Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

Arkeologi Ikerketa-Investigación Arqueológica.

 

A.11. ELVILLAR / BILAR,

A.11.1. San Lorenzo de Quintanilla.

Dirección: José Ángel Apellániz González.

Financiación: Diputación Foral de Álava.


The excavation of various graves discovered on the slopes of a vineyard in the Rioja-Alavesa town of Elvillar revealed the survival of a medieval cemetery with two different burial levels, as well as the structural remains of the San Lorenzo church and/or chapel, associated with the site. The oldest graves are covered with large sandstone slabs and date from the mid-medieval period (11th to 13th century), although they may also have been used subsequently (high medieval) for funerary purposes. All elements can be considered the remains of more significant structures from the settlement of Quintanilla, which was abandoned at the beginning of the 15th century.

 

El descubrimiento de restos antropológicos en un paraje del municipio riojano-alavés de Elvillar, supuso la urgente puesta en marcha de una pequeña intervención arqueológica que atendiera a su documentación y recogida, dada su exposición a la intemperie. Dichos restos óseos se encontraban semienterrados en un talud o pequeño escarpe de terraza, por lo que se hacía necesaria su excavación con método arqueológico, al objeto de estudiar también todos los contextos asociados. También justificaba esta intervención la comprobación de la calidad y cualidad de las evidencias arqueológicas expuestas en el talud y su definición como integrantes de un yacimiento arqueológico.

El hallazgo se localizaba en el término de San Lorenzo, Quintanilla o Quintanillas, a unos 250 m al S. de una curva cerrada de la carretera A-3228 (de Laguardia a Elvillar), a 1 km escaso de la localidad de Elvillar y dentro de su jurisdicción municipal. Los restos se presentaban en la parte central de un ribazo de unos 2,5 m de altura y 61 m de longitud en dirección general N. S., que hacía de límite occidental de un viñedo.

El corte del talud hizo desaparecer para siempre los presumibles restos antropológicos, materiales y estructurales de una zona indeterminada del yacimiento. Se debió de practicar en las décadas de los años 60 ó 70 del pasado siglo, en las obras de preparación del terreno de la finca contigua para su conversión en viñedo.

 


Estructuras funerarias.

Se han detectado en la base del talud un total de ocho sepulturas de inhumación en dos planos o niveles: cinco en el plano inferior; sobre las anteriores, otras tres de morfología algo diferente. Tal hecho supone la confirmación de la existencia de una necrópolis, con dos momentos de práctica funeraria diferenciadas en el lugar.

Sin embargo, se desconoce la extensión y densidad del fenómeno funerario en la zona, aunque podría considerarse cierta perduración en el tiempo en función del aprovechamiento del espacio que implica la superposición de tumbas. Todas las sepulturas documentadas han sido cortadas transversalmente por el talud (U.E. 1), de ahí que se hayan hecho visibles mostrándose seccionadas: las del plano inferior por la mitad o el tercio cercano a los pies de las inhumaciones; las del nivel superior, aparentemente por el tercio de las cabeceras. 

Las tumbas del plano inferior (denominadas como Enterramientos 1, 2, 3, 4 y 5) fueron construidas practicando un rehundido sobre el afloramiento del estrato geológico de roca arenisca (U.E. 35). Estos huecos o fosas en la roca tienen en todos los casos planta tendente a rectangular, con los ejes mayores en sentido E.-O. ­la cabecera en el extremo O.­ y con alguna particularidad de interés: en un caso, la fosa de la cabecera tiende a ser semicircular (Enterramiento 2; U.E. 24); en otro, se observa un rehundido central para la posible colocación y sujeción de la cabeza del difunto (Enterramiento 1; U.E. 20). Estas sepulturas inferiores se disponen en una hilera continua de dirección S. a N., compartiendo sus laterales en algún caso. Las cinco tumbas se sellan con grandes losas de cubierta en piedra arenisca (UU.EE. 17, 21, 25, 28 y 31), que también fueron rotas por el corte del talud.

Del plano inferior de sepulturas, se detectaron restos antropológicos en los rellenos de inhumación (UU. EE. 18, 22 y 32) de tres de ellas (Enterramientos 1, 2 y 5, respectivamente), presuponiendo la permanencia de los correspondientes esqueletos en los rellenos (UU. EE. 26 y 29) de los Enterramientos 3 y 4. Los rellenos que colmataban los esqueletos de las tumbas del nivel inferior, se formaron con tierras de textura muy arenosa y fina, que no llegaban a rellenar del todo el hueco de las sepulturas. En la excavación de estos rellenos para el descubrimiento de los esqueletos, no se halló ningún tipo de objeto o resto material de interés (cerámico, metálico o de cualquier otra índole).

