Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

Arkeologi Ikerketa-Investigación Arqueológica

ARABAKO ERDI AROKO HERRI HUSTUAK

DESPOBLADOS MEDIEVALES ALAVESES .

Financiación: Centro de Patrimonio Cultural Vasco. Departamento de Cultura del Gobierno Vasco.

 

During 2008 and 2011, a review and re-demarcation project was carried out of one hundred and sixty-two abandoned medieval settlements in Álava, all of which are included in the Basque Archaeological Inventory. The prior extensive excavation of some of the settlements and the use of new remote sensing techniques, particularly LiDAR data, have enabled the development of a new theoretical and methodological approach to the task of identifying and conceptualising these sites, which are particularly elusive as regards materials. Based on this experience and on the use of these protocols, we were able to improve the archaeological heritage protection and assessment instruments used, as well as make important historical inferences regarding the significance of these sites.

 

Durante los años 2008 y 2011 se ha llevado a cabo un proyecto de revisión y redelimitación de ciento sesenta y dos despoblados medievales en Álava incluidos en el Inventario Arqueológico del País Vasco por encargo del Centro de Patrimonio Cultural Vasco del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. En este trabajo se presentan, de forma resumida, las características de estos yacimientos, las distintas aproximaciones que se han utilizado para estudiar los despoblados, los criterios teóricos y metodológicos empleados en este proyecto arqueológico y los principales resultados obtenidos.

La arqueología de los despoblados El inicio de los estudios sobre los despoblados o `mortuorios' medievales alaveses se puede situar en los orígenes mismos de la arqueología en Álava. D. Lorenzo del Prestamero, que llevó a cabo en Cabriana en el año 1794 el primer estudio científico sobre la arqueología en Álava, redactó unos años antes un listado de ciento cinco despoblados («pueblos que se han arruinado y despoblado en la Provincia de Álava») que se corresponde sustancialmente con el cuerpo principal de este tipo de yacimientos conocidos aún en la actualidad ( 1 ).

Y aunque a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del XX se han identificado arqueológicamente varios despoblados en Álava, como es el caso de los hallazgos realizados en el
entorno del balneario de Sobrón en la segunda mitad del siglo XIX ( 2 ), su estudio se ha realizado sustancialmente a partir de la documentación textual.

La noción misma de despoblado hace referencia a un poblado, cuya existencia es conocida a partir de referencias textuales, que ha sido abandonado. De hecho, conocemos numerosos yacimientos medievales que por distintos motivos no tienen correspondencia en la documentación textual (p. e. imposibilidad de identificar el topónimo actual o el recogido en los textos; dificultad en delimitar la naturaleza de los restos) y que por lo tanto no han sido incluidos en los listados de los despoblados ( 3 ).

En consecuencia, tal y como han sido estudiados hasta el momento, los despoblados han de ser considerados como una porción relevante y significativa del conjunto de los yacimientos medievales de carácter campesino.

En Álava, al igual que en otros sectores europeos, el estudio sistemático de los despoblados en su doble dimensión patrimonial e histórica tuvo lugar a partir de mediados del siglo XX. La mecanización de las tareas agrarias, que en nuestro territorio comportó procesos de concentración parcelaria y reordenación paisajística muy profundos, sacó a la luz un increíble número de evidencias materiales relativas a pueblos medievales abandonados. Esta situación favoreció la toma de conciencia de la importancia del fenómeno y el inicio del estudio sistemático de este tipo de evidencias. En varios países europeos estos estudios han constituido, de hecho, uno de los motores en torno a los cuáles se ha construido la Arqueología Medieval de los espacios rurales.

 

Interpretación del yacimiento de Urizarra (Peñacerrada) sobre base LiDAR 2D.


Por lo que se refiere a Álava, en el año 1957 G. López de Guereñu publicó un largo estudio titulado `Mortuorios o despoblados' que recogía un listado de referencias textuales, que ha sido abandonado. De hecho, conocemos numerosos yacimientos medievales que por distintos motivos no tienen correspondencia en la documentación textual (p. e. imposibilidad de identificar el topónimo actual o el recogido en los textos; dificultad en delimitar la naturaleza de los restos) y que por lo tanto no han sido incluidos en los listados de los despoblados ( 3 ). 

