Vitoria-Gasteiz Arqueológica.


 
 

 

CENTRO LITERARIO VASCONGADO.

EL LIBRO DE ÁLAVA.

RICARDO BECERRO DE BENGOA.


 

S E G U N D A   P A R T E .



RESUMEN HISTÓRICO.

I

EDAD ANTIGUA.

I.


Los tiempos primitivos.

Los primeros pobladores de España fueron los Iberos o euskaros, que en las vertientes de los montes del Caúcaso habían fundado antes la Iberia oriental, y que en la Tracia dejaron como memoria un río llamado Ebro. Este pueblo caminando hacia el occidente ocupó todas las naciones de Europa y al atravesar el Pirineo se dividió en dos ramas: una que se estableció en lo que hoy es el Norte de Navarra, los departamentos inmediatos franceses y las tres provincias Vascongadas, corriéndose además todo a lo largo de la costa del Océano; y la otra que bajó por las costas del mar Mediterráneo hasta fundar la Bastetánia que comprendió desde el río Genil basta el Segura y desde el Guadalquivir y la Sierra, hasta el mar, en Andalucía.

Los íberos del norte se han llamado siempre en su verdadera lengua, que es el vascuence euscalduna (que quiere decir; eguski sol y aldunác (procedentes de) procedentes de oriente, de donde viene el sol. Después, como ocuparon y ocupan aún los bosques del Pirineo eúskaro, se llamaron vascos, de la palabra basococ, que quiere significar; de los bosques o montañas.

Dieron nombre al río, que confinó su establecimiento llamándole Ebro (Urvero, agua templada.)

Los eúskaros con su raza pura completamente típica, con su admirable, primitiva y armoniosa lengua, se conservan en el país vasco como el monumento mas curioso y original de la primitiva población de Europa. Comprendidos entre la colosal barrera de los montes y el mar Océano han resistido todas las invasiones de otras razas. Al pie de las montañas y en su falda meridional, hay un extenso llano, y varios valles inmediatos, a los que dan acceso las cañadas y pasos que vienen del Sur y del Oriente, y en este llano y en estos valles, que componen la provincia de Álava, verdadero foso, puesto al pie del muro de la fortaleza vascongada, es donde se han detenido, para ser rechazadas, todas las irrupciones extrañas.

Eúskaros son por su nombre todos los pueblos antiguos y todos los sitios que la componen; y a pesar de tantas invasiones posteriores y de tantas luchas, a pesar de su secular contacto con las vecinas provincias castellanas, aún se habla la lengua vascongada desde toda la región comprendida a una legua al norte de Vitoria.

La primera invasión que sufrió el pueblo eúskaro, y que rechazó también, fue la del guerrero y poderoso pueblo Celta, que diez y seis siglos antes de la Era cristiana, llegó procedente del Norte a apoderarse de España. El llano de Álava fue el teatro de sus combates, y demuestra el paso de estas gentes los notables y colosales sepulcros de piedra, llamados dólmenes (en la lengua celta dol significa plano o liso y men piedra) que existen en Eguilaz, Salvatierra, Escalmendi, y Anda de Cuartango (1). 


(1) En Cuartango les llaman los naturales aimoras. Fueron determinados como verdaderos dólmenes y dieron noticia de su existencia el Sr. D. Sotero Manteli y el autor de este libro, ambos correspondientes de la R. Academia de la Historia, después de una excursión histórica verificada en 25 de Agosto de 1.870.



La provincia debe esmerarse en conservarlos como notables monumentos arqueológicos.

Al través de los siglos y con los pueblos eúskaro o íbero y el celta se formó la raza celtíbera, que fue el origen, asiento y matriz de la verdadera nacionalidad española.

De esta raza se ocuparon en sus trabajos los historiadores griegos y romanos indicando, con más o menos exactitud los nombres, con que, a través de las grandes distancias que de ellos les separaban, se conocían en aquellas remotas edades.

Y dicen que los vascones ocupaban las montañas y el Norte de Navarra; indican con gran des diferencias la comarca que ocupaban los cántabros, ampliándola mucho unos, y reduciéndola otros, pero sin que ofrezca duda que así se llamó toda la tierra vascongada y la inmediata hasta Asturias, aseguran que el territorio estaba dividido en tres regiones: la de los Várdulos (S. a N. desde el Ebro, alto de Cantabria, límite de Navarra, Sierra de Urbasa, Sierra de Elguea y provincia de Guipúzcoa, los Caristios desde Toloño, toda Álava, Arlabán, Urquiola, valles de Durango y Bilbao hasta el mar; y los Autrigones (desde Bribiesca, Pancorbo, Valpuesta y las Encartaciones al mar).

Cuando más adelante, se popularicen en España los estudios prehistóricos, podrán hacerse luminosas y profundas reducciones que ilustren el conocimiento de estos tiempos poco conocidos, del mismo, modo que se viene practicando en otras naciones, donde la cultura científica tiene mas arraigo que en la nuestra.

 

II.


Época romana.

Los historiadores Polibio, Silio Itálico y Tito Livio aseguran que los habitantes de la región montañosa de Cantabria, invitados por el caudillo cartaginés Aníbal. a que le acompañaran en su expedición a Italia contra los romanos, accedieron a sus deseos, y que formando la vanguardia de aquel famoso ejército contribuyeron poderosamente a alcanzar las grandes victorias de Trevia, Tesino, Trasimeno y Canas. Añaden que, después, el gran Scipion logró atraer a sus banderas a los cántabros, separándolos del ejército de Aníbal, con lo cual y con las pérdidas y el abandono de los cartagineses logró el caudillo romano destruir a sus enemigos.

Durante ciento cincuenta años de luchas contra los romanos, combatido y muerto traidoramente Viriato, arrasada la inmortal Numancia, asesinado Sertorio y mientras duraron las luchas entre César y Pompeyo y fue España vencida y quedó sujeta al yugo de Roma, jamás llegaron las victoriosas legiones al país vascongado. Pero entablada la lucha general por el alzamiento de todos los eúskaros y demás cántabros y los montañeses del Pirineo asturiano contra los dominadores, vino a España el emperador Augusto con sus generales Antistio y Cavisío al frente de tres grandes ejércitos vencedores de todas las naciones entonces conocidas, e invadió la provincia de Álava, se internó en Guipúzcoa, bloqueó por mar la costa de Vizcaya, y sujetó a los montañeses astures, (Año 30 antes de Jesucristo). Grandes y memorables hechos de valor consignan los historiadores romanos de los heroicos cántabros, cuando pelearon al pié de Amboto y del monte Irnio, causando la admiración del mundo. Al retirarse las legiones de Augusto cansadas de la guerra estéril que sostenían en las montañas, recobró el país su independencia, momentáneamente amenazada.

De toda la dominación romana solo quedó en el país vasco un camino militar fortificado que recorría la provincia de Álava desde Puentelarrá a la Borunda, vía indispensable, que los vencedores tuvieron que establecer y sostener para ponerse en comunicación con los romanos de las Galias (Francia); que no pudo trazarse por otro punto, y que después a través de los siglos, por las mismas condiciones topográficas del suelo español, ha sido secundada su trazado tanto por la carretera general como por la vía férrea de Madrid a Burdeos.

Este camino romano construido en el siglo I de la Era cristiana, y del cual aún se conservan en Álava algunos trozos muy curiosos, entraba en la provincia por Deobriga--hoy
Puentelarrá---seguía la margen izquierda del Ebro, pasaba por Fontecha, Leciñana, Comunión, término de Miranda, tenía una fortificación defensiva en Arce, cruzaba el Zadorra debajo de Lacorzana y el Bayas en Berantevilla, subía a Beleia--hoy Estavillo--continuaba a Burgueta, inmediaciones de la Puebla, subida y bajada del Castillo por los altos, tenía enfrente el puesto fortificado de Tullica--hoy Tuyo--seguía la orilla del Zadorra por Subijana, San Juan, de Júndiz, lugar fortificado e inespugnable de Iruña, inmediato a Transponte--hoy Trespuentes--llegaba a Suessatio--hoy Zuazo--pasaba por Armentia, camino de debajo de Arechavaleta, frente a Vitoria, campo de los Palacios, Arcaya e inmediaciones de Ascarza,--entonces Tullonius--continuaba por Argandoña, por Gáceta, por Alegría, Chinchetru, tenía enfrente el puesto fortificado de Gebala--hoy Guevara--llegaba a Alba--hoy Salvatierra--seguía por Mezquia, cercanías de Eguilaz, San Román, Ibarguren y Eguino, entrando en Navarra por Ciordia y continuando a Alsasua y a Echarri-Aranaz.

Como es natural siendo esta vía parte del gran camino que se llama de Astorga a Burdeos, concurrida siempre por las legiones, que pasaban de una a otra nación, y usada por espacio de cuatro siglos por los romanos, debiera estar rodeada de lápidas, restos y vestigios de aquella gente; y en efecto, todo a lo largo de su trazado y en los pueblecitos inmediatos se han encontrado numerosos objetos de ese género, que al cabo de los tiempos o se han perdido o yacen olvidados. Pero fuera del camino y de los lugares próximos, ni en el resto de la provincia, ni en el interior del país ha sido hallado ningún resto, ni vestigio de la dominación romana. Ni un solo pueblo más se cita, de origen y nombre romano, ni hay la más leve prueba que demuestre la presencia del pueblo dominador en los valles inmediatos ni en los sitios del llano de Álava un tanto apartados de la vía militar. Ésta quedó durante los siglos de la Edad media, siendo muy frecuentada por los peregrinos que acudían desde el extranjero a Santiago de Compostela.

El trato constante con los romanos en esa gran línea de comunicación fue poderoso motivo para que los alaveses empezaran a imitar sus costumbres, a aprender su lengua, a imitar sus adelantos, y a trazar otros notables caminos interiores de construcción análoga a la que veían, dando lugar a que en las centurias siguientes, asentadas, estas influencias con el contacto del pueblo castellano, en gran parte de la provincia desde el llano hacia el Sur y hacia el Poniente, se usase el romance o lengua castellana y se establecieran esos caracteres en el traje, costumbres y hasta en el tipo que diferencia bastante al pueblo alavés del guipuzcoano y del vizcaíno.

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II.

E D A D   M E D I A .


I.

Primeros años del cristianismo.

Muy poco de particular consigna la historia en los cuatro primeros siglos de la Era Cristiana, ni aún en los tres siguientes de la época visigoda, relativamente a nuestro país. No se sabe si fue en el siglo III o en el IV cuando se extendió en el Norte la doctrina de Jesucristo, ni los historiadores andan muy acordes sobre si el santo obispo Prudencio, patrono de la provincia y natural de Armentia, vivió y floreció en su diócesis de Tarazona en el siglo IV, en el VI o en el VIII. Las guerras de los godos no llegaron a este país. La expedición del rey Leovigildo hecha en el año 572, a las regiones del Norte, fue contra los Cántabros de las montañas de Reinosa, a los cuales arrasó las ciudades de Amaya y Vellegia, que estaban en el confín de las provincias de Santander, Burgos y Palencia. La del rey Wamba verificada en 673, fue contra los vascones, que como se sabe son los navarros de la montaña.

Con todo el territorio de las montañas de Santander y Asturias se formó en los siglos VII y VIII un ducado, que se llamó de Cantabria, y al cual algunos aseguran que perteneció también el país vasco, especialmente en su parte Occidental.

 

II.


I N V A S I Ó N   ÁRABE.


Obispado de Álava.


Al invadir los árabes la España (714) fue la provincia de Álava seguro asilo de las destrozadas huestes godas, y nuevo y hospitalario país para las innumerables familias fugitivas que acudieron a las montañas del Norte. En Asturias, en Álava, en Navarra y Jaca, empezó casi a un tiempo la titánica lucha de la reconquista.

Tres detalles históricos notables pertenecen, a los siglos VIII y IX; la aparición del nombre de Álava por primera vez; el establecimiento de la diócesis de Calahorra en Armentia, y la distinción del pueblo alavés en dos estados: el noble y el llano.

La provincia aparece gobernada por sí misma, congregándose los Alaveses, para los asuntos de su gobierno, en la Cofradía del campo de Arriaga y sitio de Lacua, a la cual
pertenecían el llano de Álava y los valles inmediatos. Todos los años, el día 24 de Junio, se reunían en dicho punto los cofrades, después de haber traído en procesión desde el alto de Estívariz la imagen de la Virgen, y de haber hecho oración en la ermita de San Juan el Chico, existente aún pero muy reducida sobre el río Avendaño; allí, a la sombra de los grandes árboles, que poblaban el extenso campo, escogían en pública asamblea sus cuatro alcaldes mayores, uno de ellos jefe de la Justicia, quienes por espacio de un año gobernaban la provincia. En estas juntas se hacia también la elección del señor jefe militar.