Los esqueletos conservados (UU.EE. 19 y 23) de los Enterramientos 1 y 2 se encontraban bastante deteriorados, ambos seccionados a la altura de la pelvis, por lo que no contaban con sus respectivas extremidades inferiores. Ambos fueron inhumados en posición de decúbito supino y orientados mirando hacia el E. ­con la cabeza en el extremo O. de cada sepultura­, tal y como es preceptivo en las necrópolis cristianas.

En principio, los dos esqueletos corresponderían a personas de género femenino y que fallecieron en edad adulta, según un primer examen antropológico.

Por lo que respecta a las sepulturas del nivel superior (Enterramientos 6, 7 y 8), estas se conforman aparentemente sin losas de cubierta. Parecen estar constituidas por sencillas fosas simple de sección en «U» (UU.EE. 9, 12 y 15), que se rellenaban de tierras más arcillosas y compactas que las tumbas inferiores (uu.ee. 8, 10 y 13). Conviene destacar que el fondo de es tas sepulturas lo formaban las caras superiores de las losas de cubierta de las inhumaciones del nivel subyacente. Todas las sepulturas de este nivel superior quedaban a nivel subyacente de un potente estrato homogéneo (u.e. 7), presumiblemente formado a partir de la ruina del edificio religioso que sirvió a la necrópolis.

 


Estructuras edificatorias.

Se han documentado restos muy parciales de varias estructuras constructivas, algunas también seccionadas por el corte del talud, al igual que las sepulturas.

La más meridional en el citado corte se corresponde con un paramento de mampostería de dirección longitudinal E.-O. y seccionado transversalmente (U.E. 4), que se ha atribuido con los restos de la cimentación de un edificio erigido en el lugar, posiblemente la correspondiente a su pared S. Tan sólo conservaba un alzado de cuatro hiladas (50 cm de altura) de mampuestos irregulares en arenisca de formatos variables y una anchura de unos 80 cm. Se construyó con dos fachadas exteriores cara vista y un relleno interior de tierra y pequeños ripios pétreos entre ambos forros. Se detectaron restos de otra posible cimentación paralela (U.E. 6) a unos cinco m de distancia de la primera, pudiendo constituir esa cifra el ancho de la edificación.

Un dato a reseñar en el muro meridional es su posición a nivel suprayacente de una de las sepulturas del nivel inferior (Enterramiento 1), quizá con su fosa de cimentación (U.E. 5) cortando longitudinalmente otra tumba del nivel superior (Enterramiento 6). En todo caso, parece clara la anterioridad de parte del fenómeno funerario a la construcción del edificio.

Por último, conviene mencionar la existencia de dos grandes losas en arenisca en la parte superior de la terraza. Una se encontraba desplazada y muy basculada, destacando de entre la maleza de la parte superior del talud. La otra losa (U.E. 3) asienta horizontalmente sobre el estrato de amortización (U.E.7) que cubría las tumbas del nivel superior. Se trata de una enorme pieza alargada y plana ­de planta rectangular: de 2,20 m de longitud en sentido N.-S., 63 cm de anchura observable y grosores que van de los 13 a los 17 cm.­, que aparece con sus esquinas escuadradas y con parte de las superficies laterales expuestas con aparentes marcas toscas de labra. Si bien su funcionalidad es desconocida, podría tratarse de una parte del pavimento del edificio erigido aquí, al presentarse además contenida entre las cimentaciones de muro citadas anteriormente (aunque a una cota superior).

 


Contexto histórico.

Las evidencias arqueológicas que han sido objeto de estudio se atribuyen a los restos conservados de una necrópolis medieval, así como a los del templo y/o ermita de San Lorenzo que se edificó en el mismo lugar. Tanto las cimentaciones del edificio religioso como las sepulturas de la necrópolis documentada se pueden considerar vestigios de los elementos patrimoniales más signicativos del desaparecido pueblo de Quintanilla, que han pervivido en el subsuelo de este lugar desde hace más de medio milenio. El análisis estratigráfico del talud ha dado como resultado una configuración secuencial básica determinada por 3 fases o momentos formativos y/o de uso diferenciados:

 

Fase I: Edad Media.