En consecuencia, tal y como han sido estudiados hasta el momento, los despoblados han de ser considerados como una porción relevante y significativa del conjunto de los yacimientos medievales de carácter campesino.

En Álava, al igual que en otros sectores europeos, el estudio sistemático de los despoblados en su doble dimensión patrimonial e histórica tuvo lugar a partir de mediados del siglo XX. La mecanización de las tareas agrarias, que en nuestro territorio comportó procesos de concentración parcelaria y reordenación paisajística muy profundos, sacó a la luz un increíble número de evidencias materiales relativas a pueblos medievales abandonados. Esta situación favoreció la toma de conciencia de la importancia del fenómeno y el inicio del estudio sistemático de este tipo de evidencias. En varios países europeos estos estudios han constituido, de hecho, uno de los motores en torno a los cuáles se ha construido la Arqueología Medieval de los espacios rurales.

Por lo que se refiere a Álava, en el año 1957 G. López de Guereñu publicó un largo estudio titulado `Mortuorios o despoblados' que recogía un listado de trescientas cuatro localidades ( 4 ). 

Casi la mitad de estos lugares fueron georeferenciados con un cierto nivel de precisión (151), aunque también se incluyeron numerosas referencias a poblados mencionados en los textos de los que se desconoce su ubicación (casi 70), además de casos duplicados, numerosos lugares dudosos (62), casos que han sido integrados como barrios en otras localidades y que por lo tanto no son despoblados en sentido estricto (13), así como 27 despoblados del Condado de Treviño. Hay varias razones que justifican el elevado número de despoblados identificados. En primer lugar, la existencia de un conjunto de textos medievales, absolutamente excepcionales, que recogen listados sistemáticos de localidades habitadas en la Plena Edad Media.

La denominada `Reja de San Millán', fechada en el año 1025 y en la que se mencionan unos trescientos pueblos sometidos al pago de varios tipos de rentas a favor del monasterio de San Millán de la Cogolla, el listado de parroquias realizado en el año 1257 en el reparto de rentas efectuado entre el obispo y el cabildo de la catedral de Calahorra, o la relación de las recaudaciones obtenidas en los pueblos de Álava para el cerco de Tarifa del año 1295 son los documentos más útiles a la hora de establecer una cartografía de los pueblos existentes en Álava en la Edad Media ( 5 ).

En segundo lugar, la labor realizada por varios lingüistas, como el propio López de Guereñu, ha contribuido de forma decisiva a recoger la toponimia alavesa y ubicar muchas de estas localidades.

Desafortunadamente esta enorme labor no tuvo una recaída inmediata en la arqueología alavesa. El Instituto Alavés de Arqueología, que había iniciado su actividad precisamente el mismo año que López de Guereñu había publicado el artículo ya mencionado, no dedicó una atención especial a esta temática, y de hecho, no tuvo un reflejo destacado en la Carta Arqueológica de Álava editada en el año 1987.

A partir de los años ochenta se inició una nueva etapa en el estudio de los despoblados. La reedición de la obra de López de Guereñu (1989) se produjo en los mismos años en los que la Diputación promovió la realización de un primer inventario arqueológico de los «Núcleos deshabitados o en vías de despoblamiento en la provincia de Álava» (1986) que ha quedado inédito, a la vez que historiadores como J. Ramón Díaz de Durana analizaron el significado del fenómeno de la despoblación en el marco de la crisis bajomedieval ( 6 ).


( 1 ) J. M. Barandiarán, 1929, Despoblados de Álava, Anuario Eusko Folklore IX, pp. 95-100.

( 2 ) L. Velasco y Fernández de Cuesta, 1879, Los euskaros en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Sus orígenes, Historia, lengua, leyes, costumbres y tradiciones, Barcelona, pp. 134-136.

( 3 ) Se podrían citar, por ejemplo, los cementerios riojanos (A. Llanos, 1976, «Necrópolis altomedievales en la zona occidental de la Rioja Alavesa», Noticiario Arqueológico Hispánico 4, pp. 647-667) o el caso del Alto de la Ermita (M. L. Palanques, 1994, «Proyecto de ampliación del polígono industrial de Araya», en Arqueología de Urgencia en Álava / 1989-1993, Vitoria-Gasteiz, pp. 21-24).