Las populares reuniones alavesas del Campo de Arriaga duraron hasta el año de la voluntaria entrega (1.332).

En el año de 804. se estableció el priorato de Añes en la hermandad de Ayala, en 1.114 el de San Clemente y Santa Cecilia de Obaldia (hoy Madaría). Para el siglo XII ya existían los monasterios alaveses de Santa María de Estívaliz, Santa María de Barica en Apérregui, Santa María de Oro en Zuya, Santa María de Urecha, Santa Gadea de Mañarríeta. San Miguel de Zuazo, San Vítor, San Salvador de Gurendes, San Román, Santo Tomé de Ribabellosa, el de Lasarte, el de Albeniz, el de Ozcoita, el de Yula de Satvatierra, la abadía de
Santa Pía de Cicujano y el de San Andrés de Bolívar.

La pequeña aldea de Armentia, situada a tres kilómetros al S. de Vitoria fue el lugar de refugio de la sede episcopal de Calahorra. No hay noticia de los primeros obispos hasta bien adelantado el siglo IX, pero es indudable, que destruidas por los moros las iglesias y sedes castellanas, fue la de Armentia como una sustitución de estas y que a un tiempo acogió con el obispado, multitud de gentes fugitivas.

Por esto aseguran algunos historiadores que el vecindario del que es hoy reducido pueblo llegó a tener mas de diez mil vecinos. Los límites del Obispado fueron al Sur el de Nájera; al Oeste el de Valpuesta; al Norte el mar Cantábrico desde el confín de las Encartaciones hasta el de Guipúzcoa, y al Este el de Pamplona.

Los obispos de Álava fueron los siguientes: 

-Siglo IX: Bivere, 871.

-Siglo X, Munio I, 956.

-Julián, 984.

-García, 996.

-Siglo XI: D. Munio II, 1.020.

-D. Juan, 1.032.

-D. García II, 1.034.

-D. Fortunio  , 1.054.

-D. Vela I , 1.055.

-D. Munio III 1.057.

-D. Vela II, 1.059.

-Don García III, 1.060.

-D. Munio IV, 1.060.

-D. Vela III, 1.062.

-D. Munio V, 1.065.

-D. Fortunio II desde 1.067 a 1.125 en el siglo XII. 

 

Conquistada la ciudad de Calahorra (1.045) y restablecida en ella la antigua sede, procuraron sus prelados recuperar el territorio que antes tuvo, y en efecto, á fines del siglo XII y siendo obispo calagurritano D. Pedro Nazar se unió a Calahorra la silla de Armentia. Álava quedó convertida en un arcedianato. En 1.181, siendo obispo de Calahorra D. Rodrigo de Cascante, y en el mismo año en que D. Sancho el Sabio, rey de Navarra, fundó sobre el antiguo pueblecito de Gazteiz la ciudad de Vitoria, se construyó la actual iglesia románica de Armentia, que es un curioso monumento arqueológico.

La gran acumulación de gentes que vinieron a los pueblos de Álava durante los primeros tiempos de la invasión sarracena, y las que más adelante acudieron, llamadas por los monarcas navarros y castellanos a poblar las nuevas villas que estos, fiados en su fortaleza y en el pequeño poder de la Cofradía de Arriaga, fundaron en la provincia para añadir algunos vasallos mas a su dominación, fue causa de que en el vecindario alavés se estableciera una notable división social: los nobles y los del estado llano. Fueron siempre nobles, como lo son todos en Vizcaya y Guipúzcoa, los oriundos del país, arraigados en él con alguna propiedad, es decir los hijosdalgos: y fueron del estado llano los procedentes do otras provincias, sin propiedad, ni lugar fijo, que vivían en los pueblos como trabajadores a sueldo, o como colonos. Conservóse el distintivo de procedencia al través de los siglos; y la nobleza o hidalguía alavesa en contacto casi constante con la castellana concluyó por asemejarse a ésta en sus privilegios. De este modo una provincia que en su origen solo reconocía una clase social, toda arraigada, aunque modesta, al aumentarse más tarde en su población con vecinos de distintas procedencias, que venían a buscar paz y trabajo, vio nacer esa diferencia, que tuvo épocas muy señaladas, y cuyas huellas se han conservado hasta hace pocos años.

 


III.


Los Señores de Álava.


Siglo XI. 

La época de la reconquista fue esencialmente guerrera. Preocupados los alaveses, como el resto de los españoles del Norte, en la gran lucha contra los árabes, siendo a un tiempo labradores y soldados, necesitaron siempre un jefe militar que les representara y les guiara en los combates, el cual elegido por la Cofradía, ejercía el señorío militar.

Éste y no otro fue el carácter de los Condes o Señores de Álava, libremente escogido por los alaveses entre aquellos guerreros notables, que teniendo el mando de los condados o señoríos inmediatos habían adquirido fama de valerosos caudillos.

El primero de quien hay noticia es el Conde Eylon. Debió sublevar este jefe a los alaveses contra las tendencias del rey D. Alonso III el Magno, que quería extender por la provincia su dominación, pero lo hizo con mala fortuna, porque habiendo acudido aquel con un numeroso ejército, derrotó al conde y le llevó a Oviedo cargado de cadenas.

Así como el siglo VIII y año de 791, se acogió D. Alonso II el Casto a la provincia de Álava huyendo del tirano rey Mauregato, también D. Alonso III, antes de subir al trono, y huyendo del usurpador D. Fruela, conde de Galicia, se retiró a esta provincia, que sin duda era comarca segura contra los invasores.

A Eylon sucedió Vela Giménez, y bajo su mando y al lado de los castellanos, derrotaron los alaveses a los moros en la batalla de Cillorigo (año 882).

 

Siglo X

El famoso conde de Castilla, Fernán González, fue elegido Señor de Álava como sucesor de D. Vela. Con él ayudaron los hijos de Álava al completo triunfo de la gran batalla de Simancas (julio, 939) derrotando al califa Abderrahman.


Siglo XI.

Nuño González, nieto del anterior, fue el conde que le sucedió en el señorío militar, y de él hay noticias relativas al año de 1.033.

Por este tiempo el reino de Navarra había llegado a tener gran poderío, y sus monarcas ejercieron notable influencia en todas las comarcas de aquel reino. También los reyes de Castilla, rivales eternos de los de Navarra, estando siempre a la mira de extender su dominación dejaron sentir sus esfuerzos invasores en la provincia. Situada esta entre ambos reinos, tuvo por fuerza que ser el campo obligado de las diferencias y contiendas, de las ambiciones y deseos de los monarcas vecinos.

Débil la Cofradía de Arriaga para resistir al espíritu invasor de éstos, buscó su protección para que amparasen su independencia, y la respetaran, consiguiéndolo con habilidad extrema en aquellos revueltos y difíciles días en que todos los pueblos se veían obligados a someterse al yugo real. 

Creen los historiadores imparciales que Álava buscó el Señorío militar de los reyes de Navarra, después del de el conde Fortunio Iniguez (o Fortunioniones Iñigo) que era señor
hasta el año de 1.045, y que estos reyes: Don Sancho el Mayor, D. García IV el de Atapuerca, y D. Sancho el de Peñalen, si bien por aumentar sus títulos, costumbre entonces, y aún después muy admitida, siquiera no fuera más que ideal, se llamaron señores de Álava, delegaron el señorío en uno o varios condes a la vez, por lo que aparecen como tales: Munio Muñoz y Sancho Maceratio en 1.046, y Ramiro Sánchez y Marcelo en 1.060 y 1.075.

Dividida la corona de Navarra y de Aragón en dos casas distintas en 1.076, y empezada la guerra entre D. Sancho de Aragón y D. Alonso VI de Castilla, la provincia de Álava en uso de su independencia buscó la protección necesaria del monarca castellano, siendo señor el conde Lope Iñiguez (1.085). A éste sucedieron, dentro de su misma familia, López Díaz el Blanco, Lope González, (1.093) y Lope Sánchez o Sancho (1.099).

 

Bandos de Gamboinos y Oñacinos.

No sólo la guerra contra los árabes preocupaba a los alaveses; había también guerras intestinas, parcialidades y contiendas civiles sostenidas y alimentadas por la rivalidad entre las casas de los poderosos; de este género fueron las que han quedado famosas en la historia de la Edad media, desde fines del siglo XI hasta el XVI, conocidas con los nombres de «Bandos gamboino y oñacino.» 

No se sabe de seguro cómo se originaron esas denominaciones. Unos dicen que, en las procesiones que se celebraban por el mes de Mayo para llevar la Virgen de Estivaliz desde su iglesia al campo de Arriaga, se entabló grave contienda sobre si el gran cirio encendido, y con andas, se llevaría en lo alto (Gamboa), sobre los hombros, o en bajo (Oñez) en las manos, y que de esas palabras tomaron su nombre los partidarios.

Pero en la importancia de las luchas no parece que debieran basar el nombre los contendientes en tan pueril protesto, y es más lógico creer que los tornasen de las tierras o casas que primeramente se interesaron en rivalizar y combatir. 

Gamboa se llamaba y se llama una hermandad notable de Álava, situada debajo de la eminente sierra de Elguea que la separa de Guipúzcoa, y al otro lado de ella, en esta provincia, y en lo más bajo, (Oñez), de los valles hacia las tierras de Oñate está el asiento de la casa de Oñez. Si como pueblos o poderes, gentes o señores inmediatos, lucharon al principio, inclinando después á tomar parte en ambos campos no solo a los guipuzcoanos y alaveses todos, sino a los vizcaínos, esto aunque no se sabe, tiene visos de mas ajustado a la razón. 

Sea lo que quiera, la verdad es que por más de tres siglos y medio las banderías así tituladas ensangrentaron el suelo vasco disputándose el poderío y la supremacía en las cuestiones de influencia y de gobierno.

A principios del siglo XIII mandaba en Álava el bando gamboino el señor de Ullíbarri Gamboa D. Pedro Ladrón de Guevara, y estaban con él los Velascos de Álava, los Olasos de
Guipúzcoa y los Avendaños y Urquizus de Vizcaya. El bando oñacino tenía al frente a Don Lope de Oñaz, y le ayudaban los Mendozas de Álava, los Lazcanos y Loyolas de Guipúzcoa, y los Múgicas de Vizcaya. Así distribuidos los caudillos pelearon sin cesar en Murguía, en Arratia, en Salvatierra, en Elorrio y en cien partes distintas, talando y abrasando el país, y dando a la historia el recuerdo de la más empeñada, estéril y prolongada guerra civil.

Uno de los encuentros más famosos entre los bandos fue el de la batalla del Zadorra, dada al pie del alto de Araca, y sobre el viejo puente del camino de Arriaga (siglo XIV).

Fernando Ortiz de Zárate, primero de este apellido y fundador en Zuya de la casa-fuerte de Echábarri-Zárate, hijo del sexto conde de Ayala, Fortun Sáenz de Salcedo, era jefe del
bando oñacino, en ocasión en que los gamboinos trataban de imponerse a los pueblos de las hermandades de Zuya, Foronda y Mendoza. Encontráronse a orillas de dicho río y pelearon durante todo el día quedando derrotados los gamboinos, pero muriendo en la refriega el valeroso jefe Ortiz de Zárate. Las anchas hojas acuáticas del Zadorra, dicen que quedaron cubiertas de polvo por el tropel de gentes que acudió á la pelea, y así empolvadas y con un cerco rojo de sangre, figuran en el escudo de armas de Zárate en memoria de la pelea. 

Hallóse también en ella Zárate el joven, hijo del anterior.

Un hijo de éste, llamado Juan Ortiz de Zárate fue el que luchando con los gamboinos y en defensa de los fueros de Zuya fue muerto en Murguía, en el lugar donde aún se conserva una cruz.

Tal renombre dejaron estos bandos, que aún hoy, en la gobernación foral de Vizcaya, se eligen dos diputados para cada uno de los bandos así llamados.


Siglo XII. 

En el revoltoso y aciago reinado de Doña Urraca de Castilla, fue elegido señor de Álava D. Diego López, que ya lo era de Vizcaya (1.114); y cuando las diferencias entre esa reina y su marido el de Aragón, Don Alfonso el Batallador, llegaron a su colmo, divorciándose los esposos, Álava abandonó la protección de la débil reina castellana, y se acogió voluntariamente a la de Navarra, siempre en la idea de conservar su autonomía, y de no ser conquistada. Fue su conde Don Ladrón (1.123), a quien sucedió D. Vela (1.158), a éste D. Juan Vélaz (1.175) y a éste D. Diego López, nieto de D. Ladrón (1.181).

