Arqueología - Vitoria-Gasteiz.


 
 

 

 

CONSERVACIÓN SOBRE MONUMENTARIA DOLMENICA DE MONTAÑA EN RELACIÓN A SU ENTORNO NATURAL

 

PROCESOS DE CONSERVACIÓN SOBRE MONUMENTARIA DOLMENICA DE MONTAÑA EN RELACIÓN A SU ENTORNO NATURAL.

KOBIE (Serie Paleoantropología), Bilbao.
Bizkaiko Foru Aldundia-Diputación Foral de Bizkaia.
N.º XXIII, pp. 163-188, 1996.
ISSN 0214-7971.

Femando Baseta (*).


(*) Departamento de Conservación y Restauración. Facultad de Bellas Artes. Universidad del País Vasco. Apartado 644. Bilbao.


 

 

3.- ANÁLISIS ESTADÍSTICO.

Una vez que la rejilla de análisis se ha aplicado a las muestras de monumentaria dolménica seleccionadas empieza la tarea de su examen con el fin de extraer los datos necesarios que ayuden a componer y definir los aspectos inherentes de su problemática. Por de pronto, su estudio muestra hechos evidentes que se localizan a simple vista, como su mal estado de conservación, o la relación directa que tal estado guarda con la dinámica de explotación del entorno por parte del hombre. Sin embargo, cuando estas evidentes observaciones finalizan es necesario profundizar aún más en su problemática ayudados por los análisis estadísticos.

Análisis estadístico sobre el estado de conservación respecto a sus causas y orígenes Como observación general se demuestra que el pésimo estado en el que actualmente se encuentra la monumentaria dolménica de montaña en Bizkaia ha sido fehacientemente comprobado en la presente investigación.

De las doce piezas estudiadas, tres se encuentran con un grado quinto de articulación de deterioro, es decir, totalmente cubierto el objeto dolménico por la vegetación y con perdida o falta de materiales constitutivos, otras 5 piezas se hallan en un grado cuarto, cubierto parcialmente por vegetación y con cierta perdida de volumen, y por último, otros cuatro se hallan en un grado 2, tan sólo con ligeras pérdidas de material.

 

TABLA NÚM.1.

De estos datos se extrae la conclusión que justifica que el estado de las piezas seleccionadas respecto a los núcleos habitados, y por lo tanto, respecto a la presión que el conjunto de sus actividades ejercen sobre la monumentaria dolménica de montaña se acerca a un estado óptimo de conservación cuanto más se aleja de los citados núcleos urbanos. Se observa fácilmente que los 4 objetos dolménico situados en la zona rural del macizo Garbea difieren notablemente en su estado de conservación, con un grado 2, de los situados en proximidad al núcleo urbano del Gran Bilbao, a Berango y a Sopela.

Estos dos últimos son los municipios sobre los que la estación dolménica se asienta. Son dos municipios típicos donde el aumento de población en los últimos 10 años ha sido continuo y progresivo. 

La tendencia actual a alejarse del centro urbano para establecer la vivienda en zonas próximas no tan degradadas o saturadas es la responsable de este fenómeno. Las consecuencias son claras, se abandona la actividad agrícola y el uso del terreno para edificar urbanizaciones oprime con más fuerza las zonas naturales donde se halla el original asentamiento dolménico.

La zona rural, que comprende el municipio de Orozko, es por el contrario una de las más extensas de Bizkaia y con menor densidad de población. Aquí, la presión humana es menor, y también menor el grado de deterioro. Por su parte las cuatro piezas situadas en una zona de fuerte arraigo minero en el pasado y del que apenas queda actividad se mantienen en un estado 4 de conservación. Siendo en este lugar la presión humana menor, no se puede afirmar que su estado sea óptimo, con cierta perdida de volumen y ligeramente cubiertas por vegetación.

Las tendencias sobre el estado de conservación respecto al grado de actividad humana del propio terreno ofrecen la siguiente tabla.

 

TABLA NÚM.2.

 

TABLA NÚM.3.

Efectivamente, es la vegetación, en primer lugar la base solidaria sobre la que el objeto dolménico encuentra su asentamiento y con la cual esta obligado a relacionarse. En segundo término se puede apreciar que del tipo de relación con el elemento vegetal surgen determinados y característicos problemas como son el de infestación por mimetización y el de ocultamiento o cubrimiento. 

Mientras que el primero afecta seriamente a la misma estructura del dolmen o túmulo, por crecer sobre él, el segundo tipo de deterioro, el del ocultamiento afecta más bien a su entorno inmediato. Los resultados obtenidos son los que a continuación se presentan.

