Arqueología - Vitoria-Gasteiz.


 
 

 

ESCULTURAS ROMANAS INÉDITAS DE CLUNIA.

Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.

Tomo LXI, 2.-1954.

POR BASILIO OSABA Y RUIZ DE ERENCHUN.
DIRECTOR DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE BURGOS.

 

En este trabajo, deseosos de contribuir con nuestro granito de arena al conocimiento cada día más perfecto de la escultura clásica en nuestro solar patrio, damos a conocer unas cuantas estatuas que vienen a engrosar el ya muy numeroso de las series escultóricas que se conservan en los museos y colecciones particulares, y que servirán, en su día, para completar el Corpus de la escultura hispano-romana, tarea que, es de suponer, no tardará en emprenderse.

Hasta hace muy pocos años España adolecía de publicaciones adecuadas para un estudio serio y concienzudo de la escultura romana en nuestra Patria. Ahora no podemos decir lo mismo, pues a los estudios de Gómez-Moreno, Pijoan, Fernández Avilés, Eugene Albertini, Lantier, Poulsen, De los Santos Gener, Martín Almagro, etc., tenemos que añadir el acabadísimo del profesor García y Bellido (1). 

Posteriormente a esta excelente publicación vienen saliendo a la luz trabajos monográficos de esculturas romanas que, aisladamente y con más o menos periodicidad, vienen apareciendo al azar un poco por doquier e ingresando en los museos arqueológicos (2).


(1) Esculturas romanas de España y Portugal. Madrid, 1949.

(2) Vid . Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales, de la Inspección General de Museos, y Archivo Español de Arqueología, del Consejo de Investigaciones Científicas.


 

Estos hallazgos nos ponen muy de manifiesto el alto nivel que la vida alcanzó en la época romana, como asimismo nos lo prueban la abundancia de productos naturales, las numerosas industrias y el propio comercio. Los conceptos de estética, sanidad, comodidad y técnica eran ya conocidos. 

Todos los refinamientos de la vida romana llegaron a disfrutarlos los provinciales hispanos en las ciudades y colonias de importancia, y estas esculturas, como otros numerosos hallazgos, nos dicen muy a las claras que España fue una de las provincias más importantes de la parte occidental del Imperio romano, concepto diametralmente opuesto al que algunos investigadores la han tratado de pobre e inculta.

E l malogrado arqueólogo y ex director del Museo Arqueológico Nacional, don Blas Taracena y Aguirre, nos dice (3) que las noticias más antiguas de la ciudad de Clunia arrancan del año 75 antes de Jesucristo, y que varios autores clásicos la mencionan en sus escritos : Tito Livio, Exuperantio, Dion Casio, Plinio, Plutarco, Suetonio, Ptolomeo, etc. 

Ignacio Calvo, a raíz de las excavaciones realizadas el año 1915, asegura (4) que en estas ruinas se encontraron, desde el siglo xvi hasta nuestros días, testimonios irrecusables de dos poderosas civilizaciones, una celtibérica y otra romana, siendo indudable que su suelo estaba en los confines de la antigua Celtiberia y dentro de la región de los arévacos. Taracena admite la existencia de una ciudad celtibérica anterior a la romana, que carecía de importancia y renombre, pero no en el lugar que intentó colocarla don Ignacio Calvo. 

Y si es que estuvo emplazada en la cumbre del Castro, fue fundada hacia el siglo II antes de Jesucristo por gentes lindantes con la romanización, pues así parece comprobarlo los escasos restos que al sur de la habitación 79 aparecieron, cual son: dos fíbulas, una del tipo de la Tene II, otra de la Tene III, una hebilla de aro y algunos tiestos de técnica celtibérica pintados con rayas en ondas o círculos. Esto mismo parece comprobarlo la hermosa estela circular con el jinete ibérico que se guarda en este Museo y que procede también de Clunia, y dos piedras que vió Calvo empotradas en una casa de Peñalba.

Una tradición constante asegura que Clunia fue destruida por los bárbaros, lo cual es muy verosímil, aunque no puede deducirse por esto que la destrucción fuera total, en lo que se refiere a la parte material, y sí sólo a lo que, social y políticamente hablando, representaría Clunia con respecto a la región (5).


(3) «El palacio romano de Clunia». Arch. Español de Arqueología, núm . 62.