En este año fundó a Vitoria el rey de Navarra D. Sancho el Sabio, usurpando a la Cofradía de Arriaga el pueblo de Gazteiz, situado en la cima de la altura que hoy en esta
ciudad se llama Campillo. Esta usurpación, así como las de otras poblaciones alavesas, hechas por los reyes de Navarra y de Castilla en aquellos siglos guerreros, no tenían más objeto que establecer dentro del territorio neutral de la provincia, verdaderas fortalezas para oponerse a las mutuas invasiones que se hacían, así es que, dado el espíritu conquistador y absorbente de los monarcas y dada su fuerza, no pudo la Cofradía de Arriaga oponerse a que éstos se apoderaran de los pueblos importantes y bien situados, a los que para dar mayor vecindario y para tenerlos sujetos gustosamente a su señorío, concedieron especiales fueros municipales.

Esos dos poderes fuertes e invasores lucharon por espacio de tres siglos cercenando algunas poblaciones a la provincia, pero ésta, dando maravilloso ejemplo de prudencia y de habilidad, sufrió estas pequeñas imposiciones a riesgo de conservar, como conservó, su natural independencia y propio señorío para la mayor parte del territorio.

Así vio la popular cofradía en el curso de los años que: D. Alfonso el Batallador dio población y fueros a Salinas de Añana, en 1.126; a Vitoria, Bernedo y Antoñana D. Sancho el Sabio en 1.182; y a otras villas más adelante, según quedará indicado.

A D. Diego López sucedió en el señorío Don Iñigo de Oriz (1.187); y a éste D. Diego López de Haro, señor de Vizcaya, amigo y aliado del rey de Castilla Alonso VIII, al cual ayudó a conquistar a Vitoria, del poder de los navarros (1.200).


Siglo XIII.

Vitoria cayó en poder de Don Alonso que le confirmó sus fueros y libertades sin poner en ella Justicia ni autoridad alguna.

Con D. Diego López de Haro, y con los vizcaínos acudieron los hijodalgos, caballeros y soldados de la cofradía de Álava mandados por Rodríguez de Mendarózqueta, de la aldea del mismo nombre, a la famosa batalla de las Navas de Tolosa, ganada por el rey D. Alonso, el lunes 16 de Julio de 1.212 contra el poderoso Aben-Yusuf, rey de los moros almohades, y en la cual los vascongados pelearon heróicamente en la vanguardia. Murieron en el combate 200,000 mahometanos. La casa solariega de Mendarózqueta tiene en su escudo la cruz de gavilanes, que se concedió á todos los caudillos en memoria de aquel triunfo.

En 1.214 fue electo señor D. Lope Díaz de Haro. Con él, y dirigidos por los caballeros de la casa de Zárate (de la torre de Echábarri, inmediata a Luquiano, en Zuya), asistieron los alaveses a la conquista de la ciudad de Baeza. que tomó a los moros el rey San Fernando.

Fue la hazaña el día de San Andrés de 1.227, y en memoria de ella tiene el escudo de la casa de Zárate las aspas de San Andrés. También las tiene el de los López de Gamarra, cuyo ascendiente Jimeno, fue uno de los esforzados alaveses que concurrieron a esa victoria. Por ello le dio D. Alonso X gran herencia en Sevilla.

San Fernando dio fueros a Antoñana en el año 1.239. A D. Lope sucedieron en el señorío Don Nuño González de Lara (1.240), D. Diego López de Haro (1.252) y el infante D. Fernando de la Cerda (1.274). En 1.256 (23 de Enero), repobló y dio fueros a Salvatierra el rey Don Alonso X el Sabio, villa que se había llamado Hagurain, y que volvió a tomar el nombre de Alba-tierra, de la antigua Alba de los romanos. Este monarca concedió en ese mismo año a Contrasta el fuero de Vitoria y Santa Cruz de Campezo, y a Córres el de Logroño.

En 1.272 dio a Arceniega el de Vitoria, y a Estavillo el de Treviño, y en 1.274 a Armiñón el mismo.

La cofradía de Álava entregó libre y espontáneamente al rey, en 18 de Enero de 1.258, diez y seis aldeas inmediatas a Vitoria y Salvatierra, que éste añadió a los concejos respectivos, declarando que en Álava no había más territorio propio del rey que Vitoria, Salvatierra y Treviño, y por consiguiente, que el resto de la provincia continuaba en su propia independencia.

En 1.280 era señor D. Lope Díaz de Haro, y en su. tiempo el rey D. Sancho IV cedió a Vitoria el pueblo de Lasarte (Mayo de 1.286). Le sucedió D. Juan Alonso de Haro (1.288).


Siglo XIV. 

Era señor de Álava D. Diego López de Salcedo en 1.310, cuando la cofradía empezó sus pleitos contra Vitoria por el dominio de las cuarenta y cinco aldeas del llano que ésta tenia, insistiendo aquella en que «el Concejo de Vitoria las tenia forzadas.....  y que dichas aldeas y toda la tierra de Álava era o debía ser suya así como lo fue de aquellos donde ellos venían». El juez Martínez de Leiva declaró en 1.332 que pertenecían a Vitoria.

 

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IV.


V O L U N T A R I A   E N T R E G A.


Siglo XIV.


La provincia de Álava, estado independiente «siendo libre, no reconociendo superior en lo temporal, y gobernándose por sus propios fueros y leyes» estando en plenos tiempos pacíficos, y por su espontánea voluntad, se unió a la corona de Castilla mediante un pacto o convenio celebrado en el campo de Arriaga, entre la Cofradía y el rey y Alonso XI, el día dos de Abril de 1.332.

El historiador Mariana refiere el suceso de esta manera:

«Estando el Rey en Burgos, le vinieron embajadores de aquella parte de Cantabria o  Vizcaya que llaman Álava, que le ofrecían el señorío de aquella tierra, que hasta entonces era libre, acostumbrada a vivir por sí misma con propias leyes y fueros. En los llanos de Arriaga, en que por costumbre antigua hacían sus consejos y juntas, dieron la obediencia al Rey en persona. Allí la libertad en que por tantos siglos se mantuvieron inviolablemente de su propia y espontánea voluntad la pusieron debajo de la confianza y señorío del Rey, concediéndoseles a su instancia, que viviesen conforme al fuero de Calahorra. Confirmóles sus privilegios antiguos, con que se conservan hasta hoy, en un estado semejante al de libertad, ya no se les pueden imponer ni echar nuevos pechos ni alcabalas. De todos estos conciertos hay letras del Rey D. Alonso su data en Vitoria a dos días de Abril, del año de nuestra salvación de 1.332.»

La escritura o convenio, que como se verá ha sido confirmada por todos los reyes y poderes habidos hasta hoy dice así: «En el nombre de Dios Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, que son tres personas y un sólo Dios verdadero que vive y reina por siempre jamás, y de la bienaventurada Virgen Señora Santa María su madre, a quien Nos tenemos por Señora y por abogada en todos nuestros hechos, e a honra e a servicio de Dios, y de todos los Santos de la Corte celestial: porque es natural cosa que todo hombre que bien hace quiere que gelo lleven adelante, e que se non mengüe e se pierda, que como quier que crece e mengua el curso de la vida de este mundo, aquello es lo que finca en remembranza por el mundo, e este bien es guiador de la su alma ante Dios, y por no caer en olvido lo mandaron los Reyes poner en escrito en sus privilegios, porque los otros que reinasen después de ellos, y tuviesen su lugar fuesen temidos de guardar aquello, y de lo levar adelante confirmándolo por sus privilegios: Por ende Nos catando esto queremos, que sepan por este nuestro previlegio todos los hombres que ahora son o serán de aquí adelante, como Nos D. Alfonso por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de Algecira, e señor de Vizcaya, e de Molina, en uno con la Reina doña María mi mujer, y porque D. Lope de Mendoza, y D. Beltrán Yañes de Guevara, señor de Oñate, y Juan Hurtado de Mendoza, y Fernando Ruíz Arcediano de Calahorra, y Ruiz López hijo de D. Lope de Mendoza, y Ladrón de Guevara, hijo del dicho D. Bellrán Yañes, y Diego Hurtado de Mendoza, y Fernán Pérez de Ayala, y Fernant Sanchez de Velasco, y Gonzalo Yañes de Mendoza, y Hurtado Díaz su hermano, y Lope García de Salazar, y Ruiz Díaz de Torres hijo de Ruy Sanchos, y todos los otros fijosdalgo de Álava, así ricos hombres e infanzones, y caballeros, y clérigos, y escuderos hijosdalgo, como otros cualesquier cofrades que solían ser de la cofradía de Álava, nos otorgaron la tierra de Álava que hubiásemos ende el señorío, y fuese realenga, que la pusieron en la corona de los reinos nuestros, y para Nosotros y para los que reinasen después de Nosotros en Castilla y en León, y renunciaron y se partieron de nunca haber cofradía ni ayuntamiento en el campo de Arriaga ni en otro lugar ninguno a voz de cofradía, ni que se llamen cofrades, y renunciaron fuero, y uso y costumbre que habían en esta razón para ahora y para siempre jamás, y sobre esto hiciéronnos sus peticiones.

 

I . E primeramente pidiéronnos por merce, que no diésemos la dicha tierra de Álava nin la enagenasemos á ninguna villa nin á otro ninguno, mas que finque para siempre en la Corona Real de los nuestros Reinos de Castilla e de León: por el conocimiento del gran servicio que los dichos fijosdalgo de Álava nos ficieron como dicho es, tenérnoslo por bien; pero que retenemos en Nos lo de las Aldeas sobre que contienden con los de Salvatierra, para facer dello lo que la nuestra merced fuere.

II . Otrosí, a lo que Nos pidieron por merced los dichos fijosdalgo, que les otorgásemos que sean francos, e libres, e quitos, e esemptos de todo pecho e servidumbre con cuanto han e pedieren ganar de aquí adelante, segund que lo fueron siempre fasta aquí; otorgamos a todos los fijosdalgo de Álava, e tenemos por bien que sean libres e quitos de todo pecho ellos e los sus bienes que han e hubieren de aquí adelante en Álava.

III . Otrosí, nos pidieron por merced, que los Monesterios e los Collazos que fueron de siempre acá de los fijosdalgo, que los hayan segund que los hobieron fasta aquí, por do quier quellos fueren; e si por aventura los Collazos desampararen las casas o los solares de sus señores, que los puedan tomar los cuerpos do quier que los fallaren, e que les entren las heredades que hubieren; tenemos por bien e otorgamos, que los dichos fijosdalgo hayan los Monesterios e los Collazos segund que los hobieron e los deben haber; pero que retenemos en ellos para Nos el señorío Real e la justicia.

IV. Otrosí, que sea guardado á las aldeas que há Vitoria, la sentencia que fue dada entre ellos en esta razón.

V. Otrosí, nos pidieron, que los labradores que moraren en los suelos de los fijosdalgo, que sean suyos, segund que lo fueron fasta aquí, en cuanto inoraren en ellos; tenemos por bien e otorgamos, que los íijosdalgo de Álava hayan en los homes que moraren en los sus suelos, aquel derecho que solian e deben haber; pero que retenemos en ellos para Nos el Semoyo e el Buey dft Marzo, e el señorío Real e la Justicia.

VI. Otro sí, nos pidieron por merced, que los hornecinos e las calonias que acaesciesen de los dichos Collazos e labradores, que los hayan los señores de los Collazos e de los solares o moraren los labradores: tenemos por bien e otorgamos, que los fijosdalgo hayan las calonias e los homecillos, cada uno dellos de los sus Collazos e de los homes que moraren en los sus suelos segund que los solian e deben haber; pero retenemos en ellos para Nos el derecho si alguno hi habían los señores qua solian ser de la cofradía de Álava.

VII . Otrosí, nos pidieron por merced, que otorgásemos a los fijosdalgo y a todos los otros de la tierra el fuero e los previlegios que há Portilla Dibda; a esto respondemos, que otorgamos, e tenemos por bien que los fijosdalgo hayan el fuero de Soportiella para ser libres e quitos ellos e sus bienes de pecho: e cuanto en los otros pleitos e en la justicia, tenemos por bien que ellos e todos los otros de Álava hayan el Fuero de las Leyes.