 

TABLA NÚM.4.

Se produce una clara división sobre el global de las piezas seleccionadas en dos grupos.

El primero abarca las estaciones de Munarriko Landa y de Eretza.

En este grupo abundan de manera evidente los deterioros producidos por infestación y mimetización; el fuerte desarrollo vegetal crece por encima de la pieza disolviendo sus contornos en un paisaje continuo que confunde pieza y entorno en un mismo bloque. 

El segundo grupo esta formado por las piezas del Macizo de Garbea, donde tan solo se da un caso de infestación parcial, pero sin mimetización.

Las otras tres piezas no se encuentran especialmente amenazadas por la vegetación.

De estos hechos se deduce que la vegetación juega un papel primordial en la conservación y reconocibilidad de las piezas dolménicas. De hecho, el mayor peligro potencial con el que se puede encontrar uno de estos objetos es el de su no reconocibilidad por mimetización u ocultamiento. 

El grado de crecimiento de la vegetación depende de varias causas como son el estado del terreno o el clima de la zona, aparte de la altura. Estando todas las piezas en un marco geográfico normalizado, como es Bizkaia, con unos terrenos con poca diferencia en cuanto a composición de un a lugar a otro, y con un clima general para todo el territorio con pocos cambios nos encontramos que el principal factor que asiste al crecimiento de la vegetación es la altitud. 

Y es que en base a la altitud, cambia el clima, que tiende a ser más frío, y la composición del suelo, que se restringe a una capa muy pobre en humus.

Veamos como se articula el grado de deterioro respecto a la altitud.

 

TABLA NÚM.5.

Nuevamente se produce en el análisis de la tabla un hecho característico. Las zonas con piezas que tienen un grado alto de deterioro se sitúan por debajo o alrededor de los 800 metros de altura. Una excepción es el dolmen G 2, (ya desaparecido) que estando ubicado en una cota de 500 metros de altura mantiene un buen estado de conservación, con tan solo una ligera infestación y movimientos de sus componentes. 

El ejemplo más clarificador viene de la mano del caso de Munarriko Landa, con unas alturas que no sobrepasan los 250 m, su estado de conservación es, entre todos los seleccionados, con mucho, el peor. La escasa altitud favorece la penetración en el cordón de vías de comunicación y la construcción de viviendas. 

Un caso un tanto atípico se encuentra en la estación de Eretza

Aquí, las alturas son importantes, ya que rondan los 800 m. Sin embargo, las piezas sufren los mismos deterioros y con un idéntico grado e intensidad que la zona de Munarriko Landa. 

Todas presentan infestación, hallándose en un terreno con un grado medio de actividad humana. 

Los dólmenes del Macizo Gorbea rebasan la altura de los 900 m, excepto el G 2 que se haya a 520 m se encuentran en un estado de conservación mucho mejor que todos los demás, casi sin infestación y con poca perdida morfológica o de material.

Estos datos indican la conclusión de que aunque la altitud es un factor importante en relación al estado de conservación de la monumentaria dolménica, no se conforma como un aspecto vital y directo. 

De hecho la altitud funciona como un complemento que asegura por una parte cierta inaccesibilidad a los lugares de ubicación y que también es valorable como indicador de lejanía a núcleos habitados. Los recursos naturales susceptibles de ser explotados descienden en volumen cuanto mayor es la altura del terreno. Las grandes extensiones de landas de altura de los montes Odoriaga o Gorbea no favorecen otras explotaciones que aquellas que se dedican al pastoreo. 

A estas alturas tampoco se pueden realizar repoblaciones forestales, ya que éstas encuentran su techo máximo (en altura y rentabilidad) por debajo de los 800 metros. La misma dificultad y tardanza en el desarrollo que encuentran las resinosas la sufren las plantas que componen las landas de altura. 

Las ranunculaceas y los brezos y argoma crecen en estas altura lenta y progresivamente, sin alcanzar grandes tallas, de tal modo que no pueden configurarse como plantas capaces de infestar, mimetizar u ocultar las piezas dolménicas.


Análisis estadístico sobre el estado de conservación respecto a sus deterioros.

Tal como indicaba la tabla Núm. 1, el grado de deterioro es en general, para todas las piezas seleccionadas, bastante alto. Este alto índice de deterioro afecta de forma particular a la morfología de la estructura dolménica y a la globalidad de sus componentes, es decir, sufren perdidas o faltas de material.