(4.) E n las Rulnas de Clunia. B . A . B . y  M . , 1936, t. I, pág. 93

(5) Ibídem.



Posteriormente la población fue asaltada y conquistada por los árabes, huyendo sus habitantes a las montañas vecinas.

La reconquistó Alfonso I el Católico. Más tarde, Abderrahman III la volvió a tomar, saqueándola por completo.

Una vez en poder de los reyes cristianos, el nombre de Clunia aparece en varios documentos : Cartulario de Silos, en el Concilio de los Husillos, etc. Por lo tanto, existió la Clunia celtibérica, la Clunia romana o «Clunia Sulpicia» y la Clunia medieval o «Coruña del Conde».

Asimismo el señor Taracena (6) nos da una extensa bibliografía de los historiadores y arqueólogos que en el transcurrir de los tiempos se han ocupado de las ruinas de Clunia, así como de las prospecciones y trabajos de excavación en ellas realizados.

Algunos autores opinan que en la época de su mayor apogeo, ya que fue la capital del célebre Convento jurídico, alcanzó la cifra de 60.000 y 80.000 almas (7). E n cambio, Ignacio Calvo la hace bajar a las 30.000. E n el teatro había asiento para unos 3.000 espectadores (8).

Hay que tener muy en cuenta que los núcleos romanos más importantes se forman a los lados de la gran arteria que constituye la vía de Asturica a Caesar Augusta, y entre las ciudades imperiales solamente aquellas de origen indígena, como Clunia, Termacia, Ocilis, Uxama, Numancia, etc., que ocupan altozanos estratégicos, adquieren amplio desarrollo y mantienen fortificaciones (9).

Domingo Hergueta (10) supone que cinco vías romanas concurrían en Clunia : la 27 del itinerario de Antonio Car acalla, la que partía de Termes, la que se dirigía a Segeda, la que se dirigía a Silos pasando por Araúzo de la Torre y la que se dirigía a Juliobriga.


(6) Ob. cit.

(7) J. LOPERRÁEZ : Descripción histórica del obispado de Osma, t. II. Madrid, 1778, y ARIAS DE MIRANDA : «Noticia de la antigua ciudad de Clunia». Rev. de España, t. IV, 1868.

(8) Ob. cit.

(9) BLAS TARACENA: «Vías romanas del alto Duero». An. del C. F. de A . B y A . Madrid, 1984.

(10) «Antigua Geografía burgalesa». Bol. Com. Mon. de Burgos, t. III, página 76.




Si todavía existen dudas acerca del emplazamiento de la Clunia celtibérica, no sucede lo mismo con la ciudad romana, ya que está clarísimamente delimitada. Sobre una amplia meseta de unas 130 hectáreas de superficie, un perímetro aproximado de 7.800 metros, y 1.350 y 1.100 metros de ejes, respectivamente, situada sobre el cerro del Castro, a 120 metros sobre el nivel del río Arandilla y 1.023 sobre el nivel del mar, desde donde se domina una fértil campiña que se extiende a sus pies como rica alfombra esmaltada de tonos brillantes que dan realce y avaloran el poético ensueño, surgen estas ruinas ennoblecidas por los recuerdos que evocan. 

La meseta está situada en el término de la villa de Peñalba de Castro, partido judicial de Aranda de Duero, provincia de Burgos, lindando con la de Soria. Tiene por aledaños las vegas de Coruña del Conde, Hiñojar y Quintanarraya. L a antedicha meseta presenta 16 salientes bastante pronunciados, formando una especie de estrella.

La subida a las ruinas desde Peñalba es muy parecida a la de Iruña (Álava) desde el pueblecito de Trespuentes, con la particularidad de que en Clunia, y a la izquierda, sorprenden y emocionan vivamente al arqueólogo las ruinas del teatro mostrando al descubierto las dependencias clásicas de esta clase de construcciones. 

Hacemos hincapié en este edificio de una manera especial, por ser muy verosímil que las estatuas que estamos estudiando procedan del teatro, como sucede con la sacerdotisa de Isis, que se conserva también en este Museo. Está situado en la parte alta de un barranco, casi cortado a pico, mira al Oriente y tiene por fondo en lontananza las sierras del Sistema Ibérico, de una belleza extraordinaria. 