VIII . Otrosí, nos pidieron por merced, que les diésemos Alcaldes fijosdalgo naturales de Álava, e si alguno se alzare dellos, que sea la alzada para ante los Alcaldes fijosdalgo que fueren en la nuestra Corte: tenemos por bien e otorgamos, que los fijosdalgo de Álava, que hayan Alcalde o Alcaldes fijosdalgo de Álava, e que ge los daremos assí, e que hayan la alzada para la nuestra Corte.

IX . Otrosí, nos pidieron por merced que les otorgásemos, que el merino o justicia que hobieramos de poner en Álava, que sea fijodalgo natural e heredado e raigado en Álava, e non de las Villas; e que non pueda redimir por pago a ninguno, ni prender ni matar a ninguno, sin querelloso e sin juicio de Alcalde, salvo ende si fuere encartado, e si alguno fuere preso con querelloso, que dando fiadores raigados de cumplir de fuero, que sea luego suelto: tenérnoslo por bien e otorgárnoslo; pero que si alguno ficiere maleficio atal porque merezca pena en el cuerpo, tenemos por bien que lo pueda prender el Merino, y no sea sacado por fiadores.

X. Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que cuando Nos o los que reinaren después de Nos hobieremos a echar pecho en Alava, que los que fueren moradores en los Monesterios; e los Collazos, e los labra dores que moraren en los suelos de los fijosdalgo, que sean quitos de todo pecho e de pedido, salvo del pecho aforado que habernos en ellos, que es el Buey de Marzo e el Semoyo, e esto que lo pechen en la manera que lo pecharon siempre fasta aquí: tenérnoslo por bien e otorgárnoslo, salvo cuando nos fuere otorgado de sus señores,

XI . Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que los labradores que moraren en los Palacios de los fijosdalgo, e los amos que criáren los fijos de los Caballeros, que sean quilos de pecho, según que lo fueron fasta quí: tenérnoslo por bien e otorgamos, que los que moraren en sus palacios que sean quitos de pecho, e que sea uno el morador e no mas.

XII . Otrosí, que los amos que criaren los fijos legítimos de los Caballeros, que sean quitos de pecho en cuanto los criaren, e que sea á Nos guardado el derecho que en ellos habemos.

XIII . Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que los fijosdalgo que moraron ó moraren en las aldeas que dimos á Vitoria, que hayan el fuero que dimos a los fijosdalgo de Álava, e que sean librados ellos e lo que ellos hobieren por los Alcaldes que Nos diéremos en Álava: tenemos por bien e otorgamos, que esto pase segund que se contiene en la sentencia que fue dada eijtre ellos, é los de Vitoria.

XIV. Otrosí, nos pidieron por merced, que los otorgásemos que los montes, e seles e prados que hobieron fasta aquí, los fijosdalgo, que los hayan según que los hobieron fasta aquí, como dicho es, e que los ganados de los fijosdalgo que puedan andar en cada lugar, o quier que los fijosdalgo fueren deviseros e hobieren casas e solares, e todos los otros de la tierra que pascan según que lo hobieron de uso e de costumbre fasta aquí: tenemos por bien e otorgamos que los montes, e seles e prados que hayan cada uno dellos lo suyo, e que puedan pascer con sus ganados en los pastos de los lugares donde fueren deviseros, e los ganados de los labradores e de los otros que puedan pascer, e usar e cortar libremente.

XV. Otrosí, nos pidieron por merced, que si alguno matare a borne fijodalgo, que peche a Nos quinientos sueldos por el homecillo, e si alguno firiere o deshonrare a algún home fijodalgo, o fijadalgo, que peche quinientos sueldos a aquel que rescibiere la deshonra: tenérnoslo por bien e otorgárnoslo.

XVI . Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que Nos ni otro por Nos que no pongamos ferrerias en Álava porque los montes no se yermen ni se astraguen: tenemoslo por bien y otorgárnoslo.

XVII . Otrosí, nos pidieron por merced, que defendiésemos que ninguno non faga casa fuera de las barreras; tenemos por bien e otorgamos que esto pase según que pasó fasta aquí.

XVIII . Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que las compras e vendidas, e donaciones, e fiadurias, e posturas, e contratos que fueren fechos, e otrosí los pleitos que fueren librados, e los que son comenzados fasta aquí, que pasen por el fuero que fasta aquí liobieron; tenérnoslo por bien e otorgárnoslo.

XIX . Otrosí, nos pidieron por merced que les otorgá-semos, que si a algunt fijodalgo fuere demandado pecho, que faciéndose fijodalgo segund fuero de Castilla, quesea libre, e quito de todo pecho: tenérnoslo por bien e otorgárnoslo.

XX. Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos, que ningún fijodalgo natural de Álava no sea desafiado, salvo mostrando á los Alcaldes que dieremos en Álava razón derecha, porque non deba haber enemistad e quedando fiadores e cumpliendo quanto mandaren los Alcaldes, que le non desafien, e si lo desafiaren, que el nuestro Merino, que lo faga á fiar; tenérnoslo por bien y otorgárnoslo.

XXI. Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que los que vienen de solares de Piedrola, e de Mendoza, e de Guevara, e los otros caballeros de Álava, no hayan los sesteros e deviseros en los logares do hubieren devisa, segund que lo hobieron fasta aquí, e porque esto fuese mejor guardado, que les otorgásemos de non facer puebla nueva en Alava, tenemos por bien e otorgamos, que los fijosdalgo non hayan sesteros nin devisas de aquí adelante en Álava.

XXII . Otrosí, nos pidieron por merced, que las aldeas de Mendoza, e de Mendivil que sean libres e quitas de pecho, e que sean al fuero que fueron fasta aquí; tenérnoslo por bien por les facer merced, e otorgamos que sean quitos los de las dichas aldeas de pecho, pero que retenemos para Nos el señorío Real.

XXIII . Otrosí, nos pidieron por merced, que les otorgásemos que la aldea de Guevara onde D. Beltrán lleva la voz, que sea escusada de pecho, e de Semoyo, e de Buey de Marzo, segunt que fue puesto e otorgado por junta otro tiempo, tenérnoslo por bien por le facer merced, e otorgamos que la dicha aldea sea quita de pecho, según dicho es, pero que retenemos en Nos el señorío Real e la Justicia.

E sobre esto mandarnos e defendemos firmemente que ninguno nin ningunos nos sean osados de ir nin de pasar contra esto que dicho es en ningún tiempo por alguna manera, si non cualquier ó cualesquier que lo ficiesen, habrá la nuestra ira, y demás pecharnos hi han en pena, mil maravedís de oro parala nuestra Cámara, e si alguno o algunos contra ello quisieren ir ó pasar, mandamos a los Alcaldes e al que fuere justicia por Nos, agora e de aquí adelante en tierra de Alava, que ge lo non consientan, e que los prendan por la dicha pena, e los guarden para facer dellos lo que nos mandaremos. E non fagan ende al, so la dicha pena: e deraas a ellos e a lo que bebiesen nos tornariamos por ello. E de esto mandamos dar á los fijosdalgo de Álava este nuestro privilegio rodado e sellado con nuestro sello de plomo. Fecho el privilegio en Vitoria dos dias de abril. Era de mil e trescientos e setenta años. E nos el sobredicho REY D. Alfonso reinante en uno con la REINA doña María mi mujer en Castilla, en Toledo, en León, en Galicia, en Sevilla, en Córdoba, en Murcia, en Jaén, en Raeza, en Badajoz, en el Algarve, en Vizcaya y en Molina, otorgamos este privilegio e confirmámoslo.--Juan Pérez, Tesorero de la Iglesia de San
Juan, Teniente lugar por Fernán Rodríguez Camarero del Rey, lo mandó hacer por mandado del dicho Señor Rey en el veinte e un años que el sobredicho Rey D. Alfonso reinó.

-Yo Hernán Ruiz lo escribí.--Juan Pérez. (Siguen numerosas firmas de confirmantes.)

Quedaron pues los alaveses, por mutuo pacto aprobado y cumplido al través de los siglos, formando parte de la unidad española, antes que Navarra, Aragón, Valencia y Cataluña; quedaron libres de tributos, pechos y servicios; sujetos al señorío y justicia real; y en el uso de todas las franquicias, buenos usos y costumbres que desde antiguo tenían.

Hasta que se redactó la escritura de la voluntaria entrega, Álava no tuvo jamás fuero escrito, sino que se gobernó por el fuero de costumbre o tradicional. Desde esta época no volvió a reunirse más la Cofradía.

Este acto memorable debió verificarse en el extenso campo de Lacua, inmediato a Arriaga, y donde según la tradición se reunían las antiguas asambleas de los alaveses ( 2 ).


( 2 ) Se ha proyectado conmemorar el gran suceso de la Voluntaria entrega erigiendo un monumento en este sitio; patriótico pensamiento que en una Moción especial presentó a las Juntas de Álava en Noviembre de 1.866, su diputado general, el ilustre estadista y hombre público Don Pedro de Egaña, y que fue aprobado por el cuerpo universal de la provincia y puesto en vías de ejecución.

Propuso el benemérito alavés que se alzara un monumento en el campo de Lacua. que se restauráran las históricas ermitas de San Juan de Arriaga y Santa María de Estivaliz, que se repitieran algunas de las antiguas costumbres populares, y que se restableciera la Real Sociedad Vascongada de amigos del País; confiando la realización del primero al cuidado de una comisión compuesta de los Sres. Moraza, Ortiz de Zarate, Ortés de Velasco;, Obdulio Perea, Iradier, Arrese, Manteli, Becerro, procurador sindico y alguacil mayor del Ayuntamiento de Vitoria (Acuerdo de la Junta general, 2ª sesión del 24 de Noviembre de 1.861). Circunstancias excepcionales y difíciles por que el país empezó a atravesar entonces, impidieron la continuación de estos buenos propósitos y trabajos.


 

Por los nombres que se citan en el documento se demuestra que acudieron a formar el famoso contrato los representantes de toda la tierra de Álava y de todos los bandos, unos oñacinos como los Mendozas, otros gamboinos como los Guevaras y Velascos; estos del llano y de las hermandades inmediatas a Vitoria, y otros de las más apartadas como los Pérez de Ayala y los Sánches.

Grandes y solemnes días debieron ser aquellos no sólo para la provincia, sino para Vitoria y para la misma corte del rey Don Alonso, ya que al importante acontecimiento del pacto alavés, se unió otro de alta significación para los caballeros de toda la monarquía castellana.

En Vitoria se creó la orden de caballería de la Banda, y he aquí como la crónica de aquella época refiere el caso:

«Estando el Rey en Vitoria, porque supo que en los tiempos pasados los de los sus reinos de Castilla y de León usaran siempre en menester de caballería, y lo habían dejado que no usaban de ello hasta en el su tiempo: porque hubiesen más voluntad de usarlo, ordenó que algunos caballeros y escuderos de los de la su mesnada trajesen banda en la ropa, y el Rey también eso mismo. Y estando en Vitoria mandó a aquellos caballeros y escuderos, que el Rey tenia escogidos para esto, que vistiesen ropa con banda que él les había dado. Y él también vistió paños de eso mismo con banda: y los primeros paños que fueron hechos para esto eran blancos, y la banda prieta. 

Et dende adelante á estos caballeros dábales cada año de vestir sendos pares de paños con banda. Et era la banda tan ancha como la mano, et era puesta en los pellotes, et en las otras vestiduras desde el hombro ezquierdo hasta la falda; et estos llamaban los caballeros de la Banda, et habían ordenamiento entre si de muchas buenas cosas que eran todas obras de caballería. Et cuando daban la banda al caballero, facianle jurar y prometer que guardase todas las cosas de caballería que eran escritas en aquel ordenamiento. Et esto fizo el Rey, porque los homes, codiciando aver aquella banda, oviesen razón de facer obras de caballería. Et asi acaescid después que los caballeros et escuderos que facían algún fecho en armas contra los enemigos del Rey, ó probaban de les facer, el Rey dábales la Banda, et faciales mucha honra, en manera que cada uno de los otros cobdíciaban facer bondad en caballería por cobrar aquella honra et el buen talante del Rey así como aquellos lo avían.» Crónica de Alfonso Xl.

Cuando poco tiempo después armó el Rey en Burgos caballeros a muchos ricos hombres y señores, mantuvieron las justas los caballeros de la Banda, y allí recibieron tan señalada honra los alaveses Fernán Pérez de Ayala, Juan Ruíz de Gauna y Juan Martínez de Leiva. Este Fernán Pérez fue el padre del célebre Pedro López de Ayala, y construyó un castillo y monasterio en Que]ana, donde yace enterrado.