Estos dos aspectos se aúnan para permitir la reconocibilidad e identificación de la pieza como lo que verdaderamente es, un objeto cultural dolménico.

 

TABLA NÚM.6.

La tabla indica que el grado de mínima reconocibilidad vuelve otra vez a situarse entre las piezas de la estación de Eretza y Munarriko Landa. En ambos lugares el grado de reconocibilidad baja hasta colocarse en unos niveles que varían desde nula a escasa identificación. Por el contrario, en la zona del macizo Gorbea son solo dos piezas a las que se les asigna escaso reconocimiento; las otros son totalmente reconocibles e identificables.

Esta tabla refuta y apoya los resultados y conclusiones anteriores: la vegetación sin control como factor negativo procedente de los cambios introducidos por el hombre en los parajes naturales y la deformación morfológica o perdida constituyente se conforman como los principales causantes de la no reconocibilidad de la pieza, lo que trae como consecuencia añadida directa el aumento del peligro potencial y de su vulnerabilidad intrínseca.

TABLA NÚM.7.

Respecto al tipo de deterioro observamos que los más comunes son el inducido por cualquier forma de actividad humana y el crecimiento incontrolado vegetal. Junto con las otras dos clases de deterioro se puede formar una dicotomía que agrega unas formas de deterioro a unos causantes específicos.

Así, se descubre que los deterioros producidos por factores vegetales son en todos los casos continuos y progresivos, si bien pueden variar en su intensidad de ataque. En este caso la máxima observada propone que a mayor volumen vegetal, tanto mayor es el crecimiento global de éste, aumentando con él, la infestación, ocultación o mimetización y por lo tanto mayor es su grado de actividad. 

En la mayoría de los casos se ha de tener en cuenta que el crecimiento desmesurado de la vegetación tiene como causa original el cambio introducido por el hombre con su explotación de los recursos dentro de un paraje o paisaje natural determinado.

El otro tipo de deterioro es el producido por la acción del hombre no a través de segundos elementos, como el vegetal, sino directamente sobre sus elementos constituyentes o su morfología. Este es el caso del uso de la pieza como corral para ganado o como asentamiento de chabolas. También en esta casuística entran las expoliaciones originales, las más recientes, las intervenciones defectuosas y un grupo heterogéneo de diversas actuaciones. La característica principal del grupo es que no son en absoluto continuas o progresivas, sino que actúan puntualmente en un breve espacio de tiempo. Por contra, su intensidad de actuación es en general elevada, produciendo graves desperfectos en breve tiempo.

En esta sexta tabla de aprecia claramente que la tipología en cuanto a deterioros ocupa 4 tipos de defecto en 9 de las 12 pieza seleccionadas. Como ocurre en los casos anteriores, es en las zonas de Eretza y Munarriko Landa y en la pieza G 2 del macizo Garbea donde se acumulan los deterioros más comunes.

Una vez extraídas una serie de conclusiones sobre la tipología del deterioro queda por estudiar dentro de este apartado la relación de los parámetros de riesgo.

TABLA NÚM.8.

La tendencia general que transciende de los valores aplicados en la tabla habla bien a las claras de una situación general en la que el peligro potencial, bien en cuanto a factores de riesgo o en cuanto a grado de vulnerabilidad de las piezas dolménicas se sitúa en niveles muy altos.

De todo el grupo, tan solo dos piezas, las de más alta ubicación y de mayor lejanía a núcleo poblado, disponen de un parámetro de riesgo que se puede considerar como bajo.

En el resto, diversos factores han sido encontrados y valorados como elementos potenciales de riesgo para el equilibrio y estabilidad de la monumentaria dolménica de montaña. Entre éstos destacan, la excesiva abundancia de pistas, sendas y caminos que pasan tangentes o que incluso cruzan las piezas y los peligros consecuentes de los trabajos de explotación forestal. 

Otros variados e inclasificables peligros provienen en gran medida de la vulnerabilidad de la pieza por su nulo grado de reconocimiento. Dentro de este último aspecto se concentra una heterogénea gama de circunstancias variadas, como la sustracción de materiales constituyentes, el aprovechamiento de la estructura lítica para encender hogueras y fogatas o su uso para establecer buzones de cima de montaña.

En general como ya se ha apuntado, sus mayores parámetros de peligro se centran en el problema que supone la innata vulnerabilidad de un elemento cultural dolménico no identificable ni reconocible como tal por la gama de deterioros mostrados y descritos.