Fácilmente reproduce la imaginación lo que la acción de los siglos destruyó en el edificio que, como todos los de su clase, estaba al aire libre y emplazado en la vertiente de un pequeño cerro para aprovechar el declive del mismo terreno, erigiéndose sobre este plano inclinado las graderías donde los espectadores tomaban asiento (lámina I, 1).

Siendo el teatro la ruina más perceptible e interesante de la antigua ciudad romana j muchos autores se han ocupado de las mismas, fijándose todos ellos en la cavea, la scaena y los cúneos.

Se observan en todos estos escritores algunos errores que Ignacio Calvo deshizo al completar la excavación del mismo en el año 1915 (11).


(11) Ob. cit.


 

 

Lám .1.-Ruinas romanas de Clunia (Burgos). 1) E l teatro. 2) Aspecto general.

De la misma manera que en Iruña, hacia la mitad de esta planicie existe una ermita dedicada a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Castro, erigida sobre el templo de Júpiter. En Iruña, al parecer, la ermita estaba dedicada a Santa Catalina. Probablemente estas ermitas se erigieron sobre los templos páganos, pues la Iglesia Católica propendió a cristianizar lo pagano. ...

Junto a estas interesantes ruinas, que tanto emocionan, y encima de la gran meseta, aun antes de que Taracena hiciera la excavación, afloraban en superficie grandes trozos de mosaicos, camafeos, monedas, basas de columnas, paredones de sillares de más de un metro de altas, restos de una de las puertas de acceso a la ciudad, vestigios de murallas, baños, termas, acueductos, etcétera. 

De la muralla exterior no queda nada en nuestros días.

Como dice muy bien Taracena (12), el panorama arqueológico de estas ruinas cambió más entre los siglos XVIII y XX qué entre la Alta Edad Media y el siglo XVIII, debido al diario y tenaz esfuerzo de los labradores para lograr más útiles superficies de cultivo. 

Por nuestra parte, debemos añadir que la ley del mínimo esfuerzo inuyó también muchísimo en la destrucción sistemática de tan venerandas reliquias, pues los habitantes de los pueblos próximos acarrearon las ya talladas piedras para construir sus humildes, pobres y apiñadas casas; y así vemos en Peñalba, Coruña del Conde, Peñaranda de Duero, etc., incrustadas en sus paredes miserables, sillares de márbol, fustes de columnas, lápidas conmemorativas, bajorrelieves de mérito, a tal punto que apenas hay edificio que no tenga embutida en sus muros alguna piedra labrada de época romana.


(12) Ob. cit.


 

No queremos terminar estas breves notas sobre Clunia sin antes apuntar que en la época romana fue la capital del Convento jurídico de su nombre y que fue el célebre arqueólogo y excavador don Blas Taracena quien dirigió los trabajos de excavación entre los años 1932 a 1935, poniendo al descubierto recintos interesantes, dados a conocer magistralmente en el trabajo tantas veces citado.

Hoy en día las ruinas producen sensación de dolor y de nostalgia; unas vagonetas volcadas y salidas de sus raíles parecen invocar ayuda para que alguna mano voluntariosa las ponga de nuevo en actividad.

Antes de entrar de lleno en el estudio de los torsos, objeto de este trabajo, vamos a exponer en breves líneas algunas notas del lugar en que fueron encontrados antes de su inmediato ingreso en el Museo.

A muy poca distancia de Clunia existe la villa de Peñaranda de Duero, una de las villas burgalesas que merece ser nombrada por su hidalguía histórica, por ser cuna de varones esclarecidos y por su riqueza artística. Sobre un cerro de bastante altura se descubre un castillo de airosa traza en forma de buque que domina una extensa llanura. El caserío se agrupa en la falda de esta montaña, extendiéndose y descendiendo paulatinamente hasta el llano, donde aún se pueden ver restos de la antigua muralla.

Junto a un arco de bastante altura que da paso a la plaza de la Colegiata se levanta un rollo de piedra de buena labra, ojival, del siglo xv, con varios escudos de las Casas de Montijo y de los condes de Miranda. E n la plaza contigua se halla la hermosa Colegiata, en la que figuran algunos hermosos bustos romanos completos adornando el cornisamento de la portada, procedentes también de Clunia.

Frente a la iglesia de referencia existe una de las numerosas joyas arquitectónicas que existen en nuestro solar patrio. Como dice Isidro Gil (18), es una casa solariega, un palacio señorial de gran lujo y riqueza. Esta casa singular es de estilo renacentista y fue construida en la primera mitad del siglo XVI por don Francisco Zúñiga de Avellaneda, tercer conde de Miranda, el que, según Amador de los Ríos, falleció el año 1536 y está sepultado en la iglesia del monasterio de la Vid. 