En Agosto de 1.332 otorgó fueros D. Alfonso XI a Fresneda y Cárcamo, y al año siguiente mandó ampliar y dio el fuero general de Álava al lugar de Legutiano, que desde entonces se llamó Villareal. 

En 1.337 mandó también ampliar la población de Dulanci, que se llamó Alegría y otorgó fueros a El Burgo. Estuvieron los alaveses con las demás fuerzas cristianas en la memorable batalla del Salado (1.340) y en ella se halló también el ilustre alavés, el árbitro entre la cofradía y la ciudad de Vitoria Juan Martínez de Leíva, quien como embajador del rey D. Alonso, fue a llevar a Aviñón al Papa Benedicto un regalo de cien caballos árabes con alfanjes y adargas, veinticuatro banderas moras, el pendón real, y el caballo del monarca cristiano, en memoria y como obsequio de la victoria.

También asistieron con este rey a la toma de Algeciras, formando un batallón, 400 alaveses, mandados por D. Ladrón y D. Beltrán Vélez de Guevara, por Diego Martínez de Álava, Ruíz Díaz de Gauna, y Gonzalo Sánchez de Trocóniz. A la vuelta de la guerra solicitaron y obtuvieron los caballeros alaveses una real cédula para arreglar en adelante el gobierno de su provincia (1.344), Acordaron que además de los antiguos alcaldes de hermandad se nombrase dos Comisarios, uno de ellos vecino de Vitoria y el otro de cualquier villa o lugar, que gobernasen la provincia en nombre del rey, y que convocasen las juntas generales que se habían de celebrar por San Martín y otra vez al año, aquellas en Vitoria, y éstas en una de las villas o aldeas alavesas.

En la guerra civil sostenida mas adelante entre el rey D. Pedro I el Cruel, y su hermano D. Enrique de Trastamara, éste entró con su ejército por la llanada de Álava. El rey Carlos de Navarra, por evitar que la contienda llegase a su reino no supo qué partido tomar. Halagó á D. Pedro con promesas y se decidió después a ser aliado de D. Enrique. Al efecto aprovechando la venida de éste a Álava le citó a la villa fronteriza de Santa Cruz de Campezo. Allí hicieron su famosa confederación, acordando que el rey de Navarra ayudase al pretendiente D. Enrique con su persona y con su ejército, y que para seguridad de ello diese ciertas villas y castillos en rehenes; que D. Enrique diese la ciudad de Logroño al de Navarra; y que éste no consintiera el paso de los ingleses por su reino. Asistieron a las conferencias, el arzobispo de Toledo D. Gómez Manrique, D. Alonso de Aragón conde de Denia y marqués de Villena, el arzobispo de Zaragoza D. Lope Fernández de Luna, y el famoso aliado francés, que hizo después la hazaña de Montiel, Beltrán Claquín. Acordada esta alianza volvió D. Enrique al llano de Álava. Los oñacinos apoyaron a éste, y los gamboinos a D. Pedro.

Hizo huir á la caballería enemiga que robaba los pueblos, tornó el castillo de Zaldiaran, derrotó a los ingleses que ayudaban a D. Pedro, y continuó la batalla hasta las cercanías
de Nájera, en donde fue vencido (3 de Abril de 1.367). Habiendo perdido en ella D. Enrique su caballo, y estando a punto de ser prisionero, fue salvado por el caballero alavés Rui Fernández de Gauna. Llevó el pendón del pretendiente en esta jornada el ilustre alavés, el cronista Pero López de Ayala, que escribió después la crónica de cuatro reyes.

Este rey juró y confirmó los fueros en 30 de Mayo de 1.351. Cuando D. Enrique subió al trono hizo señor de Contrasta a su fiel vasallo y salvador Rui Fernández de Gauna. En 1.371 incorporó a la corona la villa de Salvatierra haciéndola entrar a formar parte de las hermandades alavesas; y en este mismo año dio el señorío de Villareal a D. Juan de Avendaño, que hizo construir en la villa un magnífico castillo. D. Enrique II juró los fueros en 7 de Mayo de 1.374.

Cuando en las luchas entre Castilla y Portugal perdió el rey D. Juan I la batalla de Aljubarrota, al hallarse desmontado y en medio de sus enemigos, le dio su caballo, le salvó y murió por él en la pelea, su mayordomo el heroico alavés D. Pedro González de Mendoza cuyo glorioso hecho fue cantado por los poetas castellanos (1.385). El valeroso Pero López de Ayala, cubierto de heridas y golpeado «hasta el punto de perder dientes y muelas» cayó en poder de los enemigos abrazado al pendón de la Banda, y fue conducido preso y cargado de cadenas al castillo de Oviedes, donde le tuvieron metido en una jaula de hierro. Juró este rey los fueros en Agosto de 1.379. En 1.388 reconoció a la tierra de Ayala, que se había negado a pagar un empréstito de 3000 maravedís, el derecho de no pagar en adelante pechos, ni tributos, que hasta entonces tampoco habían pagado.

Su hijo D. Enrique III juró los fueros en 20 de Abril de 1.391.

 


SIGLO XV.

LAS ORDENANZAS.


Al principio del reinado de D. Juan II, murió en Calahorra el ilustre Pero López de Ayala, de quien ya se ha hablado, siendo Canciller mayor de Castilla, y cronista famoso de los reyes D. Pedro, D. Enrique el bastardo y Don Juan I. Fue sepultado en el monasterio de Quejana en su país natal de Ayala.

Con otro hijo de la ilustre casa de Ayala, D. Fernando Pérez, arraigado en Guipúzcoa, estuvieron los alaveses y guipuzcoanos en la conquista de Antequera en 1.410.

En tiempo de D. Juan II, Vitoria solicitó y realizó su incorporación a la provincia. El rey juró los fueros en Mayo de 1.420; hizo ciudad a Vitoria en 20 de Noviembre de 1.431, después de haber aprobado un cuaderno de ordenanzas en 1.417, en su nombre su madre la reina regente Doña Catalina. Don Enrique IV hizo extensivas estas ordenanzas a toda la provincia en 1458, habiendo jurado los fueros en 1.455.. En Marzo de 1.457 hallándose el rey y la reina en Vitoria fueron invitados por el rey de Navarra a una conferencia para asentar la paz entre ambos reinos, dejando éste en rehenes a su hijo Don Fernando. Tuvo lugar la entrevista en la villa de Al faro, donde se celebraron grandes fiestas. Regían en Álava las ordenanzas de 1.417 formadas por Vitoria, Salvatierra y Treviño, y ampliadas en 1.458, cuando don Enrique IV, con objeto de dejar perfectamente arreglado el gobierno de la provincia mandó a tres letrados que con los procuradores de Álava redactasen, discutiesen y acordasen un nuevo Cuaderno de ordenanzas. Así se hizo en las juntas de Ribabellosa a 11 de Octubre de 1.463. Consta de sesenta ordenanzas relativas a la administración y gobierno de las hermandades, a las juntas, y a la persecución de malhechores.

Este cuaderno, las ordenanzas de 1.417, y 1.458 y la escritura de 1.332, todas propuestas y aprobadas por los alaveses y sancionadas por los reyes, forman las verdaderas leyes de la provincia de Álava.

Es curioso leer los nombres do las hermandades cuyos procuradores asistieron a estas juntas, porque se comprende la grande extensión que entonces tenia la provincia, y la cual fue reducida en el reinado siguiente. Hubo en Rivabellosa procuradores de Vitoria, Salvatierra, Miranda, Pancorbo, Saja, Villareal, Villalva, Valderejo, Voldegovía, Lacozmonte, la Ribera, Ariñez, Hucto, Cuartango. Urcabustaiz, Zuya, Valle de Orduña, Ayala, Arceniega,. Cigoitia, Badayoz, Arrázua y Ubarrundia, y representantes de las juntas de escuderos de Vitoria, Gamboa, Barrundia, Eguilaz, San Millán y de Hegiles, juntas de Araya, Arana, Arraya y Laminoria, Iruraiz, Losas de Suso y otras.

En los aciagos y revueltos tiempos que hubo a finales del reinado de Enrique IV, la provincia así como el resto de España, se llenó de aventureros y malhechores, Al unirse las
coronas de Castilla y Aragón por el matrimonio de los reyes católicos, Dª. Isabel I y Don Fernando V, se estableció en el reino la Santa Hermandad con el objeto, entre otros, de apaciguar los pueblos y de limpiarlos de tales gentes. Mandaron los reyes en 31 de Agosto de 1.476 que las hermandades de
Álava tuviesen por jefe s un DIPUTADO, juez superior y ejecutor, nombrado para este cargo a D. Lope López de Ayala, que lo ejerció hasta el año 1.501. También se establecieron entonces los alcaldes cuadrilleros, que desaparecieron muy pronto.

En 22 de Septiembre de 1.483 tuvo lugar un suceso muy memorable, que fue el juramento de las libertades, buenos usos y costumbres de la ciudad y provincia, prestado por la reina Isabel la Católica. Ninguna descripción más gráfica ni exacta que la copia del acta, de hecho tan especialísimo, que la letra dice así:

«En veinte y dos de septiembre, año del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, de mil y cuatrocientos y ochenta y tres años, este dicho día fuera en las puertas que dicen el Portal de Arriaga de la Leal Ciudad de Vitoria, estando cerradas las dichas puertas y las cerraron por acuerdo de la dicha ciudad y de la Junta General de la Provincia de Álava, que en el dicho tiempo estaban juntos en la dicha Ciudad, estando la Reina Nuestra Señora doña Isabel por la gracia de Dios, Reina de Castilla, de León, Aragón y de Galicia, etc., que venia a estar en la dicha Ciudad con otras muchas gentes de Perlados y Caballeros que con su Alteza venían, en presencia de mi el Escribano y Testigos de iuso escritos, salieron fuera de las puertas de la dicha Ciudad a recibir a su Alteza, el Alcalde, Justicia y Regidores, Caballeros, Escuderos, Hijosdalgo de la dicha Ciudad, y los Diputados, Alcaldes y Procuradores de las Hermandades, Villas y Tierras de la dicha Provincia, y juntamente suplicaron y pidieron por merced a dicha Señora reina Nuestra Señora, que a su Alteza pluguiese pues ahora nuevamente venia y entraba en la dicha Ciudad y su Provincia, de les observar y mandar que les fuesen guardados e observados, y confirmados todos los Privilegios, exenciones, libertades, fueros, buenos usos y costumbres de la dicha ciudad de Vitoria y su Tierra, y de las otras Villas, y Lugares que son conprehensos en la dicha Provincia Tierra de Álava, y de no nos enajenar de su Corona Real, y guardar todo el Privilegio que señaladamente la dicha Tierra de Álava tenia, dado y otorgado por los Reyes de gloriosa memoria, y Confirmado por sus Altezas: y aquello le dijeron a su Alteza como Reina y su señora natural: y luego la Reina  Nuestra Señora dijo, que a su Alteza le placía que lo así hacer, y pusieron delante a su Alteza un Libro de los Evangelios, y sobre el Libro una Cruz, y su Alteza quitó su guante que en su mano traía y tocó con su mano derecha sobre la Cruz en el dicho Libro, y dijo que juraba por Dios vivo y verdadero, y por la Gloriosa Virgen María su Madre, y a las palabras do los Santos Evangelios do quíer que son escritos, que su Alteza guardarla e observaría, e mandaría guardar e observar todos los Privilegios, y Libertades, y exenciones, buenos usos y costumbres, é prehemínencías, y franquezas que la dicha Ciudad de Vitoria y su Tierra, e las otras Villas o Lugares de la dicha Provincia de Álava tenían, e no enajenaría su Alteza, ni daría lugar que fuesen enajenados de su Corona Real por ninguna vía ni manera, ni que los fuese contravenido ni pasado contra ellos por ninguna ni alguna manera, e que para lo asi facer dixo su Alteza que daba e dio su palabra Real; o así fecho este auto por su Alteza, abrieron las puertos de la dicha Ciudad e su Alteza entró en ella, e de este auto como pasó así el Alcalde, Regidores de la dicha Ciudad, como la dicha Junta, Diputados, Alcaldes e Procuradores de la dicha Junta de Álava pidiéronlo así por Testimonio, y á todo lo cual fueron presentes por Testigos el Cardenal de España D. Pedro González de Mendoza: y el Duque D. Alfonso de Aragón: y el Conde de Eguilar: el Conde de Salinas: y el Comendador mayor de León: y el Doctor Talavera: y el Doctor de Villalón del Consejo de sus Altezas, y otras muchas gentes: Y yo Diego Martínez de Álava Escribano de Cámara del Rey y de la Reina nuestros Señores, y Escribano fiel de los hechos de las Juntas de la Provincia de la Ciudad de Vitoria, y Hermandades de Álava e de los del Número de la Ciudad que fui presente a todo la que arriba dicho es en uno con los dichos Testigos e con los otros Escribanos que fueron conmigo presentes a ruego e pedimento del Procurador de la dicha Ciudad, e de los otros Procuradores de la dicha Provincia, esta Escritura hice escribir según que fué otorgada e jurada por su Alteza, e por ende fice aqui este mi signo a tal En Testimonio de Verdad:
Diego Martínez.»


