Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

Arkeologi Ikerketa-Investigación Arqueológica.

A.7. AIARA / AYALA.

A.7.1. Torre de Zubiete (Llanteno).

Dirección: F. Javier Ajamil Baños.

Financiación: Carlos de Palacio y de Oriol.


The archaeological intervention carried out in Zubiete tower and its adjacent palace has enabled its historical evolution to be charted. The building does not date back further than the 15th century, and underwent major alterations during the 17th century (the period in which the palace was added) and throughout the 19th century.

However, the use and internal distribution of the ground floor remained unchanged for centuries, with an area set aside for storage and another for a stable in which the inhabitants kept small animals for domestic consumption.

During the 19th century, the ground floor of the palace was also turned into an animal pen, while the first floor was used for storing agricultural products.


Debido a la existencia de un proyecto de rehabilitación de la denominada torre de Zubiete, en Llanteno, municipio de Ayala /Aiara, se ha realizado una actuación arqueológica que ha abarcado la excavación de la totalidad de la superficie del interior de la torre, la realización de un sondeo arqueológico en el interior del palacio, una lectura de las unidades edificatorias de la torre y el palacio y el control arqueológico de las obras que se han realizado en el exterior del conjunto arquitectónico.

La excavación del interior de la torre se inició con la limpieza inicial de la zona de excavación, lo que deparó la primera sorpresa al quedar al descubierto los restos de un empedrado de cantos dispuestos «en espiga». Este pavimento estaba claramente relacionado con las actuales escaleras de acceso a la primera planta a cuya estructura se adosaban. El desgaste de este suelo, con la desaparición de partes del empedrado motivó que se reparara con losas de piedra, tierra batida e incluso, recientemente, con cemento.

Pero si esto ocurría en el tercio delantero del área de excavación, casi toda la parte central y trasera de la planta baja de la torre estaba ocupada por depósitos de cronología reciente que rellenaban un rebaje en el terreno que afectaba incluso a las dos primeras gradas de la escalinata de acceso al primero piso. Al pie de las escaleras se encontró un pesebre tallado en un solo bloque de piedra y, tras retirar los depósitos mencionados apareció el empedrado de una cuadra cuyo nervio central estaba totalmente inserto en el sustrato geológico. El acceso a esta cuadra se hacía por el lateral de la torre, abierto cuando se creó ésta y tapiado una vez deja de usarse este espacio para guardar a los animales.

Respecto a la parte delantera, desmontada la solera de losas y cantos, se excavó el depósito sobre el que ésta asentaba, en el que se distinguieron algunos agujeros de poste y de puntales de madera, éstos muy cerca de la zona destinada a cuadra y evidencias de que con anterioridad se extendía por la planta baja un empedrado similar al anterior. Este depósito cubría un nuevo relleno de nivelación bajo el que ya afloró el estrato natural, compuesto de tres niveles, uno superior de finas arenas producto de la desecación del fondo fluvial, sobre un depósito aluvial de cantos rodados de diferentes tamaños y, finalmente, las calizas y margocalizas de descomposición de la roca. El hecho de que en la parte trasera no aparecieran los dos primeros es por el rebaje artificial del terreno al que hemos aludido antes.

La lectura estratigráfica de los exteriores de la torre estuvo en todo momento condicionada por su reciente rehabilitación, en la última década del siglo pasado. El enfoscado de argamasa que rebosa los bordes de los mampuestos hizo imposible reflejar fielmente sobre el plano la mayor parte de las modificaciones efectuadas en su fachada. Tuvimos que atender, por tanto, a la escasa documentación bibliográfica que hemos hallado sobre la torre de Zubiete y a las diferencias constructivas de los vanos abiertos en los lienzos para determinar su evolución histórica. No obstante, gracias a que aún se conservaban las escaleras de acceso a los pisos superiores, tuvimos la posibilidad de analizar y documentar gráficamente los paños internos de la torre. De este modo se advirtieron con claridad los cortes efectuados en los muros para abrir ventanas y accesos a las edificaciones que rodearon en su día a la torre en el siglo XVII. También se identificaron restos de, al menos, otra redistribución interna, ya que durante el siglo XIX pudo producirse una nueva reforma integral del conjunto arquitectónico.

Tras la excavación arqueológica de la torre realizó el sondeo en el palacio anexo, que comenzó con la retirada del escombro y la vegetación acumulada en su interior. Así, se pudo constatar que en la mitad norte, el nivel superficial cubría un paquete arcilloso que se trataba, sin duda alguna, del afloramiento del estrato natural, aunque se siguió profundizando para asegurar este extremo, llegando a alcanzar el sustrato de margocalizas que ya se advirtió en el interior de la torre. En la parte sur del palacio se localizó un enlosado que se extendía por la mitad de la planta baja, anexa a la fachada oeste de la torre. Se trataba de losas de piedra caliza muy bien labradas de entre 8 y 12 cm de grosor que asentaban sobre una alineación de sillares y piedras más o menos escuadradas que servía para mantener una altura regular sobre la que extender esta solera. 