A éste dejó por testamentario su hermano el cardenal-obispo de Burgos, don Iñigo López, hijo de los condes de Miranda, don Pedro de Zúñiga y Avellaneda, fundador del famoso Colegio de San Nicolás -actual edificio del Instituto de Enseñanza Media-, la institución cultural de más alientos que registra la historia burgalesa en el siglo xvi (14).


(13) Memorias históricas de Burgos y su provincia. Burgos, 1918, pág. 239.

(14) TEÓFILO LÓPEZ MATA : «El Colegio de San Nicolás». Bol. Com. de Museo de Burgos, t. II, pág. 499.



Este espléndido edificio está dotado de un magnífico patio de honor y de una regia escalera cubierta por una bóveda de hermosos artesonados de madera muy fina, con un claro-oscuro y acentuado relieve, reveladores del gusto más delicado y puro, que sirve de acceso a los amplísimos salones de la planta superior, habitaciones que más bien parecen haber sido construidas para recibir a los personajes más ilustres de una Corte oriental que para morada de señores castellanos.

La casi totalidad de las habitaciones están adornadas con yeserías de estilos mudéjar y plateresco que embelesan y cautivan, y con azulejos de vivos colores y vistosos reflejos metálicos. 

En toda la ornamentación de este sin par palacio señorial se ve la mano de alarifes árabes, una prueba más de la influencia arábiga en Castilla en la época medieval y principios del Renacimiento.

Esta preciada joya, mansión un día de los condes de Miranda y Montijo, estaba en trance de desaparición total debido a la incuria de los hombres, a los elementos atmosféricos y a la suciedad y abandono en que se hallaba. Mas, por fin, una mano piadosa, el Estado español a través de don Francisco Iñíguez, comisario general del Patrimonio Artístico Nacional y que conoce y avalora sus maravillas, se ha posado cariñosamente sobre sus joyeles, y en la fecha en que esto escribimos está muy avanzada la reconstrucción y restauración que, dicho sea de paso, se lleva de una manera magistral por el arquitecto señor Arenillas. Este edificio, una vez restaurado, servirá de albergue a la Sección Femenina. 

Fue declarado monumento nacional el 11 de agosto de 1923, pues en la sesión celebrada por la Comisión de Monumentos de Burgos el día 19 de septiembre del mismo año se lee textualmente: «Se da cuenta de la declaración de monumento arquitectónico-artístico del llamado palacio de los condes de Montijo, en Peñaranda de Duero, y que se hagan las debidas gestiones para las reglamentarias anotaciones marginales en el Registro».

En más de una ocasión la Comisión de Monumentos de Burgos hizo oír su voz lamentándose del pésimo estado de conservación en que se hallaba, pero debido a su carácter puramente consultivo y asesor no pudo hacer nada (15).


(15) Vid. Sesiones de la Comisión de 10 de enero de 1927, 23 de diciembre de 1927, 30 de marzo de 1928, 11 de diciembre de 1929, 23 de octubre de 1931.



Ahora bien, estas esculturas, como la inmensa mayoría de las que forman nuestro patrimonio escultórico romano, han surgido por sorpresa, pues en medio de sus anchos muros exteriores y sirviendo de relleno aparecieron en su estado actual estas joyas del mejor arte romano, todas ellas mutiladas. Ante tal barbarie nos preguntamos : 

¿ Es que procedían ya en estado tan lamentable de las ruinas de Clunia, o bien las destrozaron en la época del Renacimiento ? 

Nos inclinamos por la primera de las hipótesis. A este respecto nos dice textualmente Ignacio Calvo (16), al excavar el teatro de Clunia: «En esta profundidad de seis y de siete metros el capitel menos deshecho estaba roto en siete pedazos, lo que hago constar para probar que los destrozos causados ex profeso en estas ruinas datan de muchos siglos antes de nuestra época actual.».


(16) Ob. cit.


 

Para probar más nuestra tesis hemos de hacer constar que las estatuas que salieron intactas de Clunia así se conservan, como los bustos de la Colegiata antes citados y alguna otra escultura más.