( 4 ) G. López de Guereñu Galarraga G., 1957, «Mortuorios o despoblados», Boletín de la Real Sociedad de Amigos del País 14.2, pp. 135-226.

( 5 ) Editados en E. Pastor Díaz de Garayo, 2011, «La Llanada oriental hace mil años ¿qué hay del crecimiento agrario altomedieval?», en Agurain 1256-2006. Congreso 750 aniversario de la fundación de la villa de Salvatierra, Vitoria-Gasteiz, pp. 55-75; I. Rodríguez E de Lama, 1989, Colección diplomática medieval de La Rioja. Tomo IV: Documentos del siglo XIII, Logroño, n. 235; J. R. Díaz de Durana, 1995, Álava en la Baja Edad Media a través de sus textos, San Sebastián, n. 11.

( 6 ) R. Díaz de Durana Ortíz de Urbana, 1986, Álava en la Baja Edad Media. Crisis, recuperación y transformaciones, socioeconómicas (c. 1250-1525), Vitoria-Gasteiz.


 


En los años noventa, tras la aprobación de la Ley de Patrimonio Cultural Vasco (ley 7/1990), se crearon los instrumentos básicos de protección y de evaluación del patrimonio arqueológico, como es el inventario arqueológico del País Vasco, y se declararon numerosas Zonas de Presunción Arqueológica. De esta forma fue posible evaluar en términos cuantitativos y cualitativos la importancia de este tipo de yacimientos en Álava. El esfuerzo realizado en estos años ha sido enorme, de tal forma que han sido decenas los despoblados catalogados en el territorio alavés recopilando noticias orales, toponímicas y topográficas que, en muchas ocasiones, se han ido perdiendo o erosionando con el
tiempo. Sin embargo, uno de los principales problemas a los que se han tenido que enfrentar los catalogadores ha sido el de la escasa o nula visibilidad material de estos yacimientos. Una cosa es ubicar, de forma más o menos precisa, el topónimo de una localidad conocido gracias a la documentación medieval y otra cosa es, en cambio, establecer una delimitación precisa y concreta de estos yacimientos.

Es cierto que en muchas ocasiones, como ya señaló en su día López de Guereñu, se han conservado las iglesias de los antiguos pueblos como el último testimonio de estos poblados, lo que indudablemente ha ayudado en ocasiones a centrar su localización. Pero la mayor parte de los despoblados no conservan estas `ermitas testigo', ni tampoco ha sido fácil determinar si los pueblos se ubicaban en el entorno inmediato de estas iglesias o cubrían espacios más amplios. Y aunque desde los años noventa se han llevado a cabo intervenciones preventivas que han sacado a la luz parte de estos yacimientos ( 7 ), la realidad es que su conocimiento en estos años era aún muy parcial. Por este motivo, la mayor parte, si no la totalidad de los despoblados medievales alaveses han sido declarados como Zonas de Presunción Arqueológica.

Por otro lado, la documentación escrita no cubre de forma homogénea todo el territorio alavés, de tal forma que sectores como la Rioja alavesa, por ejemplo, están subrepresentados en el inventario arqueológico y es muy posible que haya un amplio número de despoblados medievales que no puedan ser identificados por las limitaciones de los textos medievales.

Con el cambio de milenio se han producido toda una serie de innovaciones significativas. La excavación en extensión realizada en la Catedral de Santa María mostró por primera vez la materialidad de las arquitecturas domésticas que habían sido hasta el momento casi invisibles a los investigadores ( 8 ).

Algunos años después la realización de excavaciones extensivas en los despoblados de Zornoztegi, Aistra, Zaballa o Bagoeta ha permitido repensar problemas como la noción misma de despoblado, las formas de protección de un patrimonio abundante pero frágil, y los criterios necesarios para llevar a cabo una delimitación más precisa de estos yacimientos.

 


Marco teórico y metodológico.

Una de las principales consecuencias que ha tenido la realización de las intervenciones arqueológicas en grandes extensiones en los despoblados medievales alaveses ha sido la de reformular el concepto mismo de yacimiento arqueológico. Una práctica arqueológica que se había especializado sustancialmente en el estudio de monumentos, conjuntos funerarios y residuos domésticos ha terminado por acotar el concepto de yacimiento a espacios delimitados y caracterizados por una densidad significativa de este tipo de evidencias. Sin embargo, las intervenciones extensivas realizadas en ocupaciones campesinas como Zaballa han permitido reconocer los espacios de producción agrarios e integrar en el estudio de los despoblados los espacios habitados y los espacios explotados. Sin poder abordar en esta ocasión todas las consecuencias que se derivan de esta reformulación teórica, lo que resulta evidente es que por un lado se ha diluido la noción misma de yacimiento a favor de un concepto más integral de paisaje.