El espacio restante a los lados de esta estructura estaba relleno por un depósito de cantos rodados de diverso tamaño entre el que menudeaban los fragmentos de teja. Separando ambos espacios se halló, atravesando de forma transversal la planta baja en dos estancias, un muro de mampostería de 80 cm de altura y unos 65 cm de anchura. En el extremo este del muro se situaba el umbral de la puerta que comunicaba ambas estancias, compuesto por un solo bloque de piedra caliza de 1,40 por 0,55 metros de lado, que contaba con sendos orificios en los extremos para las jambas de maderaEn vista de todo ello, podemos concluir que la estructura actual de la Torre de Zubiete es la original, es decir, no se levanta sobre los restos de una anterior. Podríamos datarla del siglo XV, ya que Micaela Portilla ofrece el dato de que los Murga ya estaban afincados en Llanteno en esta centuria. Además, entre el escaso material arqueológico recogido durante la excavación, principalmente pequeños fragmentos de recipientes cerámicos, de restos óseos de fauna, de material constructivo, clavos de hierro y una moneda, no se encontró nada que pudiera considerarse anterior. De todos modos, Juan Manuel González Cembellín ya apunta que salvo algunas excepciones anteriores las torres hicieron su aparición en el primer tercio del siglo XIV, para difundirse durante el resto de la centuria.

Al interior de la torre se accedería originalmente, mediante un patín, por el vano con arco ligeramente apuntado que se abre al este, a la altura de la primera planta. La planta baja, destinada a almacén y bodega, sólo tendría acceso desde el primer piso, solución arquitectónica común en las torres de este periodo.

Hemos podido documentar que tuvo una solera con empedrado de cantos, si bien se han localizado agujeros para puntales de madera que alcanzan el estrato natural y algunos otros indicios en el relleno que se extendía bajo el empedrado que apuntan a que el piso original sería de tierra. La existencia de estos puntales insertos en el suelo hace pensar que, además, pudo ubicarse en esta planta baja algún tipo de recinto para pequeños animales con destino a la alimentación de los habitantes de la torre.

Es a partir del siglo XVII cuando se produce la primera reforma importante en la estructura de la torre.

Se abre la portada sur a la altura de la planta baja, construyéndose en el interior una escalinata de piedra cuyo segundo tramo coincide con las saeteras de la fachada norte, cegándolas. A la vez, se extiende un nuevo empedrado de cantos dispuestos «en espiga».

 

Aspecto de la Torre de Zubiete y de su palacio adosado durante la intervención arqueológica.


Sería durante este mismo siglo cuando se añadiría el palacio a la torre, adosado a su fachada oeste, formando un mismo conjunto arquitectónico. Las características de la puerta principal, con arco escarzano por su parte interna y adintelada por el exterior y con jambas de sillería, coinciden con los dos nuevos vanos que dan acceso al palacio, tanto en la planta baja como en la primera y con el balcón situado sobre la portada. Además, la entrada a éste por el oeste y las ventanas que se abren a poniente, son similares a los de la torre. Respecto a las ventanas rectangulares de la fachada principal y la de la fachada este, si bien cuentan con recercos de sillería por el exterior, no guardan similitud con los vanos anteriormente descritos. Por el interior tienen dintel de madera y los recercos se han regularizado con el mismo material constructivo extraído de la torre cuando se habilitaron. Es por ello que creemos que podrían ser parte de una reforma posterior, seguramente en el siglo XIX, cuando se crea un nuevo acceso también a la primera planta del palacio.

En la planta baja, el empedrado va perdiendo piezas por el uso, sustituyéndose por losas de piedra entre la puerta y la escalinata y por tierra batida al fondo de la torre. Esto es porque aún se conserva la costumbre heredada de siglos anteriores reservándose un espacio para corral de pequeños animales, tras una pequeña empalizada de madera que también ha dejado su impronta mediante agujeros para puntales de madera. Este esquema se repetirá hasta el abandono definitivo de la torre durante el siglo pasado, ya que se ha localizado un corte en el terreno que afectaba a casi toda la zona oriental de la torre. Corte realizado para construir un empedrado de adoquines y losas con un nervio central bien asentado en el estrato natural. Este empedrado, sobre el que se apoyaba un pesebre de piedra para cuya colocación se desmontó parte de las gradas de la escalinata, ocupará todo el espacio destinado a cuadra de ganado. Quedaría separado del zaguán por una simple valla de madera y se entraría por una puerta abierta en la fachada este.

Los restos descubiertos a nivel del suelo de la planta baja del palacio anexo datarían también de finales del siglo XIX como fecha más temprana. Nos referimos al enlosado de la mitad sur y al muro que divide este espacio del situado en la mitad norte, a una cota sensiblemente más baja. Según sabemos por fotografías y algunas evidencias que han dejado su impronta en la propia torre, ésta tuvo adosada una edificación a su fachada norte y, como consecuencia también a la mitad norte del palacio. Esta construcción tuvo habilitada su planta baja para corral de ganado, que aumentó su espacio a base de rebajar el terreno de la mitad norte del palacio y acomodarla a la nueva cota. El muro transversal separaría la cuadra de la otra mitad del palacio a la altura de una de las vigas de la que hoy sólo quedan los mechinales. Este lado de la planta baja del palacio contaría con un enlosado a la cota original. La comunicación entre ambos espacios se hacía a través de una puerta habilitada junto al muro de la torre, salvando la diferencia de altura posiblemente mediante una escalera de madera, ya que no se han hallado evidencias de una estructura de mayor empaque.

F.J. Ajamil Baños.


 


BARRUNDIA.