Con gran acierto el señor Iñíguez ordenó que fueran traídos al Museo, donde se conservan y exponen en la actualidad en la Sala de Clunia.

Sentados estos precedentes, de todo punto necesarios para un estudio completo, pasemos a describir y analizar estas esculturas.

Se puede asegurar, sin temor a errar, que el arte romano no fue original, sino que más bien se subordinó a los maestros griegos y se sirvió de los grandes modelos helénicos para realizar sus grandes obras artísticas, asimilando de una manera maravillosa sus enseñanzas. 

También se ha llegado a demostrar que artistas griegos acudieron a Roma. Esto ocurrió de una manera especial en el siglo II antes de Jesucristo, época en que Roma empezó a hacerse dueña del mundo entonces conocido. Los romanos no sólo se contentaron con esto, sino que también importaron en gran escala los tesoros artísticos. Con Augusto es cuando el arte romano llega a su apogeo, de una manera especial en el retrato. 

Con el emperador Claudio la escultura tiende a la elegancia de las formas.

Con los emperadores flavios se aprecia de una manera tangible la fusión armónica de los elementos griegos y romanos. A partir del siglo ii se produce un equilibrio de fuerzas, a consecuencia del cual disminuye la influencia romana, robusteciéndose de nuevo el influjo helenístico, siendo precisamente nuestros compatriotas los emperadores Trajano y Adriano los que más trabajan por este acercamiento y los que más contribuyeron al triunfo del clasicismo griego. 

Es en este período que predomina la escultura, inspirándose las formas del cuerpo en modelos clásicos, y sacando del mármol enorme partido para expresar el incentivo sensual de la desnudez, con su tersura, frialdad y brillo elegante. La influencia de Praxiteles es enorme durante todo este período. 

Conocedor este gran artista de la belleza y encanto que encerraba el ropaje sobre el cuerpo desnudo, combinó en una serie de esculturas femeninas las partes veladas y desnudas en un agradable contraste, correspondiendo al cuerpo desempeñar el papel principal, y a la vestimenta el complemento, pues es de sobra sabido que el ropaje representa el ideal de la gracia femenina.

La influencia de las figuras de Praxiteles ha sido realmente extraordinaria, puesto que en la misma Grecia, y aun más en Roma, se produjeron hasta la saciedad. Praxiteles es el artista del realismo y de la dulzura serena de las figuras que esculpe.

Sirvan las líneas que preceden para comprobar que las estatuas que estamos estudiando están influenciadas por este gran artista helénico.

Además, no es desatinado el afirmar que de los talleres áticos salió en el siglo n una serie interminable de copias de obras maestras de la escultura griega antigua para ornato de los edificios públicos, huertos y peristilos de todo el mundo, pues complemento indispensable de los edificios y exornación de las ciudades fue la escultura. Seguramente un gran número de estas esculturas carecían de autor reconocido.

España se vió siempre favorecida por Roma, y de una manera especialísima por los emperadores de origen español Trajano y Adriano. En mármol de Italia fueron esculpidas la casi totalidad de las esculturas que van apareciendo en España ; unas veces se importaba el material labrado y otras en bruto. Esta importación es un hecho bien explicable, debido a la producción copiosa de los artistas helénicos que moraban en la capital del Imperio y que las distribuían por las provincias.

No creemos que ninguno de estos torsos se labrase en España, pues aunque en Clunia existió algún taller de escultura, como veremos más tarde, suponemos que todos ellos, excepto el torso de Venus, fueron importados de Roma, puesto que la clase y calidad del mármol, así como la técnica empleada, nos lo parecen indicar.

En cambio, la Venus es, probablemente, de importación griega, pues, según nos lo han comunicado maestros canteros de Burgos, peritos en el análisis de mármoles, aseguran que esta clase de mármol no es italiano, que muy bien podría ser griego. Por otra parte, la técnica, la inventiva plástica vigorosa y nueva, las líneas y las formas suaves y redondeadas, indican muy a las claras que el artista no fue un provinciano.

Varias son las esculturas importadas de Grecia a España. Así tenemos, procedentes de Itálica, y que se conservan en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, la estatua de Mercurio llevando a Baco niño, del que sólo resta una mano apoyada en el hombro de su preceptor. A l parecer, esta escultura está inspirada en el magnífico Hermes de Olimpia. 