Se distinguen dos momentos diferenciados en el dilatado uso funerario del lugar, también corroborados por la posición estratigrafica de los restos que se hacen corresponder a cada uno de ellos: uno antiguo (Fase I-A), identificado con los restos de las cinco sepulturas más inferiores; y otro algo más cercano en el tiempo (Fase I-B), al que pertenecerían los restos de las tres sepulturas superiores y los restos estructurales del templo y/o ermita documentados.

El periodo más antiguo documentado en la estratigrafía analizada (Fase I-A) ha de centrarse en el periodo plenomedieval (siglos XI a XIII), sin descartar un uso funerario en el lugar anterior. La adscripción de la necrópolis a la Plena Edad Media se realiza en base a criterios estrictamente tipológicos, dadas las características de este tipo de sepulturas: excavadas en el terreno rocoso y con grandes losas de cubierta que sellan cada una de las inhumaciones individuales. Necrópolis de similares características también se han detectado en otros lugares muy próximos a Quintanilla ( 39 ). 

Se ha de suponer la existencia de la necrópolis desde los primeros momentos de ocupación o hábitat humano en el lugar durante la Edad Media. Por tanto, es posible que Quintanilla ya existiera a mediados del siglo XII, cuando se dio fuero o carta de población a la villa de Laguardia, otorgado por el monarca navarro Sancho VI El Sabio en 1164.

Es muy probable que en el intervalo de tiempo que fue desde la amortización de la necrópolis antigua con cubiertas de losas y la necesidad de volver a practicar inhumaciones encima de aquellas (Fase I-B), se decidiera ampliar el templo original. Hay noticias referidas a la parroquia de «Quintaniella» en el año 1332: al parecer estaba vigente y en uso por parte de algún capellán, sacristán y sacerdote ( 40 ).

Las inhumaciones del nivel superior quedarían en el subsuelo del interior del templo, no habiéndose descartado la posibilidad de su atribución con una fosa de inhumación colectiva. Además la presencia de inhumaciones sobre las losas de cubierta de sepulturas subyacentes, explicaría una necesidad de espacio para el rito funerario, probablemente en momentos de expansión demográfica, sin descartar también un episodio puntual de alta mortandad que también lo requiriera ( 41 ). 

Por tanto, sería plausible que los restos arqueológicos detectados y atribuidos a esta Fase 1-B, tuvieran su origen en algún momento centrado en la Baja Edad Media (siglos XIII ó XIV).


( 39 ) Como zonas cementeriales antiguas en la jurisdicción de Elvillar, se citan Panaderos, donde «...había sepulturas en tierra con tapa de tierra a doble vertiente, también en San Martín y en San Lorenzo (despoblado de Quintanilla).». López de Ocáriz Alzola, José Javier; «Las iglesias más antiguas de la Rioja Alavesa: Arte Prerrománico y Románico», en Actas de las Segundas Jornadas de Estudios Históricos de la Rioja Alavesa (Cultura, Arte y Patrimonio) (ed. Departamento de Cultura, Juventud y Deportes de la D.F.A.), pág. 83, Vitoria-Gasteiz, 2004.

( 40 ) Información proporcionada por cortesía de D. Salvador Velilla Córdoba. Sáinz Ripa, Eliseo; y Hernáez Iruzubieta, Venancio; «Documentación calagurrtana del Siglo XIV», en Archivo Catedral de Calahorra, vol. 1 (ed. Instituto de Estudios Riojanos), pág. 229, Logroño, l995.

( 41 ) Entre 1330 y 1427 la población de la villa de Laguardia y sus aldeas ­entre las que se encontraba Quintanilla­ sufrió un descenso poblacional contínuo que se achaca en los primeros años a «...las consecuencias de la peste de 1348-49 y la de 1362». Además, «La incidencia de la Peste Negra de 1348 acompañada en el caso de Laguardia por tormentas de granizo en los dos años siguientes supuso, seguramente, el descenso más espectacular». Díaz de Durana Ortiz de Urbina, José Ramón; Álava en la Baja Edad Media. Crisis, Recuperación y Transformaciones Socioeconómicas (C. 1.250-1.525) (Servicio de Publicaciones de la D.F.A.), págs. 106 a 110, Vitoria-Gasteiz, 1986.


 

San Lorenzo de Quintanilla. Alineación de las sepulturas del nivel inferior, con sus losas de cubierta seccionadas.