La provincia y ciudad debieran haber dado hace mucho tiempo a ese portal o salida de Vitoria el nombre de Portal de Isabel la Católica, conmemorando con una sencilla lápida tan famoso suceso.

Los reyes volvieron a confirmar los fueros en 15 de Enero de 1.488. Los alaveses que habían ayudado a los reyes en sus constantes luchas contra el rey de Portugal, acudieron a la conquista de Granada bajo el mando de Don Diego Martínez de Álava, que fue después Diputado general de la provincia.

En 1.495 aprobaron los reyes una petición de la provincia, para que ningún señor particular pudiese poner fiscales ni justicia alguna en ningún pueblo de la misma; y en 1.498 por haber pedido también Álava que no se suprimiese su Diputado, juez ejecutor, como quedaron suprimidos los de la Hermandad en otras provincias, acordaron que en ésta continuase habiendo siempre un Diputado y un Escribano, vecinos de Vitoria, y en funciones por un año, sin que pudiese haber reelección, indicando detalladamente las atribuciones de aquel magistrado. Acordóse después, que el ejercicio durase tres años (1.535) y en tiempos adelante se dispuso que el cargo pudiese recaer en un alavés de cualquiera hermandad.

 

SIGLO XVI.

Los  c o m u n e r o s.


En las guerras que el rey Católico tuvo contra Francia y Navarra a principios de este siglo, dio Álava mil doscientos hombres en 1.503 contra la primera y otros mil doscientos (1.512) que tomaron; Estella, y que bajo las órdenes del duque de Alba asistieron al sitio de Pamplona; llegando a reunirse hasta mil quinientos en Salvatierra contra la invasión Francesa que ayudaba a los navarros; y otros mil que hicieron la campana en Navarra en 1.516.

Siempre los mandó su diputado general y Maestre de Campo D. Diego Martínez de Álava.

Reinando el emperador Carlos I, se levantaron en España aquellas contiendas civiles en las que los pueblos castellanos pedían que se les conservasen sus costumbres y fueros disminuidos con las intrusiones del poder real, y con la dominación de los señores extranjeros, y cuyas contiendas se llamaron Las Comunidades, porque su base era la defensa de las leyes propias del común o de los concejos.

Mientras ardía la guerra de las Comunidades en Segovia, Valladolid, Burgos, Medina y otras muchas ciudades, sublevo a los pueblos de Álava en favor de los Comuneros el conde de Salvatierra D. Pedro de Ayala, quien recorrió gran parte de la provincia con 10.000 hombres revelándola contra el emperador. Una de las principales hazañas, de este jefe de los Comuneros alaveses, fue, la de que habiendo recibido aviso de la Junta comunera Castellana de Tordesillas, que el Capitán Sancho de Velasco debía conducir varias piezas de artillería para las tropas del emperador desde Fuenterrabía a Castilla, salió con todas sus fuerzas a cortarle el paso por Vizcaya y alcanzándole en Arratia le derrotó e hizo pedazos los cañones con las mazas de las ferrerías.

Vitoria se defendió tenazmente en el cerco que la puso el conde, y habiendo acudido desde Navarra D. Juan Manrique de Lara, hijo del duque de Nájera con numerosas fuerzas,
levantó el sitio, persiguió a los comuneros y los derrotó en la batalla del puente de Durana, el (12 de Abril de 1.521) cogiendo prisionero a uno de los principales caudillos enemigos Gonzalo de Baraona, que fue degollado inmediatamente en Vitoria, en la plazuela de la leña, precediendo de este modo en el martirio por las libertades populares a los ilustres comuneros Padilla, Bravo y Maldonado, que poco después perecían en Villalar.

Mandó las fuerzas alavesas, fíeles al diputado y al emperador, D. Martín Ruiz de Gamboa y Avendaño.

La casa del conde en Vitoria, situada en el alto del campillo al lado de San Vicente, fue cerrada y picadas las armas, y las banderas de los comuneros se colgaron en la iglesia de Santa María: la casa de Ayala perdió el señorío de Salvatierra, incorporándose a la corona.

En las continuas y terribles luchas contra la Francia, contribuyó Álava, con sus hermanas Guipúzcoa y Vizcaya a defender la frontera, importante misión nacional que a costa de la sangre y de los intereses de sus hijos ha venido cumpliendo a través de los siglos.

En este año memorable, y con motivo de la invasión francesa había mandado Álava dos mil hombres a la frontera guipuzcoana. Los franceses mandados por Andrés de Fox, señor de Esparros, conquistaron a Navarra después de tomar a Pamplona, en cuyo bombardeo fue herido el que más adelante habla de ser San Ignacio de Loyóla, y llegaron hasta Logroño poniéndola sitio. El valeroso general oriundo de Álava D. Pedro de Guevara la defendió valerosamente. Durante el cerco los alaveses y guipuzcoanos bajaron por la provincia hacia la Rioja. Mandaba a los primeros su diputado y a los segundos su maestre de campo D. Juan Pérez de Ansiondo. Reuniéronse con el ejército real en Laguardia, en cuyo castillo y plaza de Santa María eligieron por caudillo general al duque de Nájera virrey de Navarra. Se dirigieron a Logroño, levantaron el sitio y persiguieron al ejército francés hasta las inmediaciones de Pamplona en Noain. Allí se dio la gran batalla en la que fue completamente derrotado el ejército francés, al que se le mataron seis mil hombres, cogiendo prisionero a su general Fox, aprendido por el aventurero navarro Francisco de Beamonte. (30 de Junio de 1.521).

En 1.522 dio 700 hombres, 370 acémilas, 200 pares de bueyes con sus peones y 2500 fanegas de harina para la defensa. En 1.524 perdieron su sangre los alaveses en la toma de Fuenterrabía, donde hubo un tercio de 800 mandado por el Diputado. En este año juró los fueros el emperador, confirmándolos al siguiente. 

En 1.537 dio 500 hombres para la guerra de Francia, así como en 1.542; y en 1544 todos los vitorianos desde la edad de veinte a sesenta años, se prepararon y armaron para marchar a la guerra contra los franceses.

Castigada la provincia con malas cosechas y privaciones aún dio 500 hombres, 8.000 fanegas de trigo y 2.000 de cebada en las luchas con Francia.

En 1.513 y 1.554 se acordó que en las juntas generales ocupase el procurador de Vitoria el puesto inmediato a la derecha del Diputado general.

Durante el reinado de Felipe II, y en las constantes guerras sostenidas con Francia, tuvo siempre la provincia armados sus hombres desde 1.557 hasta 1.598. Este monarca juró los fueros en 30 de Agosto de 1.560.

Tanto con este monarca como con el anterior, siguiendo la mala costumbre establecida por algunos de sus antecesores, y a la sombra del poder absoluto, se faltó abiertamente a la cláusula I del contrato de 1.332, que indica que no se pudiera enajenar ningún pueblo de Álava separándolo del señorío de la corona, pues una porción de nobles, con gran favor y valimiento cerca de los reyes, disfrutaron del señorío de varias localidades alavesas, sin alterar su gobierno interior en cuanto a la práctica del fuero y de las ordenanzas, pero titulándose señores, y exigiendo algunas contribuciones. Entre ellos: Martioda y los Huetos pertenecían a la casa de los Hurtado de Mendoza; Berantevilla, Turiso y Hereña al marqués de Mirabel; Guevara y Salinillas, Barrundia, Aspárrena y Gamboa al conde de Oñate; las tierras del Duque al duque del Infantado; Villareal a la casa de Avendaño; Salinas y las tierras del Conde al duque de Hijar; la Ribera al duque de Frías, y así la mayor parte de los pueblos. Semejantes señoríos desaparecieron por completo.

 


SIGLO X V I I   Y   X V I I I .


Reinando Felipe III también estuvo, la provincia preparada constantemente contra los franceses. En 1.602 hicieron Álava y Vitoria una concordia para que el Diputado general
fuese el jefe de todas las fuerzas, y para que la ciudad nombrase la mitad de los capitanes y tenientes necesarios. En 1.621 recordó el rey la orden de que se continuase cumpliendo la costumbre de que el Diputado señalase a las tropas extrañas que hubiesen de pasar por el país los itinerarios, caminos y alojamientos que debieran llevar, hasta salir de ella.

Confirmó el Rey los fueros en 4 de Marzo de 1.602: En el dilatado reinado de Felipe IV, dio Álava, a pesar de su pobreza y de la miseria a que quedaron reducidos sus pueblos, cuatrocientos hombres para la defensa de Fuenterrabía (1.636) los cuales unidos a otros seiscientos alaveses (1.637) entraron en Francia invadiendo la tierra de Labort, y cuyos restos al volver a Álava trajeron una epidemia que apestó el país. Tomado Irún por los franceses (1.638) y amenazada Fuenterrabía, envió Álava otros ochocientos hombres y doce mil fanegas de trigo, quedando la provincia en el último extremo de ruina por servir al rey y por defender la frontera. A pesar de haber quedado reducida la provincia ala mitad de su vecindario, en tales términos, que hubo pueblo que se redujo a dos vecinos, se dieron 4.000 hombres desde 1.638 a 1.644, y 1.200 hasta el año de 1.658 para las guerras de Francia y Cataluña. En 1.653 no había ningún hombre disponible. En 1.654, 56 y 57 se dieron cien hombres en cada uno. En 1.659 no había hombres que dar. En 1.661, 62 y 63 se dieron otros cien, de los cuales los últimos fueron a tripular la escuadra de don Miguel de Oquendo, como tripularon los navíos que salieron de Colindres otros cien sacados en 1.664 y 65. Felipe IV juró los fueros en 1.631 y 1.644.

En 1.644 declaró «que a la provincia no la han comprendido las concesiones que ha hecho de servicios el reino junto en Cortes, ni ninguno de los tributos y cargas que generalmente se han impuesto en mis reinos de la Corona de Castilla de propio-motu ni en otra forma: porque de todo es libre y exenta, así como lo son el señorío de Vizcaya, y la mi provincia de Guipúzcoa.» También declaraba que Álava estaba exenta en Castilla de todo tributo de puentes y muelles. Este monarca, así como Felipe V y sus sucesores, reconoció y confirmó la identidad de las exenciones, libertades, prerrogativas e inmunidad que tenían Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, asimilándolas en igualdad de calidad y condición.

¡Lamentable cuadro, el que ofrecía el país que había sacrificado toda su juventud y toda su riqueza en estériles guerras, viéndosele sumido en la agonía mas deplorable!.

Al terminar la dinastía austríaca en el triste reinado de Carlos II , la provincia continuó dando su sangre y su dinero en obsequio a las luchas que concluyeron de hundir nuestro poderío en el mundo. En 1.667, 71, 79 y 90, se dieron algunos centenares de hombres con destino al ejército y a la armada, y varios donativos. Este rey decretó en 1.687 el encabezamiento perpetuo de las alcabalas de la ciudad y provincia, por la cantidad de 1.399.200. maravedises, y 507 fanegas de trigo que se venían pagando desde 1.575.

 

 


SIGLO X V I I I ,


Con el advenimiento de los Borbones al trono de España, y al empezar con Felipe V la dilatada guerra de sucesión, el país vascongado, que como queda dicho, llegó casi a su aniquilamiento en las luchas contra la Francia, vio entrar como amigos y aliados a los hijos de esta nación, para sostener el derecho del nuevo monarca. 

¡Triste enseñanza la de la historia, que demuestra cómo se malgastan y arruinan estérilmente las fuerzas de los pueblos, teniendo tantos años por enemigos a los mismos que
al día siguiente recibimos como leales compañeros!


Siendo el país vasco el camino natural para las tropas francesas que acudieron a la guerra contra el archiduque Carlos de Austria, la provincia de Álava, por cuyo territorio pasaron con numerosos trenes de artillería y convoyes, sufragó durante bastantes años los gastos de auxilio, alojamientos y bagages.

Felipe V juró los fueros en Julio de 1.701, y más adelante en Diciembre de 1.722.