Análisis estadístico sobre los procesos de intervención propuestos.

El bloque de procesos seleccionados especialmente para su aplicación sobre monumentaria dolménica forma un grupo variado de intervenciones cuya máxima finalidad es adaptarse en la medida de lo posible a la naturaleza y dimensión de la dolménica de montaña en Bizkaia. Se ha elaborado para su confrontación una tabla en la que figuran los principales procesos y la confirmación de su aplicación.

 

TABLA NÚM.9.

Mediante el estudio de la tabla se aprecia que la mayoría de las propuestas realizadas encuentra su aplicación en uno u otro caso, dependiendo del grado y tipo de deterioro. No se ha dado el caso de la no hipotética aplicación de un proceso propuesto, lo que indica en parte que en líneas generales las propuestas realizadas y la realidad de la monumentaria dolménica se han articulado entre si de forma correcta.

El primer proceso propuesto, consistente en la rehabilitación y limpieza se ha demostrado como necesario en la totalidad del conjunto de piezas selecdonadas. Lo mismo sucede con las propuestas de demarcación y señalización. Le sigue en frecuencia el proceso de liberación de añadidos, propuesto para 10 de las 12 piezas. Tan solo la pieza denominada G 4 se encuentra libre de toda adición negativa. 

En cuanto a las restituciones de componentes estructurales se propone su aplicación en 11 de las 12 piezas, lo que indica en parte el grado de desarticulación lítica de la dolménica de montaña en general. Por su parte, la proposición de reintegración de otros elementos sólo se aplicaría en 8 piezas. En parte se debe a que la intervención sobre el entorno dentro de las operaciones preventivas tiende a evitar la introducción de elementos potencialmente extraños. El estado de emergencia se verifica en dos piezas, ambas ubicadas en Munarriko Landa.

Respecto a la frecuencia global de propuestas de intervención se aprecia que en la zona de Munarriko Landa es donde mayor profusión de confirmación en la aplicación de procesos se da. Según nos alejamos de núcleos urbanos, se observa en la zona de Eretza un ligero descenso en la propuesta de aplicación de procesos; la monumentaria de esta zona, aún no gozando de un estado óptimo, si se encuentra en un estado más completo que la anterior. 

Por último, es la zona de Gorbea donde menor es el número de propuestas. Coinciden estos datos con las afirmaciones anteriores, a mayor cercanía a núcleo urbano, mayor incidencia en el grado de deterioro.

Observemos ahora la tabla de propuestas de intervención preventiva.

 

TABLA NÚM.10.

La necesidad de la aplicación de las proposiciones sobre prevención encuentran acogida en todos los casos, excepto en la pieza del Gorbea denominada Dolmen de Usengantzu. Las características especiales de la zona, altura y situación -y únicas en el ámbito del presente estudio- intervienen de forma preventiva y aseguradora de su equilibrio y estabilidad.

El tipo base de tratamiento preventivo se basa en muchos casos en el alejamiento cautelar de elementos potencialmente peligrosos desde el entorno cercano hacia su contorno exterior. Entre estos elementos a menudo figuran caminos, sendas o pistas forestales, pero también elementos boscosos o incluso estructuras de buzones de cima de monte.

 

4.- CONCLUSIONES FINALES.

Respecto al primero de los objetivos perseguidos en el presente trabajo de investigación, la selección de procesos e intervenciones especialmente elegidos para su aplicación en la monumentaria dolménica de montaña, se puede afirmar que la elección realizada se muestra como correcta y adecuada. Se ha observado en los datos sobre las propuestas de aplicación que todas ellas han sido extensamente reconocidas como necesarias en la absoluta mayoría de las piezas seleccionadas.

Se han definido estas operaciones como afines y adecuadas a los objetivos perseguidos y a los objetos intervenidos. En base a ellas se ha logrado detectar todo el espectro de deterioros reales, los peligros potenciales y las medidas de corrección operativas. En general se puede afirmar que la propuesta de los procesos de intervención elegidos se ha adecuado perfectamente a los objetos de estudio, lo que demuestra, en definitiva la asequibilidad éstos por la conservación extendida a parajes abiertos.


Conclusiones específicas.

El uso de la estadística se ha mostrado como una herramienta totalmente adecuada y muy necesaria en los casos, en los que como en éste, entran en juego muy variados aspectos sobre una gama más o menos extensa de objetos.


Conclusiones respecto al deterioro.