En segundo lugar, se plantea un problema de orden práctico mucho más relevante en términos patrimoniales: ¿dónde se acaban los yacimientos? o ¿hay en realidad muchos yacimientos o el paisaje debe ser tratado de forma integral? En tercer lugar, el hallazgo y el reconocimiento de campos y espacios de cultivo medievales que han escapado de los intensos procesos de concentración parcelaria reciente obligan a integrar estas entidades patrimoniales en los inventarios arqueológicos.

En cuarto lugar, se ha podido identificar la existencia de bancales y terrazas medievales cultivadas de forma intensiva y ubicadas en proximidad de las viviendas en varios yacimientos ( 9 ).

La frecuencia de estos hallazgos ha llevado a considerar que podrían tener un carácter diagnóstico a la hora de definir con mayor precisión la ubicación y la delimitación de los despoblados medievales alaveses. En definitiva, una vez que se ha verificado de forma fehaciente que las estructuras altomedievales de los despoblados son prácticamente invisibles en superficie ( 10 ), se ha recurrido a la arqueología agraria como instrumento básico para comprender en términos sistémicos la estructura de estos despoblados.


( 7 ) Uno de los primeros reconocidos fue el de Mostrejón, F. J. Fernández Bordegarai, 1993, «Necrópolis medieval de Mostrejón (Salvatierra-Agurain)», Arkeoikuska 1993, pp. 271-284. A lo largo de estos años se ha intervenido en más de medio centenar de despoblados.

( 8 ) A. Azkarate, J. A. Quirós, 2001, «Arquitectura doméstica altomedieval en la Península Ibérica. Reflexiones a partir de las excavaciones arqueológicas de la catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz», Archeologia Medievale. Cultura Materiale, Insediamenti, Territorio XXVII, pp. 25-60.

( 9 ) J. A. Quirós, 2009, «Arqueología de los espacios agrarios medievales en el País Vasco», Hispania 233, pp. 619-652.

( 10 ) J. A. Quirós, 2011, «¿Por qué excavar en grandes extensiones? Arqueología de los despoblados alaveses y el estudio de la aldea de Zornoztegi (Salvatierra)», en Agurain 1256-2006. Congreso 750 aniversario de la fundación de la villa de Salvatierra, Vitoria-Gasteiz, pp. 379-402.


 

Una vez definido el marco teórico de acción se creyó oportuno recurrir a nuevas técnicas de teledetección de los espacios cultivados y los sistemas aterrazados de cultivo intensivo situados en los despoblados con el fin de analizar planimétricamente su ubicación y distribución. Para ello se han utilizado a nivel experimental los datos LIiDAR (Light Detection and Ranging) del vuelo realizado por el Gobierno Vasco en los territorios de Álava y de Bizkaia durante el año 2008. Dicha tecnología, basada en la teledetección por rayos Laser, permite la elaboración de modelos digitales del terreno (MDT) de muy alta calidad, con resoluciones de aproximadamente 1m de píxel y diferencias de altura de 20 centímetros.

Además, mediante el adecuado filtrado de estos datos y teniendo en cuenta que su resolución es de dos puntos por metros cuadrados, ha sido posible analizar la morfología de la superficie terrestre, incluso allí donde las cubiertas vegetales o la escasa visibilidad dificultaban la identificación de este tipo de estructuras. El empleo de estos modelos digitales en plataformas SIG ha permitido, además, construir cartografías de detalle de algunos de los principales yacimientos y utilizar críticamente otros registros, como es el caso de las ortofotos del año 1957 (el `Vuelo americano') realizadas antes de la concentración de la red parcelaria.

Por último, se ha llevado a cabo una prospección de superficie `no convencional' a partir de estos instrumentos teóricos y metodológicos. Para ello se ha contado con un equipo de trabajo internacional formado por investigadores que han trabajado en otros espacios europeos que presentan problemas de visibilidad similares a los hallados en el sector alavés.