Durante la campaña, los hijos de Álava estuvieron armados y preparados, marchando en 1709 quinientos hombres de guarnición a Fuenterrabía: la provincia auxilió además al
rey con 80.000 reales, 1.000 doblones en oro, 1.000 fusiles y muchísimas raciones para la caballería.

Este monarca ordenó en 1.717 que las aduanas, que con arreglo a fuero estaban en el interior se trasladaran a la frontera y puertos de mar; pero habiendo reclamado la provincia contra esta medida, dio en 1.722 una real cédula en la que entre otras cosas decía, que:

«Atendiendo a lo que aquellos naturales tienen merecido en mi servicio por su especialísima fidelidad y amor, y a que mi ánimo no ha sido ni será nunca perjudicarles ni minorarles sus privilegios, exenciones y Fueros, y pesando más en mi estimación confirmarles este concepto que cualesquiera intereses que pudieran de lo contrario resultar en favor de mi real Hacienda, he resuelto (Y mandaba) «que las aduanas planteadas en los puertos marítimos de Bilbao, San Sebastián e Irún, se trasladen a los puertos secos y parajes de Orduña, Vitoria y BaImaseda, donde antes existían.»

Mientras duró la guerra que sostuvo Carlos III contra los ingleses, tuvo también el país armados sus hijos, y dispuestos a la defensa de las costas y pueblos inmediatos.

En la invasión francesa y en las campañas que con este motivo se sostuvieron en 1.793, 94 y 95, las provincias vascongadas fueron como siempre el baluarte firmísimo ante el cual se detuvieron los invasores, y salvaron de este modo la integridad nacional. Los vascongados con su patriótico ardimiento ocuparon militarmente todas las defensas naturales del país, derramaron su sangre en los combates de Elgueta y Sasiola, vendieron todas las alhajas de los templos para sufragar los gastos de la guerra, y entonces los alaveses, guiados por su ilustre Diputado don Prudencio de Verástegui, contribuyeron con su pequeña significación al sostenimiento de la guerra, que a estar bien dirigida y a no haber tratados y cuestiones diplomáticas que anularan y entorpecieran las operaciones, hubiera sido para los vascos mucho más gloriosa que lo que fue.

En este tiempo se hizo famosa la saña que, el favorito del rey Carlos IV don Manuel Godoy, manifestó contra las provincias, y por encargo suyo, un canónigo célebre, D. Juan Antonio Llorente, secretario de la Inquisición, y gran enemigo suyo después, afrancesado, calumniador de las inmortales Cortes de Cádiz, empleado del rey José, escribió varias obras contra las provincias vascongadas, desdiciéndose al fin en la historia de su vida.

 

Sociedad Vascongada de Amigos del País.

Fue fundada por el Conde de Villafranca de Gaitan, su sobrino el inmortal fabulista alavés D. Félix María de Samaniego y otros ilustres caballeros, en Vergara en 1.764. Fue la primera sociedad científica y literaria que hubo en España, a la que pertenecieron los sabios y hombres mas distinguidos de Europa y América, la cual creó el Seminario de Vergara, produjo al notable economista Arrequibal, al naturalista Luyard, y a nuestro gran Samaniego, y celebró grandes juntas para el progreso de las artes, industria y literatura, cuyas Actas son una grande honra para la España entera.

Vitoria, que tuvo el honor de ver instalada a la Sociedad en el edificio que hoy ocupa el Seminario, celebró solemnes sesiones en los años que le tocaran de turno, alternando con sus hermanas Vizcaya y Guipúzcoa.

En 1.782 comisionó la provincia a Samaniego para tratar con el gobierno de Madrid sobre ciertos proyectos atentatorios a los fueros del país, sobre el permiso que los vascongados solicitaban para establecer el libre comercio con América, y sobre la erección de la sede episcopal vitoriana.

También a últimos de este siglo se distinguía en Vitoria por sus aficiones literarias un joven alavés, D. Luis de Salazar, (Patricio Vitoriano), que fue después Ministro de Hacienda
con el gobierno de Cádiz, y Ministro de Marina con Fernando VII en los últimos años del reinado. Este rey le hizo conde de Salazar.

 

 


S I G L O X I X .


En 16 de Julio de 1.800 se reconoció solemnemente por medio de una real orden la antiquísima costumbre, el derecho y el fuero que tienen las tres provincias hermanas para celebrar conferencias.

En la memorable guerra de la Independencia, Álava, lo mismo que sus dos provincias hermanas, cooperó dignamente a la gloria de las armas españolas. Ya en el desgraciado y terrible combate marítimo de Trafalgar (1.805) aparecen dos ilustres alaveses derramando su sangre en muy distinguidos puestos. Uno de ellos, D. Ignacio María de Álava, mandaba el navío Santa Ana, y sobre su cubierta fue herido al pelear heroicamente con uno de los mayores navíos 

ingleses; el otro, D. Miguel Ricardo de Álava, peleó también á su lado, siendo ambos dignos compañeros del inmortal vascongado Churruca, y de los ilustres Gravina, Valdes y Galíano.

En 14 de Abril de 1.808, al pasar Fernando VII cautivo para Francia, llegó el rey a Vitoria custodiado por el general francés Savary, ayudante de Napoleón, y venían en su comitiva el famoso canónigo Escoiquiz, los marqueses de Ayerbe, de Guadalcázar y de Feria como gentiles hombres de Cámara, el ministro de Estado D. Pedro Cevallos, el conde de Villariezo, capitán de guardias de Corps y otros personages.

Vitoria estaba guarnecida por 4.000 franceses a las órdenes del general Verdier, con 300 granaderos de caballería de la guardia imperial. Los vitorianos se propusieron librar a su rey, concertando el plan el alcalde Sr. Urbina, D. Mariano Luis de Urquijo y el duque de Mahon, quienes dispusieron, ya que huyese disfrazado por la noche a la segura tierra montañosa de Álava,  o ya, que fingiendo ir a Francia, saliese por la carretera de Vergara, y que protegido por el regimiento de infantería del rey, nº. 1, que estaba en el valle de Léniz, huyera hacia Durango. Fernando no tuvo ánimo para secundar el proyecto de los leales vitorianos.

Recibió de manos del mismo Savary el día 17 una carta del emperador Napoleón, fechada el día anterior en Bayona, en la que le daba las mayores seguridades y pruebas de afecto, y completamente ofuscado y engañado por ella y por la ofuscación aún mayor de Escoiquiz, y las razones de Savary, se dispuso a partir el 19.

Entonces fue cuando los vitorianos reunidos en la puerta superior de la casa de Ayuntamiento, donde estaban los coches, protestaron contra la partida y contra el manifiesto engaño, rompieron por dos veces los tirantes del coche, y se decidieron á morir antes que consentir que Fernando marchara. La guarnición estaba sobre las armas y el sangriento conflicto iba a empezar, cuando el rey publicó un decreto en que aseguraba a los vitorianos, «que estaba cierto do la sincera y cordial amistad del emperador de los franceses, y que antes de cuatro o seis días darían gracias a Dios y a la prudencia de su Majestad de la ausencia que ahora les inquietaba.»

El 11 de Julio entró el rey intruso José en Vitoria de paso para Madrid; volviendo a la capital de Álava en 18 de Agosto, al saber la derrota de Bailen, donde esperó con su cuartel general al emperador Napoleón, que llegó el día 8 de Noviembre acompañado de los mariscales Soult y Lannes.

 

El país se pobló de guerrilleros; no quedó un solo joven en las provincias que no se fuera con ellos: Jáuregui, Fernández, Mendizabal, Artola, el Capuchino de Orbiso, Campillo, y sobre todos el inmortal Mina, que escogió como teatro predilecto de sus hazañas los altos de Arlabán, fueron los héroes de nuestras montañas. No merecen olvidarse las dos grandes sorpresas que hizo Mina en Arlabán. Fue la primera en 25 de Mayo de 1.810. Supo el bravo guerrillero y general que el mariscal francés Massena iba á salir de Vitoria para Francia con un rico convoy, y se apostó con sus tropas sobre el puerto de Salinas. Massena no salió aquel día, pero sí el convoy compuesto de 150 coches y carros, y mil prisioneros, escoltado por 1.200 franceses. En cuanto Mina dejó pasar a estos se lanzó sobre el convoy, y trabada en medio de Arlabán recia pelea, les derrotó completamente, cogió una presa por valor de más de cuatro millones de reales, todas las joyas y efectos, hizo perder al enemigo 800 hombres, y el mismo Mina hizo prisionero al coronel Laffite, Ni a los prisioneros ni a las señoras, causó el guerrillero el menor daño: antes bien los trató con todas las atenciones de un caballero.

La segunda la efectuó en 9 de Abril de 1.812, después de haber derrotado al general Abbé en Sangüesa, donde había peleado bajo las órdenes del valiente Mendizabal y en compañía del famoso Longa. Desde Navarra, y andando en un día con sus tropas 15 leguas, llegó a Arlabán, en uno de cuyos altos habían levantado un castillo los franceses. Su segundo el intrépido Cruchaga, y el valeroso Asura, le ayudaron poderosamente al éxito de la gran sorpresa. Había salido de Vitoria el convoy francés guardado por 2.000 hombres, y al llegar al puerto, fue atacado con denuedo por los guerrilleros, que en muy breve tiempo se apoderaron de él destrozando á los franceses: 600 murieron; 170 cayeron prisioneros, y si se salvaron algunos fue por la protección que les dio el castillo, en medio de cuyo nutrido fuego se verificó el combate. Murió allí el secretario particular del rey José Mr. Deslandes, cuya esposa, así como otras damas y algunos niños fueron tratados con cariñoso cuidado por parte de Mina. El botín, papeles y despojos que se cogieron fueron muy importantes.

Napoleón, por la fuerza, invadió las provincias, y por la fuerza suspendió los fueros en Febrero de 1.810 ( 3 ). 


( 3 ) El invasor creó el Gobierno de Vizcaya, que comprendía las tres provincias y del cual fue jefe el general Thouvenot quien, entre otras alteraciones, volvió a llevar las aduanas a las costas y fronteras.



Pero los fueros continuaron, y los procuradores alaveses siguieron asistiendo á las juntas, como se verificó en Tertanga en 1.812, y en el santuario de la Virgen de la Encina, junto a Arceniega, en Noviembre del mismo año, a despecho de la invasión, y en protesta de la cual se nombró Diputado al inmortal general D. Miguel Ricardo de Álava.

La provincia debe conmemorar aquella reunión patriótica, colocando una lápida, con una inscripción, en el histórico santuario.

 


Batalla de Vitoria.

-Emprendida la retirada del ejército francés al mando de rey José a mediados de 1.813, pasaron el Ebro el 18 de Junio, después que el día 15 lo habían atravesado ya, por la provincia de Burgos, los aliados ingleses, portugueses y españoles, bajo el mando de los generales Wellington, Hill, Graham, Girón y Longa, en medio de la más difícil y penosa marcha, y con escasez de víveres. En los días 18 y 19 fueron arrojados los enemigos de San Millán, Osma, Póves y Subijana de Morillas, fijando el 20 lord Wellington su cuartel general en este último punto, y teniendo como jefe de estado mayor al general Álava. Los franceses ocupaban toda la margen izquierda del río Zadorra, desde el boquete de la Puebla hasta Escalmendi, dispuestos de este modo: Mandaba toda la línea el rey José y era su jefe de estado mayor general el mariscal Jourdán, estando la derecha del ejército bajo el mando del conde de Reille apoyado en Durana, Escalmendi, Betoño, Gamarra mayor y menor, Abechuco y Arriaga; el centro en el alto de Júndiz, Zuazo y Crispijana, a las órdenes del conde de Erlón; y la izquierda en el boquete de la Puebla desde las alturas, hasta el puente de Víllodas, dirigida por el general conde de Gazán, llenando entre todos una extensión de más de tres leguas, con unos 60.000 hombres. 

Pudieron hallarse en la batalla, además de estas fuerzas, las de la división Foy que estaban en Guipúzcoa, las de Maucune (que en la misma mañana del 21 salió para Francia escoltando un convoy, en el que se llevaban, robados de nuestros museos, grandes cuadros de Ticiano y de Rafael, entre éstos El Pasmo de Sicilia, La Perla y La Vírgen del Pez, los cuales, por cierto, fueron devueltos a España por las reclamaciones y trabajos hechos en París en 1.814 por el general Álava), y la de Glausel que perseguía á Mina en Navarra y Rioja. Ni José ni Wellington pensaban dar la batalla el día 21, pero habiendo tenido noticia éste de que Glausel avanzaba desde Logroño con 10.000 soldados para reforzar al enemigo, dispuso la acometida avisando a Graham, que avanzando por el camino de Murguia a Vitoria atacase la extrema derecha de los franceses. HilI con la división portuguesa que mandaba el conde de Amarante, con la suya, y con la española que dirigía D. Pablo Morillo, empezó la batalla atacando las alturas de la Puebla que fueron heroicamente conquistadas por los españoles, pasando el Zaborra por la Puebla y apoderándose de Subijana de Álava base de la izquierda francesa. 