El torso de Diana, de factura vigorosa en el plegado de los paños. Asimismo, en el Museo Arqueológico Provincial de Tarragona figuran notables esculturas ejecutadas por artistas neoáticos que trabajaron en Roma: como un torso varonil, que parece imitar a los Apolos del período arcaico; un torso de Flora, con frutos recogidos entre los finos pliegues de la túnica; una Venus de las del tipo de Cnido, y un Baco con la pantera al pie, hermosa escultura de estilo praxiteliano. 

En Córdoba se conserva un brocal de pozo que representa a Atenea y Poseidón, y una estatua acéfala de la misma diosa Atenea. En Granada, un hermoso y vistoso busto de Ganimedes, y procedente del pueblo granadino de Huétor , un tronco femenino con túnica, que hasta ahora no se ha precisado su identificación; se custodia en el Museo Arqueológico Nacional. Procedentes de Elche y conservados en su Museo Municipal figuran un torso de Venus de mármol blanco, un plinto con dos pies y un delfín, un fragmento de estatua togada, un «calceus senatorius», imágenes mar-móreas de genios infantiles del blando sueño de la muerte, etc. 

En el Museo Arqueológico de Mérida se exponen numerosas estatuas de la época de Adriano que marcan bien a las claras un proceso artístico y un renacimiento helénico con rasgos arcaizantes.

Probablemente, estas esculturas formaban parte de la decoración del «frons scaenae» en el teatro de Clunia. Todas ellas, por desgracia, han llegado mutiladas, pero lo que queda de ellas es de una riqueza tal, de una tan fina y matizada movilidad, que causan asombro a quien las contempla. Todas ellas son de dimensiones menores que las naturales. Son las siguientes :


TORSO DE VENUS PÚDICA.

Lámina II.

Lámina 2.-Venus púdica. Museo Arqueológico de Burgos.

Este torso, completamente desnudo, es de mármol blanco de grano fino, pátina blanca y de 55 centímetros de altura. Le falta la cabeza, el brazo izquierdo, el antebrazo derecho y las dos piernas a partir de las rodillas. Los pechos y la región glútea están ligeramente deteriorados. L a línea izquierda del cuerpo es casi recta; en cambio, la derecha presenta ligeras ondulaciones de formas suaves y redondeadas. La pierna izquierda adelanta un poquito, presentando en su correspondiente muslo una adherencia externa en la que iba embutido un espigón de hierro, para sostener, probablemente, el vestido plegado de la diosa sobre un sostén o soporte, o bien sobre un jarrón como la de Gnido.

Como hemos dicho, las formas son suaves y redondeadas, apareciendo la materia marmórea cálida y animada. E l conjunto de la composición está armónicamente estudiado, desplegando toda la belleza del porte, del ritmo y de las formas del cuerpo femenino, y mediante sus curvas el artista ha logrado un perfecto equilibrio entre los dos lados del cuerpo, resultando de todo esto una cosa acabada que no necesita de ningún complemento exterior. 

Numerosas son las esculturas de este tipo de Venus en España. Es el tipo de Venus de Medici o Venus púdica, derivada de un tipo praxitélico. Gómez-Moreno y José Pijoán (17) afirman que Bernouilli había catalogado dieciocho Venus de este tipo, pero que ninguna de estas reproducciones daba buena idea del original. García y Bellido (18), refiriéndose al torso de Venus de la colección Zayas, nos dice que es un trasunto más de los muchos que nos ha legado la antigüedad, de la famosa Aphrodite de Knidos.

Bernouilli había catalogado ya en 1873 más de sesenta réplicas, número que hoy puede hacerse ascender, sin reparo, al centenar.

A las numerosas Venus púdica, tipo Medici, la que más se parece a la del Museo de Burgos es la que se custodia en el Museo Arqueológico Provincial de Tarragona, número 377; por eso creemos que la adherencia del muslo estaría destinada a soportar los vestidos, bien solos como en la de Tarragona, o bien echados sobre un jarrón como en la de Cnido, y no el delfín, a título de atributo y apoyo, como la Venus de Mediéis, de los Uffizi, en Florencia, la del «legado Zayas» en el Museo del Prado, la del Museo de Berlín, oriunda de Florencia, etc., pues todas éstas, como dice muy bien García y Bellido, presentan la referida huella o resto de la adherencia en la parte posterior del muslo izquierdo, por encima de la corva, punto exacto en que la cola del delfín se adhiere al muslo de la Venus.