En primer lugar se debe precisar que el factor climático, con sus elementos potencialmente deteriorantes como la lluvia, el frío o el viento apenas se muestran capaces de provocar daños. En las losas de las piezas no se perciben señales de erosión por vientos o resquebrajamiento por la acción del hielo. La constante climática con sus atemperados cambios de temperatura y sus pasos graduales y lentos de las épocas frías a las más cálidas no se materializan en un factor deteriorante que pueda suponerse como preocupante y dañino.

Como ya se ha apuntado, los tipos de deterioro más extendidos en base a la frecuencia con que han sido hallados sobre la selección de las 12 piezas provienen en su última y lejana causa desde el ámbito de actuación humana. Una división básica de ellos concluye con su agrupamiento dentro de dos clases:

a) deterioros directos; entran en el grupo todos aquellos deterioros que se han producido de forma directa por algún tipo de actuación humana sobre los propios elementos constituyentes de las piezas. Algunos de los más extensamente hallados consisten en las perdidas de volumen, que se confirma con la desaparición de losas y piedras de túmulo o cámara, o en la dislocación o desarticulación morfológica, es decir en la perdida de la forma original. Los casos específicos son:

- Desarticulación por expoliaciones.

Se han abatido las cámaras, quedando éstas desmontadas, y se han rebajado los túmulos, esto es, el volumen y altura iniciales se ha visto alterado con una notable merma.

- Desarticulación por construcciones nuevas.

La actividad pastoril de la zona ha marcado en ocasiones la necesidad de los pastores o ganaderos de levantar pequeños refugios donde almacenar aperos o dormir. 

También se han utilizado sus materiales constituyentes para levantar cercados de piedra sobre la misma superficie de la pieza.

- Desaparición por sustracción.

La acumulación de materiales ha obligado a la pieza a funcionar a modo de cantera de donde recoger losas y piedras, sin el trabajo añadido de la extracción, para su empleo en otras construcciones, como han podido ser casetas y chabolas en los alrededores.

- Desaparición por obras.

La creación de pistas forestales o el ensanchamiento de sendas ya existentes ha eliminado algunas partes de la pieza, como bordes de contención de los túmulos, que son tangentes a los caminos o sendas que discurren en excesiva proximidad.

- Deformación morfológica por adiciones ajenas.

No ha sido muy frecuente este. caso, tan solo observado en la pieza de Pico Mayor. Consiste en la adición de elementos no afines a la naturaleza de la pieza o en la inclusión de objetos extraños dentro del mismo objeto o en las proximidades del entorno inmediato.


b)
Deterioros indirectos.

Provienen en su origen de algún tipo de actividad humana y tienen como punto común la intervención del elemento vegetal. Es tan grande la importancia del factor natural que también han sido considerados como deterioros vegetales. Los cambios de uso de un terreno determinado a menudo son los que han ocasionado este deterioro.

Han sido hallados en dos fases:

- Fase secundaria.

El terreno ha pasado de hallarse con una vegetación original a estar regido por los ciclos de crecimiento, desarrollo y explotación de especies impuestas por el hombre. En este cambio el entorno inmediato o la misma pieza han sufrido consecuencias negativas para su estabilidad. El caso más extendido de los observados se constituido como el de la explotación forestal de resinosas.

- Fase terciaria.

Cuando por diversas causas el régimen de explotación de terreno ha cambiado, y los usos agrícolas o forestales controlados por el factor humano desaparecen, se ha iniciado un nuevo proceso de crecimiento en el ambiente vegetal tendente a la creación de un nuevo climax. En esta evolución, el elemento vegetal crece de forma natural y espontánea. Este crecimiento ha ocultado, mimetizado e infestado 9 de las 12 piezas seleccionadas con graves consecuencias para su identificabilidad y reconocibilidad.

Estas descripciones vienen a demostrar con claridad la opinión ya apuntada anteriormente. Es un hecho demostrado que la mayor parte de los deterioros sufridos y de los parámetros de riesgo han emanado, y actualmente siguen proviniendo, de las actividades humanas. 

No se pretende globalizar los daños y la responsabilidad de la actual situación en la inculpación de la actividad humana, evidentemente el factor vegetal y su crecimiento natural ha podido atacar en diversas formas las piezas dolménicas hasta camuflarlas o desarticularlas. Sin embargo, y en base a los casos aquí estudiados se afirma que en el 99% por ciento de los casos el deterioro procede de la esfera humana.


Conclusiones respecto a los procesos.