 


Fase II: Edad Moderna.

El paulatino descenso poblacional en la comarca de la Sonsierra Navarra (actual Rioja Alavesa), sería la principal causa del, también más o menos rápido, abandono de algunos pequeños núcleos rurales en la antigua jurisdicción de Laguardia. Según algunos investigadores, «Quintanieylla» ya se encontraría despoblada en el primer cuarto del siglo XV, aludiendo a la mortandad por epidemia como causa principal del abandono ( 42 ).

Así, un documento de 1427 da por despobladas algunas aldeas de Sonsierra, entre las que se encontraría Quintanilla. Otros hechos como la emigración provocada por los conflictos bélicos entre los reinos de Castilla y Navarra por el control de las villas de esta comarca en los siglos XIV y XV, también pudieron influir en el despoblamiento de algunos núcleos. De hecho, la conquista de la villa de Laguardia 1461 por Enrique IV de Castilla hubo de conllevar ciertas penurias no sólo a la villa sino también a sus aldeas.

El progresivo abandono de la mayor parte de población del lugar a partir del siglo XIV, pudo traer como consecuencia la pérdida de categoría de su parroquia de San Lorenzo, que pasaría a contemplarse como simple ermita rural. Ahora bien, por el momento no es posible determinar si este cambio de categoría pudo suponer la reducción y cambio de fisonomía del templo parroquial anterior. Tan sólo se cuenta con una referencia del año 1729, respecto a obras «...en la hermita de San Lorenzo, por estar distante, se haga un pórtico, con sus pies de piedra o madera y dentro de ella, sobre la mesa altar, una bóbeda de ladrillo yeso, para preservar de tierra y polvo» ( 43 ).


( 42 ) «En 1427 se hallaba ya desierto,... Parece que su desaparición completa fue motivada por una epidemia,..». López de Guereñu Galárraga, Gerardo; Toponimia alavesa, seguido de mortuorios o despoblados y pueblos alaveses, en Onomasticon Vasconiae, núm. 5 (ed. Euskaltzaindia), pág. 572 (nº 203), Barcelona, 1989. «Y en 1427 se despueblan Zurriarte, Navaridas de Suso, Quintanilla, San Millán, y Esquide.». García Fernández, Ernesto; «Economía y sociedad de la Comunidad de Villa y Tierra de Laguardia durante la
Baja Edad Media», en La Formación de Álava. 650 Aniversario del pacto de Arriaga (1332-1982) (Comunicaciones del Congreso de Estudios Históricos) vol. I (ed. Servicio de Publicaciones de la D.F.A.), pág. 397, Vitoria-Gasteiz, 1985.

( 43 ) Información proporcionada por gentileza de D. Salvador Velilla Córdoba. Archivo Diocesano, Libro de Fábrica, 1729/83.



Fase III: Edad Contemporánea.

La ruina progresiva y definitiva de la anterior ermita debió acontecer a partir de finales siglo XVIII y durante la siguiente centuria. De hecho, hacia 1763 todavía debía de haber vecinos habitando el lugar, pero sin considerarse como pueblo. Con el paso de las décadas, las ruinas de casas y de la ermita del despoblado de Quintanilla irían desapareciendo del paisaje del lugar, probablemente gracias al desmonte de paredes para el acarreo de piedra necesaria para el crecimiento de la pujante y cercana villa de Elvillar; además la intensificación de cultivos (viñedo y cereal, sobre todo) también incidiría en esta desaparición física de los vestigios del poblamiento medieval. Es de destacar el topónimo menor de Casas Caídas ( 44 ) que da nombre a una zona de ladera frente al despoblado.


( 44 ) González Salazar, José Antonio; Cuadernos de Toponimia 3: Toponimia Menor de la Rioja Alavesa (ed. Servicio de Publicaciones de la D.F.A.), págs. 48 y 49, Vitoria-Gasteiz, 1986.


 

Aún a mediados del siglo XIX no se habría perdido del todo en la memoria colectiva de los vecinos de la zona, el recuerdo de la existencia pasada de la aldea medieval. Pero por desgracia, en los últimos decenios, el lugar de la terraza del talud ha sido utilizado como vertedero de inertes, reflejo del desconocimiento de la carga histórica, arqueológica y patrimonial de este emblemático y bello lugar de San Lorenzo de Quintanilla.


J.A. Apellániz González



 


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