Existen en España otras Venus que tienen relación con esta que estamos estudiando ; tales son : el torso de Venus del Museo de Elche (Alicante), descubierto en las excavaciones efectuadas en la Alcudia en el verano de 1945, si bien ésta presenta los pechos más túmidos que la de Burgos. Otro torso de Venus apareció el año 1940 en la finca de «Clos de la Torre», de Badalona, ingresando en el Museo Arqueológico Provincial de Barcelona, donde se expone en la actualidad; por la talla esmerada y las líneas finísimas guarda estrecha relación con el torso que estamos describiendo.

La Venus de Itálica descubierta en 1940, y que se custodia y expone en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, es de otro tipo, pues, aunque desnuda, tiene, sin embargo, un manto que le cubre las piernas por detrás, dejando completamente al descubierto todo el frente de la figura, sirviendo al propio tiempo de apoyo y asiento al bloque de mármol. Según García y Bellida (19), esta escultura es una Aphrodite Anadyomene, es decir, saliendo de las ondas del mar que la engendró.


(17) Materiales de Arqueología española. Madrid, 1912.

(18) « La escultura clásica del Legado Zayas, en el Museo del Prado». Archivo español de Arqueología, vol. XXV (primer semestre), pág. 95.

(19) « La Venus de Itálica». Arch. Esp. de Arqueología, Núm. 42, 1911, página 220.


 

La Venus de Clunia es púdica, pues la posición del brazo derecho en además de ocultar el pubis a las miradas indiscretas, y el izquierdo, que seguramente tendería a ocultar los pechos de las mismas miradas, o bien lo apoyaría sobre un jarrón, nos lo confirman. E n cambio, la de Itálica prescinde de este recato, para presentarse con toda la hermosura de sus formas femeninas.

En resumen, tipológicamente la Venus de Clunia es un ejemplar más de los muchos conocidos en España y que salieron, como hemos dicho, de los talleres áticos en el siglo II, trasunto, a su vez, de prototipos del siglo IV transmitidos y transformados por el helenismo. Esta Venus, como los demás torsos, fueron importados a Clunia en la época de Trajano o Adriano, siendo, a pesar de ser obra de taller, una escultura excelente, tanto de arte como de factura, presentando una anatomía precisa y verídica dentro de la simplicidad, pues este exquisito desnudo presenta fragmentos dignos del mejor momento de la escultura helénica, dando la impresión su cuerpo de consistencia en la piel; diríase que los dedos van a hundirse si tratásemos de apretar el mármol.

Este torso, como otros muchísimos, fueron labrados, quizá, por artistas menos populares que Policleto o Praxiteles, pero cuyas obras eran el encanto de los conocedores más refinados, como puede verse por los elogios de los poetas de la Antología y de críticos finísimos como Luciano (20).


(20) GÓMEZ-MORENO Y PlJOÁN : Ob. cit.




PARTE INFERIOR D E AFRODITA ANADIOMENA.

Lámina 3, 1.

Lám 3.-Museo Arqueológico de Burgos Venus Anadionema.

 

Es de mármol finísimo de Carrara, su pátina es blanca y color siena, y mide 42 centímetros de altura. Los pies descansan sobre una peana. Se presenta en actitud de marcha, el pie derecho adelante y el izquierdo detrás, ofreciendo el conjunto de la escultura un ritmo e impulso armónico tal, desde la extremidad del pie recargado y del otro rezagado hasta la parte superior, que causan asombro, resultando una obra maravillosa de gracia y de movimiento, pudiéndose decir que nunca mejor fue expresada su noble belleza y gallardía. 

Raras veces el arte de esculpir los ropajes transparentes y flotantes que se agitan y ondean en virtud de un movimiento de avance rápido sobre la anatomía viviente de un cuerpo femenino robusto y joven alcanzó tanta perfección. La pierna izquierda y la región glútea están al descubierto; en cambio, la pierna derecha sé halla cubierta por sutil ropaje. Es de lamentar que a esta estatua le falte del bajo vientre para arriba y que, a su vez, esté rota en dos trozos. De hallarse completa sería una de las esculturas más singulares descubiertas en España.

¿ Qué es lo que pudo representar esta escultura ? Como le falta el tronco, la cabeza y las extremidades superiores es difícil averiguarlo. Sin embargo, sospechamos que muy bien pudo ser una Afrodita Anadiomena, es decir. Venus saliendo del baño, con el cuerpo inclinado hacia adelante, siendo ésta la posición tradicional de todas las Afroditas desnudas a partir de Praxiteles. 

