sido testimoniales. Entre la primera destaca un raspador sobre sílex negruzco y de la
segunda se han recuperado algunas espátulas.

Los restos de fauna están presentes con un volumen importante.

No se han localizado restos que avalen la ocupación de este lugar durante la etapa del Hierro II y la primera fase de la romanización. En torno al siglo V d.C, vuelve a reocuparse el lugar, pero eligiendo para la instalación del habitat la mitad superior de la colina, entre la terraza 3 y la base más amesetada de la zona donde se ubica el castillo. Aunque no se han recuperado estructuras constructivas de este momento podemos avanzar su existencia basándonos en la presencia de ladrillos, imbrices y tégulas. El material arqueológico asociado a esta etapa histórica corresponde a fragmentos de producciones de cerámica Terra sigillata hispánica tardía (de buena factura), cerámica gris gálica (DSP) y cerámica común de cocina.

Los materiales cerámicos medievales, se pueden adscribir a la etapa pleno medieval, en torno a los siglos X al XIII. No han sido muy abundantes, principalmente porque no se ha trabajado en los niveles que a priori se adscriben a esa fase, situados en el entorno inmediato del castillo y en su interior. A estos momentos históricos corresponden los escasos objetos de hierro recuperados.

En esta misma etapa de la Edad Media destaca la presencia del Castillo roquero de Astúlez, que se erige dominante sobre la cumbre del poblado del mismo nombre, controlando las vías de comunicación que cruzan la zona. Esta fortaleza perteneció al Duque de Hijar, al que correspondía el señorío de Salinas de Añana, villa a la que fue incorporada la aldea de Astúlez en el año 1290. La cronología tradicionalmente atribuida al mismo se sitúa entre los siglos IX y XVII.

A modo de epílogo se puede decir que esta zona, que tiene como epicentro la colina donde se asienta El Castillo, mantendrá un núcleo poblacional con altibajos y cambios en el habitat, pero siempre en el entorno inmediato, hasta la actual localidad de Astúlez. Este hecho ha quedado de manifiesto con la intervención desarrollada en el cercano poblado de Santa Coloma, que se adscribe a la Edad Media como se verá en su correspondiente estudio incluido en este mismo volumen.


P. Sáenz de Urturi Rodríguez; M.A. Berjón Lobato.



 


Santa Coloma (Astúlez).