 

El proceso de trabajo se ha articulado en las siguientes tres etapas de trabajo:

 

-a. Fase de diagnóstico (recopilación cartográfica, tratamiento datos LiDAR y fotointerpretación); 

-b. Trabajo de campo (fuentes orales, reconocimiento superficie, delimitación GPS, recogida de material de superficie); c. Elaboración y tratamiento de la información (desarrollo SIG, compilación fichas de inventario). Al tratarse de una prospección selectiva y orientada, el número de nuevos yacimientos incluidos en el inventario ha sido muy reducido, mientras que el principal esfuerzo se ha puesto en el estudio de detalle de los despoblados ya conocidos.

 


Los resultados de la intervención arqueológica.

Se han analizado y revisado un total de ciento sesenta y dos despoblados distribuidos por todas las cuadrillas alavesas (Cuadrilla de Añana 33, Cuadrilla de Ayala 9, Cuadrilla Montaña alavesa 21, Cuadrilla Rioja Alavesa 25, Cuadrilla de Salvatierra 39, Cuadrilla de Vitoria-Gasteiz 17, Cuadrilla de Zuya 18). En términos espaciales, la mayor parte de los yacimientos se localizan en la Llanada Alavesa, y en particular en el sector oriental, y en la Cuadrilla de Añana. Esta mayor densidad puede atribuirse tanto a la densidad de la documentación escrita relativa a estos sectores, que ha permitido identificar un mayor número de localidades, como a los propios procesos históricos. En cambio, en el sector cantábrico es donde se han detectado y estudiado un menor número de despoblados. Y aunque la documentación medieval relativa es más parca, este territorio probablemente está infrarepresentado. Lo mismo podría sugerirse para el caso de la Rioja alavesa, en donde la visibilidad del registro material está muy comprometida por las tareas agrarias recientes.

En términos patrimoniales el proyecto ha permitido mejorar sustancialmente el registro de este tipo de yacimientos arqueológicos. Se han redelimitado la casi totalidad de los yacimientos analizados, se ha reubicado un número muy importante de ellos y se han logrado resolver algunas inexactitudes existentes en el inventario arqueológico de los despoblados de Álava. Y aunque el esfuerzo principal del proyecto se ha orientado hacia la revisión completa de los despoblados ya inventariados, se han hallado nuevos yacimientos que han sido incluidos en el inventario arqueológico.

 

Planimetría de los despoblados medievales alaveses que han sido analizados en este proyecto.



Otra de las principales aportaciones de este proyecto ha sido constatar que en un 70-80 % de los despoblados analizados se conservan bancales, terrazas y espacios de cultivo que presuntamente pueden atribuirse a cronologías medievales. Y aunque en ausencia de intervenciones intensivas no es posible establecer una cronología precisa de estas estructuras ( 11 ), son indicadores de un alto grado de artificialización de los paisajes que, según se ha podido constatar, se han desarrollado con intensidad y de forma sistemática precisamente allí donde se localizan los despoblados. Muchos despoblados se ubican en suelos pobres, de escasa potencia que no han sido integrados más que parcialmente en los sistemas de cultivo creados a lo largo del siglo XX como resultado de la concentración parcelaria, de tal forma que los espacios cultivados de forma más intensiva situados en proximidad de las viviendas se han mantenido. Sin embargo debería de evitarse la cosificación de este tipo de evidencias materiales puesto que no son elementos fosilizados que se hayan mantenido de forma estable desde la Edad Media hasta nuestros días. Por ejemplo, en el caso de Aistra se ha podido observar que el sistema de terrazas construido en la Alta Edad Media ha sido modificado y ampliado en el período postmedieval. Y aunque el diseño del espacio de cultivo y su estructura principal sí se puede atribuir al período en que estuvo en uso el poblado medieval luego abandonado, su análisis e interpretación ha de realizarse en el marco de la larga duración.

En términos históricos los resultados obtenidos en este proyecto han sido igualmente muy importantes. Y aunque en ausencia de excavaciones intensivas no es posible realizar determinado tipo de inferencias, disponemos de numerosas sugerencias e indicios a partir de los cuáles poder orientar el trabajo en el futuro.