No creemos que pueda representar a una Bacante, Nike, Nereida, Ninfa o Niobide, pues éstas llevaban el tórax cubierto, cosa que en el caso presente no ocurre, pues, al parecer, recogería los vestidos con ambas manos a la altura del pecho. Los pliegues de los vestidos de esta escultura y la posición de las piernas y pies guardan cierta relación con una de las muchachas que bailan una danza religiosa, y que figuran en uno de los frisos que se conservan en el Museo del Louvre. Se han venido atribuyendo los relieves de estos frisos a la época de Trajano.

El juego anatómico impuesto por el movimiento, el conjunto lleno de vitalidad y el intenso modelado pertenecen al helenismo del siglo II , época, como hemos dicho, en que se hicieron numerosas copias de la escultura griega antigua.

 


PARTE INFERIOR DE ISIS.

Lámina III, 2.

Lám 3.-Museo Arqueológico de Burgos, Parte inferior de una Isis.

Otra porción inferior de estatua representa una figura femenina seguramente a Isis o a una de sus sacerdotisas. Es de mármol jaspeado, excepto los pies, y mide 30 centímetros de altura. Le falta de las rodillas para arriba. Esté vestida con una túnica que, acusando la forma de la pierna derecha, da por delante una caída de pliegues que le imprimen noble belleza y elegancia. Sobre la túnica aparece el manto que bajaría desde la cabeza, formando en su parte inferior pliegues llenos de armonía y regularidad. Los diminutos pies, formados por un mármol blanquísimo y finísimo, asoman por debajo de la rizada túnica, dando la sensación de una extraordinaria sensibilidad artística.

E l culto de la diosa Isis, de origen egipcio, estuvo arraigado en Roma a partir del siglo n antes de Jesucristo, aumentando en la época de Augusto, a raíz de la guerra civil contra Marco Antonio y Cleopatra, llegando a su apogeo con Adriano. Esta diosa tuvo dedicado un templo en Roma, no siendo de extrañar que este culto irradiase a las provincias del Imperio.

En el Museo de Burgos se conserva otra estatua de esta diosa, que asimismo procede de Clunia (lámina IV). Se descubrió en el teatro, en lugar próximo a la scaena, el 16 de febrero de 1852, por Santiago Lucas, al labrar una de sus fincas. 

Merced al celo del juez de instrucción de Aranda don Miguel Renedo pudo evitarse que saliera de nuestra patria. Apareció en posición horizontal, ligeramente inclinada a la derecha, y a un metro de profundidad. Estaba cubierta con una piedra tosca, y debajo de la estatua aparecieron cinco fustes de mármol, tres fragmentos de una lápida en mármol blanco, que dice: «PRO SALUTE/CAES HADRIANI AUG / COLON CLV . . . ENSIUM / . . . S.  A . . . . IB.../», que se conserva en este Museo ; tres alas de bronce, una vasija de barro y algunos fragmentos de marfil. Numerosos son los investigadores que se han ocupado de esta bella escultura (21). Ingresó en el Museo el año 1871.

Estas dos esculturas de Isis son obras de cierta originalidad, destacando su realismo, corrección y sobrio modelado. Es de lamentar que' la que estamos estudiando no esté completa, pues nos la imaginamos con las manos y la cabeza blanquísimas, lo mismo que los pies, contraste con el mármol jaspeado, que le darían una elegancia y gracia difícil de contemplar.


(21) R. SALOMÓN : «Estatua romana de Clunia». Seman. Pintoresco español, 1853; AMADOR DE LOS RÍOS: E M A , Burgos, 958, nota I; HÜBNER : Ant. Bilde., 343, núm . 943; GÓMEZ-MORENO Y PIJOÁN : Materiales de Arqueología española. Madrid, 1912; MATÍAS MARTÍNEZ BURGOS: Catálogo del Museo de Burgos. Madrid, 1935 ; GARCÍA Y BELLIDO : Esculturas romanas de España y Portugal. Madrid, 1949 · R. MÉLIDA: H E (Espasa-Calpe); L . PERICOT : H E ; BASILIO OSAKA : «Ante el centenario del descubrimiento de Isis». Diario de Burgos. 17 de febrero de 1952.