Entonces se movió el centro mandado por Wellington. Jourdan en su atolondramiento no había cortado los puentes, y sólo a última hora se acordó de utilizar el alto de Júndiz, donde para impedir el paso del río a los aliados hizo poner numerosos cañones. Horrible y sangriento fue el paso de los puentes: la cuarta división inglesa entró por el de Nanclares, la ligera por Trespuentes y las tercera y séptima por las inmediaciones de Asteguieta, perdiendo muchísima gente. La artillería inglesa batió después a la francesa de Júndiz, que huyó bacía la ciudad dejando muchos cañones en poder de la primera. Pero lo que desconcertó a los franceses fue el ver aparecer al enemigo por el ensillado o paso de Záiteguí, casi completamente a sus espaldas y por donde avanzaban el inglés Graham, los españoles Don Pedro Girón y D. Francisco Longa y el portugués Pack con sus divisiones.

Los franceses tenían cogidos y astillados los puentes de Arriaga y Gamarra, cuya conquista costó á los aliados sensibles pérdidas. A un tiempo atacaron las alturas de Araca las divisiones, bajando la quinta inglesa mandada por Oswald y Robinson a apoderarse de Gamarra mayor, mientras Longa se hacia dueño de Gamarra menor, y Graham tomaba a Abechuco y el puente de Arriaga. Los franceses volvieron a atacar por dos o tres veces el puente de Gamarra y fueron rechazados desde las casas del pueblo, que aspilleradas de repente se convirtieron en verdaderas fortalezas. En este combate la artillería francesa situada en Escalmendi acribilló con su nutrido fuego a los aliados cuando pasaron el río.

Desde Asteguieta, y cuando el enemigo ya derrotado empezaba su desastrosa retirada sobre Vitoria, el general Álava al frente de unos escuadrones de caballería inglesa, entró por Ali, la Cruz Blanca y camino de Avendaño en la ciudad, haciendo huir a los franceses que la ocupaban y librando así a su pueblo de los horrores del saqueo y del incendio.

Este hecho fue conmemorado por Vitoria haciendo grabar un cuadro, que lo representa, en honor al invicto general. El camino de Vitoria a Arana, Elorriaga, Salvatierra y Francia estaba lleno de coches, carros, artillería y despojos. El rey José y el mariscal Jourdan, que tuvieron su último consejo en el alto de Santa Lucia, donde dejaron multitud de mapas tendidos en el-suelo, no pudiendo hacer uso de los coches, huyeron a caballo hacia Salvatierra. El coche del rey en el que se hallaron importantísimos documentos y la espada que le había regalado la ciudad de Nápoles, cayó en poder de los vencedores, así como el bastón del mariscal Jourdan.

Perdieron los franceses 8.000 hombres entre muertos y heridos, 1.000 prisioneros y 150 cañones. Los aliados perdieron 3.500 ingleses, 1.000 portugueses y 600 españoles. Entre los prisioneros se cogió a la condesa de Gazán y otras muchas señoras distinguidas que fueron dignamente tratadas y puestas en libertad.

En ninguna batalla pudieron los vencedores encontrar tan ricos y abundantes despojos.

Hallóse el dinero en multitud de cajas por todas partes esparcidas: riquísimas joyas, alhajas, objetos de arte, armas y cuadros vinieron a manos de los soldados y de muchos vecinos de la ciudad que salieron a recorrer el campo de batalla y que desde aquel día se hicieron ricos. Aumentó lo grandioso de aquel cuadro la circunstancia de hallarse en el ejército francés la gran mayoría de las familias que habían venido a instalarse en España, y las de muchos afrancesados que huían al extranjero; así es que hubo desgarradoras escenas, a las que las mujeres y los niños al encontrarse encerrados en aquel mortífero círculo de fuego, dieron con sus lamentos y desgarradores "ayes" indescriptíble espanto, contribuyendo no poco al terror y desconcierto que se apoderó de los combatientes.

Inglaterra elevó á Wellington al cargo supremo de Fed-mariscal, y las Cortes españolas le regalaron el sitio y posesión real llamado Soto de Roma en la vega de Granada.

Vitoria regaló á su hijo inmortal Álava una espada de oro, con las armas de la ciudad y de su casa, y desde entonces fue su nombre gloria y honor de esta tierra.

Los franceses talando y saqueando todos los pueblos por donde pasaban, y en medio de un vendabal de lluvias, se refugiaron en Pamplona.

Girón y Longa persiguieron al día siguiente el convoy de Maucune, picando su retaguardia e hiriendo al general Foy, mientras Mendizabal con los vascongados acudía desde Vizcaya a Guipúzcoa. En este mismo día (22) aparecieron en los altos del puerto de Vitoria los soldados de la división francesa de Glausel, y cuando sus avanzadas se enteraron por el cura de Gardélegui de la gran derrota y vieron el campo lleno de cadáveres y de despojos, ordenó el general la marcha hacia Logroño y Zaragoza. En Vitoria quedó la sexta división inglesa, mandada por Packenham. Mina se encargó de perseguir a Glausel.

Debe reedificarse la ermita de San Juan de Júndiz, y conmemorarse también en ella la gran batalla.

El general Álava fue nombrado poco después ministro plenipotenciario de España en los Países-bajos, y más adelante acompañó a Wellington en la colosal batalla de Watterloo,
donde Napoleón fue derrotado para siempre.

En Abril de 1.820, suponiendo que el sistema constitucional era mas justo y benéfico para las provincias que los fueros, se suspendieron estos por segunda vez en el siglo, y por orden del gobierno volvieron a restablecerse, al ser suprimida la Constitución en 1.823.

Los partidarios del absolutismo tomaron desde entonces como escusa, para hacer la propaganda de sus ideas en el país, este hecho, sosteniendo que todos los liberales eran enemigos de los fueros, y que el país debía pelear siempre contra la libertad. ¡Desventurada lógica, fundada en la mala fe de los realistas, y en las erróneas pretensiones de los liberales, que debía traer sangrientas y horribles consecuencias.

El rey, que ya en 1.815 había atacado violentamente a los fueros, libertades y costumbres del país, nombrando una junta que «reformase los abusos que notara en las provincias vascongadas respecto al Ministerio de Hacienda,» la cual se desacreditó completamente por la saña y parcialidad que mostró, cometió más tarde, en 1.824, un horrible contrafuero, solemnemente protestado por el país, aunque aplaudido por los realistas, al expedir un decreto por el que le pedía, a calidad de donativo temporal, tres millones de reales al año.

Y para coronar la prueba de la mala voluntad que el gobierno absoluto tenia contra los fueros, se mandó en 1.829 al canónigo D. Julián González: que «imprimiese la colección
de todos los documentos relativos á las provincias vascongadas, recogidos y copiados por él mismo.-» Hízolo a su placer González, alterando, modificando y suprimiendo todo cuanto quiso en daño á nuestro país.

En 1.822 fusilaron los carlistas en Navarra al valiente guerrillero alavés, célebre en la lucha de la Independencia, D. Sebastián Fernández (Dos Pelos), al que después las Cortes
tributaron honrosa memoria.

Al caer la Constitución en 1.823, era alcalde de Vitoria, y comandante de los voluntarios liberales, el distinguido poeta satírico y fabulista vitoriano D. Pablo de Xérica, cuyas obras son tan aplaudidas. Perseguido y emigrado por los realistas, se estableció en Francia, donde acabó sus días.

A la muerte de Fernando VII, y después de algunos años de tristes sucesos, empezó la guerra civil de los siete años. El antiguo Diputado foral D. Valentín de Verástegui, ayudado por los frailes dominicos y franciscanos que, desde el púlpito, predicaron la cruzada contra los partidarios de Isabel II , sublevó la provincia de Álava; dio en Vitoria una proclama memorable, y sus exaltados partidarios, al tratar de detener al general Sarsfield en Peñacerrada, fueron completamente deshechos, pereciendo en el combate lo mas florido de la juventud sublevada.

Sarsfield entró en Vitoria y ocupó parte de los conventos. La guerra continuó tanto en Álava como en sus hermanas. En 16 de Marzo de 1.834 atacó Zumalacárregui la ciudad defendida solamente por unas cuantas compañías de quintos y por sus milicianos urbanos. El caudillo carlista fue valientemente rechazado. La reina gobernadora Cristina premió el esfuerzo de los vitorianos regalándoles una bandera, y la cifra coronada de Isabel II para su escudo de armas. Zumalacárregui sorprendió aquel día a ciento diez y seis francos en la iglesia de Gamarra mayor, y al día siguiente los fusiló en Heredia. Durante la lucha se vio ensangrentado mil veces el suelo de Álava en los encuentros que tuvieron lugar en todo él.

La provincia, por medio de su representación legítima y foral, en la persona del ilustre don Iñigo Ortés de Velasco, marqués viudo de la Alameda, su Diputado general, permaneció siempre fiel al gobierno de Madrid.

Fueron suprimidos los fueros, por tercera vez, en Septiembre de 1.837, y restablecidos en Diciembre de 1.839; a consecuencia del Convenio de Vergara, cuyo pacto produjo la ley de 25 de Octubre de 1.839 que es el fundamento legal y solemne del derecho foral, y que la letra dice así:

«Doña Isabel II por la gracia de Dios y de la Constitución de la monarquía española, Reina de las Españas, y durante su menor edad la Reina viuda Doña María Cristina de Borbón, su augusta Madre, como Reina Gobernadora del Reino, a todos los que la presente vieren y entendieren, sabed: Que las Cortes han decretado y nos sancionamos lo siguiente:

ARTÍCULO 1.° Se confirman los fueros de las Provincias Vascongadas y de Navarra, sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía.

ARTÍCULO 2.° El Gobierno, tan pronto como la oportunidad lo permita, y oyendo antes a las provincias Vascongadas y a Navarra, propondrá a las Cortes la modificación indispensable que en los mencionados fueros reclame el interés de las mismas, conciliado con el general de la nación y de la Constitución de la monarquía, resolviendo entre tanto provisionalmente, y en la forma y sentido expresados, las dudas y dificultades que puedan ofrecerse, dando de ello cuenta a las Cortes.

Por tanto mandamos a todos los tribunales, justicias, jefes, gobernadores y demás autoridades, así civiles como militares y eclesiásticas, de cualquier clase y dignidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y ejecutar la presente ley en todas sus partes. Lo Tendréis entendido para su cumplimiento y dispondréis se imprima, publique y circule. 

Yo LA. REINA GOBERNADORA.--Está rubricado de la Real mano.--En Palacio a 25 de Octubre de 1.839.--

A D. Lorenzo Arrazola.»


A consecuencia de los sucesos políticos de Octubre de 1.841 se suspendió por cuarta vez el régimen foral, pero se volvió á restablecer en Agosto de 1.844.

En 1848, mientras en Cataluña y Castilla la Vieja se trataba de renovar la guerra civil, en Álava no hubo el mas leve movimiento de sublevación. Desde entonces ningún suceso importante acaece en la provincia hasta 1.859, en que declarada la guerra de África, los vascongados obedientes a la voz de sus Diputaciones alistaron sus tercios entusiastas y animados, se uniformaron, equiparon e instruyeron en un mes, se les entretuvo otro mes en el viaje, y llegaron a tan brevísima y gloriosa campaña a derramar su sangre en la batalla de Vad-Ras, cuando se había ya decidido la terminación de la lucha.

Mandó a los vascongados su paisano el distinguido general D. Carlos de la Torre, y fue al frente de los alaveses su Diputado general y Maestre de Campo don Francisco Juan de Ayala.

Al estallar la revolución de 1.868 no se derramó una sola gota de sangre en el país; las Diputaciones forales se adhirieron al gobierno provisional de Madrid, y la liberal y culta ciudad de San Sebastián acompañó cortés y dignamente en su despedida a la Reina Doña Isabel II.

En 1.869 marchó un tercio de jóvenes vascongados componiendo una fuerza de 1000 hombres los Alaveses, Vizcaínos y Guipuzcoános, a defender la honra y la integridad nacional en la isla de Cuba, de los cuales perecieron la mayor parte, en cumplimiento de tan patriótico deber.

 

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