Uno de los datos más interesantes que se ha observado es la existencia en los valles occidentales de un tipo de yacimiento de grandes dimensiones dotado de presuntos recintos amurallados (como p. ej. Carasta o Dulanto) no existentes en otros sectores alaveses. Y aunque en ausencia de excavaciones no podemos aún establecer la cronología ni las características de estas construcciones ­reconocibles tanto en los datos LiDAR como en superficie­ a partir de las prospecciones en superficie se puede sugerir que podrían ser atribuidos al período medieval. Si partimos de la hipótesis de que este tipo de yacimientos, los castillos y los pueblos asociados a castillos pueden ser considerados como indicadores de complejidad social y de una estructura territorial muy articulada, resulta de interés señalar que su mayor concentración se sitúa en el sector en el que se ubicaba en la Alta Edad Media el condado de Lantarón y el obispado de Valpuesta. No obstante, será preciso llevar a cabo estudios detallados sobre estos yacimientos para verificar la validez de estas sugerencias.

Otro dato de interés que se ha podido verificar a lo largo de este proyecto es el de la existencia de importantes diferencias subregionales en lo que se refiere a la extensión, características y dimensiones de los despoblados. En general son más numerosos los despoblados de pequeñas (<15 Ha) y medianas dimensiones (15-40 Ha) mientras que los despoblados de mayores dimensiones (> 40 Ha) se localizan sustancialmente en los valles occidentales y en menor proporción en la Montaña Alavesa. Los castillos y aldeas asociadas a castillos son muy escasos en la Llanada, Zuia y Ayala, mientras que su incidencia es más notable en los Valles occidentales, la Rioja Alavesa y la Montaña Alavesa.

Este último dato es de gran interés a la hora de valorar la extensión del modelo de incastellamento que ha sido documentado recientemente en el Condado de Treviño en los castillos de Treviño y Arganzón.

Otro aspecto sobre el que merece la pena reflexionar es el relativo a la densidad de los despoblados y a los procesos de despoblación. Es muy llamativa la concentración de este tipo de evidencias en la Llanada oriental y en proximidad de villas de fundación real. Sabemos, gracias a las intervenciones arqueológicas que se han ido realizando en los despoblados a lo largo de estos años que, frente a las explicaciones manejadas en el pasado, los procesos y las causas de los abandonos son muy variadas y complejas. Así por ejemplo el abandono de Zornoztegi se puede relacionar con la fundación de la villa de Salvatierra, aunque mantuvo una ocupación puntual en los últimos siglos de la Baja Edad Media; en el caso de Zaballa la aldea fue profundamente redimensionada ya en el siglo XIII, pero el abandono efectivo solamente tuvo lugar a mediados del siglo XV, aunque se reocupó parcialmente en la época renacentista; en Aistra, en cambio, parece que el abandono fue mucho más precoz. En definitiva, hay una multiplicidad de causas que han contribuido a modelar el paisaje rural alavés en la Edad Media, uno de cuyos resultados más inmediatos ha sido la formación de un gran número de despoblados que siguen siendo uno de los mejores laboratorios para explorar arqueológicamente las sociedades rurales.

Interpretación del espacio agrario medieval del despoblado de Aima (Peñacerrada) sobre base LiDAR 3D.


Conclusiones.

Las excavaciones arqueológicas que se están realizando en los últimos años en varios despoblados alaveses están proporcionando informaciones muy relevantes sobre las transformaciones que han tenido lugar en estos pueblos y aldeas en la Edad Media, mostrando procesos muy distintos entre sí. Dicho de otra forma, el concepto de despoblado agrupa realidades muy heterogéneas en términos históricos aunque siguen planteando retos muy similares en términos patrimoniales y de protección arqueológica. Aunque el número de yacimientos recogido en el inventario es muy amplio, puesto que se acerca a los dos centenares, son varios los despoblados que han sido afectados de forma severa por distintos tipos de obras en los últimos años de manera que han sido completamente destruidos. No obstante, han sido y son las tareas agrarias intensivas las que comprometen la conservación de los depósitos arqueológicos de este tipo de yacimientos mediante procesos de baja intensidad pero que se repiten año a año. En la práctica totalidad de los lugares en los que se ha intervenido se ha constatado que las cotas originales han sido progresivamente rebajadas por estas prácticas agrarias, de tal forma que es posible que en pocos años la visibilidad de estos yacimientos se haya modificado profundamente.