El análisis valorativo del objeto de estudio, entendido éste como un conjunto entre pieza lítica y entorno inmediato vegetal se ha demostrado muy adecuado y apropiado a la hora de entender la relación que mantienen ambos. A través del estudio completivo se han descubierto factores en juego que han posibilitado una adopción y adecuación más acertada en cuanto a la selección de propuestas de procesos posteriores.

Se demuestra como conclusión que en los específicos casos en los que la conservación halla de realizarse sobre un elemento situado en una paraje natural, y por extensión se sobrentiende que rodeado en cierto grado de vegetación, el más completo análisis debe de realizarse forzosamente de manera conjunta.

La inclusión del entorno vegetal natural dentro de un estudio global ha ofrecido a posteriori otras ventajas que configuran los tratamientos propuestos. La propuesta de intervención sobre el entorno inmediato ha servido para valorar este entorno como una zona de seguridad. Se ha intentado dotar a este espacio que rodea íntimamente a la pieza dolménica con un objetivo preventivo. El entorno inmediato ha cumplido la función de barrera protectora ante el peligro exterior.


Su función profiláctica se ha dividido en dos aspectos.

a) Mediante las intervenciones en el entorno inmediato se ha anulado el potencial degenerativo hacia el elemento lítico al obtener un espacio neutro con una vegetación de nulo impacto negativo visual. 

Se ha propuesto conseguir esta neutralización mediante la plantación de especies de ranunculaceas de escaso crecimiento en altura.

b) El entorno inmediato ha funcionado como barrera a los crecimientos incontrolados de vegetación infestante. Los matorrales de brezo, argoma, zarza, espino u otras especies infestantes se han alejado hacia el contorno exterior del entorno inmediato.

La conclusión es bien clara, la asistencia del entorno inmediato en las medidas propuestas sobre la protección y prevención hacia el objeto dolménico se han mostrado como un elemento de ayuda, que obviando la introducción de prótesis o elementos extraños no afines a su dimensión natural (construcciones protectoras, techados, tejavanas, etc...) logra adecuar la prevención y seguridad a una correcta percepción visual.

Como complemento a la idea propuesta de creación de "lugares culturales" o "musseum on site", el conjunto pieza-entorno ha adquirido un carácter más completo que el caso de la potenciación de tan solo el elemento lítico. La valoración conjunta ha conferido mayor entidad a la idea de dotar al lugar dolménico de una de potenciación de sus factores culturales, históricos y estéticos.

La propuesta del uso de la anastilosis ha sido moldeada con el objeto de integrarse dentro del concepto de "mínima restauración". Para ello su capacidad creativa o "recreativa" se ha reducido al proceso denominado "restitución de componentes estructurales".

Por estas razones, la propuesta de anastilosis a aplicar se ha reducido conscientemente en su campo de actuación a la restitución de los elementos constituyentes hallados en el mismo ámbito de la pieza dolménica. La propuestas de restituciones se han basado sobre todo en la recolocación de las losas sueltas o esparcidas por el entorno en los lugares en los que la falta de materia pétrea era evidente. 

En la idea de su nueva colocación se ha tenido muy presente la búsqueda de un equilibrio y estabilidad que impidiera nuezas caídas o esparcimientos, prefiriendo las posiciones horizontales, más estables. Tampoco se ha olvidado tener muy en cuenta a la hora de la aplicación de la anastilosis que la estructura tumular asemeja a una pequeña forma cónica de muy ancha base y de escasa altura. El objetivo primordial de la anastilosis es ante todo, y especialmente para estos casos, la recuperación morfológica de la articulación lítica.

Todo lo escrito hasta ahora confirma la oportunidad actual de reacción. Por un lado, se ha elaborado un patrón específico de intervención sobre monumentaria dolménica, por otro, se ha demostrado que la situación de dichos objetos y piezas es pésima, estando varias de las piezas seleccionadas y estudiadas a punto de desaparecer como tales. 

La investigación desarrollada en valoraciones reales sobre el estado de conservación y en la elaboración razonada de propuestas y medidas de conservación acaba en estas líneas; pero la intención última del presente trabajo no puede ser otra que la de buscar su aplicación real, allí donde el estado de la monumentaria dolménica necesite de la colaboración de la rama especializada en la aplicación de la conservación en entornos naturales. Como nota final al presente artículo hemos de citar el caso del dolmen G - 2, del que como ya se ha mencionado, ha dejado de existir. 

El G - 2, aparte de ser el primer dolmen que se analizó en el inicio de la tesis, entre los años 1992 y 1993, era recuperable en gran medida con una sencilla operación de anastilosis.