Este proyecto arqueológico no ha tomado en consideración todos y cada uno de los despoblados pero sí la casi totalidad de los yacimientos conocidos. Hay que tener en cuenta que hay toda una serie de localidades mencionadas en los textos y recogidas por G. López de Guereñu que no se han podido localizar físicamente. Muchas de estas localidades son lugares que se mencionan en la «Reja de San Millán» e incluso en documentos más antiguos y que no vuelven a citarse en la documentación ni han dejado huella toponímica, por lo que su localización es muy compleja. Pero ello no quiere decir que su localización sea imposible.

Pongamos un ejemplo.En el marco del estudio que hemos realizado en Zaballa (Iruña de Oca) se ha podido constatar que, según la «Reja de San Millán», entre las localidades de Subijana y Villodas se localizaban los lugares de Elheni uilla, Luperho y Zaballa ( 12 ).

Mientras que no hemos tenido ninguna dificultad en localizar Zaballa o Lupierro (aunque también en este caso sigue habiendo dificultades en su delimitación precisa), Elehni uilla es uno de los muchos lugares que menciona López de Guereñu como despoblado no reconocible o no localizable porque se ha perdido completamente la memoria toponímica. En varios pleitos del siglo XVI relativos a Zaballa conservados en el archivo de la Real Chancillería, se mencionan entre los mojones que delimitan su término los paúles de Ynyvilla o Ynybilla o el valle de Nibilla. Parece indudable que este topónimo se puede identificar con la Elehni uilla mencionada en el año 1025. Sin embargo, en la actualidad no resulta posible ubicar topográficamente este microtopónimo ni hay memoria oral que así lo permita, pero la propia distribución de los mojones mencionados en estos pleitos permite pensar que estos paúles o zonas pantanosas se hallaban en proximidad del río Zadorra, en el límite noroeste del término de Zaballa. En la actualidad sí se conserva el topónimo Alto de Paulejas y Barranco Paulejas en la cartografía del Instituto Geográfico Nacional y en el Catastro de Álava en la zona en proximidad de un meandro del Zadorra y al noroeste de Zaballa.

Además, en proximidad de este Alto de Paulejas se encuentra el término de Sanzorni o Sanzornil, en el que se ha recuperado cerámica medieval y lo que parece que ha sido un cementerio medieval. Con todos estos indicios se podría sugerir que en este lugar se pudo localizar la Elehni uilla y que tuvo una iglesia titulada Sanzorni.

Y aunque no siempre se conservan documentos tan elocuentes y la mayor parte de la documentación renacentista aún no ha sido transcrita y analizada desde esta perspectiva, el ejemplo de Sanzorni nos permite ser optimistas a la hora de poder abordar, en el futuro, nuevos trabajos que permitan identificar otros despoblados medievales.

Por último querríamos concluir estas notas señalando que, aunque de momento el esfuerzo de nuestro grupo de trabajo se ha concentrado únicamente en el área alavesa y que contamos con pocas noticias sobre los despoblados de otros territorios históricos ( 13 ), será oportuno trabajar en los próximos años en el sector cantábrico adaptando los protocolos y las técnicas de investigación para poder mejorar los instrumentos de protección y de evaluación arqueológica.


( 11 )Se han excavado y fechado en época medieval varios sistemas de bancales y terrazas en los yacimientos de Zaballa, Zornoztegi, Aistra, Treviño, Bagoeta o La Dehesilla. Ver p. e. J. A. Quiros, 2010, De la Arqueología Agraria a la Arqueología de las aldeas medievales, en H. Kirchner (ed), Por una arqueología agraria. Perspectivas de investigación sobre espacios de cultivo en las sociedades medievales hispánicas, Oxford, pp. 11-23.

( 12 ) J. A. Quirós Castillo (dir), 2012, Arqueología del campesinado medieval. La aldea de Zaballa, Bilbao.

( 13 ) I. García Camino, 2002, Arqueología y poblamiento en Bizkaia, siglos VI-XII. La configuración de la sociedad feudal, Bilbao, pp. 253 ss.; N. Sarasola, A. Moraza, 2011, Erdi Aroko Arkeologia Gipuzkoan = Arqueología Medieval en Gipuzkoa, San Sebastián, pp. 91 ss.


 

J.A. Quirós Castillo



ALEGRÍA-DULANTZI.